Kitabı oxu: «100 millones de Hair Ties y un Vodka Tonic (Latinoamérica y Estados Unidos)»
Sobre este libro
Cuando Sophie Trelles-Tvede era una estudiante universitaria de 18 años, inventó la primera hair tie con forma de espiral y la llamó «invisibobble» (sacrificando muchos vodka tonics para invertir todo ese dinero ahorrado en su invención). Ahora, a sus 27 años, ha vendido más de 100 millones de hair ties en todo el mundo por medio de 85.000 tiendas minoristas en más de 70 países, e invisibobble genera decenas de millones de dólares al año.
100 millones de Hair Ties y un Vodka Tonic es una mirada detrás de escena a lo que realmente implica construir un negocio: qué sucede cuando alguien falsifica despiadadamente tu producto; cuando un barco cargado con 10.000 invisibobbles se prende fuego por completo; cuando Amazon retira toda tu línea de productos justo antes de la Navidad; o cuando un tifón destruye tu fábrica en China, pero nadie te lo dice hasta pasadas varias semanas. Los secretos del éxito de invisibobble son mayormente las historias de cómo recuperarse; y ahora, Sophie revela cada una de ellas.
Índice
Sobre este libro
Prefacio
1. Construyendo bicicletas para peces
2. La goma elástica de cable telefónico para chicas
3. El Sr. Bernhard tropieza con nuestro sitio web
4. Mi papá apostó la casa
5. De repente, teníamos 22 años
6. Una fuga de agua en Leamington Spa
7. El palé en la acera
8. Cincuenta sombras de rosa
9. La gran infiltración de hair ties
10. El Mercedes y el pasante
11. No existe una casilla para eso
12. Mei y la fábrica de invisibobble desaparecida, primera parte
13. ¿Es la imitación la forma más elevada de la adulación?
14. Todos los gusanos de China
15. Mei y la fábrica de invisibobble desaparecida, segunda parte
16. La muchacha cabello amarillo y la muchacha cabello naranja
17. Desastre del día
18. Tres en una cama
19. Aquello por lo que intercambié 1.350 Vodka Red Bulls
20. Estamos justo detrás de las pastillas para el popó
21. La cereza del postre
22. De niños haciendo un collage en la clase de manualidades a adultos innovadores
23. Invis-a-booble. Imboba-vizzle. Invibi-sobble
24. Construye ese muro, ja, ja
25. Los buenos viejos tiempos
Sobre la autora
Traducido de la edición en inglés: 100 Million Hair Ties and a Vodka Tonic.
Autora: Sophie Trelles-Tvede. Publicada por LID Publishing Limited.
ISBN: 978-1-912555-64-2.
Todos los derechos reservados.
Título de la obra en inglés: 100 million hair ties and a vodka tonic.
© Sophie Trelles-Tvede, 2020.
© LID Publishing Limited, 2020.
Directora editorial: Laura Madrigal
Coordinación de la traducción: Lía Sottanis
Dirección editorial de la traducción: María Laura Caruso
Traducción: Máximo Pereyra Iraola
Edición: MLC Servicios Editoriales
Corrección: Marisol Rey
Maquetación: Cecilia Ricci
Diseño de cubierta e interior: Matthew Renaudin & Caroline Li
Depósito legal: CO-955-2021
«Este libro cuenta la historia de una verdadera emprendedora, y explora con sencillez los aspectos difíciles y divertidos de fundar una empresa. Escrita con un gran sentido del humor, esta historia es una lectura fantástica acerca de lo más importante para los emprendedores jóvenes: hacer que las cosas sucedan».
Marc Samwer, cofundador de Rocket Internet y primer coinversor de Zalando
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«Una experiencia detallada y de primera mano que cualquier emprendedor novel que quiera producir, distribuir y vender productos físicos debería leer. Para decirlo en forma simple, esta es una gran fuente de conocimiento para principiantes».
Urška Sršen, fundadora de Bellabeat
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«Crear un producto de consumo exitoso es notablemente difícil. Entonces, ¿cómo fue que Sophie Trelles-Tvede creó a los 18 años invisibobble, un producto tan universal que hasta las mujeres que holgazanean en Love Island lo están utilizando? En 100 millones de Hair Ties y un Vodka Tonic, ella te lleva detrás de escena para explicar cómo fue del concepto al prototipo y del prototipo a un furor mundial. Con una considerable dosis de humor, Sophie comparte los conocimientos únicos que ha adquirido después de dar pasos en falso con la fabricación y sobrevivir a negociaciones con distribuidores y batallas legales. Quien aspire a convertirse en emprendedor debería leer esto para obtener la información exclusiva de lo que implica construir una compañía innovadora».
Alexandra Wilson, editora de Forbes «30 menores de 30»
Sophie Trelles-Tvede
100 millones de Hair Ties y un Vodka Tonic
La curiosa historia de una emprendedora

Madrid | Mexico City | London New York | Buenos Aires BogotA | Shanghai | New Delhi
A mis padres, por enseñarme la importancia y el valor de la narración. Y a todo el equipo de New Flag e invisibobble, por el viaje más extravagante e inesperado que haya existido. Gracias.
Gracias también, Lucy Handley, por toda tu ayuda con el proceso de escritura.
Nota:
Esta es una historia real. En favor de la simpleza, algunos personajes resultan de la combinación de varias personas. En favor de la privacidad, los nombres de algunas personas han sido cambiados.
Prefacio
Estoy en el aeropuerto de Múnich haciendo cola mientras sostengo una carga muy preciada. Llevo esperando unos 20 minutos. Avanzo lentamente a medida que los otros pasajeros van cruzando el control de seguridad. Siento cómo una mezcla de nervios y emoción me atraviesa el cuerpo.
Hoy vuelo a Chicago. Tengo una reunión con un potencial cliente. Confío mucho en nuestros productos y presentación, pero este distribuidor está acostumbrado a colaborar con marcas muy establecidas, por lo que no va a ser una venta fácil.
A estas alturas soy una experta en hacer mi equipaje de mano para cualquier tipo de viaje; después de Chicago volaré a Ámsterdam y más tarde, a China, a supervisar la planta de producción y las próximas innovaciones y colecciones. A pesar de eso, la mayoría de mi maleta está ocupada por muestras de productos.
Finalmente, llega mi turno y coloco mi maleta en una gran bandeja plástica. Al cruzar el detector de metales, espero la llegada de mi maleta al otro lado de la cinta de rayos X, pero no llega. Parece que es algo sospechosa y debe ser revisada. Suspiro y espero al agente a cargo.
—¿De quién es esto? —pregunta un hombre uniformado, calvo y de mediana edad.
—Mío —contesto, mientras me inunda la idea irracional de que puedo haber empaquetado algún tipo de arma por error.
—¿Qué tiene aquí adentro? Se ve muy extraño en la máquina de ra- yos X —dice, mientras abre el cierre de mi maleta—. Pareciera llevar un montón de cositas serpenteantes apiladas una encima de la otra —me explica.
Cositas serpenteantes. Esa es una forma de decirlo.
—Eh, son hair ties1 —digo mientras él abre la maleta.
—¡Ah, sí! Me parecían familiares —dice, sonriendo—. ¡Esas gomas con forma de espiral que no dejan marcas en el cabello ni provocan dolores de cabeza! ¿Las que vienen tres en un cubo de plástico?
Me quedo mirándolo, francamente asombrada. Este tipo de seguridad, viejo y calvo, ¿sabe sobre mis gomas elásticas?
Mi nombre es Sophie Trelles-Tvede. En 2011, cuando era una estudiante de 18 años cursando el primer año de Administración en la Universidad de Warwick, inventé una goma elástica con forma de espiral a la que llamé invisibobble.
Entre mi cofundador, Felix, y yo invertimos en el negocio USD 4.000 (alrededor de 3.000 libras esterlinas), que es el equivalente a unos 1.350 vodka tonics de un bar estudiantil.
Por entonces no soñábamos ni de casualidad con que nuestra pequeña idea, nuestro minúsculo producto, podría convertirse en una marca global comercializada en peluquerías, farmacias de Norteamérica y Europa, lujosas tiendas departamentales, gigantescas empresas norteamericanas de mercado minorista, cadenas de moda, tiendas generales y de belleza, aeropuertos, cruceros y ¡hasta en las capas heladas de Groenlandia! (donde el transporte está a cargo de trineos tirados por perros). Jamás jamás imaginé que cambiaríamos para siempre la forma en que las hair ties se hacen, se promocionan y se venden.
Pero, de algún modo, lo hicimos. Desde que iniciamos, vendimos más de 100 millones de hair ties alrededor del mundo, en 85.000 puntos de venta repartidos en más de 70 países. Hoy facturamos decenas de millones de dólares al año, pero, sobre todo, cambiamos la categoría de accesorios para el cabello y el escenario de venta minorista para productos capilares.
Esta es la historia de invisibobble.
1. Cintas para el cabello. (N. del T.)
1.
Construyendo bicicletas para peces

LO QUE APRENDÍ:
• A veces debes obligarte a hacer amigos.
• El aburrimiento es el padre de la invención.
• Sujetar el cabello con un cable de teléfono no te da dolores de cabeza.
Bum. Bum. Bum. Plaf. Plaf. Plaf.
Aún antes de ver lo que pasaba, escuchaba a los hombres arrojando camas. Gritaban, maldecían y tiraban de las estructuras de metal de a una, cuatro o cinco a la vez, antes de arrojarlas, sin ceremonia, desde el camión al suelo. Parecían las camas de una prisión, y yo me acostaría sobre una de ellas. Y lo haría cada noche como estudiante de primer año de Administración en la Universidad de Warwick, en el Reino Unido.
Mi mamá y yo presenciamos el espectáculo de las camas de pie, junto al edificio que sería mi residencia. Se trataba de un bloque feo y bajo de la década de 1970. Estaba, al menos, a 20 minutos a pie del campus universitario (y que era algo así como mi cuarta opción). La Universidad de Warwick se sentía tan lejos de Zúrich, Suiza —desde donde volamos— como se podía llegar a estar.
Nací en Dinamarca en 1993. Nos mudamos a Suiza cuando todavía era bebé porque mis papás creyeron que sería un buen lugar para iniciar un negocio. Tuve la suerte de crecer en una casa de color salmón en un pueblo junto a un lago. Allí vivían menos de 2.000 personas. Crecí rodeada de colinas verdes, ganado y el aroma confortable del cálido estiércol vacuno. Era el tipo de lugar donde los trenes siempre pasan a tiempo, la limpieza es casi perfecta y las personas parecen brillar con el aire alpino.
A medida que caminábamos por los largos pasillos de la residencia, me sentía más y más melancólica. Los estudiantes internacionales teníamos permitido llegar una semana antes para acostumbrarnos a las particularidades de la vida estudiantil. Había muy poca gente alrededor. Mi dormitorio se encontraba al final de un largo corredor de puertas cerradas. Además de una de aquellas camas maltratadas, había un lavabo, un armario, una silla y un largo escritorio de madera clavado a la pared. Me pregunté qué me esperaría.
Mamá me dijo adiós entre lágrimas y comprendí que para hacer contacto con otro ser humano iba a tener que visitar el campus principal y almorzar la comida gratuita de la universidad. Sin embargo, había un problema. Sufro de un síndrome conocido popularmente como “cara de perra”2. Lo heredé de mis papás. La gente no solía sentirse cómoda conmigo naturalmente. Si a esto le sumo que soy bastante tímida y no muy buena para las conversaciones triviales (algo en lo que tuve que volverme experta), iba a tener que hacer un gran esfuerzo para cultivar nuevas amistades.
Me miré en el espejo, practiqué mi sonrisa y respiré hondo. Abrí la puerta e, inmediatamente, vi a otra chica en el pasillo. Era francesa, se llamaba Marie. Caminamos juntas al campus. ¡Gracias a Dios por Marie!
La mayor parte de los primeros meses me la pasé yendo a fiestas, durmiendo, concentrándome en no morir por mis resacas inducidas por el vodka tonic y aprendiendo a lidiar con la suciedad de un piso de estudiantes.
Alrededor de 18 de nosotros compartíamos una cocina. Un día alguien cocinó un pollo en una cacerola inmensa y lo abandonó sobre la cocina. Nadie reclamó la propiedad del ave hervida. Después de unas tres semanas, la llevamos hasta un rincón de la sala. Con el tiempo, por la tapa de la cacerola, comenzó a salir una pelusa blanca, que gradualmente fue trepando por la pared. Resultado: pasaba el menor tiempo posible en la cocina.
Era un asco, pero no lo más asqueroso. Sin duda, los baños eran peores que la cocina, especialmente los miércoles por la mañana. La noche del martes era la más intensa en el club del campus. Después de varias horas de copas, besuqueos y tal vez un curry a las 2 de la mañana, nuestros sistemas digestivos estaban en problemas y resultaban en la destrucción de los inodoros.
Por esos días decidí que era buena idea comprar una bicicleta para recorrer la distancia que separaba la residencia de la universidad. Lo que no calculé fue que tener ruedas significaba esperar hasta el último segundo antes de dejar mi habitación y luego matarme pedaleando para llegar a tiempo a las clases. Llegaba tarde más de lo que me hubiese gustado, sin aliento y muy sudada. Después de unas pocas semanas, prácticamente dejé de ir a las clases.
Hacia diciembre comencé a experimentar horribles sentimientos de culpa. Había una especie de luz roja de alarma en mi cabeza que fue creciendo. Lo cierto es que había hecho muy poco durante las últimas diez semanas. A medida que se acercaban las vacaciones de invierno, no podía evitar sentirme avergonzada e insatisfecha.
Este curso de Administración en Warwick había sido mi sueño, pero ¿la verdad? ¡Estaba aburridísima!
Pensé acerca de lo que podría hacer con mi tiempo en forma productiva. “¿Unirme al equipo de básquetbol? Nah, tengo un hombro en mal estado y una rodilla poco confiable”. “¡Ya sé! Voluntaria en una caridad. ¿Pero mantendría mi compromiso?”. “¿Qué hay del esquí?”. Me anoté al equipo de la universidad, pero renuncié en forma inmediata cuando descubrí que esquiaban en AstroTurf3.
Necesito estar muy muy interesada en una actividad para poder destacarme en ella; de lo contrario, olvídenlo. Desesperada por encontrar algo para ocupar mi mente, me encerré en mi dormitorio durante una semana completa de diciembre. Me senté en el escritorio clavado a la pared, pensando en cosas que podría hacer y vender; un proyecto paralelo que, idealmente, me permitiera dejar de sentir aburrimiento y culpa.
Una tarde comencé a pensar en cómo las hair ties me provocaban dolores de cabeza. Creaban una especie de tensión en mi cuero cabelludo debido a que mi pelo tiraba de él. Eso hacía que doliera por todas partes, lo cual era, realmente, muy desagradable. ¿Habría alguna forma de resolver creativamente ese problema?
Esa noche había una fiesta en el campus y la temática era “mal gusto”. Debía vestirme con el look más feo posible, beber muchísimo y esperar que mi vestimenta fuera tema de conversación (y, además, tuviera un impacto positivo en mi cara de perra). Mientras salía, vi el cable enrollado del teléfono de línea de mi habitación, lo desconecté y me sujeté el cabello con él. Lo envolví alrededor de mi coleta un par de veces para que las espirales sobresalieran. ¡Se veía perfectamente feo!
La mañana siguiente desperté con el cable todavía en mi cabeza. Y fuera de sentirme algo confundida por el par de vodka tonics de más, no había tensión alguna por el cable que sujetaba mi coleta.
No me dolía la cabeza.
Sentada en mi pequeña y simple habitación en la Universidad de Warwick, a 734 millas de mi pueblo en Suiza y a más de 100 millas de distancia de Felix, quien por entonces era mi novio, me pregunté si tal vez —solo tal vez— había encontrado algo interesante. Sentí un pequeño hormigueo en el estómago.
Yo, Sophie Trelles-Tvede, una estudiante de una reconocida escuela de Administración para cuyo ingreso había trabajado hasta el cansancio, estaba sintiendo entusiasmo por algo que no tenía ninguna relación con cómo esperaba sentirme al final de mi primer trimestre.
Experimentaba un cosquilleo de entusiasmo por un PEDAZO DE CABLE DE TELÉFONO ENROLLADO.
Llamé a Felix, que estudiaba en la Escuela de Negocios de la Universidad de Bath, a unas tres horas en tren de distancia.
—¡Fuiaunafiestadelmalgustoysujetémicabelloconuncabledeteléfonoyacabodedespertarsindolordecabeza!
—¿Qué?
—¡Sujeté mi cabello con un cable de teléfono espiralado y no tengo dolor de cabeza! Se me ocurrió que podría hacer hair ties con el cable y podría ser un lindo proyecto paralelo.
Hubo un silencio. Mi idea seguramente le había sonado a Felix como algo sin ningún sentido, como si quisiese vender pendientes para perros o hacer bicicletas para peces.
Pero me dijo: “¿Cuánto dinero gastaste?”.
Esto era típico de Felix. Él quiere primero los detalles y los números, y solo se entusiasma una vez que hay pruebas de que algo funcionará. Podía perdonarlo, al fin de cuentas, se estaba preguntando por qué esto sonaba como una buena idea.
Felix también se sentía frustrado con su carrera. Su hermano mayor, Dani, y su socio, Niki, estaban viviendo en Múnich, de donde era Felix. Estaban pasando por un gran momento como distribuidores alemanes del cepillo para el pelo Tangle Teezer (los distribuidores hacen exactamente eso: compran productos al por mayor a un fabricante y luego lo distribuyen a distintos lugares donde esos productos pueden ser vendidos, como salones y peluquerías).
El Tangle Teezer era popular en el Reino Unido, pero no en Alemania, por lo que Dani y Niki ayudaron a expandir la marca; antes de eso, estaban vendiendo una manta con mangas, pero al parecer solo hay un número muy limitado de personas dispuestas a comprarla. Escuchamos ya todo sobre lo que Dani y Niki estaban haciendo, aprendiendo sobre los negocios y la vida real y, a la vez, haciendo dinero. Honestamente, su éxito nos generaba bastante envidia.
Felix también sabía sobre los dolores de cabeza que sufría regularmente por las hair ties, y una vez que comprendió que un cable de teléfono espiralado podría resolver ese problema, se involucró más con la idea.
—Ok —dijo Felix al otro lado del teléfono—. Cuéntame más.
2. En inglés, resting bitch face. (N. del T.)
3. AstroTurf es una marca de césped artificial utilizada en superficies para la práctica de distintos deportes.
2.
La goma elástica de cable telefónico para chicas

LO QUE APRENDÍ:
• Si creas una nueva palabra para nombrar a tu producto, aparecerás en primer lugar en Google (al menos al comienzo).
• Como estudiantes, no teníamos nada que perder iniciando un negocio.
• Las personas se llevan la gloria por atraer inversiones, pero no tiene por qué ser así.
En 2012 las hair ties solo eran elásticos cubiertos de tela que se vendían en paquetes de 30 por alrededor de una libra. Las mujeres las necesitaban para atar sus cabellos en una coleta o sujetar las trenzas de sus hijas. Eran baratas, no importaba la marca y, definitivamente, no eran amigables con el pelo.
Además de darme tremendos dolores de cabeza, las puntas de los elásticos se unían por una pequeña pieza de metal soldada que a menudo se enredaba en mi cabello. Eso resultaba muchas veces en un pequeño montón de pelos que asomaban caprichosos por encima de mi cabeza, y debía tirar hacia atrás para intentar alisarlos. No siempre el resultado era un peinado aceptable. Usando un pedazo de cable telefónico, no sentía que hubiera cabellos esforzándose por sobrevivir y, de alguna manera, todo se mantenía prolijo.
Experimentando con la idea noté algo más: al retirar el cable telefónico, no dejaba marcas en mi pelo. Mi cabello es largo, fino y rubio, y las gomas comunes siempre me dejaban una especie de abolladura extraña; sabía que este era un problema que otras personas, con distintos tipos de cabello, también conocían.
Para las semanas de Navidad y principios de 2012, Felix y yo y éramos expertos en cables telefónicos. Nos dimos cuenta de que venían en espesores ligeramente variados y de que, en ocasiones, el cable en sí era completamente circular, aunque en la mayoría de los casos había un lado plano en el interior. Instintivamente pensé que los cables de tipo circular se verían mejor y que, además, serían más amables con el cabello.
Lo que necesitábamos era alguien que pudiera hacer para nosotros únicamente la cubierta, sin los componentes eléctricos de teléfono en el interior. Un fabricante que pudiera, también, pegar y unir los extremos para hacer una goma circular. Desde un primer momento quisimos que nuestro producto fuese, por sobre todo, diferente a las hair ties comunes. El material debía ser plástico con una superficie suave que tuviera elasticidad. Además, debía mantener su forma y sentirse bien en el cabello.
Sin embargo, no puedes buscar en Google “cuerda de teléfono sin el cable” y hallar una gran cantidad de resultados. Definitivamente no es lo mismo que crear una nueva versión de un clip para papel. Existen otros tipos de productos con forma de espiral —cuadernos espiralados, el Slinky, las mangueras para la ducha— pero todos tienen los componentes metálicos que no queríamos.
Hicimos una búsqueda en Alibaba, que es una especie de versión china, y de grandes proporciones, de Amazon, donde se puede comprar cualquier cosa, desde langostas vivas hasta vibradores a control remoto. Allí encontramos cerca de 15 posibles proveedores y enviamos un e-mail a cada uno con el asunto “Goma elástica de cable telefónico para chicas”. Esa frase nos pareció la mejor manera de explicar lo que creíamos estar buscando: una goma elástica para el cabello con forma de espiral, parecida a un cable telefónico.
Encontramos a un tipo llamado Liang, quien fabricaba tanto los cables telefónicos como los que usan los guardaespaldas. Lo convencimos para que hiciera nuestras primeras pruebas. Debimos negociar un poco, los fabricantes a menudo tienen establecidas cantidades mínimas para cada orden. Entonces, le escribí inventando cifras en el aire.
| Maill De: Sophie Tvede Para: 趙 李Enviado: Lun 6/2/2012, 7:46 a. m. UTC+0800 Asunto: Re: Re: Goma elástica de cable telefónico para chicasHola Liang,Si me dices cuántos días demorará el envío de la muestra y cuántos días te llevará hasta que puedas enviarla, te transferiré el dinero en el transcurso de las próximas 24 horas vía PayPal.En caso de estar satisfecha con los productos, haremos una orden de prueba de 15.000 unidades. Si continúo satisfecha, haremos una orden de 200.000 unidades.Muchas gracias,Sophie Trelles-Tvede |
Un par de semanas más tarde, las muestras de nuestras hair ties de cable telefónico para chicas llegaron a mi residencia en Warwick. Efectivamente, eran hair ties hechas de un material similar al del cable telefónico y unidas mediante una soldadura. Pero las había de distintos espesores y tamaños, algunas estaban hechas con el tipo de cable que tenía el lado plano y otras redondas. ¡Eran horribles!
Había imaginado una goma elástica pequeña, colorida y con forma de espiral que se sintiera suave y se viera bonita. En lugar de eso, los colores eran un amarillo enfermizo y un verde triste. Se estiraban muchísimo, se sentían ásperas al tacto y olían a químicos. Pero era todo lo que teníamos, así que debía, al menos, probarlas.
De pie frente al espejo, sujeté mi cabello con una de ellas y agité mi cabeza rápidamente de un lado al otro. La coleta se mantenía firme.
Incliné mi cabeza y la agité violentamente varias veces como si intentara quitar agua de mi oído. La goma elástica se mantenía en su lugar.
Hice movimientos circulares constantes con mi cabeza como si fuera una lanzadora de bala en las Olimpíadas. Todo en orden.
Luego intenté con cabeceos. Me di con la coleta en un ojo, pero la goma elástica se seguía sintiendo cómoda y no se movía. Era un poco pesada en mi cabello, pero si lográbamos afinar detalles, podría convertirse en un producto realmente bueno. La dejé en mi cabello por una hora y no hubo marca cuando la quité. Y algo crucial: no sentí dolor de cabeza.
Llamé a Felix que, siendo un tipo de pelo corto, no tenía más opción que la de confiar en mí.
—Estas hair ties funcionan —dije.
—Genial. Podemos hacerlo. A todo o nada.
Desde el primer momento Felix dejó muy en claro que NO debíamos tener un emprendimiento pequeño y hogareño “ja, ja”. Esto quiere decir una empresa pequeña que está pensada como algo divertido en lugar de algo que se supone que te permita vivir de ella. “Esto lo haríamos, y lo haríamos juntos y en serio”.
Creo que el 99% de las ideas se mantienen justamente como eso: ideas. Antes yo pensaba que para crear tu propio negocio debías seguir estos pasos:
• Obtener una licenciatura. Hallarte. Descubrir qué es lo que te interesa (3 años).
• Obtener una maestría. Ahondar con más profundidad en algunas ideas para el desarrollo de tu carrera (1 año).
• Conseguir un trabajo épico. Ganar dinero. Alcanzar estabilidad financiera (25 años).
• Crear la empresa con la que soñabas hacía mucho mucho tiempo, cuando estabas en la universidad (que a esta altura seguramente ya habrá creado otra persona, por lo que no te queda demasiado por hacer).
Esos eran mis preconceptos y creo que muchas personas sienten que ese es el único camino para convertirse en emprendedores. Pero aprendí que no es necesariamente así.
Teníamos 18 años cuando tuve la idea para nuestras hair ties y cumplí 19 en enero de 2012, año en que comenzamos nuestro negocio. Creo que si hubiese esperado a tener una carrera de 25 años, esta empresa de un accesorio para el cabello jamás hubiese empezado. El riesgo económico y personal aumenta a medida que envejeces, y si hubiésemos esperado, seguramente alguien más habría inventado la goma elástica espiral para el cabello, o yo hubiese pensado que la idea era demasiado ridícula como para arriesgar por completo mi carrera profesional.
Nuestro producto, la goma elástica de cable telefónico para chicas, era un poco ridículo, pero yo le tenía fe. Antes de intentar comenzar a venderlo, necesitábamos un nombre. Quería una palabra completamente nueva, una que se sintiese femenina, adorable, divertida, y que explicase, al menos en parte, lo que el producto hacía.
Además, debía ser un nombre que, al ser escrito en Google, no produjera ningún resultado previo. Así, cuando el nombre de la marca fuera inventado y las personas comenzaran a oírlo, aparecería en la primera página.
Felix tomó mis consideraciones para el nombre en forma muy literal.
Una noche me senté en mi dormitorio, de piernas cruzadas sobre la cama, enviándole mensajes desde mi BlackBerry (un tipo de smartphone que hoy está extinto). Fue más o menos así:
Félix
¡Tengo el nombre perfecto!
Yo
!
No Trace4.
¿Así es como crees que deberíamos llamarlo? Esas son DOS palabras, no una.
¡Sí! No deja rastros, así que, No Trace, ¿entiendes?
No. Quiero inventar una palabra nueva, ¡no unir dos palabras que ya existen!
¿TraceFree?5
¡Es exactamente el mismo concepto! Trace y Free ya son palabras.
¡ElastiTrace!6
Anoté nuestras ideas. Era una lista muy poco inspiradora:
No-TrAce
TraceFREE
ElastitrACE
HairKindly
SpiralhAIR
Luego recordé que mi amiga británica Hope siempre se refería a las hair ties como “bobbles”, un nombre que siempre me había sonado gracioso. Y pensé: este producto no deja rastros. En algún punto de una noche de febrero, la palabra “invisible” apareció en mi mente, y cortando el “le” del final se podía unir con la palabra “bobble” para terminar en invisibobble. Entonces, es como una goma elástica para el cabello que no deja una marca.
Todavía sentada en mi cama, escribí “invisibobble” en Google.
“¿Quisiste decir burbuja invisible7?”, me respondió Google. Hice clic en el primer resultado para “burbuja invisible” y llegué a un sitio web que decía: “Todos tienen una burbuja invisible alrededor de su cuerpo. La burbuja establece el límite de cuánto se puede acercar alguien antes de que uno se sienta incómodo, y también establece el límite de cuánto uno puede acercarse a alguien más”.
Por mucho que esa burbuja invisible sonara como un superpoder que desearía tener, estaba tan lejos de nuestra idea como era posible.
No había resultados para invisibobble. ¡NINGÚN resultado!
“Tal vez esta palabra, invisibobble, me persiga por un tiempo”, pensé. “Probablemente no, pero es posible, así que, recuerda este momento”.
Felix consideró que invisibobble era aceptable, pero que quedaba en segundo lugar con respecto a todas las maravillosas sugerencias que él había hecho. Sin embargo, decidimos seguir y diseñar un logo. Para hacer que invisibobble fuese más fácil de leer, escribimos “invisi” y “bobble” en diferentes tonos de verde y creamos un diseño utilizando la versión barata, para estudiantes, de Photoshop. Añadimos la bajada “el anillo para cabello que no deja rastros”, algo que todavía hoy aparece en nuestro empaquetado.
Puedes tener productos tan complicados como un reactor nuclear o tan simples como un hacha de piedra, y la goma elástica espiralada para el cabello invisibobble está definitivamente más cerca del hacha de piedra. Eso de ninguna manera significa que sea una invención menos meritoria, pero, sin duda, fue así para muchos amigos que se burlaron de mí desde un principio.
La gente realmente tenía sus dudas cuando les pedía su opinión.
“Parece una especie de resorte raro”.
“¿No se enredará en tu cabello?”.
“¿Acaso alguien te vomitó eso encima?”.
Decían que era feo, que no les gustaban los colores, o que no se veía muy moderno. Colocar algo que parecía un cable telefónico en tu cabello era una idea muy rara.
En ese entonces hubo unos chicos en la universidad que recibieron una beca de 25.000 libras esterlinas (cerca de USD 30.000) para desarrollar un accesorio que permitía, por medio de internet, regular la intensidad de una bombilla eléctrica desde un smartphone. Era una gran idea y recibieron todo tipo de halagos por ganar esa beca; pero no hubo ninguna inversión para mi producto, y las reacciones de las personas eran, cuanto menos, escépticas.
Las hair ties eran un producto funcional y de escasa participación, casi como el papel higiénico. Con el papel higiénico, siempre y cuando tu trasero quede medianamente limpio, las personas están contentas, con alguna que otra excepción. Es algo que necesitas, pero que nunca ansías comprar.
Nosotros teníamos la oportunidad de hacer que las hair ties pasaran de ser el accesorio capilar equivalente al papel higiénico a algo mágico que las personas amasen y desearan y por lo que estuvieran dispuestos a pagar más dinero.
4. En español, ‘sin rastro’. (N. del T.)
5. En español, ‘libre de rastro’. (N. del T.)
6. En español, ‘elastirastro’. (N. del T.)
7. En inglés, ‘invisible bubble’. (N. del T.)
3.
El Sr. Bernhard tropieza con nuestro sitio web

LO QUE APRENDÍ:
• Puede que las personas no compren cosas si hay demasiadas opciones.
• La combinación de creatividad y eficiencia es esencial para una empresa emergente.
• No saber nada sobre una industria puede ser una ventaja para trabajar en ella.
Más allá de que estaba muy entusiasmada —a pesar de los odiadores—, Felix fue quien estableció fechas límites. Cuando lo visitaba en Bath, yo quería que pasáramos tiempo juntos después de haber trabajado duro en las invisibobbles durante todo el día, pero él se quedaba despierto hasta tarde para terminar el logo o escribir textos para nuestra web.
El invierno anterior a que comenzáramos las clases en la universidad, ambos trabajamos como instructores de esquí. En Suiza, donde yo trabajaba, pagaban muy bien; en Austria, donde trabajaba Felix, pagaban muy mal. Yo ganaba 25 francos suizos (alrededor de GBP8 21 o USD 26) por hora sin contar las propinas, y no debía pagar impuestos porque ganaba menos del salario mínimo anual.
Ahorramos cerca de USD 2.000 cada uno. Felix había necesitado trabajar mucho más que yo, pero nunca imaginamos que fuéramos a invertir una gran porción de los ahorros de nuestras vidas en miles de pequeños y coloridos pedazos de plástico enrollado que serían enviados desde China en un contenedor.
Sin embargo, eso es exactamente lo que hicimos, porque una vez que llegamos al punto en que estábamos satisfechos con nuestras muestras, la primera orden que encargamos al tipo de Alibaba, por 15.000 invisibobbles, nos costó alrededor de USD 3.800. Fue una decisión de inversión muy fuerte, especialmente considerando que la mayoría se había reído de nosotros; pero estábamos seguros. Los zapatos nuevos y las vacaciones podían esperar: esta era una verdadera idea.
El precio incluía el packaging, porque necesitábamos encontrar una forma más interesante de presentar nuestras gomas para el cabello que simplemente abrocharlas a un pedazo de cartón. Había visto paquetes de dos esmaltes para uñas que se vendían en pequeñas bolsas tipo Ziploc y me habían parecido adorables, por lo que enviamos una a Liang y le pedimos producir 5.000 unidades. También le pedimos unas bolsas más grandes en las que pudieran entrar cinco y diez gomas, y logramos que imprimiera en los paquetes la dirección web que íbamos a comprar: invisibobble.com.
También necesitábamos que todo llegara en poco tiempo, porque, a pesar de las fechas límites creadas por Felix para asegurarse de que siguiéramos a buen ritmo, teníamos una fecha real acercándose: la exposición Hair & Beauty. Se trata de una gran feria comercial en Frankfurt a la que asisten compradores y peluquerías y en la que se exhibe de todo, desde extensiones para el cabello hasta mobiliario para salones de belleza. New Flag, la empresa de Dani y Niki, tendría un puesto de Tangle Teezer allí, y sería una enorme oportunidad para llevar las invisibobbles a la industria profesional del cabello. ¡Faltaban solo dos meses!
El sábado 17 de marzo de 2012 a la 1:49 de la mañana Felix me envió un e-mail. “REALMENTE necesitamos estas hair ties antes de que mi hermano y Niki vayan a la convención. Nos proporcionaría un comienzo verdaderamente bueno”, escribió. Cinco días más tarde llegó otro e-mail.
| Mail De: “Felix Haffa” <felix@invisibobble.com> Para: YoEnviado: Jue 22/3/2012, 1:23 a. m. Asunto: jijiji fíjate desde qué e-mail estoy escribiéndote |
Ah... Felix. Había sido mi novio más o menos desde los 15 años, cuando nos conocimos en la secundaria en Zúrich. Antes de empezar a salir, yo lo veía como un chico apuesto, con algunos pocos amigos con los que estaba todo el tiempo. No creo haberlo visto sonreír jamás en esa época, y encontraba al grupo, en general, bastante intimidante y un poco arrogante.
Empezamos a hablar cuando hicimos un viaje escolar al lago Garda en Italia, sin embargo, y una vez que lo conocí mejor, comprendí que lo suyo era más parecido a la introversión que a la arrogancia. Cuando volvimos a Zúrich me invitó a salir.
Felix dice que pensaba que yo era tímida y bonita, y que le daba miedo hablarme. Y mientras que él era muy competitivo en todo lo que hacía, sacrificando pasar tiempo con amigos para poder estudiar, en la escuela yo era un poco más sociable. A pesar de eso, éramos similares en el sentido de que preferíamos estar solos para avanzar con nuestros estudios. Él es, además, la persona más motivada que se pueda conocer, alguien obsesionado con los detalles y siempre esforzándose por ser mejor. Actualmente, si vendemos algo por USD 1.000.000, él preguntará “¿por qué no USD 2.000.000?”, y si recibimos novedades de que un negocio no está saliendo como lo planeamos, me hará preguntas al respecto cerca de tres veces al día hasta que el problema esté resuelto.
Felix siempre fue una persona resolutiva. Necesita ocuparse de que las cosas se hagan; yo soy mucho más creativa. Puedo enfocarme muy bien en nutrir nuestra marca y en pensar las cosas a largo plazo, mientras que Felix piensa mucho más en los números y en cómo podemos obtener dinero ahora mismo. Creo que se necesitan ambos estilos para que una sociedad comercial sea exitosa, a pesar de que esa diferencia ocasionó algunas discusiones a lo largo del camino.
Bueno, ahí estábamos, en marzo de 2012, sin saber realmente nada acerca de nada, porque todavía éramos adolescentes, esperando que nuestras 15.000 pequeñas piezas de plástico espiralado y 5.000 pequeñas bolsas viajaran 5.000 millas desde la fábrica de un tipo llamado Liang que vivía en algún lugar de China hasta el hogar de los papás de Felix en Múnich, a donde viajaríamos para las vacaciones de Pascuas.
Por entonces nuestras hair ties medían apenas más de una pulgada de diámetro y estaban disponibles en 27 colores diferentes. Les dimos nombres: Submarine Yellow9 a uno que era muy vívido, Turtle Green10 a uno de color medio fangoso, Space Blue11 a otro de color azul brillante. Éramos tan creativos...
Mirando hacia atrás, 27 colores y tres tamaños diferentes de empaque eran demasiaaadas opciones para el comienzo. Está demostrado que en los supermercados, mientras más acotada sea la selección de cualquier producto, mayores serán las chances de que alguien lo compre. Es decir, si hay tres tipos de mermelada —fresa, frambuesa y albaricoque— la decisión es bastante fácil. En cambio, si hay 20 tipos de mermelada de fresa, 20 tipos de mermelada de frambuesa y 20 tipos de mermelada de albaricoque, además de distintas combinaciones de las 3, todo se vuelve tan abrumador que a menudo las personas se dan por vencidas y no compran nada.
En fin, una vez que recibimos todo, lo desparramamos sobre el piso de la sala de los papás de Felix. Nos pusimos a separar las 15.000 hair ties en pilas de diferentes colores como si fuera un gigantesco arcoíris multicolor en la alfombra. Fuimos empujando gradualmente las mesas, sillas y sofás hacia las paredes para tener más espacio.
Nos sentamos en el piso, gateando entre las pilas y empaquetando las gomas en las bolsas con la marca de invisibobble de dos, cinco y diez unidades, armando múltiples combinaciones de colores; también armamos paquetes de cinco y diez únicamente negras.
Toda la casa olía como una fábrica de plástico, y después de unos tres días, el padre de Felix, que nos había estado evitando, entró a la sala.
“Guarden. Ahora. ¡TODO!”, gritó, enfurecido. Creo que los papás de Felix no habían considerado realmente la desorganización que causaríamos, y, definitivamente, no comprendían por qué teníamos tanta fe en que alguien en verdad compraría una goma elástica espiralada para el cabello. Tuvimos la suerte de que el hermano de Felix rentara un depósito en Múnich para New Flag, por lo que una vez que terminamos de empacar nuestras 15.000 gomas para el cabello, Dani nos permitió mover allí todo nuestro stock.
Teníamos un nombre y teníamos nuestros productos; ahora necesitábamos un sitio web. Utilizamos software de Shopify y tomamos fotografías de una de nuestras amigas usando invisibobbles de diferentes colores en su cabello. Nuestro logo combinaba con la invisibobble Turtle Green, y nuestra página de inicio tenía una presentación de diapositivas de varias imágenes: invisibobbles en la coleta de nuestra amiga, un paquete multicolor de diez unidades, una pila de gomas rojas, negras y amarillas y, finalmente, una imagen de nueve gomas Turtle Green que parecía una pila de pequeñas orugas verdes y enrolladas.
El sitio tenía información sobre el producto, los colores disponibles, una sección “acerca de nosotros”, las opciones de envío a Alemania, Austria y Suiza, y un apartado de preguntas frecuentes. En verdad se veía bastante profesional.
El día en que lanzamos el sitio recibimos nuestra primera orden.
Un alemán llamado Uwe Bernhard había pedido un pack de cinco invisibobbles de colores variados por EUR 8,49 y pagado la tarifa estándar de envío de EUR 1,99, lo que llevaba el total a EUR 10,48 (alrededor de USD 11,50).
De alguna manera el Sr. Bernhard había tropezado con nuestro sitio web, lo había explorado y había decidido hacer un pedido. La sensación era maravillosa: mitad “oh por Dios, esto es completamente único, nunca ocurrió antes, ponlo en una licuadora, defeca encima, vomita encima, es una sensación de-otro-mundo” (tomando algo prestado de Lady Gaga describiendo lo que siente por el director Ryan Murphy), y mitad morirnos de risa de pensar en que un hombre de edad, cabellera y profesión indefinidas había visto nuestras invisibobbles, le habían gustado, había tomado su tarjeta de crédito y comprado un paquete.
No es que no creyéramos en invisibobble, pero al fin y al cabo éramos dos adolescentes aburridos que no tenían la menor idea de lo que estaban haciendo y, de repente, ganamos EUR 10 gracias a un tipo cualquiera. Estábamos extasiados y pusimos su pequeño paquete de invisibobbles cuidadosamente dentro de una cajita de cartón con una nota de envío escrita a mano y una tarjeta de agradecimiento. Esperábamos que si el Sr. Bernhard había comprado invisibobbles, otros harían lo mismo.
Por alguna razón, desde entonces, los pedidos empezaron a llegar. En un buen día podíamos llegar a vender productos por entre USD 55 y USD 70. Pero sabíamos que no era rentable continuar haciendo envíos pequeños desde el sitio web y que para poder crecer debíamos encontrar un distribuidor. Dani y Niki sugirieron que enviáramos paquetes gratuitos a los salones de belleza junto con sus pedidos de Tangle Teezers; con suerte, a los peluqueros les gustaría el producto y empezarían a encargar también invisibobbles.
Lo que ignorábamos en ese momento era que los salones solían tener acuerdos de exclusividad con grandes fabricantes como L’Oréal o Schwarzkopf que implicaban que solo pudieran vender champús y otros productos de esas compañías, que producían marcas como Kérastase y Redken. Sin embargo, como no había acuerdos de exclusividad para accesorios de cabello, ingresar en las peluquerías no era un problema.
De haber conocido estos tipos de “reglas” o cualquier otra cosa sobre la industria de la belleza y el cabello, tal vez nos hubiéramos contenido, o tal vez habríamos pensado que incluir paquetes de invisibobbles en los envíos de Tangle Teezers era un error, pero en ese momento, siendo niños, no sabíamos nada. De verdad. Quiero decir que sabíamos tan poco que ni siquiera sabíamos que no sabíamos nada.
A los peluqueros, efectivamente, les gustaron las invisibobbles que enviamos con los Tangle Teezers, y gracias a que las hair ties eran tan pequeñas no les era difícil encontrar un lugar donde ubicarlas. Hicimos un acuerdo por el cual podían comprar 100 hair ties por USD 56 y les enviábamos una jarra tipo pecera sin costo adicional para colocarlas. La idea era que fuera fácil para un cliente comprar un paquete de invisibobbles después de cortarse el cabello. Gastar cerca de USD 5,60 en un pack de 3 invisibobbles no era nada en comparación con lo que seguramente habría pagado por su corte o por su lujoso secado de cabello.
Y a pesar de poner a prueba la paciencia del papá de Felix, logramos tener los paquetes de gomas para el cabello listos para la exposición de Frankfurt. Yo no pude ir porque se acercaba la época de exámenes en Warwick, pero lo que sucedió nos voló la cabeza. Mi papá había manejado su propia empresa y se había interesado por invisibobble, por lo que le envié las novedades.
| Mail De: YoPara: TvedeEnviado: Jue 17/5/2012, 12:56 p. m.Asunto: pequeño updateEn la exposición en Frankfurt había un tipo que es el dueño de 10 peluquerías y tiene contacto con más de 600 salones de Alemania que mostraron un fuerte interés en nuestras hair ties.No parece estar interesado en ofrecernos una ganga, pero si logramos que esto funcione, sería increíble porque podríamos, potencialmente, vender nuestras gomas para el cabello en 600 peluquerías de todo el país, y sería un gran comienzo. ¡Si esto sucede, obtendríamos una publicidad impresionante y tendríamos mayores posibilidades de vender en grandes tiendas departamentales! Todo es muy emocionante.Sophie |
El tipo de las peluquerías se llamaba Rick Vahr, e hizo un pedido de algunos cientos de invisibobbles para vender en sus propios salones. Si se vendían bien, sería fácil para él entregar muestras a su equipo de ventas para llevar el producto a otras peluquerías, gracias a que las invisibobbles son muy pequeñas. Si eso resultaba exitoso, podría llegar a firmar un contrato con nosotros para distribuir a cada uno de los 600 salones. Debíamos ubicar 15.000 invisibobbles, por lo que necesitábamos seguir adelante.
8. Al momento de la presente edición, 1 GBP representa USD 1,36. Unificaremos las referencias monetarias en USD por su uso universal.
9 . En español, ‘submarino amarillo’. (N. del T.)
10. En español, ‘verde tortuga’. (N. del T.)
11. En español, ‘azul espacial’. (N. del T.)
4.
Mi papá apostó la casa

LO QUE APRENDÍ:
• Las opiniones de otras personas pueden ser molestas.
• Sin embargo, también pueden darte ideas con las que nunca habías soñado (gracias, Debbie la peluquera).
• No hay un hada de las gomas para el cabello.
Durante los primeros nueve meses, lo único en lo que podía pensar era en si nuestras hair ties realmente funcionaban, y en perfeccionarlas hasta alcanzar la mejor versión posible. No quería encontrarme en una situación en que las personas compraran invisibobbles porque se veían novedosas o diferentes (en un buen sentido) pero luego no estuvieran realmente felices de usarlas. Nuestras invisibobbles debían ser perfectas.
Mi cabello es largo y fino, el típico estilo nórdico, y necesitaba comprender cómo nuestro producto funcionaba en otros estilos. Por entonces teníamos un focus group 12 de una persona —yo— por lo que entregaba hair ties a estudiantes alrededor del campus y observaba mientras se sujetaban el cabello.
Esas conversaciones solían ser así:
Yo: —Hola, ¿has visto este nuevo tipo de hair ties?
Estudiante: —¿Esta es una hair ties? ¿No se enreda?
Yo: —¿Te gustaría probarla en forma gratuita?
Estudiante: —¿Gratis? ¡Seguro! Oh, aunque probablemente la pierda.
Yo: —¿Te molestaría que observe mientras te sujetas el cabello ahora?
Estudiante: —Okaaaayy…
Cuando inventas algo que nunca jamás se vio antes, te obsesionas por completo con la forma en que las personas lo usan y con saber quiénes son aquellas personas que lo usan. Te obsesionas realmente por completo. La primera vez que vimos a una mujer que usaba una invisibobble en un parque de Múnich, Felix y yo la perseguimos por todos lados durante un laaargo rato, con los ojos muy abiertos y expresión de sorpresa, haciendo gestos de chocar los cinco en silencio y a sus espaldas. Las demás personas nos podían ver haciendo esta pequeña danza de victoria, pero ella no. No pueden imaginar la sensación de saber que alguien vio tu producto e invirtió dinero en él.
Ahora, en serio, la razón por la que quería observar a las personas que usaban el producto era que necesitaba comprobar que se sintieran de la misma manera que yo; que las encontraran fáciles de usar y de quitar. Algunas semanas más tarde, veía a las mismas estudiantes en el campus y notaba que continuaban usando sus invisibobbles porque las llevaban como brazaletes, que era exactamente lo que hacía yo. Eso nunca fue parte de nuestro plan, pero todas simplemente lo hacían.
El hecho de que llevaran las invisibobbles en sus muñecas demostraba que estaban contentas de usarlas de la misma forma en que usaban gomas comunes para el cabello, a pesar de que se veían muy diferentes. Esto me dio confianza. Había algo del producto que funcionaba, porque muchas de las personas a las que les contaba sobre las invisibobbles todavía no lo comprendían. Las chicas tenían una forma de sujetarse el cabello con la que decían estar contentas y, aun así, pensaban en las hair ties de la misma forma en que pensaban en el papel higiénico: como una necesidad aburrida.
En un principio, nuestras hair ties no eran exactamente increíbles. Se estiraban y no volvían automáticamente a su forma original, por lo que debimos hacer muchas mejoras. A pesar de eso, sabía que había solucionado el problema de las marcas y las jaquecas, y me repetía a mí misma, en forma constante, que si yo veía el valor del producto, otros también lo harían.
También sabía que necesitaríamos la opinión de expertos en materia de hair ties. Y aquí es donde entraron en juego los peluqueros. Nos dimos cuenta de que el producto no solo no dejaba marcas u ocasionaba jaquecas, sino que, además, no dañaba el cabello de las personas cuando se lo quitaban. Esto hizo que los peluqueros amaran el producto y lo comentaran con sus clientes. Significaba, también, que nuestros empaques podían decir “amable con el cabello”.
La mayoría de las peluquerías hacían pedidos una o dos veces al mes, pero comenzamos a recibir encargos de una mujer, Debbie, cerca de dos veces por semana. Tal vez tenía un enorme salón justo en medio de la ciudad que estaba abierto día y noche, o tal vez tenía vendedores brillantes.
Envié un mensaje de texto a Felix el 3 de septiembre de 2012.
Yo
¡Debbie lo hizo otra vez!
Félix
¿Cuántas pidió esta vez?
Algo así como 300 paquetes
¿Acaso los está comiendo como golosinas?
Debbie resultó ser una peluquera común y corriente en una ciudad alemana común y corriente, y utilizaba las invisibobbles de una manera que jamás consideramos: peinados recogidos. Si una cliente se había terminado de hacer un corte, ella le ofrecía un peinado recogido gratis usando nuestras hair ties. Debbie podía hacer un peinado usando tan solo una invisibobble en lugar de, por ejemplo, 3 gomas comunes para el cabello y 15 pasadores metálicos.
Interesante. Ya ven. Yo tenía la meta muy clara de desarrollar el gran beneficio del producto, que era evitar las jaquecas. Felix tenía una meta muy clara que era hacer algo que tuviera el potencial de ser vendido a gran escala, y a la vez estaba obsesionado con elaborar el producto en forma eficiente. Y de pronto, estaban los peluqueros que nos brindaban todos estos otros puntos de vista, como el hecho de que una superficie suave significaba que sería amable con el cabello y que se podían hacer peinados creativos. ¡Estaban desarrollando el negocio por nosotros!
Esto se volvió superimportante. Comenzamos a trabajar junto con Debbie en distintos peinados que filmábamos y luego subíamos a YouTube; tener el tipo de contenidos adecuados es fundamental para los productos nuevos. El cabello no es el fuerte de Felix, créanme, realmente no lo es. Sin embargo, los negocios sí lo son, y entendió perfectamente el valor de trabajar con Debbie. Aún hoy trabajamos con peluqueros y estilistas, y sus tutoriales de YouTube reciben regularmente decenas de miles de vistas. Resulta que hay muchas Debbies allá afuera.
Un día, más o menos un mes antes de la exposición de cabello en Frankfurt, Felix y yo nos encontrábamos otra vez en la casa de sus papás armando los paquetes de invisibobbles (esta vez en el sótano) cuando Felix revisó su e-mail. Había un nuevo mensaje de Rick, el tipo que tenía las 600 peluquerías. Su prueba había ido bien y quería hacer un pedido. Apenas podíamos creerlo: un empresario serio vio el potencial de nuestros productos a menos de seis meses de comenzar con invisibobble. Nos pusimos manos a la obra un poco como en Blancanieves y los siete enanitos, cuando los enanitos están empaquetando alegremente los diamantes que excavaron mientras cantan “Hi-Ho” y marchan al ritmo de la música.
Pedimos algunas jarras más por Amazon, imprimimos algunos stickers de invisibobble y pasamos toda la tarde pegándolos a las jarras antes de llenarlas con una variedad de colores, además de rellenar las pequeñas bolsas con cinco o diez de nuestras hair ties. Luego envolvimos cuidadosamente las jarras con papel y las colocamos dentro de cajas de cartón, listas para llevar al correo al día siguiente. Había cerca de diez cajas; después de despacharlas, enviamos un mensaje de texto a Rick para avisarle que estaban en camino.
Tres días más tarde, Rick contestó el mensaje. Casi la mitad de nuestras jarras amorosamente envueltas habían llegado hechas añicos, por lo que volvimos al sótano y comenzamos de nuevo. Esta vez usamos plástico de burbujas y cajas de un cartón más denso. Rápidamente aprendimos que hay muchas variedades de cartón (¿quién lo hubiese dicho?) y que nosotros necesitábamos uno llamado “doble corrugado” que consiste en, precisamente, dos capas de papel corrugado que refuerzan cada lado de la caja. Equivocarnos en el tipo de empaque nos había costado tiempo y dinero, pero el error nos hizo hiperconscientes de que los detalles son importantes. En ellos se esconde el diablo.
Rick continuó haciendo pedidos y cada vez que llegaban, yo confeccionaba una factura; era una de las cosas que hacía durante las conferencias de la universidad a las que me molestaba en asistir.
Tal vez los profesores pensaban que estaba tomando notas. Otros estudiantes de Administración sonreían cuando me veían, diciendo en tono irónico: “¡Oh, Sophie, nos has honrado con tu presencia!”.
Aunque ninguno de los profesores sabía realmente si faltaba a algunas conferencias, las clases eran más difíciles de evitar. En los primeros tiempos, le pedía a algún amigo que falsificara mi firma en las listas de asistencia, y hasta un cierto punto eso funcionaba. El problema era que los tutores no habían memorizado todos nuestros nombres, por lo que se apoyaban en la lista de asistencia para hacernos preguntas. Si no asistías a más de tres clases, la universidad les escribía a tus papás. Por ese motivo debía ir a al menos algunas de ellas, pero torcía las reglas lo máximo posible.
Llegaron las vacaciones de verano, viajé a Barcelona con Hope y un par de chicas más, y fue entonces cuando Hope comenzó a entender que lo de invisibobble realmente era en serio. Conocí a Hope en la escuela en Zúrich, nos volvimos mejores amigas y siempre, desde el primer momento, fuimos muy honestas una con la otra. Todos los días nos despertábamos con resaca y mientras mis amigas se preparaban para ir a la playa yo me volvía, en palabras de Hope, “muy irritante”.
“Necesito hacer algunas tareas”, decía yo.
“¿Qué tareas tendrías que hacer AHORA MISMO?”, preguntaba Hope.
“Debo confeccionar algunas facturas”.
Hope rio al ver que hacía mis facturas en Word, las guardaba como PDF y luego las enviaba por e-mail a cualquier persona que hubiera pedido invisibobbles. Me despertaba a las 6 de la mañana muy entusiasmada para ver si teníamos algún pedido, y luego me ponía a facturar.
Por entonces, el valor de nuestros pedidos había subido, ya era de entre USD 120 y USD 550 por día, y si teníamos suerte, recibíamos un pedido de alrededor de USD 1.200. Para alguien de 19 años intentando comenzar una empresa en su primer año de la universidad, estas cifras eran inmensas, como lo serían para cualquier persona en un emprendimiento pequeño como el nuestro. Lo cierto es que fuimos rentables desde el principio: en los primeros meses del negocio vendimos lo suficiente para recuperar nuestra inversión inicial de (USD 4.000) y destinábamos todos nuestros ingresos a conseguir más invisibobbles y satisfacer más pedidos.
Para mi papá, sin embargo, estas sumas de dinero eran ínfimas.
Verán, mi padre no tenía exactamente un trabajo convencional. Era autónomo y siempre había hecho más o menos lo que había querido para ser exitoso. Era muy bueno comerciando materia prima, como el cobre; recuerdo un día, cuando era niña, en que colgó el teléfono y me dijo que había adquirido un montón de cobre. Unas dos semanas más tarde, le pregunté por qué no había llegado a nuestra casa.
Yo: —¿Cuándo nos entregarán el cobre, papá?
Papá: —El cobre no se entrega.
Yo: —¿Entonces por qué lo compraste?
Papá: —No, solo lo compré temporalmente y luego lo venderé, con suerte en unos dos meses.
Yo: —¿Cómo funciona eso?
Papá: —Bueno, mientras yo sea el dueño del cobre, el precio subirá. Luego podré venderlo para obtener una ganancia.
En otra ocasión, yo estaba sentada en la cocina, en pijamas y viendo Bob Esponja en la televisión mientras comía un sándwich, entró mi papá y se sentó a mi lado, lucía un poco pálido.
Yo: —¿Estás bien?
Papá: —Acabo de apostar la casa.
Yo: —¿Cuál fue la apuesta?
Papá: —Bueno, la lira turca se desplomó como una roca, y ahora puedo obtener un interés muy alto y grandes beneficios si la compro.
No entraré en detalles sobre las operaciones de cambio internacional, pero digamos simplemente que mi papá, en ocasiones, hacía enormes apuestas en distintas monedas y no siempre ganaba. Como esa vez lo hizo, seguí mirando Bob Esponja.
Las apuestas de mi padre solían ser bastante grandes, y que yo ganara un par de cientos de euros con unas hair ties plásticas no lo impresionaba demasiado. Tampoco comprendía realmente que las personas pudieran comprar un paquete de invisibobbles y luego quisieran volver a hacerlo. Solo cuando comenzó a ver —mientras esperaba en las colas de los aeropuertos— a más y más mujeres usando invisibobbles en el cabello o en la muñeca, pudo entender que eran populares y que las personas las querían en distintos colores (y distintos tamaños, cuando comenzamos a fabricarlas). Mi papá no estaba hecho para el mundo de los accesorios femeninos.
Tampoco era alguien que pensara realmente en cómo el pollo que estaba por comer había llegado al supermercado o dónde se fabricaba su dentífrico. Creo que para él todas estas cosas simplemente existían. Es casi como si el sofá de nuestra sala hubiese aparecido allí como por arte de magia, como si Dios hubiese dicho “¡he aquí tu sofá!”.
Los bienes materiales requieren un nivel muy alto de manipulación, y es comprensible que muchas de las personas que trabajan con bienes virtuales, como el software o las finanzas, no entiendan el alcance de estos procesos. Aún hoy hay gente que me pregunta si mi trabajo es de tiempo completo, como si las invisibobbles aparecieran en las tiendas mágicamente, entregadas por el hada de las hair ties.
12. En español, ‘grupo de opinión’ (N. del T.)
5.
De repente, teníamos 22 años

LO QUE APRENDÍ:
• Puede que las personas no te tomen en serio si tienes una empresa, pero aparentas ser adolescente.
• Los productos que se ven raros pueden ponerse de moda.
• Pensar en empaquetar de una manera completamente diferente puede ser un factor determinante para tener éxito.
En septiembre de 2012, cuando Felix y yo comenzamos nuestro segundo año en la universidad, se volvió evidente que necesitábamos organizarnos un poco mejor. Ya habíamos vendido alrededor de USD 56.500 en invisibobbles, principalmente a peluquerías en el Reino Unido y en Alemania, y nos habíamos dado un año para hacer que el negocio funcionara o, de lo contrario, rendirnos y comenzar algo diferente.
Yo seguía viva después de mi primer año en la residencia universitaria, sobreviviendo a la cama de prisión, a los inodoros tapados y a la criatura de pelusa blanca de la cocina, pero había decidido mudarme con dos chicas y dos chicos a una casa adosada de estilo victoriano en Leamington Spa, un pueblo señorial famoso por su arquitectura del estilo de la Regencia de principios del siglo XIX.
A pesar de su fealdad, al menos mi habitación en el edificio de dormitorios de la residencia universitaria tenía forma cuadrada. Una de las peculiaridades de Gran Bretaña es que a los diseñadores les encanta incorporar diferentes ángulos, como las ventanas en saliente. Pareciera no haber ángulos rectos y eso dificulta acomodar los muebles. Mi habitación en la casa adosada estaba en la planta baja y eso apestaba, porque la casa quedaba sobre una calle principal. Calcé mi escritorio en la ventana en saliente y cada persona que pasaba podía verme, tal como yo podía verlos pasar, mientras trabajaba en mi emprendimiento de gomas plásticas para el cabello y, ocasionalmente, estudiaba.
Por si eso fuera poco, conocía todos los chismes de Leamington Spa.
Solía despertarme a las 2 de la mañana escuchando una conversación como esta:
Adolescente ebria y chillona 1: —¡No puedo creer que besé a Phil, el deportista!
Adolescente ebria y chillona 2: —¡Eso es genial, te gustó por años!
Adolescente ebria y chillona 1: —No lo entiendes. Unos 10 minutos más tarde se fue a su casa con Tina-Tetas-Grandes.
Adolescente ebria y chillona 2: —Siempre odié a Tina-Tetas-Grandes.
Lo escuchaba todo.
Mientras tanto, en Múnich, nuestros amigos Dani y Niki alquilaron una oficina para New Flag que estaba ubicada junto a una discoteca llamada Call Me Drella13. Drella era un apodo con el que Andy Warhol se había bautizado a sí mismo —una mezcla entre Cinderella14 y Drácula— y la discoteca era famosa por sus shows de acrobacia y por el hecho de que había que vestirse realmente bien para poder ingresar, lo que era conveniente porque cuando trabajaban hasta tarde podían caminar directamente de la oficina al club.
Dani y Niki habían contratado a su amiga Lisa para administrar la oficina, facturar y asegurarse de que todos cobren sus salarios; su escritorio era una caja de madera dada vuelta con una superficie inclinada y astillas que se trababan en la base del mouse.
El escritorio de Dani parecía un inmenso cofre del tesoro, y era tan grande que hubo que entrarlo a la oficina utilizando una grúa, que lo depositó a través de la ventana. Un tiempo después, cuando yo trabajaba en esa oficina, tenía un escritorio que se asemejaba a una enorme ala de avión.
Como muchas empresas emergentes, New Flag en sus inicios no era precisamente la más eficiente de las operaciones. Al poco tiempo de unirse, Lisa se encontró sola en la oficina con una pila de cartas sin abrir. Abrió la primera.
| New Flag GmbH Max-Joseph-Straße 780333 Múnich Alemania2 de octubre de 2012Estimados/as sres/as de New FlagComo instancia posterior a las cartas de recordatorio enviadas en las fechas 2 de julio, 2 de agosto y 2 de septiembre de 2012 en las que se les intimaba al pago de la deuda atrasada por el monto de EUR 14, hemos gestionado la cobranza del importe adeudado por parte de un cobrador de deudas externo en la fecha y hora que se detallan a continuación.2 de noviembre de 2012 - 10:00 a. m.En caso de incumplir con el pago de la deuda, se procederá a iniciar un proceso penal.Atentamente,Munich Printers |
Lisa se fijó en la hora. Era el 2 de noviembre de 2012 y eran las 9:40 a. m. El cobrador de deudas llegaría en 20 minutos. Llamó a Dani.
—Hola, soy Lisa.
—¡Hola! ¿Cómo estás?
—Bueno... acabo de abrir una carta y TE ARRESTARÁN SI NO ESTÁS AQUÍ EN 20 MINUTOS.
No pasó nada porque Lisa llamó al número que aparecía en la carta, pagó a la imprenta los EUR 14 (aproximadamente USD 15) y no apareció ningún cobrador de deudas; pero este es el tipo de cosas de las que se necesita estar al tanto cuando tu negocio comienza a despegar, porque aun los montos más pequeños pueden afectar tu calificación crediticia, como lo descubriríamos más tarde. Lo gracioso era que el trabajo encargado a la imprenta que había generado la deuda era un letrero para el escritorio que decía “Mi posición favorita es la de CEO”. Desopilante.
Niki y Dani eran conocidos en nuestro círculo de amigos como los chicos que vendían cepillos plásticos para el cabello, y ahora también nos estaban ayudando a nosotros con el negocio de hair ties para el cabello. Lisa me contó que, en aquel momento, a pesar de que creía que las invisibobbles eran en cierta forma geniales, a la vez pensaba que eran bastante feas. Los colores eran horribles (la Submarine Yellow no era un best-seller) y la forma era rara (“¿Por qué llevarías un llavero en tu cabello?”).
Tal como sucede con muchas de las nuevas modas que en un principio creemos que son espantosas —como las camisetas de neón, los zapatos de plataforma y las zapatillas gigantes—, una vez que las personas se acostumbraron al aspecto de las gomas, comenzaron a volverse cool. La gente, además, empezó a usar invisibobbles en sus muñecas, algo que, en palabras de Lisa, es un espacio de publicidad muy efectivo ya que todos pueden verlas.
Tuvimos también una idea para hacer que nuestro producto fuera completamente diferente a cualquier otra goma para el cabello que existiera en ese momento, algo que nunca antes se había visto y que sentí que sería fundamental para el éxito de invisibobble: nuestro packaging.
Como ya dije, las hair ties habían sido siempre un producto poco querido, y nosotros estábamos vendiendo nuestras invisibobbles en esas bolsas plásticas transparentes tipo Ziploc que no se veían muy bien. Sabía que debíamos hacer algo para lograr que se destacaran, por lo que en las vacaciones de verano comencé a hacer pequeñas cajas cuadradas y rectangulares de cartón en las que entraban 1, 3, 6, 10 o 50 invisibobbles.
Quería usar las cajas de cartón como modelo para una versión transparente, con la idea de que se vieran adorables, como golosinas. Tan solo ese aparentemente pequeño cambio en la forma en que se vendían las hair ties resultó ser un inmenso punto de inflexión y algo que nos ayudó a ser hoy en día una marca rentable, icónica y reconocida.
Nuestro packaging ayudó a darle personalidad a invisibobble. Podíamos usarlo para poner nombres divertidos, así que en lugar de verde podíamos tener “mint to be”15 o en lugar de rosado, “blush hour”16, y podíamos usar los seis lados del cubo para ser creativos y explicar por qué nuestras gomas para el cabello eran diferentes.
Al mismo tiempo, pensamos que podríamos hacer algo divertido con nuestros exhibidores en las peluquerías. Un fin de semana en que fui a visitar a Felix en Bath pasamos todo el tiempo recortando cajas de cereales y transformándolas en el exhibidor ideal. Finalmente, llegamos a una versión cuadrada con escalones de cartón en los que entrarían 24 de nuestros adorables cubos de empaque; es casi el mismo diseño que usamos hoy. Hallamos al fabricante de nuestros exhibidores en internet e hicimos un primer pedido de alrededor de 300 unidades. Todavía trabajamos con el mismo proveedor, e invisibobble se convirtió en su mayor cliente.
Felix y yo estuvimos contactando a distribuidores en el Reino Unido y logramos organizar una reunión con un tipo de un pequeño pueblo al norte de Inglaterra del que jamás habíamos oído hablar. Los distribuidores son absolutamente cruciales para empresas como la nuestra, porque tienen redes de minoristas y peluquerías a los que les venden; conseguir la distribución correcta, sin duda, ayuda a crecer.
Tomamos el tren hacia el norte la noche antes de nuestra reunión y nos sentamos en la pequeña cama de nuestra habitación de hotel para ensayar lo que diríamos. Fuimos a WHSmith17 y compramos la pluma fuente más lujosa posible creyendo que nos haría ver más adultos y profesionales que un bolígrafo de plástico. Imaginamos un escenario al estilo de Dragon’s Den o Shark Tank en el que cuatro empresarios estarían sentados en una sala con expresiones de entusiasmo en sus rostros y un fondo de ladrillos a la vista mientras nosotros, de pie, dábamos un discurso de venta sobre nuestras gomas plásticas para el cabello. Después de nuestra presentación, ellos pelearían para ver quién invertiría en el proyecto.
No fue así en absoluto.
La reunión transcurrió en una pequeña habitación no calefaccionada y la única persona de esta empresa de padre e hijo que apareció fue el hijo. Sin embargo, el hijo parecía bastante optimista con respecto a invisibobble. Finalmente, llegó el padre.
—Hey, soy Peter —dijo—. ¡Vaya! Qué frío. ¡Tendré que sentarme sobre mi abrigo!
Dijo esto usando su acento del noreste, que por momentos nos costaba mucho entender. Hubo muchas expresiones de este tipo durante la presentación.
La mayor parte del tiempo no pareció estar interesado en nosotros en absoluto. Y, por cierto, ¿por qué lo estaría, considerando que nuestro producto tenía un aspecto tan extraño y un precio de venta mayor al de las gomas comunes para el cabello? A pesar de esto, mientras más hablábamos, mejor comprendía que realmente habíamos pensado en el concepto y que lo que ofrecíamos sería una manera sencilla de lograr que su equipo pudiera ganar dinero extra vendiendo invisibobbles junto con sus champús y otros productos para el cabello conocidos en la industria como “líneas húmedas”. Para el final de la reunión, Peter se disculpó por sus quejas y por el frío, y dijo que creía que realmente teníamos algo entre manos. El caballero y su hijo en el noreste firmaron para ser nuestros distribuidores en la región.
Aún teníamos 19, pero honestamente aparentábamos tener unos 15 años (la pubertad había llegado un poco tarde) y creo que nuestra apariencia, en ocasiones, hacía que la gente no nos tomase muy en serio. Nos sentíamos ridículos al pensar que éramos niños haciendo una presentación para adultos. Consideramos que nuestra edad debería, al menos, comenzar con un dos; así, de repente, nos encontramos diciendo que teníamos 22 años.
No siempre nos creían. En esos casos debíamos dar marcha atrás y admitir que aún éramos adolescentes. Sin embargo, las reacciones de la gente solían ser positivas desde un principio, y todavía hoy mantenemos algunas de esas primeras relaciones. El tipo que fabrica nuestro packaging de plástico transparente dice que cuando comenzamos a trabajar juntos sintió que éramos sus nietos.
Si bien teníamos nuestro packaging, nuestra presentación y algo parecido a una oficina en Múnich, ya que New Flag nos permitía tener allí un escritorio, todavía llevábamos apenas unos meses al frente de invisibobble (en este momento nos encontrábamos más o menos en otoño de 2012) y éramos un emprendimiento emergente muy rudimentario. Felix y yo asistíamos a reuniones con distribuidores, hacíamos más pedidos con nuestro proveedor de Alibaba y destinábamos tiempo a enviar packs de productos. Luego, volvíamos a la universidad para intentar ponernos al día con nuestros estudios, pero, siendo realista, a estas alturas diría que pasaba el 80% de mi tiempo haciendo cosas de invisibobble y el 20% estudiando. No era un buen equilibrio; de hecho, no era un equilibrio en absoluto. Hubo montones de noches en las que me desperté a las 3 de la mañana sintiendo pánico, o bien por una fecha límite para la entrega de un ensayo, o bien por pensar en si invisibobble crecería para convertirse en algo y cómo podríamos hacer que eso sucediera.
Al ser nuestros productos tan pequeños, Dani y Niki hallaron un lugar para las cajas en el depósito que tenían en las afueras de Múnich, y los cargamentos llegaban allí desde China antes de ser enviados a nuestros distribuidores por el administrador de almacenamiento de New Flag.
Hacia el final de 2012, nuestro primer año en el negocio, obtuvimos ingresos por alrededor de USD 90.000 y éramos rentables. Definitivamente no estábamos pagándonos un salario, debido a que reinvertíamos todas las ganancias en invisibobble para comprar más stock.
El feedback que recibíamos por el producto seguía siendo muy variado. Podríamos habernos dado por vencidos (y muchas veces la gente lo hace), pero a pesar de que algunas personas pensaban que las invisibobbles eran ridículas, nos mantuvimos firmes.
En este punto, Felix todavía debía confiar en mí con respecto al potencial de nuestras gomas para el cabello, porque eran un producto enfocado en el público femenino y porque las gomas en sí eran mi pasión. Nosotros decidimos seguir adelante, y nuestro objetivo para 2013 fue volvernos internacionales. ¡Hurrah!
13. En español, ‘llámame Drella’. (N. del T.)
14. En español, ‘Cenicienta’. (N. del T.)
15. En inglés, juego de palabras entre meant to be, ‘predestinado’ y mint, ‘menta’. (N. del T.)
16. En inglés, juego de palabras entre rush hour, ‘hora pico’ y blush, ‘rubor’. (N. del T.)
17. Conocida cadena de tiendas minoristas de Gran Bretaña. (N. del T.)
6.
Una fuga de agua en Leamington Spa

LO QUE APRENDÍ:
• El vómito puede activar los detectores de humo.
• Conoce a tu comprador: la preparación es clave a la hora de reunirse con minoristas.
• Crear tu propia empresa es una de las cosas que más ansiedad pueden provocarte en la vida.
Nos llevó un tiempo llegar al packaging adecuado, pero para marzo de 2013 ya usábamos nuestras adorables cajas cúbicas de plástico para 3 unidades y las presentábamos en las peluquerías usando nuestros exhibidores de cartón para 24 cajas. Vendíamos las cajas en Alemania por unos USD 5,50. En el Reino Unido se vendían por USD 6.
A pesar de que obtuvimos ingresos razonables en nuestro primer año, aún éramos bastante pequeños. Por medio de nuestro vínculo con New Flag, con quienes operábamos básicamente como una compañía unificada, estábamos en peluquerías del Reino Unido y de Alemania, pero las invisibobbles seguían siendo un producto de nicho. Necesitábamos un comerciante minorista.
Dani y Niki nos habían contactado con una gran cadena de farmacias de Gran Bretaña; nos dijeron que estaban “algo” interesados, pero en realidad les entusiasmaba más la idea de que nos convirtiéramos en sus proveedores y vender nuestras hair ties bajo una marca propia.
Se habla de marca propia —o marca privada— cuando una tienda crea su propia versión de algo. Así, por ejemplo, Tesco (la cadena de supermercados más grande de Gran Bretaña) vende botellas de kétchup Heinz por alrededor de USD 3,40, pero también vende botellas de kétchup con la marca Tesco por más o menos USD 1,20. Es probable que Tesco tenga un fabricante que hace una variedad de productos para su rango de artículos de marca propia, y la estrategia es, generalmente, la de venderlos más baratos que los de las marcas conocidas.
Detrás de esto hay mucha psicología involucrada. A menudo, las personas compran el producto de marca, como Heinz, en lugar de la versión de marca propia debido a que hay una percepción de que los productos de marca son de una calidad superior. Esto puede deberse a las campañas de publicidad o a que las personas piensan que los productos de marca, como Heinz, son mejores simplemente porque son más caros.
No queríamos que nuestras hair ties se convirtieran en un producto con el sello de una tienda, algo que podrían vender con una etiqueta propia abrochada a un cartón como cualquier hair tie común y corriente. Parte de la idea detrás de invisibobble era cambiar por completo la categoría de accesorios para el cabello y convertir nuestro producto en algo que las personas estarían orgullosas de comprar, haciendo que se viera diferente y presentándolo de una manera totalmente nueva.
En todos los lugares a los que íbamos, los minoristas nos decían que estábamos locos por siquiera pensar que habría alguna remota posibilidad de vender este producto en donde fuera. ¿Por qué alguien gastaría USD 8 (que es el valor al que vendemos hoy invisibobbles en EE. UU.) en hair ties de plástico cuando podía fácilmente conseguir 20 hair ties comunes por USD 3?
De todas maneras, la cadena británica aceptó tener una reunión con nosotros. Para que invisibobble pareciera una empresa más formal, Dani y Niki nos acompañaron. Si bien seguíamos pareciendo niños pequeños, al menos Dani y Niki aparentaban ser niños un poco más grandes que nosotros.
La oficina principal estaba en una pequeña ciudad del centro de Inglaterra, y muchas de las personas que vivían allí trabajaban para la compañía. La central era impactante: se veía muy corporativa y abrumadora. Nos hizo sentir, a nosotros y a nuestros productos, aún más chicos de lo que éramos.
A medida que nos acercábamos a la recepción, pudimos ver la parte superior del monitor de una computadora y un montón de cabello oscuro y brilloso ajustado en un rodete alto con forma de dona. Tenía el tamaño de una pelota de futbol para niños. Me acerqué algo nerviosa y el rodete se alejó del monitor para revelar un rostro redondo y amigable que, evidentemente, había sido sometido a una larga sesión de decoración aquella mañana. Dije quiénes éramos y ella lo escribió en el teclado de su computadora usando las uñas más largas que vi.
—Siéntate, cariño —dijo—. Tu comprador va a recibirte pronto.
Nos sentamos, sintiéndonos las personas más jóvenes e inexpertas del lugar. Había una atmósfera de eficiencia corporativa, con mujeres que usaban faldas de tubo azules y tacones de media altura para reunirse con vendedores de los mayores fabricantes de cosméticos del mundo. Pertenecían a compañías como Procter & Gamble, que crean marcas de miles de millones de dólares como Olay y Pantene, y L’Oréal, que posee todo, desde Maybelline hasta Lancôme. La mayoría de quienes aguardaban para entrar a reuniones eran personas de mediana edad que vestían trajes de negocios, y formaban parte de este tipo de empresas que venden maquillaje, champú, pasta dentífrica, pañales, analgésicos, cuchillas de afeitar, perfumes, tinturas para el cabello, desodorantes y todo tipo de lociones y pócimas a gran escala.
Para ellos, el objetivo era conseguir posicionar la mayor cantidad posible de productos en las estanterías, comprando espacio de exhibición por metro para poder dominar la categoría. Si observan la sección de pasta dentífrica en cualquier supermercado o cadena de farmacias, comprenderán lo que digo.
Las relaciones con los compradores de comercios minoristas son críticas para una marca: ellos son quienes deciden vender los productos y cuánto espacio de exhibición darles. Si los productos no se venden bien, los equipos de compra pueden amenazar con retirarlos, y los fabricantes pueden tener que responder con una gran campaña publicitaria para mover más productos o reducir su precio. Los compradores tienen poder, y conocer a uno de una gran cadena minorista con más de 2.000 comercios en el Reino Unido era algo muy importante para nosotros.
Representando a nuestra pequeña marca con nuestra versión cool de la elegancia, blazers y jeans oscuros, realmente sobresalíamos. No hubo que esperar demasiado hasta que vino a buscarnos nuestra compradora, una chica de entre 20 y 30 años, muy capaz, llamada Julie. Caminamos por un pasillo repleto de salas de reunión y nos sentó afuera de una de ellas “para tener una charla”.
Su actitud era firme y eficiente. A menudo las grandes cadenas se enfocan en las operaciones y en asegurarse de que las cosas lleguen del punto A al punto B en la cantidad adecuada y en el tiempo correcto, y necesitan también asegurarse de que los proveedores vayan a poder cumplir con sus requisitos.
Intentamos tomar todo eso en cuenta para nuestra presentación, que era muy detallada en cuanto a las cifras. Si bien fue rigurosa, nuestra compradora también fue amigable, y comprendió que éramos una compañía joven con un producto nuevo. Se mostró positiva y dijo que nos contactaría con la posibilidad de hacer una prueba.
Volvimos a la universidad sintiéndonos optimistas, pero debimos ponernos serios para ocuparnos de nuestras tareas académicas. No podía dejar de pensar en si estos empresarios minoristas le darían una oportunidad a invisibobble, lo que era muy emocionante, pero a la vez tenía libros por leer y vocabulario de administración que entender. Algunos días la cabeza me daba vueltas por la cantidad de trabajo, y fueron muy pocas las ocasiones en las que me sentí en verdad relajada. El estrés estaba comenzando a acumularse.
Un par de meses después, durante las vacaciones de Pascuas, estaba en una montaña en Suiza con algunos amigos de la universidad. Habíamos ido a esquiar por un par de días y estábamos tomándonos un descanso para almorzar. Sonó mi teléfono. Era Felix. “¡Confirmaron que quieren hacer un pedido de invisibobble!”, dijo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y dejé la mesa disculpándome. Caminé hacia un punto a la vuelta de donde estaba y solté un pequeño grito. Un minorista enorme, inmenso, había accedido a vender invisibobble. No podía creerlo. Volví a ponerme las gafas de sol y regresé con mi grupo. “¿Sucedió algo malo?” preguntó uno de mis amigos. “Estoy bien”, respondí. No dije nada más.
No quise contarle sobre el pedido a ninguno de mis amigos por un par de razones. En primer lugar, porque no quería que pareciera que estaba alardeando para recibir atención. Además, todos estaban preocupándose por sus exámenes y por qué promedio general18 (una forma de comprender qué tan alta o qué tan baja fue tu puntuación en los exámenes) obtendrían, así que hablar sobre invisibobble no parecía interesante ni relevante, y probablemente resultaría en respuestas silenciosas y rostros inexpresivos. Era más sencillo no decir nada.
Más que un encargo concreto, una confirmación de pedido es simplemente una declaración de que un minorista desea vender tu producto en sus tiendas. A partir de ese punto deberíamos negociar cuántas tiendas venderían invisibobble e intentar persuadirlo de aceptar la mayor variedad de colores posible. Era la primavera19 de 2013, las invisibobbles llegarían a las tiendas en octubre y despacharíamos el pedido al minorista cerca de agosto. Hasta ese momento solo se había vendido nuestro producto en peluquerías, y, por eso, conseguir un pedido de un minorista del Reino Unido con alcance nacional era una noticia muy emocionante.
¡Apenas habían pasado 15 meses desde la noche en que había sujetado mi cabello con un cable telefónico y ahora podríamos abastecer a un minorista nacional! Pero aún sentía que debíamos aclarar nuestras ideas y acelerar la marcha.
Eso resultó ser difícil. Nunca antes había tenido una crisis nerviosa, pero en ocasiones llegas a un punto en tu vida en el que la curva de ansiedad se dispara hacia arriba y pasas raspando por el abismo de que todo se desplome. Luego recuperas la compostura y, gradualmente, vuelves a bajar la curva hacia la normalidad. Durante mi segundo año en la universidad pude sentir cómo iba escalando esa curva. Me desesperaba a las 3 de la mañana sin lograr volver a dormir. No podía concentrarme, no podía comer y bajé de peso. Cada vez que alguien me molestaba con cualquier cosa, me ponía a llorar, y no suelo ser así en absoluto.
En mayo de 2013 los exámenes estaban cerca. Nos encontrábamos en las negociaciones finales con la cadena de farmacias y estábamos, a la vez, trabajando con diferentes distribuidores. Teníamos otros dos minoristas británicos interesados, y la combinación de todas esas cosas se estaba volviendo demasiado pesada.
Cuando comienzas a enviar pedidos a distribuidores, no tener noticias es una buena noticia. No recibes elogios por lo que haces bien. El silencio es el mejor halago. Sin embargo, comenzamos a recibir quejas por la calidad, o por envíos que llegaban tarde, y se sentía como si la gente estuviera diciendo “eres un pedazo de mierda, tus productos son una mierda, ¿por qué son tan caros?”.
Es muy diferente hacer un envío retrasado a un gran distribuidor que a una peluquería que hace un pedido en línea, porque en el último caso, lo peor que puede pasar es tener un cliente enojado. Con una empresa de distribución es algo como “¿qué demonios estás haciendo?”. Y en nuestro caso, ellos eran un millón de veces más grandes que nosotros.
Lo cierto es que cometimos errores. Pasamos de no ser nada a tener distribuidores y recibir pedidos por parte de un minorista nacional, pero seguíamos haciendo todo solos; y mientras más alto subes, más grande es la caída. Por mucho que estuviéramos aprendiendo y divirtiéndonos, nuestra preocupación era casi constante. Era como una montaña rusa: teníamos picos enormes cuando encontrábamos un nuevo distribuidor o un minorista se interesaba en nosotros, y luego fuertes depresiones cuando volvíamos a caer por algo que había salido mal en el negocio.
Un día alcancé lo que considero el punto más bajo de mi paso por la universidad. Estaba en la biblioteca del campus intentando trabajar, pero no podía debido a que tenía demasiada ansiedad corriendo por mis venas. Venía de una de esas noches de despertarme a las 3 de la mañana, y a pesar de que llevaba muchas horas sin dormir, no había tenido hambre. Sentía el estrés a nivel físico: lo podía sentir especialmente en mis rodillas, y debía ponerme de pie constantemente para agitar mis piernas y hacer que la sensación se fuera. Caminé hasta las escaleras de la biblioteca, me senté y llamé a Felix.
—.N n n n no pue no pue... No puedo seguir haciendo esto —sollocé. Era el tipo de llanto en el que tu rostro se vuelve realmente feo y no puedes respirar. Estaba desconsolada.
—Sí, puedes. Trágatelo. Tienes un examen, como todo el mundo. Y simplemente vas a superarlo.
Eso no era lo que necesitaba oír.
—Vete a la mierda. —Corté.
No podía parar de llorar. Era la clase de sollozo en el que tus hombros se agitan y tu rostro está estrujado y rojo, como si tu cuerpo intentase expulsar algo. Mi cara era la definición de la angustia y el estrés. Tuve que arrastrarme por el campus hacia la parada del autobús y, cuando llegó, me senté durante media hora sin dejar de llorar desconsoladamente. Finalmente, llegué a mi habitación de mierda en mi casa de mierda donde podía continuar llorando feo en paz.
Diría que tenía tanta ansiedad que pasé todo un mes al borde de una crisis nerviosa durante el final de ese segundo año en la universidad.
Felix a veces era muy duro, es cierto, pero no podría haber comenzado el emprendimiento sin él. Atravesar algo así completamente por mi cuenta hubiese sido imposible, porque en la universidad me sentía totalmente sola. Nadie comprendía por lo que estaba pasando, y la gente a menudo se burlaba de invisibobble. “Ja, ja, es una goma para el cabello, ¿qué tan estresante puede ser?”. Incluso cuando comenzó a aparecer en las grandes cadenas minoristas, sus reacciones eran del tipo: “Oh, entonces creaste el producto y está en las tiendas, entonces, ¿qué otra cosa tienes que hacer?”. Ahora las personas comprenden un poco mejor que invisibobble es mi vida y lo que hago durante todo el día, todos los días, pero aun así hasta hace no mucho seguían preguntándome: “¿Este es tu trabajo de tiempo completo?”.
Lo cierto es que Felix y yo nos complementábamos porque su carrera tenía muchas más asignaturas que la mía; algunos días al mes él se dedicaba a trabajar duro en lo académico mientras yo me ocupaba de invisibobble. En mi caso, la carrera era más bien algo como nada, nada, nada y luego la MUERTE durante la que debía tomarme varias semanas por fuera del negocio para concentrarme en mis estudios.
Estábamos llegando al final de nuestro segundo año en la universidad y todos teníamos exámenes. Felix y yo estábamos, además, negociando el volumen de producto que encargaría la cadena de farmacias. Habían accedido a vender invisibobbles de cuatro colores (negro, marrón, blanco y azul) en 250 tiendas. Estábamos muy contentos, pero también muy estresados porque tuvimos que repasar durante las negociaciones, y esto implicaba hacer numerosos viajes al centro de Inglaterra en pleno período universitario. Había mucha administración involucrada en el proceso, y uno de los formularios que debimos completar estaba relacionado con la calificación crediticia de New Flag (por entonces New Flag era dueño del 50% de invisibobble y todo el papeleo incluía su nombre, ya que habíamos decidido que sería la empresa que nos representaría al tratar con distintas sociedades). Llamé a Niki para pedirle el dato.
—No —dijo Niki al otro lado del teléfono.
—¿Por qué no?
—No podemos permitirles verificar nuestro crédito. No funcionará.
—¿Qué?
—Bueno, hubo una factura que olvidamos pagar el año pasado.
—¿Qué factura? ¿Por qué importe?
Pulsuz fraqment bitdi.