Kitabı oxu: «El arte de poner límites»

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© Texto: Sonia Kliass
Traducción: Marta Busquets
Corrección: Javier Peláez
Coordinadora de la edición: Laia López Arboleda
Asesora de la colección: Àuria G. Galcerán
Maquetación: Susanna Pérez
© Fotografía de portada y de inicio de capítulos: Sandra Artigas
© Fotografías interiores: Joan Segura
Todos los derechos reservados para la versión castellana
© 1a edición en castellano: octubre de 2020
ISBN: 978-84-948300-9-9
Producción del ePub: booqlab
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni su transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
«Como consecuencia de las palabras que usemos y las acciones que realicemos, el cerebro del niño cambiará»
Disciplina sin lágrimas: una guía imprescindible para orientar y alimentar el desarrollo mental de tu hijo. Daniel J. Siegel, Tina Payne Bryson (introducción)
Agradecimientos
Quiero dar las gracias a mi compañero Pep, por ser la primera persona en animarme a escribir y por su apoyo incondicional durante todo este proceso, y a mi hijo Joan, por todo lo que he aprendido con él a lo largo de estos dieciocho años.
A mi madre Rosa y a mi hermano Paulo, por la fuerza y la confianza que siempre he recibido de ellos, y a mi padre Wlademir, ya ausente, por su gran sensibilidad y empatía.
También quiero dar las gracias a todos los amigos y los compañeros que me han animado a escribir, y al equipo de ING Edicions, por confiar en este proyecto.
Prefacio
Hace muchos años que suelo alojarme en casa de Sonia cuando hago seminarios en Cataluña, y estuve muchas veces mientras ella criaba a su hijo Joan. Recuerdo una ocasión en que Joan tenía alrededor de dos años y estaba muy interesado en abrir la puerta de la nevera. Al ver a su madre abrirla de vez en cuando, él también quería hacerlo, pero todo el rato. Como yo no entendía el idioma, Sonia me explicó que le había dicho: «Veo que te gusta mucho abrir la nevera; ahora no es un buen momento, pero siempre que la tenga que abrir te lo pediré a ti, y entonces tú la podrás abrir». Ella actuó en consecuencia con lo que había dicho y Joan se sintió satisfecho de estar incluido en las necesidades del día a día del hogar. Este pequeño episodio me mostró la profunda comprensión que tiene Sonia de la naturaleza y las necesidades de un niño pequeño y cómo responder a su comportamiento de una forma adecuada y respetuosa.
Yo viví los primeros años de mi maternidad en países extranjeros, sin el apoyo de familiares ni amigos íntimos. Recuerdo que, como madre joven, me sentí insegura y sin recursos algunas veces, cuando tenía la necesidad de establecer unos límites firmes, y también recuerdo lo difícil que era hacerlo de una forma amable. Por eso estoy muy contenta de que Sonia Kliass ofrezca ahora un libro con ejemplos prácticos que puede ayudar a hacer frente a esas situaciones difíciles que influyen tanto en la atmósfera de la familia.
A lo largo de muchos años he estado ofreciendo seminarios a profesionales de muchos países del mundo, y veo en todas partes la necesidad de desarrollar este tema. Así que estoy segura de que también será un libro muy útil para educadores y maestros.
Lo que me impresionó más profundamente cuando en Budapest visité por primera vez el orfanato de Emmi Pikler, en el año 1979, fue el hecho de que hubiera un lugar en el mundo donde no se gritaba ni se regañaba a los niños; al contrario: cuanto más seria era la situación, más tranquila era la voz de la cuidadora. En los cuatro días que estuve allí ni siquiera oí un tono de reproche. Esta fue una de las cosas que me impulsaron a difundir la visión pikleriana por todo el mundo.
En el año 1995, Sonia y yo nos conocimos en uno de mis primeros seminarios en Barcelona. Sensibilizada por los mensajes que yo compartía, me siguió a otros seminarios de Alemania, Suiza y España. Nos hicimos amigas y ha sido mi traductora todos estos años en Gerona. Con este libro, gozo del fruto de nuestro trabajo conjunto.
Ute Strub
Índice
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1 UNA NECESIDAD VITAL
1. UNA NECESIDAD ENTRE OTRAS
2. ¿LES FALTAN LÍMITES?
3. QUEREMOS QUE SEAN FELICES
4. QUEREMOS QUE SEAN LIBRES
5. DISCIPLINA
6. AUTORIDAD
CAPÍTULO 2 EL ADULTO EDUCA
1. ¿POR QUÉ ESTABLECER LÍMITES ES DIFÍCIL PARA EL ADULTO?
2. LA IMPORTANCIA DEL VÍNCULO
3. EL MODELO Y LA IMITACIÓN
CAPÍTULO 3 EL NIÑO APRENDE
1. ES UN PROCESO Y QUIEREN APRENDER
2. PRIMERO NACEN...
3. CUANDO AÚN NO DICEN «YO»
4. LAS FRUSTRACIONES
5. LAS PATALETAS
6. ACEPTAR EL LLANTO DE LOS NIÑOS
7. SER EDUCADOS: PEDIR POR FAVOR, PEDIR DISCULPAS, DECIR GRACIAS, ETC.
8. SER OBEDIENTES O COLABORAR CON EL ADULTO
9. ¿TIENEN QUE ENTENDER LAS NORMAS?
10. ¿TIENEN QUE APRENDER A ESPERAR?
CAPÍTULO 4 ¿LO ESTAMOS HACIENDO BIEN? ¿LO PODEMOS HACER MEJOR?
1. HÁBITOS Y RITMOS REGULARES
2. CLARIDAD EN LA COMUNICACIÓN
3. MACHACANDO EN HIERRO FRÍO
4. MOMENTOS PARA JUGAR Y MOMENTOS PARA HACER OTRAS COSAS
5. MOMENTOS DE TRANSICIÓN
6. LOS NIÑOS VIVEN INMERSOS EN LOS SENTIDOS
7. UTILIZAR UN LENGUAJE PERSONAL
8. EVITAR EL NO Y PONER LOS LÍMITES EN POSITIVO
9. PONER LÍMITES CON EMPATÍA
10. LAS AMENAZAS
11. LOS PREMIOS
12. ALABAR
13. CASTIGOS Y CONSECUENCIAS
14. LÍMITES EN LA ETAPA DE LA IMAGINACIÓN
15. CUIDADO CON EXCITARLOS
16. ESTAR SEGUROS DE LO QUE LE ESTAMOS PIDIENDO AL NIÑO
17. UN EJEMPLO PRÁCTICO: UNA MACETA EN EL COMEDOR
CAPÍTULO 5 SITUACIONES ESPECIALES
1. EL MOMENTO DE COMER
2. MOMENTOS PARA DESCANSAR Y DORMIR
3. CONTROL DE ESFÍNTERES
4. PANTALLAS Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
5. ANTES DE SALIR DE CASA POR LA MAÑANA
6. UN ESPACIO DE JUEGO PROTEGIDO DURANTE EL PRIMER AÑO DE VIDA
7. MOMENTO DE CAMBIAR PAÑALES, VESTIR Y DESVESTIR, Y BAÑO
8. RECOGER LOS JUGUETES
9. CUANDO QUIEREN QUE JUGUEMOS CON ELLOS
CAPÍTULO 6 CONVIVIENDO CON OTROS NIÑOS
1. CONVIVIR NO SIEMPRE ES FÁCIL
2. EL JUEGO LIBRE
3. COMPARTIR
4. CONFLICTOS POR LOS OBJETOS
5. ¿POR QUÉ TIENEN COMPORTAMIENTOS AGRESIVOS?
6. LAS PALABROTAS
7. NORMAS EN RELACIÓN CON LA AGRESIVIDAD: ¿PUEDEN JUGAR A SER TIGRES?
8. TIRONES DE PELO, PELLIZCOS Y MORDISCOS
9. ¿CÓMO ATENDER AL NIÑO QUE HA RECIBIDO LA AGRESIÓN?
10. ¿CÓMO ATENDER AL NIÑO QUE HA TENIDO UN COMPORTAMIENTO AGRESIVO?
11. CONFLICTOS ENTRE HERMANOS
12. ESPACIOS FAMILIARES Y GRUPOS DE CRIANZA
CAPÍTULO 7 MOMENTOS ESPECIALMENTE INTENSOS
1. LOS DOS AÑOS
2. LOS CINCO AÑOS
CAPÍTULO 8 PARA TERMINAR. ÚLTIMAS PALABRAS
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
SOBRE LA VISIÓN PIKLERIANA
SOBRE LA NEUROCIENCIA
SOBRE LA PERSPECTIVA DE MAGDA GERBER
OTRAS REFERENCIAS
Introducción
Cuando se trata de educar, las pautas del pasado ya no nos sirven, queremos hacer las cosas de una forma distinta. Estamos en proceso, buscando referentes y modelos que nos satisfagan, que sean coherentes con una nueva forma de educar a nuestros hijos o a los niños1 que tenemos a nuestro cargo como profesionales. Además, vivimos en un contexto social que ha cambiado muchísimo en poco tiempo y que tiene algunas dificultades añadidas. Seguramente es más complejo educar, por ejemplo, entre elevados niveles de consumismo y con las nuevas tecnologías tan a nuestro alcance.
Actualmente nos encontramos con muchas modas, propuestas, ideas innovadoras y teorías diversas, pero muy pocas se fundamentan en una experiencia sólida. Que sean muy populares no significa necesariamente que sean válidas para todos. Teniendo tanta información disponible, ¿cómo podemos saber qué es fiable y qué no? A mí, personalmente, me sirven los referentes que están construidos sobre una base firme. Yo también, como madre y como profesional, he recorrido mi camino personal buscando, experimentando, construyendo. En este camino he recibido muchas ayudas, pero hay dos modelos principales que me han servido especialmente, porque he encontrado en ellos esa solidez que necesitaba: la propuesta de la visión pikleriana y la pedagogía Waldorf.
En este camino personal, quiero dedicar un especial agradecimiento a Ute Strub, a quien conocí en 1995 y quien ha sido, desde entonces, un modelo, una maestra y una amiga. Ute me mostró una visión tan nueva del niño y de sus procesos que lo trastocó todo y ya nada volvió a ser como antes.
De la mano de Ute conocí el trabajo de Emmi Pikler (entre muchas otras cosas) y más adelante me formé en el Instituto Pikler de Budapest. Pocos años después de conocer a Ute me introduje en el mundo de la pedagogía Waldorf, primero participando en grupos de estudio que se hacían en Gerona y más adelante apuntándome a la primera formación de maestros que se hizo en Cataluña, en 1999.
En este libro hablo de cómo podemos ayudar a los niños a integrar límites y normas sociales. Es un tema complejo y este es un libro que quiere aportar una reflexión, pero también dar herramientas prácticas para el día a día con los niños. Me dirijo tanto a profesionales como a familias, del mismo modo que cuando hago cursos y charlas me gusta tener a ambos colectivos presentes. Estoy convencida de que unos y otros se pueden nutrir de los ejemplos y las reflexiones, independientemente de si hacen referencia a situaciones de espacios educativos o si describen situaciones más propias del ámbito familiar. El ámbito educativo incluye un amplio abanico de profesionales, como cuidadores, canguros, educadores, maestros, etc. Y siempre es bueno recordar que el ámbito familiar no se reduce a los progenitores, por lo que puede ser interesante compartir estos contenidos también con abuelos, tíos, padrinos, etc.
Cuando descubrí cómo trabajan los límites y la gestión de conflictos en el Instituto Pikler de Budapest entendí que poner límites puede llegar a ser un verdadero arte, de aquí el nombre El arte de poner límites. Las reflexiones que los profesionales del Instituto Pikler comparten acerca de este tema son de una gran profundidad y hacen patente el amplio conocimiento que tienen sobre los niños. Las educadoras y las formadoras del Instituto Pikler son unas verdaderas artistas y estoy muy agradecida de haber podido beber de esa fuente. No es mi única referencia, pero, en relación con la temática de este libro, es la principal. Aunque el trabajo que se hace en el Instituto se centra principalmente en la etapa de cero a tres o cuatro años, su visión y su puesta en práctica conforman en realidad una verdadera «escuela» que nos sirve para lo que encontraremos más allá de los 3-4 años. Quiero aclarar que nunca hablaré en nombre del Instituto Pikler, y que cuando digo desde la perspectiva pikleriana me refiero a la forma en que yo, personalmente, entiendo e integro estos conocimientos. Espero sinceramente que el contenido de este libro esté a la altura de lo que he aprendido con los profesionales del Instituto.
He querido incluir muchos ejemplos prácticos de situaciones reales, pero todos los nombres están cambiados para preservar la privacidad de los adultos y los niños implicados. Aprovecho la ocasión para agradecer la confianza de las familias y de los profesionales que compartieron conmigo sus experiencias y sus dificultades en consultas y asesoramientos. Deseo que el material que encontraréis en este libro sea de ayuda para todas las personas que, como yo, quieren educar a los niños con respeto, favoreciendo su potencial para que puedan crecer como personas sanas, con recursos y una buena autoestima.
1 A lo largo de este libro, y para agilizar su lectura e interpretación, se utilizan las palabras niños(s) y adulto(s) en su interpretación genérica, es decir, con el valor de niño(s) y niña(s) y adulto(s) y adulta(s). Se debe considerar, por lo tanto, que estas expresiones incluyen personas de ambos sexos, excepto cuando se indica lo contrario.
CAPÍTULO 1
UNA NECESIDAD VITAL

1. UNA NECESIDAD ENTRE OTRAS
Hace muchos años, en un curso, Ute Sturb nos propuso la siguiente imagen: si, estando en un cuarto con los ojos cerrados, necesitáramos movernos por el espacio, ¿qué haríamos? Seguramente pondríamos las manos delante intentando encontrar algún elemento: una pared, por ejemplo, que nos sirviera de referencia. Un límite físico que nos ayudara a orientarnos. Si, estando en esa situación, no encontráramos nada, nos sentiríamos muy desorientados e inseguros.
Janet Lansbury, en su libro Los niños malos no existen, haciendo referencia a la educadora Janet Gonzalez-Mena, da otra imagen también muy ilustrativa de cómo nos sentimos sin límites claros: ¿cómo avanzamos por un puente sin barandilla? Tenemos que ir poco a poco y vacilando. En cambio, ¡qué confiados y seguros nos sentimos cuando hay barandilla!
Estas imágenes, que hacen referencia a límites físicos, nos pueden servir como metáfora para entender la importancia de los límites para los niños. Si los niños no encuentran límites que los ayuden a orientarse en el mundo de las relaciones sociales, se encuentran igualmente perdidos, desorientados e inseguros. Necesitan tener a su lado a adultos que sean capaces de ayudarlos en este proceso, es una necesidad vital de los niños. Por este motivo, Magda Gerber dice que «lack of discipline is not kindness, it is neglect»: la falta de disciplina no es amabilidad, es negligencia (Dear Parent: Caring for Infants with Respect, p. 108).
Sin embargo, poner límites no es lo único que tiene que hacer el adulto. Los niños tienen otras muchas necesidades: necesitan sentirse queridos, seguros, protegidos, que alguien se interese por ellos; necesitan jugar, moverse, experimentar, desarrollar ciertas capacidades. Muy a menudo me encuentro con adultos, familiares o profesionales, que me piden ayuda porque creen que sus niños tienen problemas relacionados con los límites. Pero, cuando observo, veo que, a menudo, esos niños no tienen realmente un problema de límites. Lo que me encuentro a menudo es alguna carencia en la atención de sus otras necesidades vitales; por ejemplo, que los niños no pueden jugar o moverse todo lo que necesitan, o que el adulto no tiene suficiente presencia o atención hacia ellos. Las dificultades que experimentan los adultos son el resultado, al final, de estas carencias, porque los niños, con sus comportamientos, están expresando un malestar.
2. ¿LES FALTAN LÍMITES?
Hoy en día oímos a menudo que los niños no tienen límites. Quizás esta afirmación no es del todo correcta. Nada más entrar en una tienda de artículos para familias se hace evidente que gran parte de los productos buscan la inmovilidad de los niños: cochecitos, sillitas, hamacas, tronas, mochilas, etc. Así pues, ¿qué pasa con la libertad de movimiento y juego? La tendencia general es justamente privarlos de libertad. O sea que, en realidad, en relación con el juego y el movimiento no les faltan límites, al contrario: ¡tienen demasiados! Tienen demasiados límites donde no corresponde, están demasiado limitados en el juego y en el movimiento, justamente donde necesitan mucha libertad. Y, por otro lado, quizás algunos niños tienen pocos límites donde realmente los necesitan, que es en el ámbito de las relaciones sociales. Y esta conciencia nos puede ser muy útil: no es que tengan pocos límites, solo es cuestión de que hay un desequilibrio y confusión sobre dónde tiene que haberlos.
Hay capacidades que los niños desarrollan sin la intervención directa del adulto. Lo vemos, por ejemplo, cuando los bebés empiezan a querer coger objetos: no se lo tenemos que enseñar, ni los tenemos que estimular, lo hacen por ellos mismos y saben cómo y cuándo hacerlo. Si el niño está a gusto, se encuentra bien de salud y tiene las condiciones necesarias (por ejemplo, si tiene objetos al alcance), lo hará. Más bien llega un punto en que tenemos que empezar a apartar objetos de él, porque, en un niño que está sano, el impulso de juego y experimentación es imparable.
Podríamos decir que ellos ya saben qué tienen que hacer, cómo y cuándo. Esta capacidad se irá desarrollando y el niño cada vez será más diestro y capaz.
Ahora bien, imaginemos una situación en la que el objeto que quiere coger está en manos de otro niño. La inteligencia que vive dentro del niño solo sabe agarrar, menear, experimentar, etc., pero desconoce completamente las normas sociales. No sabe que cuando queremos un objeto que está en manos de otra persona no podemos simplemente cogerlo, sino que lo tenemos que pedir. Este sería un ejemplo de una norma social que el niño tiene que aprender: cuando necesito algo que tiene alguien, se lo tengo que pedir.
O sea, que tenemos dos ámbitos distintos:
a. Por un lado, observamos una inteligencia universal que rige toda actividad autónoma de los niños y que solo necesita unas condiciones concretas para desplegarse (tiempo, espacio, materiales, etc.). En este ámbito, el papel del adulto es confiar plenamente en esta inteligencia y conocer los procesos de desarrollo del niño para poder proveerle de estas condiciones evitando intervenir directamente en su actividad. Una vez hecho esto, después de crear un entorno seguro, su papel es dar mucha libertad de juego y movimiento y dejar que el niño lo haga por sí mismo.
b. Por otro lado, observamos aprendizajes que necesitan desarrollarse en un contexto social y que no responden a patrones universales. Por ejemplo, cuando el niño ve un objeto, lo coge directamente, porque lo que actúa en él es el impulso de manipular. No se preocupa por las normas sociales porque al principio simplemente las desconoce. Y aquí el papel del adulto es muy diferente del que tiene en el primer ámbito. Aquí, si el adulto «se retira» y da libertad al niño para que aprenda por sí mismo, comete un grave error, porque el niño necesita ayuda para aprender todo lo relacionado con los límites y las normas de convivencia. De hecho, lo tiene que aprender justamente del adulto, él es quien lo introduce en este mundo de las relaciones. Así que, en este segundo ámbito, distinto del primero, el adulto educa activamente enseñando, guiando, orientando y ofreciendo un modelo adecuado. Es su responsabilidad.
¿Y de quién es la responsabilidad de ayudar a los niños a desarrollar herramientas sociales para poder convivir en sociedad? Del adulto.
3. QUEREMOS QUE SEAN FELICES
Tener como objetivo de la educación de los niños que sean felices puede ser una trampa y complicar mucho el tema del que es objeto este libro. Uno de los motivos es que tenemos una cultura que confunde la felicidad con el entretenimiento y con la satisfacción inmediata de los deseos.
Tener una vida llena y significativa no significa estar siempre contento, y menos aún significa conseguir todo lo que uno quiere y desea. A veces obtenemos una gran satisfacción de hacer algo difícil que supone un esfuerzo o un sacrificio. Incluso podemos llegar a sentirnos muy realizados al renunciar a un deseo por un ideal más alto. Los deseos no terminan nunca: cuando consigues algo que deseabas, ya empiezas a desear otra cosa, por lo que ese camino nunca puede aportar una satisfacción real. Mihaly Csikszentmihalyi nos lo explica en su libro Fluir (flow), resultado de la investigación que, durante más de 20 años, hizo sobre la «psicología de la felicidad» para intentar entender qué hace que las personas se sientan felices.
Tampoco la satisfacción derivada del entretenimiento es la mejor forma de cultivar la felicidad. El entretenimiento nos distrae un rato y, cuando termina, queremos más. Cuando la fuente de entretenimiento se agota, no necesariamente nos sentimos llenos y satisfechos con nosotros mismos. Además, si toda la satisfacción deriva del entretenimiento lo tenemos difícil, porque, si tenemos que esperar siempre que algo externo nos aporte satisfacción, dejamos de ser proactivos y nos volvemos emocionalmente dependientes.
Los niños ya llegan preparados para encontrar satisfacción en su actividad espontánea y natural, como moverse, jugar, manipular, experimentar, etc. Tienen una voluntad infinita y están dispuestos a «trabajar duro» con gran satisfacción. Son proactivos si nosotros no estropeamos esta tendencia innata. ¿Os habéis fijado alguna vez, por ejemplo, en cómo los bebés pasan largos ratos intentando mantener sus manos dentro de su campo de visión para poder observarlas? Tienen mucho interés en las manos, pero, como aún no controlan del todo sus movimientos, es una tarea difícil. Necesitan mucha voluntad y perseverancia, pero no les importa, lo siguen intentando hasta que lo consiguen.
Por tanto, si realmente queremos educar a niños «felices», es imprescindible promover y respetar su libertad de juego y movimiento, cuidar su impulso natural de tener una actividad propia y espontánea. De esta forma desarrollarán recursos para encontrar satisfacción en lo que hacen y saber gestionar lo mejor posible las situaciones difíciles. Debemos poner especial atención en ello para que sean más capaces de gestionar las frustraciones, una capacidad muy importante para la salud emocional que necesitan desarrollar porque, de lo contrario, quedará desaprovechada. Esto implica intentar educarlos en la resiliencia, en la voluntad y en la capacidad de mantenerse «enteros» aunque a veces las cosas no sucedan como uno espera. Así su experiencia vital será mucho más satisfactoria y veremos niños «felices», o, como yo prefiero decirlo, ¡satisfechos!
Como es un tema complicado, más adelante dedicamos un apartado entero a hablar especialmente de las frustraciones.