Kitabı oxu: «Chile - Suecia 200 años de amistad»

Esta segunda edición de Chile-Suecia 200 años de amistad se terminó de producir en febrero 2021, con el mundo todavía en pandemia, igual que en marzo cuando se presentó la primera edición impresa. Muy pocos se imaginaron hace un año que íbamos a vivir restricciones tan fuertes y severas como las que nos impone el coronavirus. Tampoco imaginamos que esa situación liberara tanta creatividad, con nuevas formas de comunicación y expresión cultural que ahora estamos experimentando.
Para el Instituto Chileno Sueco de Cultura, ICHS, y el Instituto Sueco Chileno de Cultura, SCHIK, ha sido una estrategia de sobrevivencia innovar en nuevas formas de trabajo para cumplir con nuestra misión de seguir desarrollando los lazos culturales y sociales entre Chile y Suecia. La producción de este libro nos dio pautas para intensificar el trabajo compartido entre nuestras dos organizaciones. Con esta edición digital esperamos llegar a más personas que el libro impreso.
Chile Suecia
200 años de amistad
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Edición digital
ISBN edición impresa: 978-956-9454-03-5
ISBN edición digital: 978-956-9454-02-8
Derechos reservados
Edición: Anna-Karin Gauding
Diseño: Camila Vega C.
Ilustraciones de portada: Luciano Escanilla
Febrero 2021
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com
CONTENIDO
Prólogo
El comienzo
El Inicio de relaciones entre Chile y Suecia
Por Håkan Forsberg
El reino de La Araucanía y las armas suecas
Por Carlos Vidales
Chile del siglo XIX en los ojos de un sueco
Por Carlos Eduardo Bladh
Extractos del libro “Desde la Tierra del Fuego”
Por Otto Nordenskjöld
A la Isla Juan Fernández y el fin del mundo
Por Carl Johan Skottsberg
Crecen las relaciones políticas y culturales (1970 -2021)
El Premio Nobel a Gabriela Mistral
Por José Goñi Carrasco
Los últimos cincuenta años de relaciones entre Suecia y Chile
Por Fernando Camacho Padilla
Cuando Chile se convirtió en el centro del mundo
Por Jan Sandquist
Un sueco en Chile 1971-1976
Por Bengt Oldenburg
Gracias a Violeta Parra
Por Arja Saijonmaa
Maremoto: el libro que desapareció y volvió
Por Karin Oldfelt Hjertonsson
Apuntes del Festival CHILE CREA
Por Jan Hammarlund
Los intercambios culturales no son, se van haciendo
Por Juan Castillo Díaz
Un puente
Por “Nano” Stern
Respeto a las personas y sus diferencias: dos grandes valores que me acompañan desde Suecia
Por Gustavo Ramírez Arriagada
Nuevas patrias
Chile y yo
Por Lars Palmgren
Suecia nuestra segunda patria
Por Tucapel Jiménez Fuentes
Chile, mi segunda patria
Por Stefan de Vylder
¿Por qué Chile?
Por Anna-Karin Gauding
De sueco-chileno, a chileno-sueco
Por Alberto Isakson
Sintonizando los corazones
Por Carina Blomvqvist
El cruce peatonal
Por Eva-Maria Benavente Dahlin
La doble nacionalidad es un regalo que puede ser difícil de manejar
Por Marcela Contardo
La feria
Por Gorki Glaser-Müller
Mis recuerdos de infancia en Suecia
Por Francisca Muñoz
Vía Suecia: Un túnel de integración entre Chile y Suecia
Por Luciano Escanilla Díaz
Texto sobre Zaida Catalán: Un puente entre Chile y Suecia
Editado por Anna-Karin Gauding
Voces de la diplomacia
Retorno a la democracia en Chile
Por Staffan Wrigstad
200 años de curiosidad
Por Oscar Stenström
Chile - Suecia: una mirada personal
Por José Goñi Carrasco
Las empresas suecas en Chile
Por Roberto Broschek López
200 años de amistad
Por Hernán Bascuñán Jiménez
Chile – caos, revuelta social, pandemia y solidaridad
Por Eva Zetterberg
Concurso literario
Algunas actividades de ICHS - SCHIK
PRÓLOGO
El 2 de marzo de 2020, días antes de declararse la pandemia en Chile, pudimos dar a conocer en Santiago un libro largamente anhelado por nuestras dos organizaciones. El evento tuvo lugar en un solemne acto de homenaje entre Chile y Suecia, organizado por la Presidencia del Senado chileno.
Unas 200 personas reunidas esa calurosa tarde en el Ex Congreso Nacional pudieron llevarse un ejemplar impreso del libro “Chile - Suecia 200 años de amistad”. Sin embargo, muchas quedaron sin poder conocer el libro, que fue el resultado del trabajo de muchas personas comprometidas con la historia de amistad entre Chile y Suecia.
José Goñi Carrasco presentó la idea en 2016, pero el proyecto tuvo que reposar hasta 2018, cuando el Instituto Chileno Sueco de Cultura, ICHS, lanzó un concurso literario, que en cuentos y poemas expresaran la larga relación de amistad entre dos pueblos tan distantes en su geografía, y tan cercanos en su sentir.
El Instituto Sueco Chileno de Cultura, SCHIK, aceptó colaborar, y formamos un equipo para, además de los textos ganadores del concurso, reunir aportes de personalidades de la diplomacia, del mundo político, periodistas, artistas, ciudadanos comunes, escritores y aficionados a la escritura. Más tarde, se decidió sumar a la publicación una selección de relatos históricos. El resultado fue un libro impreso por el Senado de Chile.
Lamentamos no haber estado en condiciones de cumplir con la promesa de ofrecer un ejemplar a cada uno de los ganadores de este concurso. No conformes con esta situación, nos dimos a la tarea de lograr una segunda edición, actualizada, que llegara a un público mucho más amplio.
Esta nueva versión, en formato digital, no la pueden hojear físicamente, pero podrán fácilmente acceder a sus textos e ilustraciones desde un celular, IPad o notebook. Es un libro moderno, que puede descargarse desde cualquier plataforma.
¿Los cambios? Más allá de eliminar algunos textos, agregar unos pocos nuevos y mejorar la diagramación, quisimos incluir textos de chileno-suecos o sueco-chilenos más jóvenes: personas con una memoria histórica indirecta, contada por sus progenitores, de los sucesos dolorosos que intensificaron los lazos entre Chile y Suecia a partir de 1973. Accedemos en sus testimonios a personas hoy adultas, que con gran autenticidad y frescura cuentan cómo vivieron su niñez y tuvieron que enfrentarse a la difícil decisión de optar por uno de sus dos países.
Así, en un recorrido de 200 años, este libro contiene una gran diversidad de formatos, miradas y experiencias en distintos planos. El libro nos entrega vivencias personales y relatos históricos de dos siglos de vínculos entre Suecia y Chile: vínculos que se iniciaron con los intercambios comerciales, diplomáticos y de migraciones. En este amplio tejido de relaciones se forjaron amistades, se crearon y disolvieron familias y se fueron ampliando y profundizando los lazos.
Nos permite aproximarnos a esta historia, contada por chilenos y suecos, músicos, académicos, historiadores, artistas visuales, periodistas, estudiantes, políticos y embajadores.
Queremos agradecer a todas y todos quienes han contribuido con textos, fotos y auspicios para el libro.
Este libro digital es resultado de un esfuerzo conjunto entre el Instituto Chileno Sueco de Cultura, ICHS, y el Instituto Sueco Chileno de Cultura, SCHIK.
| Anna-Karin Gauding Presidenta ICHS | Mariela Concha FerreiraPresidenta SCHIK |

El inicio de relaciones
entre Chile y Suecia

Por Håkan Forsberg
Periodista, politólogo y economista sueco. Trabajó 25 años en Svenska Dagbladet, uno de los diarios más grandes de Suecia, como corresponsal para América Latina y España. El texto está basado en un libro inédito de Dag Retsö, profesor de la Universidad de Estocolmo, sobre Johan Adam Graaner (1782-1819)

Hace 200 años se estableció el primer contacto oficial entre Suecia y Chile. Durante nueve meses, el mayor del ejército sueco, Johan Adam Graaner, visitó Chile en 1818-19, en calidad de emisario del rey sueco Karl Johan Bernadotte.
Este era el segundo viaje de Graaner a Sudamérica. Tres años antes había visitado Brasil y Argentina. Su propósito era averiguar lo que sucedía en América del Sur, donde las colonias se estaban liberando de la corona española.
¿Querían ser una república o una monarquía? ¿Podría Suecia hacer negocios directamente con estos nuevos países? ¿Firmar convenios comerciales? ¿Qué podría ganar Suecia o el rey con esto?
Graaner llega a Chile desde Mendoza, Argentina, en pleno invierno sudamericano, una caminata llena de riesgos, cruzando los Andes con guías, cargadores y seis mulas. Él es el primer sueco que describió el camino a través de los Andes, aunque otros habían hecho la misma travesía antes.
Uno de ellos fue Petter Berg de Uppsala, probablemente el primer sueco que emigró a Chile, adonde llegó como marinero en un barco comercial inglés en 1790. Berg avanzó al cargo de Administrador de Correos en la ciudad de Santa Rosa del Valle de Aconcagua, allí es donde conoce a Graaner.
El 29 de junio de 1818, Graaner llega a Santiago de Chile, donde se reencuentra con su viejo compañero de viajes Fredrik Petré (se habían conocido en Buenos Aires). Petré, oficial del regimiento de Artillería Svea, había sido contratado por los chilenos y trabajaba en el fortalecimiento del puerto de Valparaíso. Petré piensa ahorrar un capital para invertir en minería, quizás para radicarse permanentemente en Chile.
Al día siguiente, Graaner tiene un encuentro con Bernardo O’Higgins, Director Supremo del Estado Chileno. Graaner se instala en Santiago y comienza a cumplir con su misión. Junto con George Cood, un inglés adinerado que llevaba once años en el país, recorre el norte de Chile visitando minas. Reúne muestras de posibles productos de exportación -cobre, plata, minerales - y hace cálculos de las ganancias de la extracción de minerales. Chile necesita hierro, productos de madera y conocimiento sobre explotación minera, constata Graaner, justo lo que Suecia tiene. En febrero de 1819 expone esto en una carta a Bernardo O’Higgins.
En ella propone a O’Higgins decretar en forma clara que los extranjeros puedan dedicarse a la minería en cualquier lugar de Chile, en las mismas condiciones que los chilenos. Y que a los extranjeros se les permita tratar, fundir y exportar todo tipo de metales pagando una tarifa al Estado, pudiendo importar, sin pago de aduana, todo tipo de equipos necesarios. A cambio ofrece que seis jóvenes chilenos estudien minería en Suecia durante seis años.
Una semana más tarde, Bernardo O’Higgins presenta esta carta al Senado, que inmediatamente aprueba la propuesta. El 13 de marzo de 1819 se publica el decreto en el órgano oficial del gobierno, la Gazeta Ministerial de Chile. “Sería una gran alegría para mí, si esto puede llegar a ser el inicio de relaciones provechosas tanto para Suecia como Chile”, escribe de manera entusiasta O’Higgins a Graaner.
Unos días más tarde, Graaner deja Santiago y viaja a Valparaíso. El viernes 26 de marzo se embarca en el velero inglés Rebecca, con destino a Calcuta vía Tahiti y Cantón en China. Después de una parada en la India, continúa su viaje de regreso para rendir personalmente un informe al gobierno y al rey Karl Johan, pero se enferma a bordo y muere el 24 de noviembre de 1819 cerca del Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica.
Entonces Graaner nunca volvió a Chile, un país al que llegó a querer mucho. “Nunca he visto, ni en el Viejo continente ni en el Nuevo, un país que me guste más que Chile”, escribió en una carta al gobierno sueco en Estocolmo.
Graaner también alcanzó a tener una intensa historia de amor con una señorita de una de las familias más refinadas de Santiago: Mercedes de Rojas y Salas, que “le quitó tanto el tiempo como la cabeza“. Pasó muchas horas en la elegante casa de la familia, donde lo consideraron como un futuro yerno.
En sus cartas y anotaciones, escribe que Chile permanecerá como Estado independiente, pero le preocupan “las peleas internas y los celos políticos al desaparecer el poder de los españoles”. Su conclusión es que los chilenos, acostumbrados a una marcada sociedad de clases, “se adaptarían mejor a un gobierno monárquico”.
El informe escrito al rey sueco por Graaner, con fecha 13 de marzo de 1819 en Santiago de Chile, y un extracto de la Gazeta Ministerial de Chile con la misma fecha, se encuentran en original en el Archivo Nacional de Suecia.
El reino de La Araucanía y
las armas suecas

Por Carlos Vidales
Historiador, ensayista y periodista colombiano, cuyo primer exilio fue en Chile antes de llegar a Suecia, donde trabajó en el Instituto Latinoamericano de la Universidad de Estocolmo.
Falleció en el año 2014. Como escribió en Suecia su amigo Víctor Rojas: “ Carlos Vidales partió de este mundo sin tener tiempo para preparar la despedida final de desterrado político”.

En abril de 1705 llegó al cuartel general del Rey sueco Carlos XII, en preparativos de su ofensiva contra Alemania después de haber puesto de rodillas a Polonia, un emisario portador de un despacho enviado por el ministro sueco en La Haya, Palmqvist. Por medio de este documento se informaba al rey que un negociante inglés, de apellido Crocson, se había presentado mostrando credenciales de representación otorgadas por 27 príncipes chilenos, quienes le habían dado la misión de iniciar relaciones comerciales con el Reino de Suecia. Anunciaba que dos navíos “ricamente cargados” con especias orientales y productos sudamericanos, además de 800 doblones de oro, se hallaban navegando hacia Europa y que los 27 príncipes chilenos solicitaban autorización del rey sueco para vender esta carga en sus dominios, indicando que no querían comerciar con ninguna otra nación y agregando que estaban interesados en comprar de este país papel, hierro, armas, material de guerra y “otras cosas que podrían necesitar”. Se solicitaba, para estos efectos, que los navíos en cuestión fueran autorizados a hacer puerto en Carlburg o en Stade, o incluso en la isla de Koster, cerca de Noruega.
Sabemos, por documentos de archivo, que el rey Carlos XII remitió el asunto para consulta a la Secretaría de Comercio y allí, por alguna razón que ignoramos, se han perdido los rastros de la diligencia. Si hubo o no venta de armas, no podemos saberlo. Pero tal vez resulte más fructífero hacer una breve reflexión sobre este curiosísimo episodio.
En verdad, no era esta la primera vez que los caciques mapuche de Chile intentaban comprar armas en Europa para adelantar su indomable guerra contra el dominador español. Ya a comienzos de 1614 se habían capturado a los holandeses documentos que demostraban que ciertos negociantes de Amsterdam estaban en trance de formar alianzas políticas y comerciales con los jefes de la Araucanía para estos efectos. España debió luchar durante más de dos siglos, tanto en los mares y costas, como en las antesalas de las cancillerías europeas, para neutralizar estos intentos, a veces holandeses y a veces ingleses, de socavar su imperio colonial en la región austral. Pero lo que resulta notable es que una empresa contrabandista inglesa, la de Mr. Crocson, haya concebido la idea de establecer nexos comerciales y políticos entre el Reino de Suecia y los príncipes mapuche de la Araucanía.
El momento en que este proyecto se manifestó no puede pasar inadvertido. Se libraba entonces una verdadera guerra mundial, la Guerra de Sucesión Española. Se combatía en toda Europa, en los mares de la China y de la India, en el Caribe y en el Pacífico Sur. Los corsarios ingleses y holandeses acosaban a las flotas españolas en las Filipinas, frente a La Serena, en las cercanías de Cartagena de Indias, El Callao, La Habana y Veracruz. Los ingleses fundaban establecimientos comerciales en las costas de Nicaragua y los holandeses proveían de armas y dinero a los indígenas Cunas y Guajiros de la Nueva Granada. No se necesitaba ser un genio de los negocios, por tanto, para suponer que los indómitos mapuche, guerreros invictos durante dos siglos de combates con las huestes castellanas, podrían interesarse en comprar algunos de los artículos bélicos que se producían en estas latitudes.
Marinos, aventureros, naturalistas
Muchos otros suecos tuvieron contacto directo con Chile y los chilenos, antes de la independencia. Aquí solamente me limito a mencionar los casos más interesantes. Varios marinos suecos, al servicio de los ingleses o de los holandeses, llegaron a las costas chilenas durante los siglos XVII y XVIII. Por ejemplo, el teniente de navío Axel Lagerbjelke (1703-1782) desembarcó en las costas de Coquimbo en 1724, lo cual le valió conocer por dentro las cárceles españolas.
Peter Berg, nacido en Uppsala, fue capturado por los españoles hacia 1760, en la región austral, se integró a la sociedad chilena, se casó con una criolla y llegó a ser alcalde de San Felipe. Dejó descendencia que vive hoy radicada en Chile, una parte de la cual dio forma criolla al apellido Berg, cambiándolo por Beri.
Las historias de estos pioneros de los contactos sueco-chilenos son apasionantes, pues en la mayoría de los casos establecieron vínculos con la población local, pese a las prohibiciones expresas de la corona española.
Chile del siglo XIX en los
ojos de un sueco

Por Carlos Eduardo Bladh
El viajero y comerciante sueco C.E Bladh escribió en su idioma el libro “Republiken Chile 1821-1828”, publicado en Estocolmo en 1837 y posteriormente traducido al castellano. El libro toca las primeras relaciones entre Chile y Suecia. En el prólogo del libro, Eugenio Pereira sostiene que el nombre de Suecia no era ignorado en la América del Sur en las últimas décadas coloniales y C.E Bladh se encontró muy sorprendido en 1817 al oír “que el nombre sueco era, no solamente conocido sino estimado de manera particular”.

Del prólogo extraemos los siguientes párrafos:
En su nuevo cargo de tenedor de libros de una firma francesa, vino a Chile el año de 1821, a bordo de la fragata Ofir. El 6 de noviembre entró el barco al puerto de Valparaíso, después de un viaje de 106 días. Una multitud de personas curiosas subieron inmediatamente a bordo, para admirar de cerca un barco, cuya bandera solamente una vez antes se había visto ondear en estas aguas. Esos chilenos exclamaban con cierto asombro: “¡Cómo un barco sueco ha podido encontrar la ruta hacia acá!”
Permaneció en Santiago hasta el año de 1827, en que se trasladó a Valparaíso. Fueron para él estos siete años "aún cuando no siempre los más afortunados en cuanto a la realización de las empresas propias de mi profesión, sin embargo, los más agradables de mi vida, en virtud de la manera hospitalaria, sencilla y atenta con que fui acogido por la mayoría de los chilenos con quienes tuve negocios o relaciones de amistad”.
Al regresar a su patria, Carlos Eduardo Bladh se dedicó a la tarea de dar a conocer los países americanos que había recorrido. Figura simpática y atrayente, Bladh aportó, sin duda, un raudal de observaciones pintorescas al conocimiento de la vida chilena en la época de la iniciación republicana.
La República de Chile 1821-1828 (Fragmentos del libro)
- “Valparaíso es el centro comercial del país, y durante los siete años que permanecí en Chile su opulencia aumentó considerablemente. En 1821 el número de habitantes ascendía a 12.000, pero en 1828 llegó a 20.000, y los barcos anclados en el puerto sumaban en total unos... La mayoría de éstos eran extranjeros, aunque muchos llevaban la bandera chilena. La necesidad de mercancías extranjeras en la capital, Santiago de Chile, y en la rica provincia del mismo nombre, se satisface mediante los cargamentos que llegan a Valparaíso; asimismo todos los artículos de exportación de la provincia se descargan allí. Valparaíso también constituye un puerto de depósito para toda clase de mercaderías de diversos continentes y el comercio de tránsito es considerable...”

Portada del libro “La República de Chile”
de C.E. Bladh
De Valparaíso se cuentan treinta leguas (alrededor de quince millas suecas) a Santiago de Chile, la capital de la República y de la provincia, situada al este de Valparaíso.
- “Santiago de Chile fue fundado en 1541; tiene alrededor de cuarenta mil habitantes, es de plano regular, dividido en manzanas, de cuadras (19) de 150 varas (alrededor de 114 metros) en cada lado”.
La vida social en Santiago de Chile es agradabilísima y atrayente sobre todo para los extranjeros. Tan pronto se es presentado, se pasa desde luego a ser miembro de las soirées de la casa.
La religión católica, que es la única que se tolera en el país, se conserva aquí con una disciplina y ceremonial escrupulosamente mantenido. La gente es llamada por las campanadas de las iglesias, mañana y tarde, para la oración y se arrodillan entonces casi todos...
- “A partir del año de 1810, cuando Buenos Aires empezó a comerciar independientemente de España, lo que significaba el primer paso hacia la emancipación de Sud-América, la llama de la libertad se expandió hasta las demás colonias españolas. El mismo año empezaron los disturbios en Chile; pero las fuerzas españolas eran todavía muy poderosas para que estos desórdenes juveniles pudiesen surtir efecto...”
- “Los generales San Martín y O’Higgins -este último bajo las órdenes del primero- declararon independiente al país, proclamaron la República de Chile aboliendo la esclavitud, y prometieron al pueblo una constitución. San Martín obtuvo de la nueva República el mando supremo de los ejércitos unidos de Chile y Buenos Aires, y después de haber derrotado a los españoles de la tierra firme de Chile -porque el archipiélago de Chiloé estaba todavía en sus manos- se embarcó con estas tropas en Valparaíso y se dirigió al Perú para libertar el virreinato del dominio español. El gobierno de Chile quedó en manos de O’Higgins, con el título de Director Supremo.”
Pero este gobierno era despótico y débil. O’Higgins disponía a su gusto del tesoro nacional y de los empleos para el provecho de sus amigos, no existía control sobre las entradas del país y los gastos públicos no se vigilaban. El Director Supremo, con la ayuda de su ministro de hacienda, Rodríguez, tomó medidas administrativas encaminadas al común interés de ambos…
- “Al regreso de esta visita, Ahrengren mencionó a un sueco que había pasado treinta años en Chile, estaba casado y tenía hijos adultos. Se llamaba Pedro Yarg, que los chilenos por la dificultad de pronunciar dos consonantes juntas al fin de una sílaba, han cambiado en Bari o Vari. Nació en Estocolmo, de padres cultos, de familia de Akerfeldt. Abandonó Estocolmo como grumete de un barco sueco, a la edad de 14 o 16 años. El barco naufragó. Después Akerfeldt se enroló en un barco inglés o norteamericano, que encalló en la costa de Chile. Allá recibió protección de un hacendado español. Como en Estocolmo había aprendido matemáticas, conocimientos que entonces eran muy raros en estas colonias, le fue fácil encontrar ocupación como vendedor de una tienda. Era industrioso y honorable, ganó gradualmente la confianza y el favor de su patrón, y al propio tiempo puso su propia tienda en el pueblo de San Felipe. Con los años ganó aún más dinero, obtuvo la nacionalización, se casó y llegó a ser alcalde. Ahora es un ciudadano opulento de San Felipe...”
- “Otro sueco que conocí en Santiago en enero de 1827 se llamaba Edelhjerta, y sirvió como teniente durante la última campaña noruega. Había también un sueco de Carlscrona, llamado Möller, contador de la firma Alitchell Y Ashton, de Valparaíso, que enfermó de gota. Se le contrajeron los brazos y rodillas, y la muerte puso fin al sufrimiento, después de agotar los medios para recuperar la salud. Había estado en las termas de Cauquenes; pero, según dicen, no pudo acostumbrarse a una dieta estricta. En Valparaíso vive otro sueco, de nombre Pedro Eliseo, también de Carlscrona; su apellido original es Peter Elis. Grumete y marino en barcos de varias naciones, finalmente se había establecido en Valparaíso, como vidriero. Después obtuvo el premio de piloto y capitán de puerto. Era casado, tenía una propiedad, y buena salud. Hay además en Chile varios artesanos suecos, casi todos ellos acomodados.”
- “En Europa se oye exclamar frecuentemente: ¡Qué infelices son estos Estados sudamericanos! ¡Parece que nunca terminarán sus guerras civiles! La seguridad pública es desconocida. La inmoralidad predomina, y los habitantes no tienen ideas de religión ni modales. ¿Qué habrán ganado con su llamada libertad? Estas y varias otras preguntas se oyen en todas partes de Europa. Hasta las he oído expresadas por los ingleses, siempre tan flemáticos."
Pero en general las quejas sobre la infortunada posición de estos Estados tienen su origen en la arrogancia de los europeos. Muchos creen ser más prudentes que otros, y callan o desacreditan a los demás.
- “Chile, lo mismo que todos los otros Estados sudamericanos, está en vías de formación; el proceso durará algún tiempo. Para explicar esto, hay que tomar en cuenta los diferentes factores que han intervenido en la conquista de la libertad. Los norteamericanos tuvieron su origen en un pueblo libre, ilustrado e industrioso, y después la ocasión de adquirir los adelantos de la cultura, las artes y las ciencias. Poseían ya la libertad de conciencia y de pensamiento. Al contrario, las colonias sudamericanas en su origen han sido pueblos sujetos por el fanatismo a un régimen medieval en sus ideas, lo que ha demorado su adaptación al espíritu moderno.”
- “Varios Estados europeos han reconocido ya la independencia de Chile y de las otras Repúblicas, y veo con satisfacción que el Gobierno español al fin se está inclinando a ello”.
Extractos del libro
"Desde la Tierra del Fuego"

Por Otto Nordenskjöld
(1869 - 1928) fue un geólogo, geógrafo y explorador polar sueco. Encabezó expediciones a la Patagonia, Tierra del Fuego y Magallanes. Desde 1901 hasta 1903 dirigió la expedición polar sueca a la Antártica. Existe un histórico intercambio científico entre Suecia y Chile basado en las expediciones de Nordenskjöld.

Capítulo 6: Los Onas
“Nunca tuve la oportunidad de ver a los Onas en estado completamente libre en sus hogares en la pampa. Esto es muy difícil, ya que siempre están en alerta, y si ven a un grupo de jinetes a la distancia, inmediatamente ponen a cubierto a las mujeres y los niños, que con los artículos más preciados pueden escapar a un lugar más protegido, mientras algunos hombres se quedan espiando a los que vienen llegando, y si los reconocen como personas de confianza, se comunican con ellos”.

La expedición sueca que sale en 1901 de Gotemburgo, rumbo a la Antártica
La descripción de los Onas de Otto (Él está muy fascinado por su habilidades, inteligencia y estatura física):
“No queda duda, que se puede viajar por toda la faz de la tierra, de polo a polo y de un continente a otro, sin encontrar a una tribu con una vida tan dura y tan carente de todos los placeres y comodidades, como los Onas de la Tierra del Fuego. La descripción de sus condiciones de vida así lo confirman. Obligados siempre a trasladarse de un lugar a otro de manera nómade, cargando sus propios utensilios de subsistencia, debieron abstenerse de la idea de tener más de lo necesario. Y ya que no existe ningún material de construcción en la estepa, sus hogares deben ser de lo más simples. Varias veces he visto campamentos indios abandonados, algunos desocupados tan rápidamente que han dejado atrás incluso los artículos del hogar más importantes. Seis a ocho ramas delgadas de dos metros de largo, enterradas como estacas en el suelo, inclinadas ligeramente hacia el interior, y en caso de ser posible, ubicadas cerca de un par de arbustos que ofrecen un poco de protección del viento a quien se acuesta. Sobre estas, otros ramajes y palos, y según la disponibilidad, unas tres a cuatro pieles de guanaco a barlovento, y eso es todo lo que tienen para protegerse en un clima que a menudo presenta frío, incluso en el verano, y donde las temperaturas en el invierno se mantienen durante semanas bajo cero, llegando incluso a -15° C. En este sentido están mejor los indios de los canales, que tienen unas chozas armadas, relativamente fijas, en sus paraderos preferidos, y además pueden transportar más elementos en sus canoas, algo que también hacen los patagones con sus caballos.
Sin embargo, resulta aún más complicado explicar lo deficiente de su vestimenta. En este aspecto, los Onas se parecen a las tribus vecinas, pero hay que tomar en cuenta que su territorio es el más frío de todos. Las únicas prendas confeccionadas son una especie de zapatos bajos, de piel de guanaco con el pelo hacia adentro, que además son usados sólo ocasionalmente en el invierno entre las ancianas de las tribus que viven en la zona de bosques.

Campamento Selknam. Foto de Otto Nordenskjöld de la colección del Museo Universal de Gotemburgo
De lo contrario, toda la protección consiste en una manta, grande o chica, dependiendo de los recursos y las oportunidades, normalmente hecha de piel de guanaco, pero también, de vez en cuando, de piel de zorro. Las piernas siempre están desnudas. Cuando caminan, se abrigan con esta capa, que queda sujetada por una cuerda o por un brazo doblado sobre el pecho, y cuando se sientan junto al fuego, suelen dejarla caer a la cadera. Los niños, al menos los chicos, suelen estar completamente desnudos, incluso cuando la nieve se acumula alrededor. No usan sombrero, pero el cabello grueso que les cae en mechones largos, se mantiene ordenado con una cuerda atada alrededor de la cabeza. Solamente durante sus peleas, y posiblemente en otras ocasiones solemnes, llevan un parche triangular alrededor de la frente, hecho de la suave piel de la cabeza del guanaco juvenil.
Los adornos que llevan son ligeramente más variados, aunque de lo más primitivos. Al menos las mujeres, llevan siempre collares y pulseras hechos con huesos finos de aves, enhebrados con tendones de guanaco. De vez en cuanto se ven una especie de semillas negras en vez de huesos y a veces usan plumas y conchas. Apenas existe una variedad de colores, no obstante, si pudiesen encontrar algunos adornos más civilizados, como perlas de vidrio, tela multicolor o algo similar, estarían contentas, y por esas cosas se podría intercambiar lo que sea con ellas. Una costumbre peculiar que puede considerarse como un ornamento en las mujeres, es el uso de hilo de tendones ajustados alrededor del tobillo; esta es una regla invariable que deja distinguir las mujeres de los hombres.
Sus utensilios domésticos también son del tipo muy simple. No poseen recipientes de greda, pero sí ocupan canastos que confeccionan trenzando pasto, y para los líquidos usan bolsas de cuero. Al igual que las tribus de alrededor, para hacer fuego manejan un método ingenioso en el que utilizan pedernal, yesca y un trozo de azufre, siendo esto último su pertenencia más valorada, la que aprenden a obtener de los ríos que bajan de las montañas. Por lo demás, casi no poseen efectos personales aparte de sus armas. Estas se componen de arco y flecha de un tipo bastante primitivo, ya que la naturaleza pobre tal vez no les permite tener de mejor calidad. Las flechas tienen unos dos pies de largo, las que tenían antes siempre puntas de piedra, pero hoy en día como el vidrio de los barcos de paso y de los colonos se ha vuelto común, generalmente han sido reemplazadas por puntas de vidrio. Los Onas saben manipular de una manera extremadamente hábil un palo o una astilla puntiaguda de hueso de guanaco, para darle a un pedazo de vidrio amorfo la forma más delicadamente elegante. Para pescar hacen redes con tendones de guanaco y para cazar aves fabrican una especie de trampa con huesos de ballena”.

Foto del libro “Från Eldslandet” de Otto Nordenskjöld del Museo de Cultura Universal de Gotemburgo.
Terminando el capítulo 6, Otto resume:
“Así es este pueblo: de cuerpo sano, una raza rebosante de salud, un pueblo acostumbrado a los mayores obstáculos, esfuerzos, peligros y dificultades, pero que, en contacto directo con los hombres de cultura, no pueden resistir la lucha por subsistir, ni siquiera por una sola generación. Aman a su familia y a su tierra natal; son valientes y sacrificados, pero también son crueles y vengativos; aún en el peor momento de angustia, mantienen su alegría y su buen humor. Nadie les puede culpar de que odien a los hombres blancos, ya que ellos los han privado de sus tierras, los han asesinado a tiros - muchas veces a pesar de acercarse sin las más mínimas malas intenciones -, los han explotado como esclavos, los hacen trabajar sin paga y sin esperanzas de obtener su libertad, y más encima, sometidos a todo tipo de tratos duros.
Sin lugar a duda hay muchas personas a los que les importan los indios. A muchos de los niños indígenas, por ejemplo, los cuidan bastante bien y podrían convertirse en buenos ciudadanos. Pero la mayoría de los que tienen compasión por los Onas se encuentran en el centro de la disputa y no pueden, no se atreven, a mostrar sus sentimientos en estos tiempos turbulentos. Por mi parte, creo que lo mejor sería que los misioneros los ampararan en la medida de lo posible. Pese a todas las fallas en su sistema de educación, ellos son, en las condiciones actuales, los únicos amigos y protectores de los indios, pues ya no se puede pensar en obtener una porción de tierra a su nombre en la que puedan vivir libremente. He considerado mi deber, mientras estuve en América del Sur, enfatizar la conveniencia en discursos y por escrito, al presidente y el gobierno de la República; a los misioneros, estancieros y gobernadores; a los periódicos y revistas, que los misioneros tengan la mayor libertad en su trabajo, y al mismo tiempo también la ayuda del estado y su control. Entre todas las propuestas viables que han sido expuestas para la solución del asunto indígena, esta es probablemente la mejor, y sólo puedo esperar que el nuevo gobierno de Chile continúe por tal camino”.
A la Isla Juan Fernández
y el fin del mundo

Por Carl Johan Skottsberg
Botánico, artista y explorador sueco (1880-1963) con varias expediciones de investigación, entre otras a Tierra del Fuego y a la Isla Juan Fernández (1907-1909) y a Juan Fernández y Rapa Nui en 1916. Miembro de la Academia Real Sueca de Ciencias. Se cree que fue el último en ver el árbol Santalum Fernandezianum vivo cuando visitó las Islas Juan Fernández en 1908.

Extractos del libro
“Las Islas de Juan Fernández se encuentran al Este y algo al Sur de Valparaíso. Lo más cercano, y que se corresponde con su nombre, son las islas Más a Tierra y que normalmente no se las vincula a las islas de Juan Fernández -aunque debiera serlo- y que se encuentran a 360 millas náuticas del continente; es decir, a la misma distancia que hay entre las Islas Faroe y Bergen. Su largo es de 22 km y su ancho máximo es de 6.5 km. Más al sureste del cabo está la isla Santa Clara. 92 millas náuticas más hacia el Este de las islas Más a Tierra se encuentran las islas Más Afuera. Más a Tierra es montañosa y su largo no es más que la franja costera en torno a la bahía Cumberland en donde haríamos nuestra entrada”...
“Permítasenos echar una mirada al entorno. La barraca, donde vivimos, en un horrible armatoste, pero que alberga un conjunto de pequeñas casas que se extienden hasta las laderas y se mezclan con la vegetación. La mayoría de la gente se junta en un par de calles cercanas al fuerte. Desconocidos árboles, álamos y eucaliptus, pinos y cipreses, dan sombra a los jardines en donde existen árboles de duraznos, higueras y hermosas flores. En una pequeña loma, que el agua misteriosamente ha dejado incólume, se ve una todapoderosa capilla. Ahí vive el pastor, un viejo portugués. Hacía tiempo que vivía en esta isla de ensueño cuando le vino una nostalgia por su tierra natal. Pero un buen día volvió, limpió las abigarradas imágenes que las mujeres de los pescadores respetaban mucho, y el alma volvió a la isla”…
“Permítasenos, también, echar una mirada a las casas de la colonia. Las casas de la gente pobre no las encuentren, tal vez, tan atrayentes como las casas rojas suecas con sus blancas esquinas. ¡Pero tampoco hay tal belleza en las casas suecas! Flores y plantas dan un descuidado resplandor; niños que juegan entre arbustos; perros, gallinas y chanchos haciéndose espacio en el empedrado. ¿Empedrado? Sí, alguna vez estuvo aquí la ciudad de San Juan Bautista y entre la arboleda de higueras y de arbustos de palqui se esconden fragmentos de muros de piedra y adobe”…
“En torno a la colonia y bien adentro en el valle, con las pendientes lamentablemente desnudas y sólo quebradas, permanecen uno que otro helechos de los tiempos lluviosos. En el tramo final del verano hay mucha vida en las laderas. En ellas hay arbustos llenos de bayas moradas. Es la temporada de las murtillas, un equivalente a nuestro lingonberry de Småland. La murtilla es proveniente del sur de Chile que se adapta muy bien aquí, al igual que otras malezas. Son muy sabrosas y mi esposa hizo mermelada de ellas para provecho nuestro”…
“Encuentro bastante natural que nuestra primera expedición sea Portezuelo. En realidad no es la primera vez que alguien que haya estado ahí no haya entregado sus impresiones. Y quien haya estado ahí no podrá sino que reconocer, de una manera rutinaria, que es el mejor lugar de Robinson. Ningún otro lugar puede competir con este para, de una manera cómoda y amplia, poder admirar y conocer la admirable vegetación. Es un lugar muy especial. En una veintena de veces he estado allí y siempre me ha sido muy difícil salir de él. Hasta mi muerte estaré echándolo de menos.”…
“¿El primer bosque? ¿Es éste el bosque alabado tanto por Juan Fernández, por Anson, por Serkilt y otros? No, éste es un bosque no muy planificado, generado por las personas. No hay senderos, de difícil acceso y muy tupido por millones de raíces y ramas. Está el invasor, el maqui, que proviene del sur de Chile. Bajo su corona existe sólo oscuridad”.
A la Isla Juan Fernández
y el fin del mundo

El Premio Nobel de
Gabriela Mistal

Por José Goñi Carrasco
Ex embajador de Chile en Suecia en dos períodos (1997-2000 y 2014-2018), en Italia, México y EE.UU; ex ministro de Defensa Nacional. Economista y escritor.

Entre los hitos en la relación bilateral entre Suecia y Chile, la premiación de Gabriela Mistral y Pablo Neruda son, sin duda, momentos culminantes. Sin embargo, ambas circunstancias no han sido debidamente investigadas y se conoce poco de lo que ocurrió en aquellos años en la Academia Sueca y en relación al proceso de otorgamiento de los respectivos Premios Nobel.
Cuando el 15 de noviembre de 1945 Gabriela Mistral se enteró por medio de un programa de noticias en una radio brasileña que se le había otorgado el Premio Nobel de Literatura, la poeta chilena había estado entre los postulantes más atractivos para los miembros del Comité Nobel desde 1940. La propuesta con su nombre fue enviada por los directivos de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, Yolando Pino, secretario, y Luis Galdames, decano, fechada el 14 noviembre 1939. El Presidente Pedro Aguirre Cerda había recibido una carta de la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós en el mes de agosto con la idea y se había entusiasmado de inmediato, poniendo los recursos del gobierno a disposición de esta candidatura. De esa manera se financiaron traducciones de sus poemas al francés, con el fin de ayudar a darla a conocer. Lamentablemente esta edición recién pudo ser publicada una vez terminado el conflicto mundial.
En Suecia, por su parte, el ministro de la Legación chilena ante el Reino de Suecia, Carlos Errázuriz, fue el encargado de comenzar un delicado y fino trabajo de difundir la obra de la poeta nacional en los círculos cercanos al Comité Nobel, el órgano más importante en el proceso de selección y decisión del premio.
Cuando el nombre de Gabriela Mistral llegó a la Academia Sueca, nuestra poeta era muy desconocida en los círculos literarios locales. A pesar de ello, su candidatura llamó de inmediato la atención de los académicos y algunos solicitaron opiniones de expertos y conocedores de la literatura “hispánica”. Karl August Hagberg, quien entonces era funcionario del Instituto Nobel, elaboró dos informes con traducciones de varios poemas y con opiniones de especialistas americanos en la poesía mistraliana. Paralelamente, otro poeta, Hjalmar Gullberg, tomó la iniciativa de traducir sus versos y los publicó en la revista literaria más importante de Suecia: Bonniers Litterära Magazin. El impacto de estos trabajos fue inmediato y Mistral logró el apoyo de varios académicos, entre los cuales se destacó desde ese primer año de candidatura Hjalmar Hammarskjöld, ex primer ministro conservador entre 1914-1917, quien era, además, Presidente de la Fundación Nobel.
La segunda guerra mundial había comenzado en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia y de Lituania por los alemanes y una parte de Polonia, Letonia y Estonia por la Unión Soviética, como resultado del Pacto de no Agresión Ribbentrop- Molotov. Dado ese escenario bélico, el rey Gustavo V dictó un decreto por el cual se suspendía la entrega de los Premios Nobel, suspensión que se mantuvo prácticamente durante toda la guerra, con algunas excepciones.
El Comité Nobel siguió trabajando durante todos esos años, como si la suspensión no existiera: se reunían regularmente, elaboraban la lista de candidatos a comienzo de año; hacían la lista corta de 5 candidatos y procedían incluso a manifestar preferencias por alguno en particular, aunque no tomaran decisiones ni se asignaran premios. En las actas de 1940, se registra que el “Comité ha manifestado de manera unánime su simpatía por la candidatura de Gabriela Mistral”.
Esto ocurrió hasta 1943, ya que en 1944 la Academia Sueca decidió asignar el premio Nobel de Literatura al escritor danés Johannes V. Jensen, como una evidente manifestación de apoyo al pueblo de Dinamarca que había sido una víctima muy directa de la guerra. Sin embargo, el Premio no se entregaría sino hasta que se pudiera celebrar las ceremonias tradicionales al término del conflicto.
En 1945 se hizo nuevamente el habitual trabajo de selección de los candidatos. Gabriela Mistral fue propuesta esta vez por la escritora Elin Wägner, quien había sido incorporada como miembro de la Academia Sueca el año anterior.

Gabriela Mistral recibe el Premio Nobel de manos del Rey Gustavo V. Foto: Biblioteca Nacional
Después de diversas reuniones de discusión, el Comité Nobel elaboró la lista corta para ese año, la que contenía nombres como Paul Valéry, Georges Duhamel, Thomas S. Eliot y Gabriela Mistral. El Comité Nobel se concentró en dos nombres: Valéry y Mistral. En el verano europeo de ese año falleció el poeta francés. Finalmente, el Comité se reunió el 6 de septiembre de 1945 y se discutió si se podría entregar el premio de manera póstuma, lo cual fue rechazado. Procediéndose a la votación, entregó tres votos para Mistral y dos para Valéry.
Gabriela Mistral y el mundo solo vinieron a enterarse de esta decisión más de 2 meses más tarde, cuando la Academia Sueca ratificó la propuesta del Comité Nobel.
La “Reina de la poesía latinoamericana” recibió de manos del Rey Gustavo V el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1945, como primer latinoamericano en todas las disciplinas, en la historia del Premio.

Gabriela Mistral con otros galardonados en 1945:
Foto: Biblioteca Nacional
Desde el Konserthuset de Estocolmo, Gabriela Mistral, la maestra del campo chileno, se encaminó entonces hacia la eternidad.
Los últimos cincuenta años de
relaciones entre Suecia y Chile

Por Fernando Camacho Padilla
Doctor en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Pontificia Universidad Católica de Chile en convenio de cotutela. Anteriormente, en Suecia, fue profesor en las universidades de Estocolmo, Uppsala, Södertörn y Dalarna.

En pleno contexto global de movilización social por la defensa de la soberanía de los pueblos, como ocurría a favor de Vietnam y del África Subsahariana, la campaña de Salvador Allende de 1970 fue seguida con gran atención por los sectores progresistas de Occidente, quienes veían en su figura la posibilidad de hacer la revolución por la vía democrática. Suecia, en ese momento con Olof Palme en el cargo de primer ministro, y con una juventud fuertemente comprometida en la solidaridad internacional, miraba al gobierno de la Unidad Popular con esperanza. Por este motivo, delegaciones políticas, principalmente del Partido Socialdemócrata, llegaron a Chile con el fin de fortalecer los lazos y firmar acuerdos de cooperación que permitieran a Allende avanzar con su programa de reformas. Olof Palme había estado en Chile en el año 1969 en calidad de ministro de Educación con motivo de la inauguración del observatorio La Silla, viaje en el que se encontró con Pablo Neruda en su casa de Isla Negra. Durante el gobierno de la Unidad Popular no tuvo la posibilidad de regresar, pero varias de las personas más cercanas a él, como Pierre Schori o Sten Andersson, viajaron a Santiago. Por primera vez, la prensa cercana a la Unidad Popular, como El Siglo o Clarín, presentó a la amistad sueca como incondicional y ejemplar.
En 1972 el gobierno de Palme designó a Harald Edelstam embajador en Santiago. Nadie imaginaba en ese momento la trascendencia histórica que tendría el diplomático tan solo un año más tarde. Su llegada al país coincidió con la acentuación de la crisis económica, el desabastecimiento y la agitación social. Se trataba de una persona con un fuerte compromiso humanitario, movido por sólidos principios éticos, a los que se sumaban una personalidad decidida y valiente. Por lo cual, durante sus misiones en el extranjero, no había dudado de usar su posición para salvar las vidas de quienes corrían peligro, como hizo en Oslo durante la Segunda Guerra Mundial. Sus convicciones políticas le llevaron también a conocer personalmente a dirigentes guerrilleros, como el comandante César Montes durante su estancia en Guatemala, poco antes de viajar a Chile.
Tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Edelstam, conocedor del accionar represivo de los regímenes militares de la región, pero también de otras partes del planeta, no dudó ni un instante de la nueva misión que debía asumir. Ese mismo día acudió personalmente a la Embajada de Cuba que estaba siendo atacada por un destacamento militar. Su intervención fue decisiva, pues logró parar la agresión y garantizar la salida segura de todo el cuerpo diplomático cubano. Desde ese momento, Suecia representó los intereses de Cuba en Chile hasta la recuperación de la democracia. Las instalaciones cubanas se convirtieron en espacios de gran provecho en esos meses de caos y violencia, pues en ellas se pudo albergar a las decenas de asilados que acudieron a la representación sueca en la búsqueda de su protección. Esta situación generó un profundo malestar en la Junta Militar encabezada por Augusto Pinochet, que declaró persona non grata a Harald Edelstam a comienzos de diciembre. Con su partida, el gobierno sueco decidió bajar su representación diplomática a nivel de encargado de negocios hasta que no se reestableciera la democracia y se respetaran los derechos humanos. El primero de ellos fue Carl-Johan Groth, quien con una actitud mucho más discreta continuó con la protección de los perseguidos políticos.
En cuestión de pocos días, empezaron a llegar los primeros exiliados a Suecia, no únicamente chilenos, sino también de distintas nacionalidades latinoamericanas, dado que durante el gobierno de la Unidad Popular, se había acogido a perseguidos políticos de numerosos países de la región, como Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil o Perú. Desde ese momento y hasta la actualidad, la presencia latinoamericana en Suecia, por entonces marginal, empezó a crecer con rapidez, en especial la chilena. Además, la visibilidad de la represión ejercida por los militares en América Latina, rápidamente se hizo presente en los diarios y noticieros de Suecia, conmoviendo aún más a los suecos. Por este motivo, en cuestión de pocas semanas, numerosos comités de solidaridad emergieron por toda su geografía nacional, como el Chilekommitté, integrado por personas con fuertes convicciones humanitarias, en su mayoría de distintas corrientes de izquierda, aunque no necesariamente militantes. También se convocaron múltiples veladas y concentraciones por parte de las distintas colectividades políticas, sindicatos y asociaciones de diversa naturaleza. Chile se convirtió en un aspecto central de la vida política sueca. Con la llegada de los refugiados que huían del horror, empezaron a emerger sus propias asociaciones, por lo general articuladas a partir de los partidos políticos. La más importante, que reunió a algunos de los partidos que formaron la Unidad Popular, se llamó el Comité Salvador Allende. De esa forma, se visibilizó aún más sus tradiciones y su cultura, se empezaron a escuchar las canciones de músicos como Víctor Jara o Violeta Parra, muchas de estas traducidas al sueco por artistas como Cornelis Vreeswijk, Arja Saijonmaa o Jan Hammarlund, por nombrar algunos. También el poncho, el charango, la guitarra y las empanadas fueron objetos cada vez más presentes en las actividades de solidaridad. El arte y la literatura de Chile se hicieron reconocidos en Suecia, lo que favoreció también la difusión de la producción cultural de los países de toda la región.
Con el fin de los regímenes militares, numerosos exiliados optaron por retornar. El último país sudamericano en recuperar la democracia fue Chile, en 1990. La larga permanencia de los chilenos en Suecia les había hecho arraigarse y, en muchos casos, establecer familia. La decisión no fue fácil de tomar, y un número significativo optó por permanecer en el país de acogida ante la incertidumbre que le generaba regresar a la patria. Con la democracia, se elevaron las relaciones bilaterales, e igualmente, Suecia decidió apostar por el nuevo gobierno de la Concertación encabezado por Patricio Aylwin, a través de la firma de varios acuerdos de cooperación, especialmente en áreas de vivienda, derechos de la mujer y protección del medio ambiente. Asimismo, se intensificaron las relaciones comerciales. Los chilenos retornados, así como algunos de los suecos residentes en Chile, se convirtieron en actores claves para la construcción de los puentes económicos y culturales. En la segunda mitad de la década de noventa, la cooperación empezó a reducirse a causa del aumento del Producto Interior Bruto de Chile, el que superó los límites establecidos para beneficiarse de la ayuda al desarrollo sueca. De ese modo, se dio paso a la búsqueda fundamentalmente de estrategias de cooperación económica, y la memoria de periodo dictatorial parecía borrarse.
La situación cambió de manera drástica con la detención en Londres de Augusto Pinochet en 1998, momento que movilizó de manera masiva a los chilenos residentes en Suecia. Con el 30º aniversario del golpe de Estado, en el año 2003, que vino acompañado de importantes gestos políticos, así como nuevas medidas de reparación para los sobrevivientes de la prisión política y la tortura, resurgieron en Suecia las actividades en recuerdo de las víctimas y en búsqueda de justicia, sobre todo por quienes fueron reconocidos en el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. A ello se sumaron dos hechos que sirvieron de impulso para el recuerdo de los años de la dictadura; en primer lugar, el estreno en 2007 de la película “El Clavel Negro”, donde de manera ficticia se recreaba el papel de Edelstam tras el golpe militar, y segundo, la inauguración del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, para el cual se hizo una gran colecta de material de la cotidianeidad de la experiencia del exilio y la solidaridad, destinado a la colección de su exhibición y a sus fondos documentales. Alrededor de ambas ocasiones, se organizaron varios encuentros y exposiciones, tanto en Suecia como en Chile, y salieron a la luz numerosas publicaciones, académicas y testimoniales, que permitieron dar visibilidad y recuperar la historia más humana de las relaciones entre ambos países.

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