Kitabı oxu: «La Evangelii Gaudium, una novedad eterna»
La Evangelii Gaudium, una novedad eterna
Lo que ya se había escrito en la vida de una mujer
La Evangelii Gaudium, una novedad eterna
Lo que ya se había escrito en la vida de una mujer
Silvia Somaré (ecj)
Índice de contenido
Portadilla
Legales
Prólogo
A Modo de Preludio
Introducción
El buen humor de los buenos (EG 1-18)
Capítulo 1: El método para salir de la Iglesia (EG 20-49)
¿Para qué sirve, en qué consiste, el método PIAFF?
Capítulo 2: Había una vez…un contexto en crisis (EG 20-49)
Capítulo 3: ¡Atención! Pueden robarnos (EG 76-101)
Capítulo 4: Un peligro llamado jóvenes (EG 102-109)
Capítulo 5: ¡Vamos todos! (EG 110-159)
Capítulo 6: Llamados a hablar en nombre de Jesús (EG 160-175)
Capítulo 7: María ya lo dijo (EG 177- 216)
Capítulo 8: Cuatro o cinco verdades (EG 217-237)
Capítulo 9: Salir de la pecera (EG 238-258)
Capítulo 10: Pasión por el Corazón de J esús y pasión por la Humanidad (EG 259-288)
La alegría evangelizadora de Madre Catalina de María
| Somaré, SilviaLa Evangelii Gaudium, una novedad eterna : lo que ya se había escrito en la vida de una mujer / Silvia Somaré. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2020.Libro digital, EPUB - (Ardía nuestro corazón) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-762-066-51. Encíclicas. 2. Iglesia Católica. 3. Congregaciones Religiosas. I. Título.CDD 241.042 |
EDITORIAL CLARETIANA ES MIEMBRO DE CLARET PUBLISHING GROUP BANGALORE • BARCELONA • BUENOS AIRES • CHENNAI • COLOMBO • DAR ES SALAAM • LAGOS • MADRID • MACAO • MANILA • OWERRI • SÃO PAULO • WARSAW • YAOUNDÈ
Hermana Silvia Somaré (ecj):
silviasomare@gmail.com
Redes sociales: @silviasomare @madrecatalinademaria
Diseño de tapa: Equipo Editorial
1ª edición, febrero de 2020
Todos los derechos reservados
Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723
ISBN 978-987-762-066-5
©Editorial Claretiana, 2020
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PRÓLOGO
Libre es Dios, “esclavo” de su amor. Esta paradoja, la de la esclavitud del amor como presupuesto de la mayor libertad, sobrevuela y subyace de manera tácita toda la aventura de este libro. Y es entendible que así sea, ya que es obra de una “esclava” de ese Amor y de esa Verdad que nos libera. La hermana Silvia Somaré hace uso, en estas páginas, de toda la libertad que le ha dado esa esclavitud amorosa. Al punto que, desde su lugar de “esclava” (del Corazón de Jesús, por supuesto), empujada por la picardía y rebeldía de su natura cordobesa, se anima a “cuestionar” al papa Francisco por haber escrito algo que ya había sido “escrito” hace casi dos siglos, en la vida de una mujer tan esclava y tan libre como ella, la beata Catalina de María Rodríguez, su madre religiosa.
Con las historias y los testimonios de Madre Catalina, la hermana Silvia nos descubre cómo vivir hoy, ante los desafíos de nuestros días, esa alegría del Evangelio. Esa Evangelii Gaudium que nuestro querido Pontífice actualizó para el mundo en la exhortación apostólica que ha marcado el itinerario pastoral de su papado, pletórico de libertad, de misericordia y de alegría, tres condiciones del Amor verdadero.
Para la autora, esa alegría de evangelizar se hace sencillamente evidente en “el buen humor de los buenos”. Sin que nos demos cuenta del peso de la exigencia, con sus reflexiones, la hermana Somaré nos exige preguntarnos si en nuestras vidas (como laicos, consagrados, o como miembros del clero, incluso de la jerarquía) expresamos ese buen humor y esa alegría que brotan del Evangelio de Jesús pero no siempre de nuestras vidas. Lo que se hace evidente en algunas actitudes que la hermana Silvia denuncia con la valentía y el coraje que le da la libertad de ser “esclava del Amor”.
Por eso mismo, el mensaje de estas páginas que se leen con fluidez a pesar de su profundidad, sirve, también, para un examen de conciencia comunitario, para la familia, para las comunidades religiosas, para que toda la pastoral diocesana, parroquial, del colegio, de la capilla, del grupo al que pertenezca el lector se ponga en salida creativa, en búsqueda –como el Señor- de las ovejas perdidas, de los excluidos, de los pobres, de los que sufren, de los inmigrantes. Porque allí está –no en otro lado- la verdadera alegría del Evangelio, para cuya búsqueda el papa Francisco propone una metodología de cinco pasos: Primerear, Involucrarse, Acompañar, Fructificar y Festejar, que la hermana Somaré resume en la sigla “PIAFF”.
Cómo descubrir y transitar cada uno de los mojones del “PIAFF” también se cuenta en las páginas de este libro, con un regalo “extra” que es un hallazgo de la autora: una feliz coincidencia en el modo de discernir de la beata Catalina y del papa Francisco. “Cuando estaba en oración, en frente del Santísimo -dice Catalina en su texto fundacional, citado por la autora-… me vino al pensamiento…”. Se trata de una frase que usa permanentemente el autor de Evangelii Gaudium, sobre todo para fundamentar sus creativas iniciativas pastorales. “En oración, me vino el pensamiento…” coinciden ambos con sencillez ignaciana. De ese modo se nos recuerda en estas páginas, con el Papa y con Catalina, que el Señor nos habla en la oración, y que la vida del cristiano es contemplación y acción.
Lo escribe aquí una religiosa activa en la contemplación, quien, como lo hicieron a su tiempo el santo Cura Brochero y la beata Catalina, transita sin miramientos los caminos de la misión en bicicleta, en auto, a caballo o navegando en el mar de las redes sociales.
Por eso comparte todo lo que sabe acerca de los grandes obstáculos que afronta el misionero en particular y todas las personas, en general: el consumismo, la acedia egoísta, el pesimismo, entre otros. En el texto, estos obstáculos se describen con ejemplos de la vida real; del pasado (como los que superó con su santidad la Madre Catalina) y del presente (con los pecados que de tan comunes se nos han hecho cultura).
Además, el libro es una gran ayuda para construir comunidad, para comprender el origen y el final de las rencillas parroquiales y “parroquianas”. Es, también, un antídoto para los pecados de “mundanidad” y “habriaqueísmo” señalados por el Papa, a los que la hermana Somaré agrega otros igual o más creativos y precisos: como el “varonismo” que –algún día entenderemos- puede ser tan extremista como algunas expresiones deshumanizantes de los feminismos extremos que en la Iglesia cuestionamos.
Sin embargo, la obra acabada no se queda en la denuncia ni en la crítica de una realidad compleja. Porque elige mirarla desde el Evangelio “que hace nuevas todas las cosas” y desde la alegría, como hicieron -y hacen- a su turno, los santos como Catalina, como Brochero, siempre tan actuales; o como la Virgen, con quien la autora nos hace recorrer una hermosa reflexión y desear –permítaseme la provocación- que en la Iglesia se extienda este “matriarcado” inaugurado por Cristo en la cruz: “Allí tienes a tu Madre”.
Finalmente, el libro de la hermana Silvia nos sirve a todos, pero de manera particular a los jóvenes y a quienes se sienten jóvenes, a quienes tienen grandes sueños para su vida, para su apostolado, para su tiempo y su realidad; para quienes se saben invitados a “hacer lío”, de ese “lío” que busca, en un mundo “ordenado” hacia el consumo, hacia la injusticia, hacia la exclusión, hacia el pesimismo y la indiferencia, hacer presente al mayor Amor, el que lo da todo y lo pide todo, porque “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros”. Esa es nuestra alegría y nuestra misión, que la hermana Silvia actualiza con pasión evangelizadora en las desafiantes páginas de este libro.
Javier Cámara (1)
1- Esposo y padre de tres hijas. Periodista cordobés. Escribió en el diario La Voz del Interior, durante 25 años. En 1996 fundó el Periódico Católico Encuentro. En 2000 coordinó la estructura de prensa del Encuentro Eucarístico Nacional. Realizó coberturas internacionales, entre ellas, de varios viajes papales. Escribió, con Sebastián Pfaffen, el libro Aquel Francisco en el que el Papa relató parte de su vida. En la actualidad, conduce programas en Radio María Argentina.
A MODO DE PRELUDIO
La escasa novedad de la Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)
Comienzo pidiéndole perdón a mi querido compatriota, el papa Francisco, quien se esforzó mucho para escribir esta exhortación apostólica hacia fines del año en que fue elegido pontífice, 2013, por lo atrevido de mi opinión.
En sus páginas, con una pedagogía envidiable, anuncia eternas novedades que, justamente por ser eternas y ya dichas, dejan de ser novedad. En ellas habla de las crisis del mundo, dolorosamente ciertas, para las cuales tenemos que tener un ojo con lupa que nos permita salir de lo que queremos mirar y pasar a lo que debemos mirar, aunque nos duela. Acudiendo en ayuda de la coyuntura propone el “PIAFF”, sinónimo de la Iglesia en salida, un muy buen método que le copió al estilo de Jesús.
Siguiendo con el documento papal, probablemente lo que se refiere a la dimensión social de la evangelización, es una prolongación del magníficat, en donde María expresa que Dios dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos. Verdades siempre dichas y muy actuales si, por ejemplo, consideramos que en el mundo el 70% de los bienes están en manos de menos de 10 personas o que, si un presidente de una súper potencia se levanta de mal humor y con ganas de jugar a la guerra nos hace volar a todos como miguitas. Pensemos también en la guerra en cuotas que se vive en diferentes partes del mundo, con un tenor político como libreto y un valor económico de escenario.
Sobre el Evangelio, dando catequesis o compartiendo su lectura, he escuchado a mucha gente decir que “ya tiene 2000 años”, “que pasó de moda”, “que la gente y los apóstoles seguían a Jesús porque vivieron con Él”, “que la Iglesia no es la misma que hace 2000, 1000, 100 (o los que quieran) años”. Ésta es la parte anecdótica, trivial, exclusiva, de pasillo. La verdad que el Evangelio nos anuncia es que Jesús, Dios hecho hombre, murió y resucitó por nosotros y nos enseñó el mandamiento del amor, tan antiguo y tan nuevo. Esa es la Buena Noticia (traducción de la palabra evangelio), que nos invita a estar alegres, a dar y a darnos y, en sintonía con María, a vivenciar que Dios se fija en nuestra fragilidad y que su misericordia no pasa jamás. Allí se encuentra la fuente eterna de la que estamos llamados a beber siempre, una y otra vez, haciéndole frente al defecto de la mala memoria personal y generacional y al pecado de creernos dioses. Quizás por eso necesitemos de santos, de profetas, de gente buena que nos recuerden la alegría del Evangelio.
En este ensayo iremos viendo, capítulo a capítulo, una cantidad determinada de números de la exhortación ilustrados por la vida de la beata Catalina de María Rodríguez (2), una buena mujer que se adelantó al escrito del papa Francisco; con lo que corroboro el título de este preludio.
Sencillamente, Catalina fue una de las tantas y tantos profetas que vivieron la alegría de encontrarse con Jesús, de recibirlo y darlo a los demás.
Al concluir cada reflexión, se encuentra una invitación a revivir lo leído.
Para finalizar, le digo a mi querido padre Francisco:
“Aunque lo que usted escribió ya está en el Evangelio, ¡gracias por refrescarnos la memoria con un acento tan concreto!
Su exhortación es lindísima, ojalá cumplamos su deseo y descubramos que más importante que conjugar, es vivir el nuevo verbo: misericordiar.”
2- Córdoba (1823-1896). Al final del libro se encuentra una pequeña biografía de su vida.
INTRODUCCIÓN
El buen humor de los buenos (EG 1-18)
Hace un tiempo, conversando con un sociólogo, le comentaba las bondades técnicas y profesionales que tenía cierta persona para liderar una tarea. Cuando terminé me miró seriamente y me preguntó: “¿Tiene sentido del humor? “. A mí no se me había ocurrido pensar en esa cualidad. Este buen señor me explicó que es una capacidad para desdramatizar la realidad de los hechos, para reírse de uno mismo; también es una herramienta de resiliencia que ayuda a no focalizar en las preocupaciones, para remitirnos a un contexto más amplio en donde también se encuentran las soluciones para esos conflictos. No se trata de reírse siempre, sino de buscar el lado positivo de los hechos, de confiar más en la calma que en las tormentas. Allí entendí que esta cualidad es básica para empezar a hablar de un verdadero líder.
El buen humor no se fabrica; como todas las virtudes y actitudes debe tener un sustento que garantice su perdurabilidad. Una persona con sentido del humor es una persona alegre, que goza de las pequeñas cosas de la vida cotidiana en cualquier circunstancia que se encuentre, que contempla y se consuela con la parte del vaso que tiene, aunque no sean más que unas gotas de agua. Es un evangelizador que tiene fe y mucha esperanza.
Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo. Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias. (EG 2)
El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. (EG 3)
De la mano de Francisco nos acercamos a la idea de que una persona de buen corazón es antes que todo una persona de buen humor, una persona alegre. Pensando en esto se nos vienen a la memoria muchos rostros de gente con sufrimientos y carencias que no pierden la alegría. Desearía que puedan disfrutar de la sonrisa honda y contagiosa de Nicolás y Teresita, papás de Tadeo y Jeremías. Jeremías tiene parálisis cerebral, es un niño que puede ser visto como una pesadilla o como una bendición, un estorbo o un camino de búsquedas, algo indeseado o alguien amado. Este matrimonio, junto con Tadeo, eligió las segundas opciones y andan por el mundo repartiendo alegría, servicio, generosidad y vida, llevando la silla de Jere a quien llaman “nuestra cruz de chocolate”. ¿Cómo es que pueden tener alegría para ellos y para dar? Cada día, sin descanso, buscan un encuentro con Jesús y han tomado la decisión de dejarse encontrar por Él (3). Viven de la abundancia de ser Hijos de Dios y de María ¡son buena gente! Desde hace algunos años, a través de Tadeo, pertenecen a uno de los colegios de la familia de Madre Catalina de María Rodríguez. Esta mujer vino a completarles los modos de vivir el encuentro íntimo con Jesús para salir al encuentro de los demás (4).
Si vamos a la vida de Catalina, ella fue una buena mujer, alegre, con buen humor, anclada en el Corazón de Jesús y con una vida con más espinas que rosas. En ella primó la alegría que trae la fe en Cristo resucitado y fue uno de esos rostros que, como el de Teresita y Nicolás, llevan a los demás la alegría de ser Hijos de Dios y desde ese eje se dejan llevar.
En las memorias de Catalina de María hay varios relatos en los que, desde su pluma, se evidencia este don. En 1868, terminada la peste del cólera, se encuentra con el padre David Luque que estaba atendiendo enfermos. Ella describe el hecho diciendo que “habiéndose ocupado tanto de los enfermos se olvidó de los sanos” (5). A pocos meses de fundada la Congregación “el P. Luque y el P. Bustamante recorrieron las habitaciones de las hermanas para quitar en ellas cuanto hubiese de superfluo. A este acto lo llamábamos con mucha gracia Circuncisión” (6). En su viaje a Roma decide visitar Loreto. Ella y la hermana Ana de la Cruz, que la acompañaba, fueron víctimas de un embuste por parte de quienes las llevaban, por lo que debieron llegar al hotel en un carretón sentadas sobre paja. Catalina, risueñamente, comparó la situación con la entrada de Jesús en Jerusalén; pero ellas en lugar de vivas recibían burlas (7). Hasta en su lecho de muerte dio muestras de este don: cuando entró la hermana Ignacia Castellano, su vicaria, para ofrecerle los últimos sacramentos, ella le dijo “¡Cómo será el estado de gravedad en que estoy, cuando la traen a la Hermana Ignacia!” (8).
Considerando la formalidad en el trato que se imponía en su época, es doblemente llamativo el estilo que usa. Es frecuente encontrar en sus cartas expresiones como:
“Le pido no olvide a su pobre madre que siempre anda como el cangrejo caminando para atrás” (9); “Disfrute tranquila todo lo que le den sin decir basta, cuando más dígale a Nuestro Señor que le dé a su pobre madre vieja un poquito de lo que a usted le sobra” (10); “Dios pronto me vendrá a buscar y necesitaré de la oración de mis hijas para que con un guinche me lleven al Cielo” (11).
Madre Catalina está lejos de una alegría superficial y burlona, en cambio se siente cercana a un Dios que nos regala un nuevo día para disfrutar la vida que Él mismo da en abundancia. No piensa en ella misma, sino en el modo de hacer un mundo mejor para ella y para los demás. No dramatiza las situaciones, no se victimiza ni toma lugares de jerarquía. Sencillamente vive la alegría, el buen humor de los buenos.
Ese buen humor de los buenos podría asimilarse a la alegría del Evangelio. El Evangelio es la Buena Noticia que nos trae Cristo resucitado. Allí bautiza como felices a los pobres, a los perseguidos por su causa, a los que trabajan por la paz y la justicia, a los limpios de corazón, a los misericordiosos (12). Todos ellos son buena gente que ha tenido un encuentro con Jesús y no pueden guardárselo; y el único modo en el que saben darlo, aún en medio de tristezas, es con alegría, porque eso mismo es lo quedó resonando en sus corazones al conocerlo a Él. Como Juan y Pedro, que les dijeron a los sumos sacerdotes que querían silenciarlos: no podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4,20). Lo que habían visto era a Jesús y lo que habían oído era el Evangelio.
En cada una de nuestras vidas, y en la vida de la Iglesia, debemos tener presente que la iniciativa siempre es de Él, que nos amó primero (1 Jn 4,19). “Esta convicción nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo” (EG 12).
La alegría del Evangelio es misionera. Evangeliza y nos evangeliza.
Volviendo al título de este apartado, opino certeramente que la bondad tiene en la alegría su mejor marketing y su mejor rostro. Como hija de la Iglesia me duelen los cristianos con “cara de vinagre” o los que se sientan en un trono y desde allí gobiernan a lo que consideran un feudo.
Ya los primeros cristianos, que fueron sumamente perseguidos, repetían: “¡estén alegres! ¡Cristo resucitó!” (cfr. Flp 4, 5-9).
• Te invito a que, como hijo de Dios y con una memoria agradecida, recorras tu vida y pases por el corazón el momento en que Jesús se hizo presente en él y le dio otro sentido a tus opciones, a tus intereses, a tu amor. Probablemente no ha sido en una capilla, quizás ocurrió mientras mirabas o escuchabas a alguno de estos “buenos alegres”.
Jesús tiene sus momentos para encontrarnos y sellarnos con su misericordiosa presencia.
• A partir de allí, y alimentando el deseo de hacer un mundo mejor, repasa, agregando o quitando, los modos en que, tomándote de esa presencia, llevas a tu corazón y al de los demás la alegría del Evangelio.
Para ahondar: Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. (Mt 5, 10)
3- Cfr. Evangelii Gaudium, 3.
4- http://www.esclavasargentinas.com/padres-de-jeremias-nuestra-cruz-de-chocolate/
5- Rodríguez, Catalina de María. Memorias, 32.
6- Ibídem 66. El subrayado es original de Catalina.
7- Cfr. Rodríguez, Catalina de María. Apuntes, 263.
8- Ibídem, 302. Este hecho se comprende mejor desde el contexto en que la hermana vicaria era la encargada de ofrecerle los últimos sacramentos a las hermanas enfermas.
9- Rodríguez, Catalina de María, Carta 28.
10- Rodríguez, Catalina de María, Carta 44.
11- Rodríguez, Catalina de María, Carta 836.
12- Cfr. Evangelio de Mateo 5, 3-12.
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