Kitabı oxu: «Los tres reinos»
El descubrir

Primera edición: enero de 2017
© Difusión de revistas y libros, S. L.
© Sonia Varela Barrientos
ISBN: 978-84-16815-98-2
ISBN Digital: 978-84-16815-99-9
Depósito Legal: M-42630-2016
Ediciones Lacre
Monte Esquinza, 37
28010 Madrid
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IMPRESO EN ESPAÑA – UNIÓN EUROPEA
Para mis queridos hijos Jennifer y Vicente que cada día que paso junto a ellos es una aventura que mantiene vivo mi espíritu.
Mi esposo que me ha acompañado desde el primer día en que comencé esta bella historia y que con su apoyo seguí esforzándome en cada página.
A mis padres y hermanos que creyeron en mi obra y me han acompañado en el difícil camino de la publicación.
Una especial dedicatoria a mi querida amiga Janina, que me ha enseñado sobre la verdadera fortaleza para vencer los obstáculos que la vida nos impone.“Eres una mujer realmente admirable”.
1
EL COMIENZO
«Lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir».1
Qué frase más curiosa cruza la mente de Sara en este momento. De frente al mar, sintiendo como la calma de la brisa la cubre de pies a cabeza, su negra y larga cabellera baila al compás del viento, mientras sus pies son suavemente acariciados por el mar.
–¿Cómo puedo escapar de mi destino? —se repite una y otra vez sin encontrar una respuesta. Su mente es bombardeada de imágenes de destrucción y muerte, de angustia y tristezas… de soledad y desolación. Ella espera encontrar en la pureza del mar una respuesta, un consuelo, una orientación que le permita dar respuesta a su interrogante.
Sara, era una chica alegre y optimista, siempre estaba atenta por ayudar a sus amigos, sin embargo era solo una careta que presentaba al resto, los que verdaderamente la conocían, sabían que ella era muy solitaria e introvertida, de un carácter autoritario pero dulce, resolutiva ante los problemas, jamás se quejaba de algo, todo lo aceptaba de buena manera, y, lo más importante, nunca hablaba de ella, quizá porque sentía que no tenía nada que decir.
Había sido abandonada a los dieciséis años en un orfanato, y no recordaba nada de su infancia, su memoria comenzaba desde el día que la encontraron, no conocía a sus padres ni sabía de familia, tampoco recordaba quién la había dejado en la puerta de la institución benéfica, es decir, era una niña sin pasado. Por esta razón, ella nunca hablaba de sí misma. Los del orfanato decidieron llamarla Sara, porque ese era el onomástico de aquel día.
En el hogar conoció a un muchacho cinco años mayor que trabajaba de voluntario, también había sido abandonado en su niñez y, tal como Sara, no tenía recuerdos de su familia, sólo conocía su nombre porque venía escrito en una de sus prendas, Kazuya Tukusama.
Kazuya era un joven de carácter pasivo y tímido, era alto y delgado, su cabello castaño claro, le llegaba al cuello en pequeñas y finas ondulaciones; de facciones suaves, poseía unos bellos ojos color miel y su mirada era profunda daba la impresión que podía leerte los pensamientos sólo con mirarte, no muchos se atrevían a mirarlo directo a los ojos, pero al conocerlo más de cerca su actuar decía totalmente lo contrario. De corazón generoso, amaba poder ser útil a los demás. Antes de conocer a Sara, se sentía muy solo y era voluntario para no estar en su casa, que era otro lugar oscuro y sombrío, pero al entrar ella en su vida le trajo vitalidad, color y luz, su personalidad era por naturaleza ágil y perspicaz, en cambio él era calmado y reflexivo, se complementaban muy bien.
Como era sabido que a los adolescentes no los adoptan, Sara comenzó a ayudar al joven en el cuidado de los niños, les inventaban juegos y les leían muchos cuentos, e incluso les hacían representaciones, pero cuando llegaba la hora de dormir, la tristeza volvía a su corazón y lloraba.
Pasó el tiempo y entre juegos y lecturas, floreció el amor entre los jóvenes. Cuando Sara cumplió dieciocho años se mudó con Kazuya. Ella estudiaba mientras él trabajaba en un restaurante y los domingos eran voluntarios en el orfanato. Así transcurrieron los años, en una monótona rutina.
2
UN SUEÑO INQUIETANTE
Cuando Sara cumplió veintitrés años despertó inquieta. Kazuya ya se había ido a su trabajo en el restaurant y la muchacha no podía moverse pensando en el sueño que había tenido, después de unos minutos se animó y se levantó para ir a clases.
Durante el descanso, se reunió con su mejor amiga Janny para almorzar, quien la encontró muy extraña, estaba distraída más que de costumbre.
–¿Qué te ocurre Sara?
–¿Por qué lo dices? —respondió la joven.
–Hoy estás muy extraña, distraída mejor dicho. Deberías estar feliz por cumplir años, estás a punto de terminar tu carrera y, lo mejor de todo, tienes un novio que te adora. ¡Sube tu ánimo! Hoy vamos a celebrar hasta muy tarde.
–Tienes razón, es que tengo esa sensación de que algo va a ocurrir.
Sara, estaba en lo cierto. Su sueño no era simplemente un sueño, sino un aviso de que su vida estaba a punto cambiar.
Durante la tarde Janny insistía en subir el ánimo de su amiga, pero sus esfuerzos eran infructuosos, hasta que Kazuya llegó junto a ellas.
–¡Hola amor, feliz cumpleaños! —la besó tiernamente poniendo un tulipán rojo en sus manos, ésta era la flor favorita de Sara, una vez la había visto en unos libros y le pareció tan hermosa y majestuosa que se enamoró de ella inmediatamente. Janny decidió retirarse para dar privacidad a los enamorados.
–¿Pasa algo? —le preguntó el joven al notar que su novia estaba ausente.
–¿Por qué lo dices? —preguntó ella.
–Porque Janny me ha bombardeado toda la mañana con mensajes apurándome para que viniera a subirte el ánimo. Dime, ¿tienes algún problema? Sabes que puedes confiar en mí.
–Lo sé, lo sé, es que no sé cómo decirlo, porque no sé lo que me pasa. Anoche tuve un sueño muy vívido y no he podido sacármelo de la cabeza, eso es todo.
–Pero cuéntame lo que soñaste, quizá te hace bien conversar sobre el tema.
–Promete que no te reirás de mí, ni me cuestionarás lo que digo.
–Lo prometo.
–Mi nombre no era Sara, sino Kristem y era una princesa, pero este reino estaba gobernado por sombras y oscuridad, yo corría e intentaba luchar con ellas pero no podía hacer nada, de pronto me rodeó mucho fuego, hacia donde corría había fuego, no podía huir… —la joven se tomó el rostro, angustiada por el recuerdo de esta experiencia— de repente, cuando creía que moriría abrasada por las llamas, apareció una silueta que me tomó en sus brazos y me rescató de entre las sombras, sólo escuchaba su voz que repetía «por fin te encontré». Desde ese momento no he podido sacar de mi cabeza esas palabras, me parece escuchar su voz a cada instante.
–Espera, espera, esa voz ¿era de un hombre? —preguntó Kazuya con tono serio.
–Sí —respondió con indiferencia la muchacha, la verdad es que la pregunta del joven la desanimó, le parecía que no la estaba tomando en serio.
–¿Qué sensación te provocó? —volvió a preguntar con el mismo tono celoso. Pero ella no se desanimó y respondió con agudeza.
–La verdad, sentí una sensación cálida, me sentí a salvo, mi corazón se calmó, sus brazos me proporcionaron la protección que necesitaba en ese instante… —suspiró lentamente y cerró sus bellos ojos café— es como si lo conociera, lo que sentí en sus brazos es una sensación conocida por mí… ese abrazo, ya lo conocía y por sobre todo, su voz, esas breves palabras quedaron grabadas en mi memoria —abrazó a su novio buscando confort y desahogo—. Sé que solo es un sueño y que es estúpido lo que digo, pero no puedo olvidar.
–Tranquila, mientras esté contigo no te sucederá nada —Kazuya decía estas palabras a su novia, sin embargo había quedado muy preocupado, él la amaba profundamente, pero escucharla hablar así de otro hombre, aunque fuera sólo un sueño, lo perturbaba. ¿Sería acaso que ella comenzaba a dudar de su amor hacia él y ésta era la forma en que sus sentimientos se comenzaban a manifestar? ¿Acaso ya no sentía lo mismo por él?
–Gracias por ser tan comprensivo, no sé qué haría si tú no estuvieras aquí —estas palabras interrumpieron los pensamientos del joven, proporcionándole tranquilidad.
–No tienes nada que agradecer, tú sabes que siempre estaré para ti —le dijo tomándole el rostro para besarla nuevamente—, ahora debemos prepararnos para tu celebración —ella asintió con su cabeza, le sonrió y juntos partieron a la reunión.
3
LA SOMBRA
Es de noche, el bosque es tan frondoso que apenas deja pasar la luz de la luna, se escuchan a lo lejos los sonidos de los animales que habitan los árboles y los arbustos, de pronto se siente a alguien correr despavoridamente, se sienten las ramas secas quebrándose cuando las pisan con fuerza, los pasos se aceleran como si alguien huyera de la misma muerte. Era Sara quien corría, asustada y desorientada, en un lugar desconocido para ella. Miró hacia atrás pero no pudo ver el rostro de quien la seguía. Estaba aterrada escondida detrás de un árbol, en ese lugar se quedó en absoluto silencio, al escuchar pasos que la seguían intentó pasar desapercibida pero los pasos de su captor se hacían cada vez más fuertes y ya no eran sólo los de él comenzaron a sentirse más pasos, eran tres, no cuatro figuras que la acechaban, la joven no sabía qué hacer pensaba en Kazuya y lo llamaba con el pensamiento pero nada ocurría, los seres comenzaron a rodearla; Sara se paralizó y para protegerse se envolvió en su propio cuerpo, hundiendo su cabeza entre las rodillas, lloraba sin cesar, desconsolada se repetía: «Es un sueño, es un sueño», y de pronto un silencio cubrió el bosque, los pasos de los atacantes se detuvieron, la calma se apoderó de las sombras, algo se aproximaba, no podía saber lo que era, la incertidumbre del silencio era tanto o peor que la angustia de sentirse atacada.
Habían pasado algunos minutos cuando Sara decidió salir de su escondite para buscar una salida del bosque, pero al dar los primeros pasos, cinco siluetas negras y alargadas se abalanzaron hacia ella al mismo tiempo, la joven intentó huir pero una de las sombras la sujetó de la cintura, otra le tomó los brazos, dos la arrojaron al suelo y cuando la quinta la iba a liquidar, una sexta silueta apareció y luchó con las otras cinco apartándolas, Sara estaba atónita, no podía creer lo que veía, la fuerza con que las sombras fueron derrotadas era inexplicable. Cuando sintió que ya estaba segura, la silueta la tomó en sus brazos y la llevó lejos de ese espantoso bosque que tanto miedo y pavor le había provocado.
El corazón de Sara se estremecía «¿qué es esta sensación tan conocida y a la vez tan placentera que le provocaba este ser? ¿Por qué le producía miedo y tranquilidad al mismo tiempo? ¿Cuál es el secreto que se esconde bajo la sombra de esta silueta?», estas interrogantes bombardeaban la mente de la mujer cuando, inesperadamente, se detuvieron en una vieja cabaña al interior del bosque, cerca de un arroyo. La dejó lentamente sobre una silla y se sentó frente a ella en silencio, pero no un silencio incómodo, sino uno agradable, tranquilizador.
–¿Quién eres? —preguntó la joven, rompiendo el silencio.
–No puedo decírtelo, eso lo debes descubrir tú misma —ella escuchó por primera vez la voz de aquella silueta. «¡qué voz más suave!» pensó.
–¿Por qué no puedo verte? —volvió a preguntar
–Me lograrás ver cuando decidas hacerlo y sabrás quién soy cuando aceptes que lo que estás viviendo no es simplemente un sueño, sino que tu verdadera vida te necesita —se levantó de su asiento y se dirigió hacia ella, la miró fijamente a los ojos y la tomó de los hombros.
– Te necesito…por favor recuerda pronto —y desapareció, tal cual había aparecido, sin rastros ni huellas, Sara quedó ahí sin saber qué pensar, qué hacer, a quién recurrir; se sintió tan sola, el mundo en el que vivía comenzaba a hacerse más y más lejano.
4
UN VIAJE SORPRENDENTE
El despertador tocó su melodía reiteradas veces pero Sara no deseaba despertar, se negaba a salir de aquella cabaña sin conocer las respuestas a sus interrogantes, en su interior tenía la esperanza de volver a ver a aquella figura que le traía paz, a su salvador anónimo, sin embargo el sonido de la alarma era insistente y poco a poco abrió sus ojos y se enfrentó a la luz de su habitación, a la rutina de sus estudios, a fingir delante de sus amigos. Como siempre, Kazuya ya se había ido al restaurant, lo cual para ella fue un alivio, no deseaba hablar de lo ocurrido y seguramente él le preguntaría.
Sara comenzó a cambiar, cada día se le hacía más fácil no estar con Kazuya, cuando pensaba en él, su cuerpo no se estremecía como sí lo hacía al pensar en el hombre de sus sueños. La monotonía de la relación con su novio, fueron apagando lentamente el amor, quizá aquellos sueños era su subconsciente que le decía que ya no lo amaba más. Era momento de tomar decisiones en su vida.
Habían pasado tres semanas de aquel sueño tan impactante, Sara seguía sin dejar de pensar en aquel hombre, aún podía sentir sus fuertes brazos sujetándola. En las noches pensaba en él hasta que se dormía con la intención de volverlo a ver, pero era en vano.
Kazuya intentó por todos los medios de arreglar la relación, pero Sara ya no quería más, así que decidió terminar con el noviazgo y se fue a casa de Janny. Él no se resignaba a perderla y la llamaba constantemente por teléfono, pero ella no respondía, no deseaba hablar con él, estaba inmersa en olvidar todo y comenzar de nuevo.
Kazuya volvió a ser el de antes, tímido y pasivo, su vida volvió a tornarse de gris, el perder a Sara acababa con sus ganas de vivir.
Pasaron dos semanas de tranquilidad, Kazuya había dejado de llamarla y ella había resuelto olvidar, todo estaba en calma.
Un día, Sara no durmió por estar preparando un trabajo, por esto estaba muy cansada y sin darse cuenta se durmió en clase, en aquel sueño la silueta volvió a aparecer, pero ahora no estaba en un frío bosque ni en una cálida cabaña, sino que estaba en su clase, frente a ella tal cual fuera el profesor.
–¿Qué haces parado ahí? —preguntó muy sorprendida.
_ Te dije que te necesitaba por eso estoy aquí, para llevarte donde perteneces, creo que es momento de que recuerdes, de que asumas tu posición
–¿Mi posición? ¿Dónde pertenezco? ¿De qué diablos estás hablando? —Sara se levantó de su asiento y observó a su alrededor, a sus compañeros que no reaccionaban ante nada y muy enojada le gritó— ¡Este es mi lugar! —y se acercó a él, frente a frente le recalcó— ¡Eres sólo una ilusión, no existes, sólo estás en mi mente, yo NO CREO EN TI!—la figura la tomó de los hombros y le gritó— ¿Acaso esto te parece una ilusión? —y la besó. Sus labios eran tibios y suaves, su corazón latía con fuerza al igual que el de la muchacha; por un instante todo desapareció, sólo existieron ellos, ya no importaba si era sueño o realidad, luz o sombra, cordura o locura; aquel beso cambió para siempre el interior de la muchacha. Cuando abrió los ojos, exclamó:
–Lerni —lo recordó, por fin lo recordó. Sus ojos se humedecieron al ver el bello rostro del hombre que la había salvado.
–¿Recordaste todo? —le preguntó ansioso y abrazándola aún con más fuerza.
–No, sólo tu nombre, pero ahora te puedo ver —Sara admiraba el perfecto cuerpo de Lerni, era mayor que ella, unos diez años, alto, delgado, su pálido rostro transmitía dulzura y confianza, de manos grandes y cuidadas, se notaba que procedía de una buena familia, que no realizaba labores de fuerza física.
–El que me veas es un avance para mí. Poco a poco recordarás el resto y cumplirás tu objetivo.
–No sé de qué objetivo me hablas, yo sólo quiero saber qué está ocurriendo. Hasta ahora sólo eras parte de mi imaginación, pero ahora tengo dudas, me pareces real y lo que siento es real —se aleja un momento y con voz tenue y temerosa—, me asusta lo que se aproxima, tengo un mal presentimiento.
Cuando estaba diciendo esto, volteó a mirar a Lerni, pero había desaparecido y ella estaba en su asiento rodeada de sus compañeros tomando apunte del profesor, parecía que nadie se había dado cuenta de lo que había ocurrido, pero no importaba, puesto que ella sabía que era verdad y eso era lo único que importaba.
Era ya de noche y la joven no podía dejar de pensar en el beso de Lerni. Su cuerpo se estremecía cada vez que lo recordaba, comparaba esta sensación con su relación con Kazuya, era tan distinto, hacía mucho tiempo que no se estremecía de esta manera.
Al anochecer, Sara estaba en su habitación, se disponía a cerrar la ventana de su habitación para irse a dormir cuando ésta se abrió de repente golpeando las paredes, luego apareció una sombra que se detuvo frente a ella, no sentía miedo sólo le provocaba ansiedad. La sombra comenzó a materializarse poco a poco, los colores aparecieron y Lerni se hizo presente.
–¿Te asusté?
–No —titubeó la joven mostrando una pequeña sonrisa—. ¿Qué haces aquí?
–Es hora de que recuerdes todo —la tomó de la cintura y la acercó con fuerza a su cuerpo—, haremos un viaje —cuando terminó de decir esto, apareció un remolino oscuro que los envolvió y los elevó. Sara cerró los ojos y se cobijó en el pecho del joven. Sentía un gran mareo y su cabeza no dejaba de dar vueltas, su cuerpo se adormeció, no tenía control de sus extremidades, era una sensación abrumadora, cuando todo dejó de dar vueltas y por fin pudo abrir los ojos… no podía creer lo que veía.
5
¿Quién es Lerni?
La imagen que apareció ante la joven era impresionante, estaba frente a un castillo como los que había visto en películas, su aspecto era parecido a los castillos medievales que había visto en revistas o televisión, pero no se atrevía a asegurarlo, lo rodeaban árboles de cerezo que le daba un aspecto oriental, pero a una construcción occidental. Se podía apreciar una fusión de culturas que le daba una hermosura nunca antes vista.
El castillo era un círculo gigante de roca con altas torres vigías. Al centro se podía apreciar la Torre del Homenaje, o habitación del Rey.
En el muro exterior había cuatro torres de vigilancia y dos barbacanas, le seguía el pozo y luego otra muralla con ocho torres más. Al centro se apreciaba un pozo para extraer agua, también se veía una herrería.
¿Qué es este lugar?
–Este lugar es tu verdadero hogar, el Reino Sperantia.
La joven no tomaba en cuenta las explicaciones de Lerni, estaba tan absorta con lo que estaba presenciando que de sus sentidos, sólo funcionaba la vista. Se acercó al castillo muy lentamente, observaba las vestimentas de los habitantes, estaba maravillada, siempre le había atraído el pasado, pero estar en él, jamás lo hubiese esperado.
Las mujeres se veían hermosas en trajes parecidos a los yukatas pero con arreglos occidentales y vestidos medievales, los peinados dejaban ver los rostros perfectos y hermosos de las jóvenes; los hombres usaban vestimentas, al igual que las damas, en tonos orientales y occidentales. La mezcla de cultura era maravillosa.
Lerni le comenzó a relatar una historia.
–Este Reino es tu hogar, tu padre es el Rey Felipe el Justo y tu madre es la Reina Clarice la Benévola.
–¡Qué nombres tan cursis! —bromeó Sara.
–No son cursis, sólo demuestran las cualidades que los caracterizan, además sus apodos demuestran los rasgos que se plasman en ti.
La muchacha se sintió avergonzada al escuchar a Lerni, sin embargo, sabía que tenía razón, pero se sentía muy nerviosa y no medía lo que decía.
Se acercaron a una pequeña casa a las afueras del Reino, al ingresar él comenzó un sorprendente relato.
–El Reino Sperantia es la cúspide de tres Reinos: Al borde del mar se encuentra el Reino Marinis, gobernada por el Rey Marcus y la Reina Isolda; son un reino justo y trabajador, no poseen gran ejército, su fortaleza es la pesca. Al borde de la montaña se encuentra el Reino Petrosa Gobernada por el Rey Luciano y la Reina Agatha, poseen soldados fuertes y orgullosos, se dedican a la agricultura y ganadería, sin embargo su debilidad es su soberbia; el Rey se siente seguro de su ejército, pero no cuentan con un gran número como para defenderse en caso de gravedad.
Al centro de ambos reinos se encuentra Sperantia, el Reino más grande y con mayor ejército en cuanto a estrategia y fortaleza, son dirigidos por un joven General, descendiente de una élite de guerreros provenientes del oriente.
Su pueblo se ha especializado en la herrería y en las estrategias militares; el General hace ejercicios continuos por lo cual están preparados ante cualquier ataque.
El Rey Felipe era un hombre sabio, sabía que la maldad podía levantarse desde cualquier lugar y momento. Cada vez que sentía algún peligro o que el mal se acercaba, acudía a su hechicero, un joven dotado en las artes ocultas, podía realizar conjuros y predecir el futuro, poseía poderes incomprensibles para todos; su nombre era Lerni. El Rey confiaba ciegamente en sus consejos y apoyo.
Sara miraba sorprendida, le perturbaba toda la información que recibía, sólo surgían interrogantes, no obstante, no quiso interrumpir el discurso del joven.
–Yo era un hechicero joven y poderoso, temido y respetado. Pronto los Reyes tuvieron a su primera y única hija… —en ese momento miró fijamente a la joven— la llamaron Kristem Primera de Sperantia. Me pidieron que te bendijera, y al acercarme, sentí un gran poder, tu interior irradiaba luz y energía que opacaba mis poderes. No quise decir nada a los Reyes y fingí un conjuro de bendición, pero en mi interior estaba inquieto.
–¿Qué pasó luego? —interrumpió Sara.
–Creciste en un hogar con mucho amor y bajo mi tutela, aprendías a utilizar tu poder, pero me era muy difícil, la magia fluía a través de ti con una naturalidad que nunca había visto. Gobernabas sobre tres elementos: el agua, traslación y fuego.
Con el paso de los años, te convertiste en una mujer muy hermosa y poco a poco nació el amor entre nosotros. Mantuvimos nuestra relación en secreto, puesto que estaba prohibido la «mezcla social».
–Pero eso es ridículo, cómo van a prohibir que una persona se enamore, uno no manda al corazón, el amor sólo llega y nada más —Sara no podía evitar hablar sobre las igualdades sociales, creía firmemente que todos deberían tener las mismas oportunidades de amar, crecer, educarse, opinar. Lerni la miró nuevamente y la joven no siguió con sus dichos.
–Pero en el Reino estaba prohibido, tú debías desposarte con un príncipe para formar alianzas entre los Reinos y yo debía ser fiel a las necesidades de sus majestades.
¿Pero qué pasó cuando se enteraron de nuestra relación? Porque debió ser un gran golpe para los Reyes.
Cuando nos descubrieron fuimos llevados al calabozo a esperar nuestra condena que era la muerte en la hoguera…
–¿Qué? —gritó horrorizada la joven sin dejar que el joven terminara de hablar— ¡¿Morí quemada?! ¿Y mis padres no hicieron nada por impedirlo?
–Para tus padres fue la decisión más difícil porque si mostraban compasión, podía tomarse como símbolo de debilidad, así que dejaron todo en manos de la corte y ellos sólo acataron el veredicto.
–No lo puedo creer, cómo puede existir tanta crueldad, se supone que son mis padres. ¿Entonces por qué estoy aquí?
–Cuando estabas en la hoguera, yo no lo pude tolerar, me escapé y te envié a un lugar donde nadie pudiera encontrarte, el único problema es que yo tampoco sabía dónde estabas y tardé mucho tiempo en encontrarte.
–¿Pero qué pasó contigo?
–Me exilié a las montañas y por años planeé este momento, el día de nuestra venganza.
Al oír esto, Sara se asustó muchísimo, no estaba preparada para esto, ella no buscaba venganza, menos enfrentarse a personas que ni siquiera conocía. Ella no tenía recuerdos de esta vida, sólo conocía la historia que le había relatado Lerni, de lo cual no sabía qué pensar.
–Yo no puedo apoyarte en esto, lo siento, pero esta no es mi lucha, no puedo odiar a quien no conozco
–¡Pero ellos iban a permitir tu muerte! ¿Acaso eso no te importa?
–Claro que me importa o importaría, si yo pudiera recordar, pero no recuerdo nada, en mi persona no existe el odio, al contrario, si mi vida proviene de este lugar, me gustaría poder conocer más, ver a mis padres, mi hogar. Crecí en un orfanato y siempre me sentí sola, ansiaba con todo mi corazón tener una familia. Algo en mi interior me dice que las cosas no fueron tal como tú me lo cuentas.
Al oír esto, Lerni se descompuso, su dulce rostro se desfiguró, una sombra comenzó a asomarse a su alrededor, sus ojos pasaron del azul cielo a rojo, la delicadeza de sus manos se transformaron en garras, toscas, sucias, de uñas ennegrecidas y muy largas, su cuerpo comenzaba a crecer y su voz era ronca, lúgubre. Lerni comenzó a gritar:
–¡No puedo creer lo que me estás diciendo! ¡Pasé una vida buscándote! ¡Estás destinada a estar junto a mí y unirte en mi venganza, juntos podemos gobernar este Reino y traer paz! —luego la tomó de los brazos con fuerza.
–¡Escúchame y escúchame muy bien! Yo te traje por una razón, debes unirte a mí en cuerpo y alma sólo de esa manera mis poderes se incrementarán al unirse a los tuyos, si no lo haces por tu voluntad no sirve, tu entrega a mí debe ser por amor, porque tu corazón y tu cuerpo lo desean, así que te quedarás conmigo hasta que eso ocurra, no estoy jugando. Mírame, esta apariencia es la que verás el resto de tu vida si no haces lo que te ordeno.
Sara estaba asustada al ver el imponente hombre, no entendía cómo un hombre tan dulce podía transformarse en ese ser tan despreciable, pero aún estando horrorizada, miró a los ojos a Lerni y le dijo con determinación y autoridad, soltándose de las fuertes garras que la aprisionaban.
–No haré lo que me pides, no soy quien tú crees y aunque lo fuera, no podría estar junto a un ser tan horroroso como tú que me trajiste con el discurso de necesitarme, pero solo necesitas venganza y yo no seguiré este juego —se apartó hacia un lado y susurró—, este es solo un sueño del que debo despertar —pero no despertó.
Lerni entendió que de esta manera no conseguiría acercarse a ella, por lo que volvió a su apariencia anterior.
–Debes convencerte de que no es un sueño —la volvió a tomar de los hombros—, por favor, mírame y dime qué te dice tu corazón.
Sara volvió a apartarse del hombre, desconfiando de sus dichos.
–Mi corazón no me dice nada… tú no me dices nada. Sólo sé que debo volver a casa —se dirigió hacia la puerta murmurando—, princesa, que estupidez.
El hombre no intentó detenerla, sólo se acercó a una mesa en el centro de la sala y tomó un tulipán blanco entre sus manos.
–No podrás irte, podrás intentarlo pero no lo lograrás hasta cumplir con tu destino, que es gobernar junto a mí.
La puerta no se abría, por mucho que la forzara no abría ni un centímetro, se sentía atada de manos, «qué haré» pensaba con desesperación mientras Lerni olía la flor y la observaba. Cada vez la desesperación y miedo se apoderaba más y más de la muchacha, el hombre seguía hablando sin cesar pero Sara no lo escuchaba, estaba absorta en sus pensamientos, de repente agachó la cabeza, Lerni dejó de hablar y prestó atención a lo que se estaba originando, al cabo de unos segundos, Sara levantó la cabeza y sonrió despectivamente, sus ojos pasaron de café oscuro a azul y otro verde muy brillantes que expresaban su fuerza y poder, un aura de color azul de desplegó alrededor de la joven, Lerni se levantó de la silla e intentó acercarse a la muchacha, pero una fuerza inexplicable se apoderó de ella, al instante le tomó el brazo y apretó, Lerni sintió tanto dolor que lo obligó a arrodillarse, luego lo aventó hacia un rincón de la casa «déjame salir» gritó Sara, pero Lerni no hizo caso de sus dichos, «jamás te irás», le respondió riéndose y limpiándose una gota de sangre que fluyó de su labio.
Sara volvió a dirigirse a él, pero Lerni no permitió un segundo ataque, la obligó a desplegar más poder, deseaba saber hasta qué punto la princesa estaba volviendo, le lanzó bolas de gas tóxico pero la muchacha las evadió con una cascada de agua, luego el fuego comenzó a brotar por todos lados, Lerni estaba excitado de ver todo el poderío de la joven, evadía una bola de fuego, después otra, después otra, pero éstas no cesaban y entonces Lerni comenzó a preocuparse, no estaba en sus planes poner en riesgo su vida. Sara estaba fuera de sí, incontrolable, su poder sólo fluía, su fuerza se hacía cada vez mayor, tenía acorralado al hombre que la trajo a este mundo tan diferente al suyo… al hombre que deseaba venganza por sobre todas las cosas… al hombre que decía que la amaba. Cuando pensaba esto, el fuego los rodeó y de su mano se encendió una llama naranja azulada que se dirigía directamente a Lerni.
–¡Detente! —le gritó— ¡Debes parar o te destruirás! —entonces le lanzó una bola de fuego aún mayor.
–¡Jamás me tendrás! ¡Nunca perteneceré a un ser despreciable como tú! ¡Me dejaste morir! ¡Me dejaste morir! ¡Me dejaste morir! —Sara repetía esto sin parar, mientras los proyectiles de fuego producían una explosión tan grande que la casa quedó reducida a escombros y humo, Lerni había desaparecido y Sara había quedado tumbada entre unos árboles.
6
¿Princesa, General, Doncella?
Cuando la joven abrió los ojos, miró a su alrededor y se encontró nuevamente en un cuarto desconocido «¿otra vez… dónde estoy?» pensó. El cuarto era una habitación de colores muy suaves que le producía tranquilidad, se sentía muy agotada, pero no podía recordar por qué era. Se sentó y observó la cama, las sábanas eran de seda blanca y la colcha era un tejido de hilo muy delicado, estaba vestida con un camisón en tonos celestes que le llegaba a las pantorrillas. Se encontraba sola y desconcertada, no podía preguntar a nadie cómo había llegado allí, se levantó y se dirigió a un ventanal que dejaba a la vista un jardín maravillo de tulipanes rojos, blancos, anaranjados y azules; al ver este hermoso paisaje las lágrimas rodaron por sus mejillas, no entendía muy bien lo que ocurría, pero ese paisaje le producía una paz que no había sentido en toda su vida.
Volvió al interior de la habitación y se miró en un espejo de pie que estaba en una de las esquinas, se notaba diferente, no se veía como la Sara de hace unos días, sino que algo había cambiado, pero no podía explicarlo. Se detuvo un momento para ver su rostro y grande fue su sorpresa cuando notó que sus ojos habían cambiado de color, en ese momento imágenes invadieron su mente: un hombre, un tulipán blanco, fuego, mucho fuego; al recordar esto la desesperación se hizo presa de su ser, estaba de rodillas llorando cuando dos brazos la rodearon por la espalda: «cálmate», era una voz femenina, conocida por Sara, se volteó y vio a Janny que le sonreía.
–Debes tranquilizarte, pronto sabrás lo que sucede.
Sara sólo atinó abrazar a su querida amiga, por fin veía un rostro conocido y de confianza. Así permaneció un rato, sin hablar, sólo abrazando y cobijándose en su regazo.
Cuando se tranquilizó, observó a su amiga, se veía más hermosa que hace unos días y llevaba un vestido largo que le cubría las piernas y su cabello llegaba a la cintura en una elegante trenza.
–¿Por qué estás aquí? O mejor dicho ¿Cómo llegaste a este lugar? Y lo más importante ¿Cómo llegué yo aquí? —preguntó con impaciencia.
–Todas tus preguntas tendrán respuestas una vez que te vistas y desayunemos —diciendo esto se sentó en un sillón que estaba en la sala y tres mujeres mayores entraron para vestir a Sara, ésta se sintió muy incómoda pero Janny le dijo que debía permitirles servirle, puesto que ese era su trabajo. Una vez lista, bajaron a un gran comedor donde las esperaban más sirvientes y un delicioso desayuno.
Sara se iba a sentar cuando Janny le dice que espere, que el Rey está por entrar. La puerta principal se abrió al instante e ingresó un hombre delgado de unos cincuenta años de rostro jovial y dulce con unos bellos ojos verdes, su cabello era castaño y dejaba entrever algunas canas que daban a conocer su edad, traía una barba abundante y elegante, también una espada que en su empuñadura tenía la figura de un tigre. Venía solo, abstraído en sus pensamientos, pero cuando volvió la vista hacía la mesa y observó a Janny acompañada de una muchacha que se parecía mucho a su hija perdida, comenzó a acelerar los pasos, entre más se acercaba más parecida la encontraba y cuando estuvo frente a ella, no pudo aguantar la emoción de recuperar a su hija que por tantos años había estado ausente.
Al ver sus bellos ojos bicolores se saltó todo protocolo y abrazó a su hija y lloró junto a ella, luego el Rey se acercó a Janny y agradeció el haberla traído junto a él, a lo cual ella le manifestó que no lo hubiera podido hacer sin la ayuda del General. Esto le pareció muy extraño a la muchacha, quien estaba cansada de las intrigas y los secretos.
–¡Estoy tan dichoso de poder volver a abrazarte, hija mía! Ha pasado tanto tiempo que me ha parecido una eternidad —dijo el Rey con lágrimas en los ojos, abrazando nuevamente a la muchacha.
–Te he buscado por mucho tiempo y doy gracias a Dios de poder abrazarte nuevamente. Sabemos que tienes muchas preguntas y te doy mi palabra que todas tendrán respuesta. Primero desayunemos y luego daremos un paseo por tu jardín, que he ordenado mantenerlo intacto durante todo este tiempo, allí hablaremos con sinceridad.
Sara desayunó apenas, estaba muy nerviosa frente a este hombre que se suponía era su padre. El estómago le dolía y lo sentía apretado, le daba miedo saber las respuestas de todas las dudas que tenía, quizá era porque al conocerlas se apartaría de su vida hasta donde la conocía. Comió algunas frutas y nada más, tenía magulladuras del enfrentamiento que había tenido hace unos días, en realidad habían pasado tres días desde la batalla, Sara durmió durante todo ese tiempo.
Cuando terminaron de desayunar se levantaron de la mesa y se dirigieron hacia el jardín. Cuando Sara estuvo en el interior de su jardín de tulipanes, imágenes inundaron su cabeza: una niña corriendo por entre las flores hacia los brazos de una bella mujer, también la risa de una niña muy parecida a Janny y la de una joven acompañada de un muchacho muy atractivo. La joven se tomó la cabeza intentando ordenar sus pensamientos, el Rey la tomó de las manos calmando esos recuerdos.
–¿Cuál es tu recuerdo cuando digo el nombre Lerni? —preguntó el Rey.
Sara se detuvo y miró hacia el cielo, cerró sus ojos y su mente se repletó de imágenes igual que una película, aparecía Lerni abrazándola, riendo junto a ella, rescatándola de las sombras, besándola en la sala de clases, en su transformación en el ser tan espantoso, finalmente lo ve arrodillado a punto de quemarse.
–Él me trajo hasta aquí y me habló sobre el amor que sentíamos, era muy dulce y yo le creí, pero luego su rostro dejó de ser dulce y me exigía algo que para mí es imposible… —suspiró con tristeza— me pidió que lo ayudara a destruirte en venganza por haberme alejado de él. Me relató que ustedes permitieron que me quemaran, ¿es acaso verdad? Por alguna razón yo no le creí, entonces amenazó con destruir a mis seres queridos y fue entonces cuando yo… —no pudo seguir hablando, la respiración se hizo más rápida en cada palabra y las lágrimas comenzaron a brotar de sus bellos ojos. Su padre la abrazó para calmar su angustia— ya estás a salvo, hija querida, no debes preocuparte más por ese hombre —entonces el Rey comenzó un relato muy diferente al que escuchó de Lerni.
–La razón por la que no creíste su historia es porque no es así y en tu interior sabías que él mentía. Efectivamente tuviste una relación con él. Tú eras muy joven, una niña y comenzaste a mostrar algunos dones que no comprendíamos, por miedo a que fueras atacada por algún enemigo acudimos a Lerni, quien era un sacerdote (se le llamaba así a los hechiceros de las cortes), inmediatamente él vio el poder inconmensurable que fluía en ti y nos pidió autorización para educarte en el arte de la hechicería, tu madre y yo teníamos nuestras reservas, sobretodo porque sabíamos que Lerni era muy ambicioso, pero queríamos ayudarte y él era el mejor, así que accedimos. Lerni es un ser muy poderoso y vio el poder en ti desde el momento en que naciste, pero nunca nos dijo nada. Él se ve joven pero tiene muchos años, ha sido el consejero de nuestro Reino por muchas generaciones, y es el poder lo que lo mantiene joven. Por años trabajaste junto a él y nos dimos cuenta que sus miradas se cruzaban con más continuidad, se reían y conversaban durante horas. Él te prometió amor eterno y tú le ibas a entregar tu corazón y demostrarle carnalmente que lo amabas. Pero esa noche… —en ese instante el Rey bajó la mirada e hizo una pausa, tomó un tulipán con sus dedos sin cortarlo y se acercó a olerlo, al cabo de unos segundos, respiró profundamente y prosiguió— esa triste noche en que te fugaste de tu cuarto, tenías quince años, ibas a su encuentro y el General te detuvo, él te trajo ante nuestra presencia y te encerramos en tu cuarto bajo la vigilancia de guardias reales.
El General, había investigado a Lerni, puesto que sospechaba de él, lo había visto presionarte mucho para entregarle tus poderes y fusionar sus cuerpos, me di cuenta de los sentimiento del General hacia ti por la insistencia en vigilar a Lerni, además lo encontré en muchas ocasiones observándote a la distancia, él te amaba en silencio desde hacía mucho tiempo, pero para ti, era sólo el soldado a cargo de proteger Sperantia. Lerni te tenía completamente embrujada. Al darse cuenta que estaba bajo una estrecha vigilancia, prefirió escapar hacia las montañas y su figura desapareció absolutamente, o al menos eso creíamos.
Hija mía, estabas muy enfadada con nosotros y con el General, nos culpabas de la huida de tu amor, en reiteradas ocasiones te escapaste y el General te trajo de vuelta. Tuvimos que mantenerte encerrada durante unos días hasta que te tranquilizaras y recapacitaras. Janny, que era tu doncella, era también una hechicera destinada a cuidarte, ella anuló tus poderes por un tiempo para que pudieras purificar tu cuerpo y alma de los embrujos de Lerni, después de un tiempo, comenzaste a apartar de tu mente la imagen de Lerni y entablaste una fuerte amistad con el General, quien te vigilaba día y noche para que nada te sucediera.
–¿Entonces no estaba enamorada de Lerni? —el Rey titubeó un instante antes de dar una respuesta.
–Yo creo que en el inicio lo amaste con sinceridad, y estoy seguro que él también, sólo que su ambición y ansias de poder corrompieron sus sentimientos hasta el punto de destruirlo, y como tú te diste cuenta y comenzaste a entablar amistad con el General, a Lerni no le quedó más remedio que retenerte mediante embrujos. El General lo enfrentó en una ocasión en que lo encontró merodeando en el jardín y el muy cobarde huyó, no sin antes advertirle que le quedaba muy poco tiempo de estar a tu lado.
El Rey se sentó en una de los asientos que rodeaban el jardín, fijó la vista al cielo y cerró los ojos con suma tristeza, su voz se quebró al momento de continuar el relato. La joven no decía nada, estaba enmudecida ante las palabras de su padre, por más que escuchaba menos entendía lo que ocurría.
–Una noche… una noche apareció en tu habitación, gritaste muy fuerte y el General, Janny, tu madre y yo, corrimos a auxiliarte, pero él nos lanzó contra las paredes, en ese instante tu madre lo enfrentó, pero el poder de Lerni era muy superior y la dejó malherida. Ante esto, tú te le enfrentaste con gran valentía, aún sin tener tus poderes, Janny te los devolvió en ese instante y lo atacaste. Entonces se produjo una terrible batalla en el cuarto, los guardias intentaban entrar pero la puerta estaba sellada. De pronto Lerni te arrojó hacia unas sillas y quedaste muy lastimada, el General y Janny corrieron a socorrerte… —el Rey bajaba la mirada y tomaba aliento para continuar— mientras ella te ayudaba a levantarte, el General distraía al hechicero, pero… no sé cómo lo hizo, te apartó y te tomó del cuello, le rogamos que no te hiciera daño, nos arrodillamos a sus pies pero él sonreía diciendo que esa era la forma en que quería vernos, que si nos movíamos un paso te mataría, el General estaba vuelto loco, lo amenazaba para que te soltara pero Lerni disfrutaba de la escena, de tener el control, al final terminó diciendo: «Si yo no puedo tener sus poderes, haré que jamás los pueda usar, destruiré su vida y sus recuerdos, jamás la volverán a ver» y en ese instante te hizo desaparecer, nosotros quedamos estupefactos y no reaccionábamos ante lo que acababa de ocurrir, cuando el General reaccionó, enloqueció de ira y se arrojó contra él, Lerni sólo reía burlándose de todos nosotros, el General lo golpeó sin detenerse gritándole que nos dijera dónde estabas, pero él desapareció. Quedamos devastados. Tu madre se culpaba por no haber podido ayudarte y Janny intentó ayudarla pero fue en vano, su vida se diluyó junto a la esperanza de encontrarte.
Por semanas, el General recorrió montañas y pueblos intentando buscar un rastro que lo llevara hacia ti. Janny por su parte invocaba a los espíritus para obtener alguna respuesta pero era inútil. Un día, después de tres largas semanas de búsqueda infructuosa, Janny tuvo una respuesta, habías sido enviada a otro tiempo, con otra familia y los recuerdos de esta vida habían desaparecido. Pedí a tu doncella que fuera a este lugar y te cuidara, pero el General también quiso ir, yo no se lo permití, puesto que mis defensas quedarían sin líder, pero insistió, no escuchó razones, sólo deseaba estar a tu lado y protegerte, así que no tuve más remedio que acceder, pero bajo la condición que si lo llegaba a necesitar debía volver inmediatamente, en su lugar quedó el segundo al mando, el soldado Hide, después de ese evento, perdí el rastro de ustedes, hasta el día que volviste a mis brazos.
Sara escuchaba atentamente a su padre, e intentaba ordenar sus pensamientos pero todo era confuso, de pronto una serie de imágenes cubrió la cabeza de la muchacha. Luego de unos minutos reaccionó y preguntó:
–¿Acaso Kazuya está aquí? —preguntó con voz temblorosa.
–La Princesa tiene razón, como siempre —se acercaba un joven de uniforme azul que la saludó con una reverencia—, me alegra verla sana y salva, su majestad.
Al escuchar esto, la joven volteó lentamente, su rostro se iluminó, sus manos sudaban y su corazón latía con más fuerza. Recordaba el rostro tierno de su novio y le sobrevenían recuerdos de todas las veces que la auxilió y apoyó en sus momentos más difíciles. Sentía en su corazón alegría por volverlo a ver después de mucho tiempo. Cuando estuvo frente a frente del joven, se encontró con un hombre fuerte y portentoso, muy distinto al hombre tierno y amable que la acompañó por tanto tiempo.
No sabía qué decir ni qué hacer, esta persona frente a ella la cohibía, no sabía cómo hablarle ni qué decirle, hacía mucho tiempo que no veía a Kazuya, su relación había terminado, pero le alegraba verlo nuevamente, la hacía sentirse en casa.
–Kazuya, yo… —y en ese momento el joven la abrazó, con la misma calidez y pasión que siempre lo había hecho— no digas nada, yo entiendo —ella le correspondió el abrazo y sus ojos se llenaban de lágrimas.
POR FIN SE SENTÍA EN CASA.
7
COMIENZA EL ENTRENAMIENTO
Sara aún no creía que Kazuya fuese un General tan importante, nunca lo vio de esa manera, ahora cuando lo observa dirigiendo a sus hombres, su corazón se estremecía, nacía en sus entrañas la necesidad de abrazarlo y pedirle que la perdonara que deseaba volver a intentarlo, pero sentía miedo de decirlo, después de todo, lo había abandonado por otro hombre.
Los recuerdos de la joven comenzaban a volver lentamente, y junto con ello los sentimientos, rencores y conocimiento de sus habilidades.
–Debe comenzar su entrenamiento, Princesa —le dijo suavemente el General. —Debe prepararse para cuando se enfrente nuevamente con Lerni.
A la muchacha no le agradaba lo ceremonioso que la trataba sentía que se producía distancia entre ellos, quería decírselo pero no sabía cómo hablarle, ahora sentía que era una persona totalmente diferente.
–Pero no sé qué hacer, tú sabes que no tengo mucha destreza física —repuso la joven.
–Eso no es cierto, ahora que ha recobrado su memoria, también recobrará todas sus habilidades. Lo importante es que comience a prepararse hasta dominar por completo su fuerza.
–Es cierto —se escuchó una voz femenina, era Janny—. En su interior existe un gran poder que debe controlar. Lerni se está haciendo cada vez más fuerte, así que usted debe perfeccionar sus hechizos y también sus habilidades con la espada. Si en verdad quiere derrotarlo debe esforzarse al máximo.
–Mañana comenzaremos el entrenamiento con la espada, su majestad —dijo Kazuya.
–También de hechicería —agregó Janny.
Sara asintió con entusiasmo, pero estaba muy asustada. No se esperaba esto, no creía tener la fortaleza para enfrentar tan duro desafío, sin embargo estaba dispuesta a hacerlo, no quería decepcionar a Kazuya ni a su mejor amiga.
Terminada esta conversación, la joven Princesa se dispuso a dar un paseo por el Reino. El General se ofreció a escoltarla, ella le manifestó que no era necesario, no quería alejarlo de su entrenamiento, pero él le repuso que no podía dejar que la futura heredera a la corona diera paseos en solitario, menos cuando no conocía el lugar, así que ella no pudo discutir este argumento y salieron juntos a caballo.
Para Sara era muy difícil acostumbrarse a la nueva imagen de su novio, él era muy distinto al Kazuya que conoció. El General Kazuya era muy seguro de sí mismo, serio, fuerte y rígido en sus decisiones; en cambio el hombre que había sido su novio era mucho más tierno y preocupado de su bienestar, era atento a los detalles, también era poco resolutivo nunca mostró una gran determinación, ni siquiera cuando rompieron, entonces, siendo tan diferentes, cómo es que sentía que lo amaba si ni siquiera lo conocía. ¿Será que eran los sentimientos de la Princesa que volvían a aflorar? ¿Entonces quién era ella? Las preguntas fluían al interior de la joven.
Luego de un largo tiempo en silencio, los caballos se detuvieron frente a una laguna solitaria, era conocida para la joven sentía que ya había estado allí, descendieron de los caballos y se sentaron en el prado.
Ella permanecía en silencio, quería decirle muchas cosas a Kazuya pero no sabía cómo empezar a hablar, de pronto él rompió el silencio
–Sé que para ti es difícil hablarme y te pido perdón por la forma en que te trato, pero aquí tengo un papel muy diferente que en nuestro otro tiempo. Ahora tú eres la Princesa y yo te debo respeto y lealtad, no puedo hablarte con confianza delante de los demás, puesto que te debo obediencia, así que por eso te hablo en forma tan ceremoniosa, debo confesar que me es un tanto difícil hacerlo, me gustaría ser más afectivo pero no puedo, mis hombres deben respetarme ante todo así que soy firme en mis decisiones y en el trato. Soy el General del Reino y debo protegerte con mi vida, además no permitiré que nuevamente te aparten de mí. Cuando Lerni te llevó la primera vez, casi me volví loco de desesperación… —la muchacha escuchaba al joven con atención intentando conectar todo con sus recuerdos— me culpé por no haber estado allí para protegerte, si hubiera podido dar mi vida para que tú estuvieras a salvo lo habría hecho, pero no podía, así que me prometí encontrarte y nunca más dejarte, destinaría mi vida a cuidar de la tuya.
Cuando te encontré nuevamente, me sentí a salvo. Estaba en un mundo que no conocía, pero al menos estaba contigo. Nos enamoramos y mi vida tenía sentido otra vez, pero nuevamente te apartaron de mí, así que no desesperé y volví a buscarte, ahora sabía dónde buscar —Kazuya se volteó hacia la muchacha y la rodeó con sus brazos—. Te amo, Princesa, prometo dar mi vida si es necesario para protegerte. Sara le tomó las mejillas y lo besó— eso no es necesario —le dijo—, ahora yo te protegeré —Kazuya sonrió levemente y la volvió a besar.
La noche llegó y la luna cubrió con su luz la laguna en que los amantes se profesaban su amor, los sonidos nocturnos acompañaron los cálidos besos de los jóvenes. El cielo, las estrellas, la oscuridad, se transformaron en testigos de este amor. Las luciérnagas iluminaban las siluetas, transformándose en cómplices de Eros.
Los primeros rayos del sol despertaron a los jóvenes amantes, Sara sentía que había recuperado a su verdadero amor, ahora le entendía y estaba preparada para iniciar con su entrenamiento, motivada por sus sentimientos hacia Kazuya y la promesa de protegerlo ante cualquier peligro.
La joven comenzaba a comprender su nueva vida y las responsabilidades que conllevaban su cargo, tanto de gobierno como de protección a su pueblo, sin embargo lo que la impulsaba concretamente era su amor por el General.
Al observarlo día tras día cómo se esforzaba en dirigir y preparar a sus hombres y, en lo solitario de la noche, en demostrarle lo ferviente de su amor, la impulsaba a dar lo mejor de sí para convertirse en la persona que todos esperaban.
Cada mañana la joven se levantaba iluminada con los primeros rayos del sol, comenzaba su día estudiando magia, hechizos, hierbas, conjuros; sin embargo, no aprendía nada. No poseía la habilidad de hacer magia o encantamientos, su poder no radicaba en esto sino que fluía de su interior. Podía controlar el fuego, mover objetos de distintos tamaños y manipulaba el agua. Janny comprendió que no podía educar a la Princesa en el arte de la magia así que se esmeró en ayudarla a controlar sus poderes.
La joven maestra sabía que para que la joven llegara a dominar el poder oculto en su interior debía ser entrenada por los sabios de los tres Reinos. No le dijo nada a la Princesa Kristem, sino que se dirigiría directamente al Rey sobre esta situación, temía por las repercusiones que traería al Reino.
Después de terminado el entrenamiento con su maestra, Sara se dirigió donde el General Kazuya para ser instruida en combate cuerpo a cuerpo.
La joven se sentía muy nerviosa de comenzar esta parte de su entrenamiento, debía mostrar a todo el ejército que era una líder digna de seguir bajo cualquier circunstancia, por lo cual Sara estaba muy presionada.
Al acercarse al campo de entrenamiento, pudo divisar al General dando instrucciones a sus hombres, también observó detenidamente el lugar. Era un campo muy grande, como una cancha de fútbol, estaba rodeada de árboles y en su interior habían muchos obstáculos: para saltar, esquivar, atacar, lugares para esconderse como también para observar a presuntos enemigos. El General los había dividido en dos bandos: uno con cascos rojos y otros de cascos azules. Cada bando tenía un líder que debía guiar a su grupo para arrebatar, al General Tukusama, la Espada de la Luz, arma legendaria entregada al mejor entre los mejores, a quien se destacaba no sólo por su fortaleza física, sino también por su liderazgo y capacidad de estrategia; el poseedor de esta arma tenía la misión de dirigir el ejército de los tres Reinos.
Se dice que la Espada de la Luz fue entregada al Primer Rey de Sperantia por la Diosa de la Luna, Selene, con el fin de preservar la Paz en los Tres Reinos y de proteger y respetar a todos los seres vivos que habitaban las tierras.
Los Tukusama, antepasados del General Kazuya han sido los poseedores de la Espada de la Luz, durante tres generaciones.
Sara observaba cómo el valiente guerrero se enfrentaba a los dos bandos, protegiendo su arma con valentía. Corría con una agilidad, casi sobrenatural, derrotando a sus oponentes de un solo golpe. La joven no podía salir de su asombro y admiración, no creía que aquel hombre tan excepcional fuese el mismo que había sido su novio en tiempos anteriores y que ahora le profesaba amor eterno. Su corazón estaba atiborrado de orgullo y amor.
Cuando hubo acabado el enfrentamiento y los solados rendían sus respetos a su líder, el joven se percató que la Princesa lo estaba observando. Dio la orden de descanso a sus hombres y se dirigió donde Sara. La saludó con el respeto propio de estar frente a su majestad.
–Pensé que ya no vendría, Princesa —le dijo en un tono muy formal, guardando distancia entre ellos.
–General, estoy impresionada por el desempeño mostrado en el campo, me doy cuenta de lo importante que es su presencia en el Reino —respondió la joven.
Ambos caminaban a paso tranquilo por el campo que antes había servido de entrenamiento, guardaban cuidado en no exponer su relación a los demás para continuar con la jerarquía.
–Mis hombres están dispuestos a entregar su vida en combate para defender esta tierra, lo mínimo que puedo hacer es guiarlos con honor y valentía. Ellos confían en mí, como yo confío en ellos.
Quisiera tener la fuerza que usted posee y lograr que luchen por mí, como lo hacen por usted —recalcó la joven, bajando la vista y en un tono inseguro.
El General se detuvo, le tomó el mentón y sus miradas se unieron.
–Princesa, su destino es guiar a estos hombres, la fuerza y habilidad que necesita está en su interior, sólo debe encontrarlo. Con persistencia y constancia lo logrará, yo estoy a su disposición y Janny también. Recuerde, es la Princesa Kristem Primera del Reino Sperantia, ésa es su verdadera identidad y mientras no la acepte no va a encontrar su verdadero potencial.
Sara observó sus bellos ojos café y vio la nobleza en su corazón.
–Tiene razón, General. No dejaré de trabajar. Mañana deseo comenzar con mis clases de combate.
Kazuya, rompiendo con el protocolo, la abrazó diciéndole lo orgulloso que eso lo hacía sentir.
Mientras tanto, Janny se dirigía presurosa a hablar con el Rey Felipe, sin embargo, él se encontraba en una reunión con su jefe de la Guardia del Reino, pero la hechicera fue tan insistente en su necesidad de hablar con el Gobernante, que éste accedió a interrumpir la sesión y aceptar la presencia de Janny. Cuando se encontraron solos, el Rey le preguntó que qué era lo tan importante que no podía esperar a terminar su reunión.
–Su Majestad, pido perdón por presentarme de esta forma pero me temo que se nos avecina una gran tormenta. Hoy he comenzado con el entrenamiento de la Princesa para educarla en sus poderes.
Estaba en conocimiento de esto, espero que hayas tenido progresos con mi hija…
–Ese no es el caso —interrumpió la joven en forma exaltada.
–Entonces explícate porque ya estoy empezando a perder la paciencia —dijo el Rey impaciente.
–Cuando intenté enseñar hechizos y fórmulas, la Princesa, no logró realizar ningún conjuro
–¿Y qué significa eso? —interrumpió el Rey.
–Significa que la Princesa no puede crear magia, sino que posee poderes inherentes en su ser. Ella es una fuente natural de poder, por lo cual yo no puedo entrenarla, ya que no poseo los conocimientos suficientes para hacerlo. Recuerde que su maestro era Lerni, ya que él tenía las mismas habilidades.
–Entonces qué debo hacer, ella es la protectora de nuestro Reino, si Lerni aparece nuevamente, cómo lo enfrentaremos —preguntaba el Rey preocupado y ofuscado al mismo tiempo.
–Sólo queda una opción.
–¿Cuál? Dilo de una vez, mujer.
–Se deben reunir los sacerdotes de los Tres Reinos, hay que volver a formar el Triángulo Negro.
Cuando la joven terminó de decir esta última frase, el Rey Felipe se puso pálido, no sabía qué hacer, imágenes por doquier inundaron su mente y un temor indescriptible invadió todo su ser —¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer?– se repetía una y otra vez.
Pulsuz fraqment bitdi.