Kitabı oxu: «Historia de la guerra del Peloponeso. Libros III-IV»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 151

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ESPERANZA RODRÍGUEZ MONESCILLO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1991.
www.editorialgredos.com
PRIMERA EDICIÓN , 1991.
REF. GEBO259
ISBN 9788424931889.
LIBRO III
AÑOS CUARTO, QUINTO Y SEXTO DE LA GUERRA DEL PELOPONESO
SINOPSIS
1 -25 . CUARTO AÑO DE GUERRA (428-427 a. C.):
1 . Invasión del Ática.
2 -6 . Sublevación de Mitilene.
2 . Se precipita la revuelta.
3 . Atenas envía una flota contra Lesbos.
4 . Negociaciones. Mitilene envía delegaciones a Atenas y a Esparta.
5 . Se rompen las hostilidades.
6 . Compás de espera en Mitilene. Bloqueo de los puertos.
7 . Expedición de Asopio a Acarnania y Léucade.
8 -19 . Sublevación de Mitilene.
8 -15 . La embajada de Mitilene en Olimpia.
9 -14 . Discurso de los mitileneos en Olimpia.
15 . La Liga de los peloponesios acepta a los lesbios. Se prepara la invasión del Ática.
16 . Demostración de fuerza de la flota ateniense en el Peloponeso. Los peloponesios desisten de invadir el Ática.
17 . Los gastos bélicos de Atenas.
18 . Combates en Lesbos. Nueva expedición ateniense. Mitilene bloqueada.
19 . De nuevo sobre el esfuerzo económico. Impuesto extraordinario en Atenas y expedición recaudadora de Lisicles.
20 -24 . Evasión de Platea.
20 . Situación apurada de los sitiados y preparativos para la evasión.
21 . El muro de asedio de los peloponesios.
22 -23 . Relato de cómo se evadieron los plateos.
24 . Los evadidos logran refugiarse en Atenas.
25 . Sublevación de Mitilene.
25 . Saleto anuncia el apoyo de Esparta a Mitilene, que recobra la confianza. Fin del cuarto año de guerra.
26 -88 . QUINTO AÑO DE GUERRA (427-426 a. C.):
26 -35 . Sigue el problema de Mitilene: invasión del Ática; capitulación de Mitilene; la flota peloponesia de Álcidas y el ejército ateniense de Paques.
26 . Invasión del Ática.
27 . Apurada situación de Mitilene.
28 . Capitulación de Mitilene.
29 . Movimientos de la flota de Álcidas. Al este del Egeo.
30 . Discurso de Teutíaplo.
31 . Álcidas rechaza las sugerencias que se le hacen y decide retirarse.
32 . Álcidas fondea en Éfeso.
33 . Paques persigue a Álcidas hasta Patmos.
34 . Paques pone proa a Mitilene. Toma de Notio.
35 . Paques en Lesbos.
36 -50 . Debate sobre Mitilene.
36 . Deliberaciones en Atenas. La postura intransigente de Cleón.
37 -40 . Discurso de Cleón.
41 . La moderación de Diódoto.
42 -48 . Discurso de Diódoto.
49 . Triunfa la propuesta de Diódoto. Mitilene al borde de la matanza.
50 . La suerte de Lesbos.
51 . Ataque ateniense a Nisea.
52 -68 . El final de Platea.
52 . La rendición.
53 -59 . Discurso de los plateos.
60 -67 . Discurso de los tebanos.
68 . Destrucción de Platea.
69 -85 . Guerra civil en Corcira.
69 . Planes peloponesios respecto a Corcira.
70 . Facciones en lucha. El asesinato de Pitias.
71 -72 . Los adversarios de Pitias en el poder. Embajada a Atenas y combates en Corcira.
73 . Refuerzos para los dos partidos.
74 . Victoria del partido popular.
75 . Intervención de Nicóstrato. Temores de los oligarcas y recelo del partido popular. Deportación de los oligarcas.
76 . Llega la flota peloponesia.
77 . Confusión en Corcira. Se prepara la batalla naval.
78 . Batalla naval.
79 . Después de la batalla. Temor en Corcira. Desembarco peloponesio en Leucimna.
80 . Negociaciones con los oligarcas ante la amenaza de un ataque peloponesio. Llega una flota ateniense.
81 . Retirada peloponesia. Asesinatos y excesos en Corcira.
82 -84 . Consecuencias morales de la guerra civil.
85 . Los exiliados regresan a Corcira y controlan el país.
86 . La primera expedición a Sicilia.
87 . Rebrota la epidemia en Atenas. Terremotos en Grecia.
88 . Expedición ateniense contra las islas de Eolo.
89 -116 . SEXTO AÑO DE GUERRA (426-425 a. C.):
89 . Los terremotos impiden una invasión del Ática. Maremotos.
90 . Operaciones en Sicilia.
91 . Expediciones atenienses. Melos, Tanagra, Lócride.
92 . Fundación de Heraclea de Traquinia por los lacedemonios.
93 . Fracaso de la colonia.
94 -98 . Demóstenes en Léucade y en Etolia.
94 . Léucade devastada. Los mesenios persuaden a Demóstenes a marchar contra Etolia.
95 . Planes de Demóstenes. Expedición contra Etolia.
96 . Los etolios se reúnen para defender su país.
97 . Combates en torno a Egitio.
98 . Derrota ateniense.
99 . Operación ateniense en Sicilia.
100 -102 . Euríloco en Lócride y Naupacto.
100 . Petición de ayuda de los etolios. Esparta envía una expedición.
101 . Negociaciones con los locros.
102 . Marcha contra Naupacto. Toma de Molicrio. Demóstenes salva Naupacto. Euríloco se queda en Etolia.
103 . Operaciones en Sicilia.
104 . La purificación de Delos.
105 -114 . Expedición de Euríloco: fracaso de los peloponesios y ampraciotas.
105 . Movimientos de ampraciotas y acarnanios.
106 . Euríloco consigue contactar con los ampraciotas.
107 . Demóstenes frente a Euríloco. En orden de batalla.
108 . Victoria de los atenienses y acarnanios.
109 . Se negocia en secreto una retirada parcial de los vencidos.
110 . Preparativos de Demóstenes ante la llegada de tropas ampraciotas.
111 . Persecuciones y matanzas.
112 . Nueva victoria en Idómene. Masacre de ampraciotas.
113 . Las pérdidas de los ampraciotas.
114 . Reparto del botín. Paz y alianza de los acarnanios y anfiloquios con los ampraciotas.
115 . Operaciones atenienses en Sicilia.
116 . Erupción del Etna. Termina el sexto año de guerra.

CUARTO AÑO DE GUERRA
Invasión del Ática
En el verano siguiente 1 los peloponesios [1 ] y sus aliados, a la vez que se ponía en sazón el trigo 2 , hicieron una expedición contra el Ática; los mandaba Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios 3 , y acampando se pusieron a devastar el país. Por donde era posible, tenían lugar, como de costumbre, algunos ataques de la caballería ateniense 4 , que impedían que el grueso de las tropas ligeras se alejara del campamento y asolara los alrededores de la ciudad. Permanecieron en el lugar el tiempo [2] que duraron sus víveres 5 , y luego se retiraron y se separaron volviendo cada contingente a su ciudad.
SUBLEVACIÓN DE MITILENE
Se precipita la revuelta
[2 ] Inmediatamente después de la invasión de los peloponesios 6 , toda Lesbos, salvo Metimna 7 , se sublevó contra los atenienses; ya habían querido hacerlo antes de la guerra 8 , pero los lacedemonios no los habían acogido; entonces, sin embargo, se vieron obligados a llevar a cabo 2 esta sublevación antes de lo que proyectaban. Aguardaban, en efecto, a que se llevara a término la obstrucción de los puertos 9 , la edificación de murallas y la construcción de naves, y a que llegará del Ponto todo lo que era necesario: arqueros, trigo y las otras cosas que habían enviado a buscar 10 . Pero los tenedios 11 , que mantenían diferencias [3] con ellos, los metimneos y, de los mismos mitileneos, algunos que actuaban por intereses privados 12 y de partido, y que eran próxenos de Atenas 13 , denunciaron a los atenienses el hecho de que intentaban anexionar 14 por la fuerza toda Lesbos a Mitilene y de que aceleraban todos los preparativos para la sublevación con la ayuda de los lacedemonios y de los beocios, que eran sus parientes 15 ; caso de no anticiparse 16 al momento, Atenas perdería Lesbos.
Atenas envía una flota contra Lesbos
[3 ] Los atenienses, por su parte, agobiados por la epidemia 17 y por la guerra, recién empezada 18 y ya en su apogeo, pensaban que era un asunto serio emprender también la guerra contra Lesbos, que tenía una flota y unas fuerzas intactas 19 , y al principio no prestaba oído a las acusaciones, dando más valor a su deseo de que no fueran ciertas; sin embargo, una vez que, a pesar de enviar embajadores, no lograron convencer a los mitileneos de poner fin a la unificación 20 y a los preparativos, se inquietaron y decidieron anticiparse. Enviaron de improviso cuarenta naves [2], que casualmente estaban preparadas para efectuar un crucero en torno al Peloponeso; Cleípides 21 , hijo de Dinias con otros dos estrategos, las mandaba. Se les había [3] informado, en efecto, de que fuera de la ciudad se celebraba una fiesta en honor de Apolo Maloeis 22 , en la que participaban los mitileneos en masa, y de que había esperanzas de caer sobre ellos de repente si se apresuraban. Y si la tentativa tenía éxito, tanto mejor; pero en caso contrario, darían a los mitileneos la orden de entregar las naves y derribar las murallas, y si no obedecían, significaría la guerra. Partieron, pues, estas naves; y los atenienses [4] se apoderaron de las diez trirremes de Mitilene que se encontraban en Atenas como auxiliares de acuerdo con el tratado de alianza 23 , y pusieron bajo custodia a sus tripulaciones [5]. Pero a los mitileneos les anunció la expedición un hombre que, habiendo pasado de Atenas a Eubea y tras dirigirse por tierra a Geresto 24 , fue a dar allí con un mercante que zarpaba y, encontrando un viento favorable, llegó a Mitilene dos días después de partir de Atenas 25 . [6] Los mitileneos no salieron, pues, para ir al templo de Maloeis, y montaron la guardia por todos lados en las murallas, y en los puertos, reforzando las partes sin terminar 26 .
Negociaciones. Mitilene envía delegaciones a Atenas y a Esparta
Cuando no mucho después llegaron [4 ] los atenienses con sus naves y vieron aquello, los estrategos comunicaron las órdenes recibidas y, al no obedecer los mitileneos, rompieron las hostilidades. Los mitileneos, sin estar preparados [2] y obligados súbitamente a entrar en guerra, hicieron una salida con sus naves a una corta distancia delante del puerto 27 , como para presentar batalla; pero, luego, perseguidos por las naves atenienses, entablaron al punto negociaciones con los estrategos con la intención de alejar por el momento aquellas naves, si era posible, mediante un acuerdo razonable. Los estrategos atenienses aceptaron [3] negociar porque tenían miedo, a su vez, de no estar en condiciones de sostener la guerra contra toda Lesbos. Así, [4] después de concertar una tregua, los mitileneos enviaron a Atenas a uno de sus acusadores 28 , que ya estaba arrepentido, juntamente con otros delegados, por si podían persuadir a los atenienses a que se retiraran las naves convenciéndolos de que ellos no iban a intentar ninguna revolución. Al mismo tiempo, sin embargo, también despacharon [5] embajadores a Esparta en una trirreme, burlando la vigilancia de la flota ateniense, que estaba fondeada en Malea 29 , al norte de la ciudad; pues no confiaban en que [6] tuvieran éxito sus negociaciones con los atenienses. Estos embajadores, tras una penosa travesía por alta mar 30 , llegaron a Esparta y se pusieron a gestionar para los mitileneos 31 que les fuera enviada una ayuda.
Se rompen las hostilidades
[5 ] Y como los embajadores que volvieron de Atenas regresaron sin haber obtenido nada, los mitileneos y el resto de Lesbos, salvo Metimna, entraron en guerra 32 ; los metimneos estaban al lado de los atenienses juntamente con los imbrios 33 , los lemnios 34 y unos pocos aliados más 35 . Los mitileneos hicieron [2] una salida en masa contra el campamento ateniense 36 , y se libró una batalla, en la que los mitileneos no tuvieron la peor parte; sin embargo, no acamparon en el sitio para pasar la noche ni confiaron en sus propias fuerzas, sino que se retiraron. A continuación permanecieron quietos, [3] porque sólo querían arriesgarse si les venía algún socorro del Peloponeso y contaban con otras fuerzas 37 ; les [4] habían llegado, en efecto, el laconio Meleas y el tebano Hermeondas 38 , que habían sido enviados antes de la sublevación, pero que, no habiendo podido adelantar a la expedición ateniense, entraron en puerto a escondidas más tarde, después de la batalla, en una trirreme, y exhortaron a enviar otra trirreme y unos embajadores juntamente con ellos; y los mitileneos los enviaron.
Compás de espera en Mitilene. Bloqueo de los puertos
[6 ] Entretanto los atenienses, muy animados a causa de la inactividad de los mitileneos, convocaron a sus aliados, que se presentaron tanto más deprisa 39 cuanto que no veían ninguna demostración de fuerza por parte de los lesbios; y, yendo a fondear al sur de la ciudad, fortificaron dos campamentos, a uno y otro lado de la ciudad, y establecieron [2] el bloqueo frente a los dos puertos 40 . Impedían así a los mitileneos el uso del mar, pero por tierra los mitileneos y los otros lesbios, que ya habían acudido en su ayuda, dominaban la mayor parte; los atenienses sólo tenían bajo su poder una zona no muy extensa en torno a los campamentos, y su base naval y mercado 41 era más bien Malea 42 . De este modo, pues, tenía lugar la guerra en torno a Mitilene 43 .
EXPEDICIÓN DE ASOPIO A ACARNANIA Y LÉUCADE
Por la misma época de este verano, los atenienses también [7 ] enviaron en torno al Peloponeso 44 treinta naves con Asopio, hijo de Formión, como estratego, puesto que los acarnanios habían pedido que les enviaran a un hijo o pariente de Formión como jefe 45 . Estas naves, a su paso, [2] saquearon las regiones costeras de Laconia. Luego Asopio [3] envió de nuevo a la patria la mayor parte de sus naves, y él mismo con doce llegó a Naupacto. A continuación, [4] después de movilizar a los acarnanios en masa, emprendió una expedición contra Eníadas 46 , y penetró con sus naves por el Aqueloo 47 mientras que el ejército de tierra devastaba [5] el país. Pero como no se le sometían los habitantes del lugar, licenció la infantería y, tras navegar hasta Léucade, efectuó un desembarco en Nérico 48 , donde, al retirarse, encontró la muerte él mismo con una parte de sus tropas a manos de gentes del país, que habían acudido en auxilio todos a una, y de unos pocos hombres de [6] la guarnición 49 . Más tarde los atenienses, que se habían retirado con sus naves 50 , recuperaron sus muertos de los leucadios en virtud de una tregua.
SUBLEVACIÓN DE MITILENE
La embajada de Mitilene en Olimpia
[8 ] Entretanto los embajadores de los mitileneos que habían sido enviados en la primera nave 51 , como los lacedemonios les dijeron que se presentaran en Olimpia 52 , a fin de que los otros aliados también pudieran deliberar después de escucharlos, llegaron a Olimpia. Era la Olimpíada en la que el rodio Dorieo obtuvo su segunda victoria 53 . Y [2] cuando, después de la fiesta, se entablaron negociaciones, hablaron de este modo:
Discurso de los mitileneos en Olimpia
«El uso establecido entre los [9 ] griegos, lacedemonios y aliados, lo conocemos: quienes acogen a los que en tiempo de guerra hacen defección y abandonan su anterior alianza, en cuanto que se benefician, los miran con complacencia, pero al considerar que son traidores respecto a sus amigos de antes, los menosprecian 54 . Y esta apreciación [2] no es injusta en el supuesto de que quienes hacen defección y aguellos de quienes se separan se encuentren, unos respecto a otros, en condiciones de igualdad por lo que se refiere a sus concepciones y a su buena disposición, y en una situación de equilibrio por lo que respecta a recursos y a potencia; en el caso, en suma, de que no haya ningún motivo razonable para la sublevación. Pero éste no era ciertamente el caso entre nosotros y los atenienses, y no debemos disminuir en el aprecio de nadie por suponer que, bien tratados en tiempo de paz, hacemos defección en una época de dificultades 55 .
[10 ] »En primer lugar dedicaremos unas palabras a la justicia y a la honradez, sobre todo porque solicitamos una alianza y sabemos que ni es firme una amistad entre particulares ni conduce a nada una unión entre ciudades, si las relaciones mutuas no van acompañadas de una honradez manifiesta y si su carácter no es por lo demás parecido; en la discrepancia de las concepciones se basan, en [2] efecto, las diferencias en las acciones. Entre nosotros y los atenienses la alianza se inició cuando vosotros os retirasteis de la guerra contra el Medo 56 , mientras que ellos permanecieron para llevar a término lo que quedaba por [3] hacer 57 . Sin embargo nos hicimos sus aliados no con miras a la sumisión de los griegos a los atenienses 58 , sino en beneficio de los griegos para conseguir su liberación de [4] los medos. Y en tanto que ejercieron el mando en pie de igualdad, los seguimos con entusiasmo; pero cuando los vimos aflojar en su enemistad contra los medos y afanarse en el sometimiento de los aliados, ya no estuvimos libres [5] de miedo. Los aliados, al ser incapaces de llegar a una unión para defenderse a causa del gran número de votos 59 , fueron sometidos, a excepción de nosotros y los quiotas 60 . Nosotros, que éramos sin duda autónomos y [6] libres nominalmente, participamos en las expediciones a su lado; pero con la experiencia de los ejemplos precedentes, el mando de los atenienses ya no nos inspiraba confianza. Era impensable, en efecto, que hubieran sometido a aquellos a los que habían ligado a su alianza juntamente con nosotros y que no intentaran hacer lo mismo con los que quedaban, si se les presentaba la ocasión.
»Si todos hubiéramos seguido siendo autónomos, nos [11 ] hubieran ofrecido una mayor seguridad de que no iban a subvertir el orden establecido; pero una situación de relación con nosotros en pie de igualdad, mientras tenían a los más bajo su poder, era natural que la soportaran con mayor dificultad, puesto que sólo se les igualaba nuestro país 61 , en tanto que la mayoría había cedido; y ello con mayor motivo, porque cuanto más poderosos se hacían ellos, más aislados quedábamos nosotros. El mutuo temor procedente de la igualdad de fuerzas 62 es la única garantía de una alianza; pues quien pretende efectuar una transgresión desiste por no poder atacar desde una posición de [2] superioridad. Se nos dejó autónomos no por otro motivo sino porque ellos, con miras al imperio, creían que el objetivo era alcanzable con el artificio de las palabras y con los recursos de la inteligencia 63 más que con los de la [3] fuerza. Por una parte, en efecto, nos utilizaban como prueba de que quienes eran iguales en voto 64 no participarían contra su voluntad 65 en una expedición a su lado, si los pueblos contra los que se dirigían no fueran responsables de alguna injusticia; y al mismo tiempo conducían primero 66 a los más fuertes contra los más débiles, dejando a aquéllos para el final, con la idea de encontrarlos más débiles una vez quitados de en medio los otros. Si, por el contrario, hubieran comenzado por nosotros, cuando todos los aliados aún contaban con sus propias fuerzas y con un país amigo en el que apoyarse, no hubieran impuesto su poder del mismo modo. Nuestra flota, además [4] les inspiraba un cierto respeto 67 , no fuera que llegara a una unión agregándose a vosotros o a algún otro y les supusiera un peligro. Y, asimismo, nos manteníamos a salvo [5] gracias a nuestra adulación al pueblo ateniense y a sus líderes sucesivos 68 . No confiábamos, sin embargo, en poder [6] mantener aquella situación mucho tiempo, a juzgar por los ejemplos de lo ocurrido a los otros, si esta guerra no hubiera estallado.
»¿Qué garantía suponía, pues, una situación de amistad [12 ] y libertad como ésta, en la que manteníamos relaciones unos con otros en contra de nuestros sentimientos y en la que ellos nos halagaban por temor en tiempo de guerra y nosotros hacíamos lo mismo con ellos en tiempo de paz? La lealtad que en los demás casos está garantizada más bien por el afecto, en el nuestro la hacía más segura el miedo 69 , y nos manteníamos en la alianza más por temor que por amistad; aquélla de las dos partes a quien la seguridad infundiera más pronto audacia, aquélla estaba destinada a ser también la primera en cometer una [2] transgresión 70 . En consecuencia, si alguien considera, debido a la demora de los atenienses en tomar medidas extraordinarias contra nosotros, que hemos obrado injustamente al anticiparnos en la sublevación sin esperar por nuestra parte a saber con certeza si alguna de aquellas medidas iba a ser realmente tomada, no examina la situación [3] correctamente. Porque si estuviésemos en condiciones de responder a sus asechanzas en pie de igualdad, sería preciso que por nuestra parte nos demorásemos del mismo modo en dirigirnos contra ellos 71 ; pero, al estar continuamente en sus manos la posibilidad de atacar, es preciso que esté en las nuestras la de anticiparnos en la defensa.
»Tales son, lacedemonios y aliados, las causas y motivos 72 [13 ] por los que nos hemos sublevado; son razones claras para que quien las escucha reconozca que actuamos con justicia, y suficientes para explicar nuestro espanto y nuestra búsqueda de alguna seguridad. Queríamos hacerlo hace ya tiempo, cuando, todavía en época de paz, os enviamos emisarios para tratar sobre nuestra sublevación, pero, al no acogernos vosotros, se fustró nuestro proyecto. Sin embargo, ahora, cuando nos invitaron los beocios 73 , aceptamos al punto su invitación, y pensamos separarnos en una doble secesión 74 : de los griegos, en la idea de no contribuir a causarles daños en unión de los atenienses y de colaborar por el contrario en su liberación, y de los atenienses, para anticiparnos en la acción 75 en lugar de [2] ser destruidos nosotros mismos por ellos más tarde. Nuestra sublevación, no obstante, se ha producido con excesiva precipitación e insuficiente preparación, razón de más para que nos acojáis como aliados y nos enviéis ayuda rápidamente a fin de que se vea que defendéis a quienes deben ser defendidos y que al mismo tiempo castigáis a vuestros [3] enemigos 76 . La ocasión se presenta como nunca hasta ahora; entre la epidemia y el gasto de dinero los atenienses están agotados, y en cuanto a sus naves, unas están de crucero en torno a vuestro territorio 77 y otras se [4] encuentran alineadas contra nosotros. No es probable, en consecuencia, que dispongan de una reserva de naves 78 , si este verano vosotros efectuáis una segunda invasión con la flota 79 y el ejército de tierra al mismo tiempo; en tal caso, o no rechazarán vuestro ataque por mar o se retirarán de nuestros dos países. Y que nadie piense que va a [5] afrontar un peligro propio por una tierra ajena 80 . A quien opina que Lesbos está lejos, la ayuda que le ofrecerá le resultará cercana. Porque la guerra no se desarrollará en el Ática, como algunos creen, sino en los sitios de donde el Ática obtiene sus recursos 81 . Sus ingresos en dinero [6] provienen de los aliados 82 , y todavía serán mayores si nos someten 83 ; pues nadie más se sublevará y nuestros recursos se unirán a los suyos, y nosotros sufriremos una suerte más terrible que aquellos que son esclavos de antes. Si, [7] por el contrario, nos auxiliáis con prontitud, conseguiréis la alianza de una ciudad que posee una gran flota, que es lo que más falta os hace, someteréis más fácilmente a los atenienses al separar hábilmente de ellos a sus aliados (pues todo el mundo se animará a pasarse a vosotros), y escaparéis a la acusación que se os hacía de no auxiliar a quienes se sublevan 84 . Y si os mostráis como liberadores 85 , tendréis más segura la victoria en esta guerra.
»Así que, por respeto a las esperanzas que los griegos [14 ] han puesto en vosotros y por respeto a Zeus Olímpico, en cuyo santuario estamos a modo de suplicantes 86 , defended a los mitileneos haciéndoos sus aliados; no nos abandonéis, pues nosotros, corriendo personalmente el riesgo de nuestra vida, haremos común a todos el beneficio que deriva del éxito; pero será todavía más común el daño si nosotros fracasamos al no haberos dejado persuadir. [2] Sed, pues, los hombres que los griegos esperan de vosotros y que nuestro miedo desea 87 .»
La Liga de los peloponesios acepta a los lesbios. Se prepara la invasión del Ática
[15 ] De este modo hablaron los mitileneos. Los lacedemonios y los aliados, después de escucharlos, aceptaron sus razones e hicieron aliados a los lesbios; en cuanto a la invasión del Ática, dijeron a los aliados 88 allí presentes que se dirigieran a toda prisa al Istmo con dos tercios de sus fuerzas 89 para llevarla a efecto, y ellos mismos llegaron los primeros y se pusieron a preparar en el Istmo ingenios para arrastrar naves 90 a fin de transportarlas de Corinto al mar que mira a Atenas y de atacar a la vez por mar y por tierra. Y mientras ellos [2] se dedicaban a estos preparativos con entusiasmo 91 , los aliados se reunían lentamente; estaban ocupados en la recolección de la cosecha 92 y con poco ánimo para emprender la expedición 93 .
Demostración de fuerza de la flota ateniense en el Peloponeso. Los peloponesios desisten de invadir el Ática
Los atenienses, por su parte, [16 ] comprendiendo que los preparativos del enemigo obedecían a la imputación de debilidad de que ellos eran objeto, con el propósito de demostrar que no se les juzgaba correctamente y que eran capaces por el contrario, sin mover su flota de Lesbos 94 , de rechazar fácilmente el ataque de la que procedía del Peloponeso, equiparon cien naves 95 , en las que se embarcaron ellos mismos —salvo los caballeros y los pentacosiomedimnos 96 — con los metecos 97 , y, tras levar anclas, efectuaron una demostración de fuerza a lo largo del Istmo y desembarcos en el Peloponeso, donde [2] les pareció oportuno. En vista de la envergadura del error de cálculo, los lacedemonios pensaron que las afirmaciones de los lesbios 98 no respondían a la realidad y, considerando que la situación era apurada, dado que a la vez que sus aliados no se presentaban llegaban noticias de que las treinta naves atenienses de crucero en torno al Peloponeso 99 devastaban el territorio de sus periecos 100 , se retiraron a su patria. Más tarde, sin embargo, se pusieron a [3] equipar una flota para enviar a Lesbos, exigiendo a las ciudades el apresto de un total de cuarenta naves 101 , y nombraron navarco a Álcidas 102 , que debía ir al frente de la expedición. Los atenienses, por su parte, se retiraron [4] con sus cien naves, una vez que vieron que también se retiraba el enemigo.
Los gastos bélicos de Atenas
Por el tiempo en que tenían lugar [17 ] estas operaciones navales 103 , el número de naves atenienses simultáneamente en servicio en esta zona y en otras partes 104 era de los más elevados 105 , aunque había un número semejante e incluso superior al principio [2] de la guerra 106 . Cien naves protegían 107 el Ática, Ubea y Salamina 108 , otras cien se encontraban en torno al Peloponeso 109 , y estaban además las que se hallaban junto a Potidea y en otros lugares 110 , de suerte que el total, en un solo verano, ascendía a doscientas cincuenta naves. Este [3] ta naves. Este esfuerzo, juntamente con el asedio de Potidea, fue lo que hizo gastar más dinero 111 . Porque los que montaban la guardia frente a Potidea eran hoplitas que recibían una soldada de dos dracmas 112 (una dracma por día para cada uno y otra para su asistente) 113 , y había tres mil hombres del primer contingente 114 , número que no disminuyó en el curso del asedio 115 , mil seiscientos llegados con Formión 116 , que partieron antes del fin; y todas las tripulaciones de las naves cobraban la misma soldada 117 . De este modo, pues, empezó a agotarse el dinero, [4] y éste fue el mayor número de naves que se llegó a equipar.
Combates en Lesbos. Nueva expedición ateniense. Mitilene bloqueada
En la misma época en que los [18 ] lacedemonios estaban en el Istmo, los mitileneos y sus tropas auxiliares 118 efectuaron una expedición por tierra contra Metimna 119 , en la esperanza de que les fuera entregada a traición. Tras lanzar una ofensiva contra la ciudad, dado que la operación no obtenía el éxito esperado, se retiraron hacia Antisa, Pirra y Éreso 120 , y, después de asegurar la situación en estas ciudades y de reforzar las murallas, regresaron [2] rápidamente a su patria. Tras esta retirada, los metimneos a su vez marcharon contra Antisa; pero se produjo una salida y, derrotados por los antiseos y sus tropas auxiliares, un gran número de metimneos encontró la muerte y los [3] restantes se retiraron a toda prisa. Al enterarse los atenienses de estos hechos, de que los mitileneos dominaban el país y de que sus propios soldados no eran suficientes para bloquearlos, enviaron, cuando el otoño ya estaba comenzando 121 , a Paques 122 , hijo de Epicuro, como estratego [4] al frente de mil hoplitas ciudadanos. Éstos, que efectuaron la travesía haciendo ellos mismos de remeros 123 , llegaron a Mitilene y la circunvalaron completamente con un solo muro 124 ; había fuertes construidos en algunas posiciones [5] con buenas defensas naturales. Así, Mitilene se encontró desde entonces fuertemente bloqueada por ambos lados, por tierra y por mar; y el invierno estaba en sus comienzos 125 .
De nuevo sobre el esfuerzo económico. Impuesto extraordinario en Atenas y expedición recaudadora de Lisicles
Necesitando los atenienses más [19 ] fondos para el asedio, pagaron ellos mismos —entonces por primera vez 126 — un impuesto extraordinario, que ascendía a doscientos talentos 127 , y enviaron además a los aliados doce naves recaudadoras 128 al mando de Lisicles 129 y de otros cuatro estrategos 130 . Lisiclides, en su misión de recaudación, [2] navegó por diversos lugares, pero, al internarse desde Miunte 131 , en Caria, a través de la llanura del Meandro hasta la colina de Sandio 132 , fue atacado por los carios y los aneitas 133 y pereció con muchos de sus hombres.