Kitabı oxu: «Epigramas funerarios griegos»
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JAIME CURBERA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1992.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO269
ISBN 9788424931988.
INTRODUCCIÓN
AQUÍ YACE MARIGÓ A. NISTAZU . ABANDONÓ LA VIDA EL 10 DE FEBRERO DE 1908
No apuré mi juventud ,
No me llegó la vejez .
Hoy me cubre el frío suelo .
Como una madre me abraza .
(Estela. Museo Arqueológico de Argos)
Las inscripciones sepulcrales cumplen un importante cometido: acompañan al hombre en su última y eterna morada. De ahí que constituyan el grupo más numeroso de todo el material epigráfico que nos ha deparado la Antigüedad, y que desde entonces hasta nuestros días nunca hayan dejado de escribirse epitafios, en prosa o en verso, como el de la pequeña Marigó que encabeza nuestra introducción.
I. MONUMENTO SEPULCRAL Y EPIGRAMA FUNERARIO
Inscripción y soporte material son inseparables. No es, pues, conveniente tratar de los epigramas funerarios epigráficos sin considerar, al menos brevemente, el monumento sepulcral mismo y, con él, algunos aspectos de los usos funerarios griegos.
Los griegos practicaban dos tipos de sepultura: la inhumación y la incineración. En el primer procedimiento, el más antiguo, se depositaba al difunto bajo tierra, bien directamente, bien dentro de una caja o sarcófago de madera, arcilla o piedra. La incineración, costumbre más reciente, procede al parecer de Asia Menor, y está atestiguada en Grecia ya en el siglo XIII a. C. Más tarde se extendió también a las colonias griegas de Italia. Los restos incinerados del difunto, y de los objetos que habían sido quemados con él, se depositaban en tierra o en recipientes de cerámica o mármol.
Desde muy pronto surgió el deseo de indicar la presencia del sepulcro mediante una señal. Al principio era anónima y se reducía a un túmulo de tierra o piedras amontonadas, con otra que sobresalía encima. Más tarde, con la introducción y extensión de la escritura, en la tumba —sobre una piedra algo más elevada, o en el recipiente que contiene los restos 1 — se escribe el nombre del difunto, elemento fundamental, como se verá más adelante. El siguiente pasó será la representación del difunto mismo sobre su tumba.

Estela sepulcral de Dexíleo. Atenas, s. IV a. C.
Con el tiempo, la piedra rudimentaria sobre el túmulo deja paso a una estela, piedra rectangular colocada encima de la tumba y sobre la que se escribe el nombre del difunto. Éste será el monumento sepulcral más extendido por todo el mundo griego. Desde fecha muy antigua —ya desde época micénica— la estela era pintada y adornada con decoraciones en relieve. Más tarde, la estela puede adoptar el aspecto de un templete o naískos; en él puede aparecer la imagen del difunto y, posteriormente, escenas de la vida real, con otras figuras junto a él. Estas representaciones aluden a actividades desarrolladas en vida por el difunto (niño con su perro, atletas ejercitándose, un soldado armándose o galopando a caballo, la difunta en el gineceo con un espejo o una sirvienta, etc.) 2 . Otras veces la escena alude al tipo de muerte que ha tenido el difunto (un hombre sobre una nave, en caso de un naufragio; un hoplita o un caballero, en caso de muerte en combate, etc.). La inscripción podía estar grabada encima o debajo de la escena figurada, o incluso dentro 3 . Muchas veces el contenido de la inscripción y la escena del relieve están estrechamente relacionados, por lo que es fundamental el conocimiento de ambos elementos para la total comprensión del monumento sepulcral (cf. Pfohl, «Das anonyme Epigramm…», págs. 82-89).
Sobre la tumba podía erigirse también una estatua (aunque sólo se lo podían permitir las familias acomodadas), o un vaso, de cerámica o mármol. Los vasos funerarios más antiguos proceden de Atenas: son los grandes vasos de cerámica de estilo geométrico del Dípilon, del siglo VIII a. C. Más tarde, en el siglo V a. C., aparecen en Atenas vasos de mármol que sustituyen a los perecederos de cerámica 4 . Muchas veces los vasos de arcilla tenían escenas pintadas, y los de mármol, en relieve. En ocasiones los vasos no eran vasos reales, sino meras representaciones en relieve sobre las estelas. El empleo de vasos funerarios duró hasta época imperial.
Hay otros tipos de monumento sepulcral, como el altar (sobre todo en Asia Menor), sobre el que se grababa la inscripción, y los sarcófagos (sobre todo en Asia y Egipto durante la época imperial, y en Roma en tiempos de Trajano). En estos últimos la inscripción se escribía en la cara anterior o en la cubierta, y con frecuencia se adornaban con determinados temas funerarios, como Hermes psicopompós , Plutón y Perséfone, o Caronte en su barca. Por lo que respecta a la cámara sepulcral, responde a la creencia de que el difunto sigue viviendo en el más allá, para lo que necesita una casa. Esta costumbre se remonta a otras civilizaciones anteriores como Egipto y Asiria. A este mismo deseo se debe también, en última instancia, la costumbre de depositar en la tumba objetos que el difunto había usado en vida (como alimentos), o, simplemente, representarlos en las estelas sepulcrales. Dentro de la cámara sepulcral las inscripciones se grababan en las paredes o en el lecho de piedra donde descansaba el difunto.
A fines del siglo IV a. C. un hecho fundamental tuvo lugar: Demetrio Falereo estableció una ley que limitaba los gastos para las sepulturas (cf. Cicerón, De legibus II 64 y 66) 5 , con lo que desaparecieron las grandes estelas en forma de templete, las estatuas, los vasos de mármol, que son sustituidos por pequeñas estelas sin adornos y columnitas que no podían sobrepasar los tres codos de alto. Aunque más tarde la situación se relajará algo, sin embargo, salvo algunas excepciones, ya no encontraremos los suntuosos monumentos sepulcrales de antaño.
Ya hemos mencionado que las inscripciones sepulcrales podían estar en prosa o verso. Estas últimas, muy numerosas y atestiguadas desde el siglo VII a. C., tienen gran importancia e interés no sólo en el campo de la epigrafía y de la onomástica, sino también para la historia de la literatura, de la religión y de la sociedad griegas.
II. DEFINICIÓN Y EVOLUCIÓN DE LOS EPIGRAMAS
En un principio los epigramas eran composiciones breves (de uno a ocho versos), con una finalidad eminentemente práctica: ser grabados en objetos votivos, estatuas honoríficas o tumbas. Había, por tanto, tres tipos: sepulcrales, votivos honoríficos.
En los primeros siglos (VIII -V a. C.) no experimentarán ningún cambio notable, pero a partir del siglo IV se produce un giro decisivo: se hacen cada vez más extensos y, lo más importante, pierden su finalidad práctica. Ya no se escriben exclusivamente para ser grabados en piedra u otro material, sino también con fines meramente literarios. De este modo, el epigrama se convierte en un género literario más, sin que dejen de componerse epigramas sepulcrales, votivos u honoríficos para ser inscritos. Aparecen así un gran número de temas nuevos, sobre todo a partir de la época helenística, cultivándose, además de los ya mencionados, también los amorosos, descriptivos, epidícticos, simpóticos, satíricos, etc. La variedad temática es característica de la época helenística.
Es también importante la influencia que ejercerán la tragedia y la filosofía, tanto en el contenido (aparición de motivos gnómicos, el tema de la mors immatura , la muerte considerada como una liberación de los sufrimientos de la vida, exhortación a gozar del presente —carpe diem— , entre otros), como en la forma (empleo del diálogo).
Aunque ya antes del siglo IV a. C. hay epigramas de carácter literario, compuestos (o atribuidos) por autores famosos como Anacreonte, Safo, Simónides, Platón, etc., es a partir del siglo IV a. C., sobre todo con Asclepiades, cuando se desarrolla como un verdadero género literario ampliamente cultivado. En efecto, sustituye a la elegía, que a partir del siglo V casi desaparece, y hereda su amplia gama de temas. En esta época el epigrama se aproxima tanto a la elegía que en el caso de algunos poemas cabe dudar si se trata de elegías breves o de epigramas extensos.
Otra característica de los epigramas de época helenística, sobre todo de los literarios, es la «variación»: los poetae docti helenísticos estudian la obra de sus predecesores para incorporarla a la suya propia, pero con afán de innovación y variación; sólo el lector que conozca el modelo podrá entender el epigrama. Como modelos de éste, el poeta utiliza composiciones de diferentes géneros y épocas, aunque generalmente son otros epigramas. Los escasos datos que tenemos sobre la vida de los poetas helenísticos impiden muchas veces saber cuál es el modelo y cuál el imitador (con mayor motivo en el caso de los epigramas epigráficos, casi todos anónimos y de fecha no precisable con exactitud) 6 .
III. CLASIFICACIÓN DE LOS EPIGRAMAS
El principal criterio que hay que seguir al clasificar los epigramas es el fin para el que fueron compuestos:
1) Epigrama reales o epigráficos, escritos para ser grabados en estelas, estatuas y otros objetos. Los más antiguos datan del siglo VIII a. C., y se siguen escribiendo ininterrumpidamente hasta época bizantina y moderna. La mayoría son sepulcrales, votivos y honoríficos. Algunos nos han llegado por transmisión indirecta, a través de citas de autores como Pausanias, Plutarco, Estobeo, Ateneo, etc., o incluidos en la Antología Palatina .
2) Epigramas ficticios o literarios, compuestos como obra literaria con finalidad artística. Los temas son muy variados: funerarios, votivos, honoríficos, amorosos, simpóticos, descriptivos, etc. Se encuentran en papiros, citas y, sobre todo, reunidos en colecciones. Estas últimas son frecuentes a partir de la época helenística, aunque algunos suponen que ya existían en el siglo V a. C. (de Simónides, por ejemplo). La colección más importante es la Antología Palatina , de ca . 980 d. C., recopilación de otras colecciones anteriores (las de Meleagro [ca . 100 a. C.], Filipo de Tesalónica [ca . 40 d. C.], Agatias [s. VI d. C.], y Céfalas [900 d. C.]). Los epigramas funerarios están reunidos en su mayor parte en el libro VII, 754 en total —seis de ellos repetidos—, si bien encontramos también algunos entre los votivos y amorosos (libros VI y V, respectivamente) y, sobre todo, entre los epidícticos (IX) y protépticos (X): al no presentar estos epigramas un motivo único, fue posible incluirlos en uno u otro libro. Por otra parte, en el libro VII hay también epigramas que no son funerarios y que han sido incluidos en este libro por error. Otra colección es la Antología Planudea , de ca . 1300 d. C., cuyo capítulo tercero contiene los epigramas funerarios. La mayoría de los epigramas de la Planudea se encuentran en AP; los que no están en esta última colección, normalmente son reunidos y editados como el libro XVI de la Antología Palatina .
Algunos epigramas han llegado a nosotros por más de una vía 7 , lo que ha hecho pensar que muchos otros epigramas literarios también pudieron ser escritos en piedra, aunque sólo conservamos su versión manuscrita.
IV. CARÁCTER REAL O FICTICIO DE LOS EPIGRAMAS FUNERARIOS LITERARIOS
Como ya hemos dicho, a partir del siglo IV a. C. los epigramas dejan de tener una finalidad exclusivamente práctica y se escriben también con intención meramente literaria. Una cuestión que afecta a muchos de los epigramas funerarios transmitidos por vía literaria (bien recogidos en la Antología Palatina o citados por otros autores), es la de su carácter real o ficticio, es decir, si fueron escritos realmente para ser grabados en una tumba, o no. Su existencia real está asegurada en aquellos casos en que, como ya hemos apuntado, un epigrama literario se ha conservado también epigráficamente. Son casos muy raros. Otras veces, el autor antiguo que cita el epigrama dice haberlo visto inscrito, o el recopilador de la Antología Palatina afirma en el lema que el epigrama procede de una inscripción. Salvo en los casos de epigramas dedicados a personajes importantes, míticos o históricos, con toda seguridad ficticios, es muy difícil, si no imposible, decidir si un epigrama funerario es ficticio o real.
V. FUNCIÓN DE LOS EPIGRAMAS FUNERARIOS
La estela sepulcral y su epitafio, ya sea en verso o en prosa, tienen principalmente un carácter conmemorativo. En un estadio de religiosidad primitiva el fin del monumento sepulcral era impedir, con su peso, que el alma del difunto regresara a la tierra 8 . Posteriormente, en cambio, el monumento sepulcral fue considerado un lugar donde el alma del difunto podía asentarse.
Pero desde los textos más antiguos, la función de la estela sepulcral y de la inscripción grabada en ella era honrar y conservar la memoria del difunto entre las generaciones venideras. Así, en Homero, Ilíada VII 85 y ss.:
Para que los aqueos de larga cabellera lo entierren y le erijan un sepulcro junto al ancho Helesponto, y entre las generaciones venideras diga alguien mientras surca el vinoso mar en su barco de nutridos bancos: «este es el sepulcro de un hombre que antaño mató el ilustre Héctor en esforzado combate». Esto dirá, y mi gloria no perecerá nunca;
Odisea IV 584:
Alcé un túmulo a Agameón, para que su gloria sea imperecedera.
Cf. también Ilíada VI 457 y ss.; Odisea XXIV 32-3, 80-4, etc.
Estos pasajes nos llevan a la cuestión de si Homero utilizó como modelo epigramas funerarios ya existentes, o si fue él, como se ha sostenido, el creador del género 9 . Este punto también está relacionado con el problema de la introducción de la escritura alfabética en Grecia, pues es posible que junto con el alfabeto los griegos también tomaran de los fenicios un determinado formulario epigráfico 10 .
A través de su nombre en la estela el difunto conserva un vínculo con la vida, con lo que pervive en el recuerdo de los vivos gracias al sepulcro y al nombre grabado en él 11 . A esta finalidad conmemorativa responden los términos griegos para designar el monumento sepulcral: mnêma «recuerdo», sêma «señal», etc. 12 . El elemento central de un epitafio es, por tanto, el nombre del difunto.
En la Antigüedad el nombre era de suma importancia. No era un signo convencional que representa la cosa, era la cosa misma. No era algo externo al hombre sino una parte esencial de él. Reflejaba el ser de su portador, y era una manera de que éste siguiera existiendo una vez muerto. Así, en Odisea XXIV 93-4, Agamenón dice a Aquiles:
Ni muerto has perdido tu nombre: para siempre tendrás gran gloria entre todos los hombres, Aquiles.
La supervivencia del muerto a través del nombre está estrechamente vinculada a su pronunciación, parte esencial del rito funerario y del culto a los muertos: cada vez que se pronunciaba en voz alta el nombre del difunto, por un instante su dueño era arrancado del mundo de los muertos y traído al de los vivos; es un vínculo del muerto con los vivos. De ahí, principalmente, el que se escriba el nombre del difunto en la tumba 13 .
A ello se debe asimismo la costumbre griega de colocar las tumbas a ambos lados del camino, a las afueras de la ciudad, para que los caminantes al pasar junto a ellas se detuvieran a leer el nombre del difunto. A menudo los epigramas hacen alusión a esta situación de la tumba al borde del camino (núms. 35, 350, GV 70, 71, 97, 145, 146, 221, etc.). De este modo la lectura de la inscripción en voz alta, única relación del difunto con la vida y el mundo de los vivos, hace posible su existencia en el más allá (además, el hecho de estar la inscripción en verso ayudaría a su memorización y posterior recuerdo en la mente del lector). Por ello, uno de los principales elementos de los epigramas funerarios es la llamada al caminante, y la petición de que se detenga y lea la inscripción.
El nombre del difunto se indica con diversas fórmulas: en nominativo, en expresiones como «aquí yace…», «… marchó al Hades», «…dejó la luz del sol»; en vocativo, junto a fórmulas de saludo o expresiones de dolor; en genitivo, en expresiones como «este es el sepulcro de…», «esta es la estela de…»; en acusativo, en fórmulas como «la tierra oculta a…», «este sepulcro contiene a…», etc.; en dativo, en expresiones como «fulano ha erigido esta estela para…». A veces aparece sólo el caso correspondiente, y el resto de la fórmula se elide.
En algunas inscripciones, sobre todo de época imperial, puede sorprender la ausencia del elemento principal, el nombre del difunto. Es un hecho difícil de explicar. No lo es, en cambio, en el caso de una serie de estelas beocias de época helenística, pertenecientes a tumbas de niños que han muerto antes de recibir un nombre.
Además del nombre del difunto, suele aparecer el del padre (a veces también el de la madre), y el de la patria. Otras veces aparece el nombre del que ha erigido el monumento (es menos frecuente en las inscripciones en prosa), cuando no coincide con el del padre o familiar más próximo. Por tanto, la finalidad del epigrama en estos casos no es sólo asegurar la inmortalidad del difunto por la inscripción de su nombre en la estela, sino también la del que erige el monumento.
VI. ELEMENTOS Y TIPOLOGÍA DE LOS EPIGRAMAS FUNERARIOS
Mientras los epitafios más antiguos prácticamente se reducen a una breve mención del difunto, su filiación y su patria, los posteriores añaden otros elementos, como la llamada al caminante, elogios del difunto, causas de su muerte, consolación a los parientes más próximos o amenazas contra los violadores de la tumba. De acuerdo con estos motivos hemos agrupado los epigramas en nuestra traducción 14 . A continuación, y siguiendo el mismo orden, vamos a considerar brevemente cada grupo temático.
1)El sepulcro, pervivencia del difunto
La principal función del monumento sepulcral —y su inscripción— es, como ya hemos visto en el apartado V, que el difunto perviva tras la muerte mediante su nombre grabado en la estela (cf. núms. 97 y 336). A esta idea responden las palabras de Ausonio, Parent. Praef . vv. 11-12:
gaudent compositi cineres sua nomina dici;
frontibus hoc scriptis et monumenta iubent .
2)Llamada al caminante
La llamada al posible caminante es un motivo muy frecuente en los epigramas funerarios (véase § V). El epigrama, puesto en boca del monumento sepulcral o del difunto, o bien de una tercera persona que puede ser el poeta, pide al caminante que se detenga ante la tumba, lea la inscripción con el nombre del difunto, lo compadezca y después siga su camino. En ocasiones incluso se le pide que haga alguna ofrenda o libación sobre el sepulcro en memoria del difunto (cf. AP VII 26 y 28, en tono burlesco). Como despedida, y en agradecimiento a su compasión, a veces le desea buena suerte y un feliz viaje 15 .
A partir de la época helenística la expresión es menos comedida: ya no se quiere sólo la compasión del caminante, sino también sus lamentos y su llanto. El epigrama suele acabar con la fórmula habitual de saludo al viandante, a quien se pide lo mismo.
Estrechamente relacionado con la llamada al caminante encontramos con cierta frecuencia el encargo de que éste transmita un mensaje —la noticia de la muerte— a los parientes más próximos, generalmente los padres o, en ocasiones, los conciudadanos. Se trata, por lo general, de personas que han muerto y están enterradas lejos de su patria. La fórmula es «si vas a…» más la ciudad del difunto, «diles a…» más el nombre de los padres. A menudo el difunto, generalmente un marino, ha encontrado la muerte en el mar, por lo que suele indicarse en la estela que la tumba es un cenotafio (ver § 16). El cuerpo está en el mar, el sepulcro sólo tiene el nombre.
Esta petición es frecuente en los epigramas funerarios de la Antología Palatina (cf. AP VII 271-4, 277, 291), entre los que destaca por su antigüedad y belleza el famoso epitafio de Leónidas y los espartanos caídos en las Termópilas, AP VII 249 (=Heródoto, VII 228, 2): «Extranjero, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos por obedecer sus palabras». En los epigramas inscripcionales, en cambio, este motivo es más raro (núms. 223, 350), y a veces el contenido del mensaje es diferente: lo que el caminante ha de transmitir a los familiares del difunto no es la noticia de su muerte, sino su deseo de que sigan bien, gocen de una larga vida (núm. 350), o cesen su duelo (núms. 199 y 85; véase el apartado 7) 16 .
Además de los epigramas incluidos en el apartado correspondiente, la llamada al caminante aparece también en los núms. 104, 116, 143, 144, 149, entre otros.
3)Elogio del difunto
En ocasiones el elogio consiste en una enumeración de las virtudes del difunto, casi siempre una idealización de su verdadero carácter: «de mortuis nihil nisi bonum» (ver también Tucídides, II 45, 1). De ahí que en los epigramas pueda apreciarse la evolución de los valores morales y éticos de los griegos, el ideal de moral que predominaba en cada época.
En época arcaica la virtud más valorada es la excelencia del guerrero (aretḗ) muerto en defensa de la patria. El anḕr agathós es el que muere en combate. Esto sucede de modo especial en Esparta, donde sólo tenían derecho a que su nombre figurara en la tumba los que habían muerto en combate o las mujeres muertas durante el parto (ver el apartado siguiente). A partir del siglo V se sigue elogiando la aretḗ , pero ahora con un nuevo sentido ético: son objeto de elogio las virtudes propias del buen ciudadano que están unidas a la sōphrosýnē (moderación, prudencia…) 17 y la dikaiosýnē (equidad).
En la época helenística se elogian especialmente las virtudes relacionadas con la vida familiar y social: haber vivido de modo irreprochable, gozar de la estima de todos, haber ejercido sin tacha una profesión (sobre todo los médicos), piedad hacia los dioses, etc. (núms. 315, 325, 477).
También es frecuente la contraposición entre el cuerpo, mortal, oculto bajo la tierra tras su muerte, y las virtudes del difunto, cuyo recuerdo permanecerá siempre entre los vivos (núms. 47, 50), e igualmente entre la belleza del cuerpo y la del alma, esta última superior.
4)Caídos en combate
Los epitafios de caídos en combate son frecuentes en el siglo V a. C., durante las guerras médicas y del Peloponeso. Con frecuencia los monumentos eran colectivos, sobre todo en las ciudades dóricas 18 . Como ya se ha dicho, en Esparta una ley de Licurgo (Plutarco, Vida de Licurgo 27, 2), prohibía inscribir el nombre del difunto en la tumba a no ser que se tratara de caídos en combate o mujeres muertas durante el parto. El epitafio sepulcral constituía, por tanto, una especie de instrumento político. A ello se debe el que la mayor parte de los epitafios laconios conocidos de época arcaica y clásica contengan la indicación «en combate» o «en parto».
A finales del siglo III a. C. renacen en Grecia las ansias de libertad, y la Liga Etolia y Esparta se enfrentan en la Guerra Social (220-217) contra Macedonia. Retorna entonces el elogio del guerrero. Este espíritu acaba en el siglo II a. C., cuando Grecia queda bajo la dominación romana. También en este tipo de epigramas al cuerpo mortal se opone la inmortalidad de la gloria, que sirve de consuelo ante la muerte (cf. Tirteo, 9 D; Heródoto, I 30, 4-5, y Tucídides, II 43, 2). El tono de estos epigramas recuerda a las elegías de Tirteo y Calino, en cuyo léxico se inspiran 19 .
5)Dolor por el muerto
Frecuentemente se resalta el dolor que la muerte provoca en los parientes y amigos. Suelen emplearse fórmulas fijas, como «ha dejado dolor a los suyos» (núms. 114, 134, 172). Los lamentos de una madre por su hijo muerto se comparan con los del alción (núms. 175, 259), o los del ruiseñor (núm. 78).
Con frecuencia los epigramas aluden a manifestaciones de duelo típicas de los griegos, como los golpes de pecho o cortarse el cabello (núms. 80, 143, 179, 248, 256, 292). Estos signos externos de dolor son frecuentes en la literatura griega, particularmente en la tragedia: Esquilo, Coéforos 22-31, 423-8; Sófocles, Electra 90; Eurípides, Troyanas 480, 793-4, 1235-6; Helena 1087-89; Alcestis 101-3; Ilíada XXIII 135-7; AP VII 489 (atribuido a Safo); Fedón 89b, etc.
6)Datos biográficos del difunto
Sobre todo a partir de época romana se nos informa detalladamente de la edad del difunto (años, meses y, en ocasiones, hasta el número de días y horas vividos [números 191, 309]), su estado, descendencia, profesión o situación social (véase § 10a), viajes realizados, cargos, honores recibidos, victorias obtenidas (en el caso de atletas o gladiadores), etc. Los datos biográficos son más numerosos en las inscripciones latinas y en las griegas de época romana (véase también núms. 361, 477). La fecha de la muerte se indica sobre todo en las inscripciones cristianas, pues para los cristianos éste era el dies natalis en que comenzaba la verdadera vida.
7)«Consolatio»
El motivo de la consolatio a amigos y familiares del difunto es relativamente tardío. Puede ponerse en boca del muerto, que exhorta a los supervivientes a que cesen el duelo; en ese caso, a veces constituye el mensaje que el caminante debe transmitir (véase el apartado 2).
Los argumentos de consolatio más frecuentes en los epigramas sepulcrales son: a) la muerte es el destino de todos los hombres; b) consolatio per exemplum, y c) la muerte es el fin de los males de esta vida 20 . Junto a ellos aparecen otros como la inutilidad de los lamentos (núms. 85, 139, 441; cf. Plutarco, Cons. a Apol . 106a; Estobeo, Flor . CVIII 1 y CXXIV 17); la vida es sólo un préstamo que hay que devolver (ver § 12d); la inmortalidad del alma tras la muerte del cuerpo (cf. núm. 461, y apartado 12a); la supervivencia de la fama, o simplemente del nombre, sentida como una especie de inmortalidad y, por tanto, consuelo de la muerte terrena (sobre todo en los epigramas de caídos en combate, para quienes la gloria sirve de consuelo). También la erección del monumento sepulcral conforta a los supervivientes, y, viceversa, morir lejos de la patria, sin recibir las honras fúnebres de los familiares, es causa de grandes lamentos 21 .
a) La muerte, destino común de todos . — Se basa en reflexiones sobre el carácter inexorable y común de la muerte: destino de todos los mortales es morir y ningún hombre ha podido hallar un remedio contra la muerte (sobre todo en los epitafios de médicos; cf. núms. 330 y 334). El motivo ya aparece en Simónides, 9 D; Eurípides, Alcestis 782; Antígona 361; AP VII 335, 342, 452, 477.
b) También los hijos de dioses y héroes mueren . — La consolatio se apoya en la universalidad de la muerte, que no perdona siquiera a los hijos de dioses: es la llamada consolatio per exemplum . Así se recuerda cómo también murieron Minos, Sarpedón, Adonis, Osiris y, de manera especial, Aquiles y Heracles (núms. 97, 99, 103). El motivo se encuentra en Homero (Ilítada XVIII 117: «Pues ni el vigoroso Heracles pudo escapar de la muerte»), Alceo (73 D), Eurípides (Alcestis 416-20 y 892); AP VII 8. Además de los epigramas de este apartado, véanse también los números 101, 156, 258.
c) La muerte, descanso de los sufrimientos de esta vida . — Este motivo responde a una visión pesimista de la vida, típica del pensamiento griego: el destino ha asignado a los mortales los peores males, tanto que la muerte es vista como el fin de éstos, y hasta se llega a desear el no haber nacido 22 .
El Hades se presenta como el término de una navegación azarosa por el mar de la vida, el puerto en que los hombres encuentran el descanso eterno tras escapar de las penalidades de la existencia 23 .
Como consolación en caso de jóvenes muertos prematuramente suele aparecer la famosa sentencia de que los amados de los dioses mueren jóvenes (con lo que escapan a las penas de esta vida), que hallamos en Menandro 24 (ver núms. 264, 364, y GV 130 y 1029).
8) Causas y circunstancias de la muerte
Por lo general, en los epigramas de época arcaica no se especifican las causas de la muerte, salvo los casos de muerte en combate o por naufragio.
a) Muerte natural . — En algunos epigramas se describen más o menos detalladamente las dolencias que padeció el difunto antes de morir (ver los epigramas del apartado correspondiente).
b) Muertes violentas . — En los epigramas de la Antología Palatina son frecuentes las muertes producidas en circunstancias extrañas, y presentan mayor truculencia que los epigráficos cuando describen las circunstancias de la muerte o el estado en que se encuentra el cadáver 25 . También en los epigramas inscripcionales encontramos muertes violentas, por asesinato, accidente o naufragio (cf. núms. 131, 141). Entre las muertes violentas también hay que incluir las de soldados en combate, y de atletas y gladiadores en acción (apartados 4 y 10a) 26 .
c) Muerte por designio de la Moira . — En numerosos epigramas se atribuye la muerte a la intervención divina. Se emplea a menudo el término general daímōn , «divinidad», que a veces es una manera de referirse al Hades sin nombrarlo. Con frecuencia se menciona como causa la «envidia» o «malicia» de los dioses (phthónos) , sobre todo en las muertes prematuras 27 . Otra divinidad causante de la muerte es Týchē , el Destino, pero por lo general cuando se atribuye la muerte a causas divinas se culpa a las Moiras, en singular o en plural; el empleo del singular es más abstracto; el plural, más concreto, designa a las tres diosas que en su huso hilan el destino de los hombres. Además de los epigramas incluidos en este apartado, la muerte se atribuye a las Moiras o al Destino en núms. 29, 119, 121, 142, 147, 314, 469, entre otros.
9)Muerte prematura (mors immatura)
Son muy numerosos los epigramas de niños y jóvenes muertos prematuramente, lo que se considera como una gran desgracia. Otras veces, en cambio, la muerte en plena juventud es considerada como un bien, ya que nos libra de la penosa vejez, o como un regalo concedido por los dioses: sus amados mueren jóvenes (núms. 264 y 324; ver § 7c) 28 .
a) Epitafios de niños . — En los epigramas de niños es relativamente frecuente el topos del puer senex: a pesar de su corta edad, el niño tenía la madurez e inteligencia de los mayores (cf. núms. 191, nota 1, y 221).
b) Muerte antes de la boda y sin hijos . — El lamento de un joven muerto antes de su boda recuerda con frecuencia al de Antígona 813 y ss.: «sin haber escuchado ningún canto nupcial, me casaré con el Aqueronte»; o el de Políxena en Hécuba 416: «Sin boda, sin el himeneo que me correspondía». En estos epigramas se alude a las diferentes partes del rito nupcial: los sacrificios, el banquete nupcial con las familias y amigos de los novios, el cortejo nupcial que acompaña a la pareja hasta la casa del marido a la luz de las antorchas y al son del himeneo y las flautas, etc., jugando con el doble sentido de algunos de sus elementos. La mención de las antorchas, por ejemplo, se refiere tanto a las que llevaban los que escoltaban a la joven desposada a la casa del novio después del banquete, como a las antorchas funerarias que acompañaban al muerto en el cortejo fúnebre antes de que saliera el sol (ver núms. 211 y 215). Este motivo aparece también en AP VII 182, 186, 711.
La muerte de la novia, a veces ocurrida poco antes de su boda, se compara con su rapto por Hades: en lugar del tálamo nupcial, ocupa el de Perséfone (núm. 220).
Los hijos muchas veces son considerados como una manera de alcanzar la inmortalidad: tras su muerte un hombre sigue existiendo en ellos. De ahí lo funesto de morir sin descendencia (cf. Esquilo, Coéforos 503-7). A esta idea se debe asimismo la frecuencia con que en los epigramas funerarios se dice que el difunto ha muerto tras ver a «los hijos de sus hijos» (cf. núm. 89).
c) Muerte durante el parto . — Estos epigramas son frecuentes en la Antología Palatina (cf. AP VII 163, 164, 165, etc.). En ellos a veces se expresa el deseo de que los hijos que quedan vivos vivan felices hasta su vejez (núm. 225 I; cf. AP VII 163, 164 y 165). Tanto en los literarios como en los epigráficos se suele emplear la forma dialogada.
d) La muerte de los hijos priva a los padres de sus cuidados . — Muchos epigramas expresan la idea de que lo doloroso no es morir, sino hacerlo antes de tiempo, pues entonces son los padres quienes han de dar sepultura a sus hijos, cuando debería ser al contrario. Los hijos ya no pueden cuidar a sus padres en su vejez, ni devolverles los cuidados que éstos les prodigaron cuando eran niños. El orden natural es trastocado.
El deber de gérōkomía es mencionado con frecuencia en los epigramas de muertos prematuros. Era tal la importancia de los deberes filiales —mantener a los padres ancianos y darles honras fúnebres— que estaban garantizados por la ley. Numerosos textos nos informan sobre la legislación ateniense al respecto 29 . Según éstos, una ley, atribuida a Solón, obligaba a los hijos, y eventualmente a los nietos, a asegurar a sus padres manutención y sepultura. Solamente en dos casos el hijo podía ser dispensado de cuidar a su padre (aunque no del entierro): si éste lo había entregado a la prostitución, o si no le había enseñado un oficio. El incumplimiento de estos deberes era castigado en Atenas con la privación parcial de los derechos civiles (el condenado no podía hablar en la asamblea ni desempeñar una magistratura). Por unas actas de manumisión de Delfos del s. II a. C. sabemos que a veces se manumitía a esclavos jóvenes con la condición de que se encargaran de mantener a sus ancianos amos y darles las honras fúnebres 30 .
El motivo de que son los hijos quienes deben enterrar a sus padres es más frecuente en los epigramas latinos; su presencia en los epigramas griegos, sin embargo, es originaria y no se debe a la influencia latina, pues ya aparece en Heródoto, I 87, y Eurípides, Suplicantes 168 y ss., 918-924; Troyanas 1187, y AP VII 261, 361; cf. también Plutarco, Consolación a Apolonio 119e, así como las leyes que hemos citado más arriba. Otros epigramas resaltan cómo los hijos del difunto han cumplido el deber de dar sepultura a sus progenitores (cf. núms. 237, 239, 242, 247 y 254), incluso cuando se trata de un hijo adoptivo (núm. 244).
10)Los epigramas sepulcrales, reflejo de la sociedad 31
a) Situación social del difunto . — En numerosas ocasiones se menciona la profesión del difunto. Abundan los epigramas de médicos, actores, gladiadores y atletas. También los hay de nodrizas, sacerdotes, sacerdotisas, y —más raramente— de otros oficios como el de orfebre, leñador, alfarero o perfumista.
En los epitafios de médicos, muy abundantes, se alaba su dedicación y pericia, y son frecuentes algunos tópicos como, por ejemplo, el del médico viajero (núm. 322), o el de la impotencia del médico ante su propia muerte: contra vim mortis non nascitur herba in hortis (cf. núm. 313).
En los epitafios de gladiadores se pretende ante todo ensalzar la gloria del difunto, mencionando el número de victorias conseguidas en vida o las circunstancias de su muerte, frecuentemente ocurrida en la arena. Pueden ir acompañados de relieves con la imagen del gladiador de pie, solo o con el adversario vencido a sus pies, sus armas (puñal, tridente, casco, escudo), o los símbolos de su victoria (coronas, palma). A veces los epitafios de atletas y gladiadores son un mero catálogo de las victorias del difunto, más parecidos a las listas de victorias de las inscripciones agonísticas 32 .
No son raros los epitafios de esclavos dedicados por sus amos, llenos de elogios y palabras de afecto (cf. núm. 327). Es difícil saber hasta qué punto esta imagen benevolente del amo respondía en realidad a un verdadero afecto hacia su esclavo y a la creencia en la igualdad de todos, o si, por el contrario, se trata de un cuadro idealizado (núm. 131). En ocasiones el epitafio está puesto en boca del esclavo difunto, que se deshace en elogios hacia su amo que es, en realidad, quien erigió el sepulcro y escribió el epigrama (núm. 296) 33 .
b) Epitafios de mujeres . — En las mujeres se aprecia sobre todo las cualidades morales, entre las que destaca la sōphrosýnē (prudencia, sensatez, castidad), y las virtudes familiares y domésticas (por ello la mujer recibe los mayores elogios en los epitafios de época helenística, cuando la familia adquiere tanta importancia). La difunta es calificada de «buena», «trabajadora», «amante de su marido y de sus hijos», «prudente», «casta», «honrada», «piadosa» (números 271, 341, 342, 343, 366…). Las referencias a la belleza femenina son escasas y sobrias (apenas aparecen antes del siglo V a. C.): son más frecuentes a partir de época romana, y fuera de Grecia, en Italia sobre todo (núms. 355 y 398). El retrato de las mujeres que ofrecen los epigramas en época clásica y helenística responde a las palabras de Andrómaca: «No es la belleza, mujer, sino las virtudes lo que agrada a los esposos» (Eurípides, Andrómaca 207-8).
c) Descripción de ofrendas y ritos funerarios 34 . — Las ideas relativas al culto a los muertos y ritos funerarios se conservan largo tiempo a través de las generaciones. Las ceremonias funerarias son cumplidas con exactitud, bien por amor (se espera que así el muerto tenga una vida mejor en el más allá), o por miedo (el muerto puede vengarse si es olvidado).
Como es natural, en los epigramas sepulcrales abundan las alusiones a ofrendas y ritos funerarios: sobre la tumba se depositan flores, mechones de pelo 35 y se hacen libaciones, que pueden ser de leche, miel, agua, vino o aceite, y sirven para aplacar la sed del difunto (ver el apartado 12a) 36 .
En la tragedia hay frecuentes alusiones a los ritos y ofrendas funerarias: Esquilo, Coéforos 7; Sófocles, Electra 326-7, 448-451, 896; Antígona 901-902; Eurípides, Troyanas 480, 1144, 1247, etc. Véase también AP VII 26 y 28. Además de los epigramas incluidos en el apartado correspondiente, hay referencias a ofrendas funerarias en los núms. 177, 179, 242, 246, 314, 390 y 399. En otros epigramas el difunto protesta contra la práctica de agasajar la tumba y hacer libaciones sobre ella (cf. núms. 360 y 487 II, y AP XI 8). Digamos, por último, que algunos epigramas procedentes de Egipto aluden a la costumbre de embalsamamiento de este país (cf. núm. 361).
11)Los epigramas funerarios, reflejo de las relaciones familiares
Como es natural, la imagen que los epigramas dan del difunto es engañosa, dado que están dedicados por los parientes más próximos: siempre son elogiosos y sin reproches hacia el muerto. En ellos es difícil distinguir el retrato verdadero del difunto de la idealización y estilización literaria de la que es objeto.
a) Amor conyugal . — Las manifestaciones de afecto entre los esposos, casi ausentes en las epístolas privadas en papiros, aparecen con frecuencia en los epigramas funerarios. En ellos encontramos el dolor por la separación tras la muerte de uno de los dos cónyuges, el lamento del marido por su joven esposa que le ha dejado niños de corta edad, su fidelidad, el deseo de reposar juntos tras la muerte, toda vez que también han vivido juntos. La posibilidad de reunirse con el cónyuge muerto sirve de consuelo (cf. núms. 27, 380, 387, 396 y 397). Asimismo, en el número 133 vemos cómo el marido se lamenta de no tener a su esposa en la tumba junto a él 37 .
En bastantes epigramas se compara a la esposa con Alcestis, por haber realizado un sacrificio semejante al de esta heroína (núms. 381, 384, 385 y 388). En algunos de ellos no queda claro qué es lo que ocurrió en realidad, y cuál fue la causa de la muerte de la esposa.
b) Otras relaciones de parentesco . — Los epigramas dedicados por hermanos del difunto son relativamente escasos. En algunos de ellos el hermano ha ido antes a recoger los restos al país lejano en que ha ocurrido la muerte (núms. 235, 250, 409). Como en el caso de los esposos, también los hermanos expresan a menudo su deseo de reposar juntos en el mismo sepulcro (núms. 404, 406 y 416) 38 . Dignos de mención son el epigrama número 401 (abuela y nieto), y el número 410 (madre e hijo) 39 .
12)Creencias y motivos gnómicos
Los epigramas funerarios recogen las ideas y creencias de los griegos sobre la existencia humana, la muerte y la vida en el más allá. Con frecuencia coexisten y se mezclan ideas y doctrinas opuestas y de distintas épocas, a veces en el mismo epigrama. A ello contribuye la mezcla de poblaciones por la migración, y la convivencia de hombres de razas, culturas y creencias muy diferentes.
Los motivos gnómicos aparecen en los epigramas relativamente tarde, y en gran parte bajo la influencia de la tragedia y la filosofía. A menudo estas reflexiones y sentencias están puestas en boca del difunto, con lo que cobran más fuerza, pues son una especie de mensajes de ultratumba. Algunos de estos motivos son más frecuentes que otros 40 : las honras fúnebres son un honor que le corresponde al muerto (núms. 1, 527; cf. Ilíada XVI 457; ibid . XXIII 9); los buenos no mueren (núms. 319 y 511; GV 1949, papiro de Hermúpolis; AP VII 451); Hades acoge a todos (cf. AP VII 342 y 335); la muerte es un viaje a la laguna Lete (núm. 333); la impotencia del hombre ante la muerte; la muerte es el destino de todos; la vida es un préstamo; la muerte, sueño eterno, etc. (véanse los apartados correspondientes).
Por otra parte, en los epigramas funerarios epigráficos casi no encontramos sentencias de carácter general sin relación con la muerte que, por el contrario, sí aparecen en la Antología Palatina (AP VII 79, 357, 417 vv. 5-6, 684, entre otros).
a) Consideraciones sobre el destino del hombre después de la muerte . — Los epigramas funerarios reflejan las creencias griegas sobre la inmortalidad, sobre el destino del alma después de la muerte, bajo la influencia de las diversas doctrinas filosóficas 41 . Podemos destacar los siguientes aspectos:
Después de la muerte el cuerpo y el alma se separan y cada uno regresa al lugar de donde vino: el alma, ligera e invisible, sube al éter, el cuerpo lo acoge la tierra (núms. 438, 463, 469; cf. AP VII 49, 61, 62, 87, 337 y 363). Este es uno de los motivos que con más frecuencia aparecen en los epigramas funerarios a partir del siglo V a. C. En estrecha relación está la idea de que nacemos de la tierra y a ella volvemos cuando morimos (núms. 437, 439, 453, 459; cf. AP VII 371), que se encuentra ya en Epicarmo (Fragm . 245 Kaibel), y en Eurípides (Suplicantes 531 y ss.) 42 . Como consecuencia, en los epitafios griegos y latinos encontramos con relativa frecuencia el siguiente razonamiento: tras la muerte el difunto se convierte en tierra; la tierra es una divinidad, luego el muerto lo es también (núms. 439 y 460) 43 .
Es frecuente la heroización, o incluso divinización (cf. núms. 126 y 448), del muerto, desde comienzos de época helenística y en época imperial (sobre todo en Asia Menor). El epíteto de «héroe», que originariamente era un nombre reservado al dios del mundo infernal, empieza a aplicarse también a algunos difuntos ilustres, y más tarde se extiende a los demás muertos. Como símbolos propios de los héroes en los relieves aparecen el caballo, el árbol y la serpiente. No son raros los casos de catasterismo del difunto (números 441, 447, 454, 464 y 465; cf. AP VII 64, 391, 670). Era muy popular la idea, admitida desde antiguo por los pitagóricos, de que el alma se convertía en estrella. En principio este destino estaba reservado a los bienaventurados (como precedentes mitológicos están Heracles, los Dioscuros, Perseo y Andrómeda), aunque más tarde, como la heroización, se vulgariza (cf. Rohde, Psiqué …, págs. 555 y ss., y Cumont, Lux perpetua …, pág. 183).
Los Campos Elisios y las Islas de los Bienaventurados como destino del hombre después de la muerte es un tema frecuente en los epigramas funerarios (núms. 440, 444, 467, etc.). Una descripción de estos lugares aparece en la Odisea IV 566 y ss., y [Platón] Axíoco 371 cd.
En los epigramas funerarios hay numerosas referencias al agua. En primer lugar a la Laguna Lete o del Olvido, cuyas aguas procuran la pérdida de la memoria a quien bebe de ellas. En los epigramas las referencias son contradictorias: unas veces se nos dice que el difunto ha bebido de Lete, y otras, que no lo ha hecho. Esta creencia presenta, pues, dos aspectos diferentes. Por una parte, beber el agua de Lete es un privilegio de los muertos, que de este modo olvidan los sufrimientos y penas de esta vida (número 374). Por otra, aparece como un castigo del que se libra el muerto que ha sido divinizado (núm. 451). No beber el agua del Olvido es un modo de seguir viviendo, una vez muerto, con plena consciencia (núm. 375).
Otro tipo de referencia al agua es el que encontramos en fórmulas como «Que Osiris te dé agua fresca» (números 228, 362, 442, 458; cf. también IG XIV 638, 1488, 1705, 1890), sin duda por influencia de las creencias egipcias, en cuyos textos funerarios encontramos fórmulas parecidas (cf. Libro de los muertos , caps. 59 y 62).
Todas estas alusiones responden a una creencia muy extendida: los muertos tienen sed. Ésta es aplacada por el agua de Lete, o por el agua fresca que concede Osiris, o por las libaciones ofrecidas por los vivos sobre la tumba del difunto (ver el apartado 10c) 44 . En las láminas de oro órficas, depositadas en la tumba junto al muerto, el alma «muere de sed» y quiere beber «de la fuente de la Memoria». Asimismo algunos piensan que los di-pi-si-jo-i de algunos textos micénicos en Lineal B de Pilo son «los sedientos», es decir, los muertos 45 . Hay, pues, una clara asociación del agua con la muerte 46 .
Junto a la creencia en la inmortalidad (núms. 112, 324, 514 y 585), en algunos epigramas se cuestiona, o incluso se niega, la existencia después de la muerte (núms. 456, 462, 487 I; cf. AP VII 339, 524, 673; ibid . XI 8; ibid . X 118), fruto de las ideas epicúreas; lo mismo se puede decir de algunas muestras de indiferencia ante la muerte («No era, llegué a ser. Ya no soy; no volveré a ser. No me importa»).
b) Consideraciones sobre la brevedad de la vida: «carpe diem» . — Son muy numerosas las reflexiones sobre la existencia humana, su brevedad y penalidades o la imprevisibilidad del destino 47 . Con relativa frecuencia encontramos la expresión «así es la vida» (taûta ho bíos , o simplemente taûta: núms. 44, 225, 332, 531, 594). Como consecuencia de esta visión pesimista de la vida se invita al lector a que goce de ella y del momento presente. El motivo del Carpe diem aparece de manera más o menos explícita en la historia de la literatura griega, aunque con diversa frecuencia en las diferentes épocas y géneros: Mimnermo, 1 y 2 D; Semónides, 29 D, y Teognis, 567-70, 973-78, 1007-12, 1047-48, etc.; Esquilo, Persas 840-42; Sófocles, Áyax 123-26; Eurípides, Alcestis 782-802; AP VII 32, 33, 348, 452, etc. El epicureísmo, que considera el placer como bien supremo, contribuirá al desarrollo de este motivo 48 .
Como variante del Carpe diem , en algunos epigramas el difunto se jacta de haber comido y bebido, y de haber disfrutado todo cuanto pudo mientras vivió (núms. 470, 474, 486) 49 .
c) Flores y hombres viven y se marchitan . — La comparación del hombre con las flores —en la vida— y en la muerte, es frecuente en la literatura de todas las épocas y lugares. Encontramos el motivo en diversos pasajes bíblicos 50 , en la Antología Palatina (cf. AP XII 195 y 234), en la Antología Latina (cf. 84), en los poetas latinos tardíos (De rosis nascentibus 41 y ss.), o en la Edad Media latina. En los epigramas funerarios la comparación con las flores es frecuentemente utilizada en los epitafios de niños y de muchachas. Su muerte prematura se asemeja a las flores al marchitarse 51 . En otros casos la alusión se refiere a las flores que crecen sobre la tumba del difunto (número 491). Además de los epigramas incluidos en este apartado pueden verse los núms. 305, 381 y 516.
d) La vida es un préstamo que hay que devolver . — La idea de que la vida es sólo un préstamo que el hombre debe devolver al morir aparece ya en Píndaro, Nem . VII 44; Ist . I 68; [Platón] Axíoco 367b; Eurípides, Alcestis 419, 782; AP X 105 (atribuidos a Simónides), y es un lugar común de la filosofía popular en época imperial 52 . Véanse también números 120, 192 y 513.
e) La muerte, sueño eterno . — Igual que otros motivos, también la asociación de la muerte con un sueño eterno es frecuente en la literatura —y el arte— de todas las épocas 53 . En la literatura griega podemos citar a Sófocles, Edipo en Colono 1578 («A ti te invoco, la que concedes el sueño eterno»), Platón, Apología 40c-41c, o la Antología Palatina 54 . Asimismo no hay que olvidar que en el mito griego el Sueño y la Muerte son hermanos 55 . A pesar de todo, la comparación de la muerte con un sueño es más frecuente en los epitafios cristianos.
13)Maldiciones contra los profanadores 56
En las inscripciones sepulcrales son frecuentes las advertencias y amenazas contra los que dañen la tumba o entierren a alguien más en la misma sepultura. La profanación de tumbas parece haberse dado desde fecha muy antigua. Cicerón, De leg . II 64, nos habla de una ley de Solón al respecto, pero las primeras inscripciones que aluden a este hecho son más recientes.
El castigo con el que se amenaza a los profanadores puede ser humano (pago de una multa a la ciudad o al estado: núms. 185, 480 y 485), o divino (será castigado por los dioses: núms. 162 y 507). La amenaza del castigo divino (en ocasiones sobre la descendencia del culpable) es frecuente sobre todo en época imperial y, al parecer, procede de Asia Menor, aunque se extiende por todo el mundo griego. Con todo, la mayor parte de las inscripciones con fórmulas de maldición proceden de fuera de Grecia: la mayoría son de Frigia; también son muy abundantes en Licia y Caria. Estas fórmulas están casi siempre en prosa 57 . En nuestra selección, además de los epigramas incluidos en el apartado correspondiente, podemos citar los núms. 185, 390 y 477, entre otros.
14)Séate la tierra leve
Encontramos ya esta fórmula en Alcestis 463-4 («Que la tierra caiga leve sobre ti, mujer»). En los epigramas funerarios de la Antología Palatina la expresión aparece ligeramente ampliada: ya que en vida el difunto no le resultó pesado a la tierra, ahora ésta no debe serlo para él (cf. AP VII 461). Además de los epigramas incluidos en este apartado, pueden verse también los núms. 80, 116 y 517, entre otros.
15) Construcción del sepulcro en vida
No es raro que el difunto indique que fue él mismo quien en vida construyó el sepulcro, para él, para su esposa, e incluso para sus esclavos y libertos. En ocasiones se reprocha el carácter olvidadizo de los herederos, por lo que es prudente asegurarse una buena sepultura antes de morir (ver núm. 484).
16)El sepulcro es un cenotafio
Suele suceder en los epigramas de muerte por naufragio. Se añade, pues, otro motivo de dolor: el cuerpo del difunto no ha podido ser enterrado por sus familiares ni ha recibido las honras fúnebres.
17)Epitafios de animales
Algunos epigramas son epitafios de animales, generalmente de los más próximos al hombre: perros y caballos 58 . Al parecer, fue la poetisa Ánite de Tegea (ca . 300 a. C.) la iniciadora de los epigramas literarios dedicados a animales; los epigráficos pertenecen a época helenística y romana (el más antiguo es del siglo II a. C.) 59 .
VII. ESTRUCTURA FORMAL DE LOS EPIGRAMAS FUNERARIOS : EPIGRAMAS DIALOGADOS Y EPIGRAMAS «CONCURRENTES »
De las diversas formas literarias que puede presentar un epigrama funerario, narrativa, descriptiva, gnómica, discurso directo y diálogo, es esta última la que resulta más llamativa.
Las fórmulas de los epigramas más antiguos presentan la tercera persona: nos informan del nombre del difunto y aluden al monumento sepulcral mediante expresiones como «este es el sepulcro de…», «aquí yace…», «este que ves aquí es…». Innovación algo posterior es el empleo del discurso directo, puesto en boca del sepulcro o del difunto. Tales fórmulas llaman la atención del posible caminante y le informan sobre la identidad del muerto (ya en el siglo VI a. C.; cf. núms. 3 y 35). A partir del siglo IV a. C. puede ser el viandante quien dirige su saludo al difunto o al monumento sepulcral (cf. núms. 233 y 283) y pregunta el nombre, filiación, patria, etc., del que está enterrado. De la combinación de estos dos tipos de alocución surgirá el diálogo entre el caminante y el sepulcro o el difunto: el primero saluda y pregunta sobre el difunto, y éste, o el sepulcro, responde.
Por lo general, son dos los interlocutores que intervienen en el diálogo: el sepulcro y el caminante (GV 1831-47), éste y el difunto (GV 1848-72), el difunto y algún familiar vivo (GV 1387, 1873-1880), o incluso dos familiares muertos y enterrados juntos (núm. 46, madre e hijo). Los epigramas dialogados con más de dos interlocutores son muy raros; son más frecuentes en la Antología Palatina (ver núm. 555).
En cuanto a la estructura interna, hay dos tipos de diálogos. En los epigramas dialógicos más antiguos el parlamento de cada interlocutor ocupa un dístico entero, de modo que el cambio de palabra tiene lugar al final del pentámetro, entre dos dísticos. Estos diálogos, breves —no suelen ocupar más de dos dísticos— y sencillos, se caracterizan por su gran rigidez. No se parecen a una conversación real y se diferencian poco de los epigramas no dialogados (núms. 60, 92, 225, 229, 312, 386, 422, etc.). A partir de la época helenística el cambio de palabra entre los interlocutores se produce en el interior de los versos, aunque aprovechando las cesuras principales. Así surgen unos diálogos más elaborados en los que las preguntas y respuestas se suceden unas detrás de otras de modo alterno, lo que les da gran agilidad y una apariencia más real (núms. 16, 203, 228, 264, 334, 358, 555, 593, etc.).
Aunque ya hay ejemplos en los siglos IV y II a. C., es a partir del siglo I a. C. cuando aparecen con cierta frecuencia epigramas dialogados epigráficos, con una forma lo bastante desarrollada como para pensar en una tradición anterior. Es posible que la forma dialogada más sencilla existiera ya en los epigramas inscripcionales desde antiguo, pero los diálogos más elaborados seguramente surgieron primero en los literarios, sin duda bajo la influencia de otros géneros, especialmente de la poesía dramática (tragedia, Comedia Nueva y mimo) y bucólica, y de los diálogos filosóficos; de los literarios pasaron a los epigráficos 60 .
Como ya se ha visto, es característico de los epigramas de época helenística e imperial el gusto por la variación. A esta tendencia responden los llamados epigramas «concurrentes», es decir, varios epigramas de un mismo sepulcro para la misma persona (GV 2016-40). Efectivamente, de modo esporádico desde el siglo V a. C., y con más frecuencia a partir del siglo IV a. C., encontramos sepulcros con dos o más epigramas para un solo difunto, separados a veces por la palabra «otro», por una barra, o por nada. Por lo general son del mismo autor, y casi siempre contienen los mismos elementos y elogios pero redactados de modo diferente: son intentos de profundizar, ampliar o variar un motivo. En sus dos ediciones (GV y GG) W. Peek distingue entre epigramas «paralelos» (Parallelgedichte: el segundo y los demás epigramas son un complemento formal o temático del primero), y epigramas «complementarios» (Ergänzungsgedichte: el segundo y los restantes epigramas se aproximan mucho al primero, o varían uno de sus motivos principales). Pero las diferencias entre ambos tipos son mínimas, y con frecuencia imperceptibles, por lo que en ocasiones no se ve claramente la razón por la cual el editor incluye un epigrama concurrente en uno u otro tipo. A veces estos epigramas concurrentes están en griego y en latín (GV 2005-15), por lo que es interesante la comparación entre los poemas en ambas lenguas. Un caso diferente son aquellos sepulcros con varios epigramas para diferentes muertos enterrados en el mismo lugar.
VIII. OBSERVACIONES SOBRE EL METRO Y LA LENGUA DE LOS EPIGRAMAS FUNERARIOS
El tipo métrico más frecuentemente empleado en los epigramas sepulcrales es el dístico elegíaco, es decir, un hexámetro seguido de un pentámetro dactílico, pero también se usa el hexámetro dactílico, el yambo y el troqueo. Estos dos últimos son muy poco frecuentes, sobre todo el troqueo, y en muchas ocasiones su uso se debe a razones técnicas, cuando el nombre del difunto, de su padre o de su patria no entra en el esquema dactílico.
Los epigramas más antiguos conservados usan el hexámetro dactílico y el yambo. ¿Es sólo casualidad o es que originariamente el esquema métrico del epigrama no era el dístico sino el hexámetro y el yambo? Sea como fuere, el hexámetro, muy adecuado para la narración indefinida, no lo era tanto para expresar el contenido del epigrama. Así, poco a poco fue ganando terreno el dístico elegíaco, que se convirtió en el metro del epigrama por excelencia. Esta forma métrica, de brevedad lapidaria, era muy adecuada para expresar pensamientos cerrados y unitarios y alcanzaba un máximo de concisión y exhaustividad en un mínimo espacio, el impuesto por el material. Estas razones son válidas sobre todo para las épocas arcaica y clásica, cuando el epigrama todavía se caracterizaba por su brevedad.
Los epigramas de época tardía se caracterizan por sus frecuentes irregularidades métricas, hasta el punto de que en ocasiones cabe dudar —sobre todo en inscripciones breves y de esquema yámbico— si estamos ante un texto en verso o en prosa. Por lo demás, en algunos epigramas se mezcla prosa y verso.
Es opinión generalizada que la lengua de los epigramas funerarios, tanto epigráficos como literarios, se caracteriza por una gran influencia de la lengua épica y de la elegía, con numerosas fórmulas y expresiones procedentes de la poesía homérica, aunque su frecuencia no es la misma en todas las épocas ni es igual en los epigramas inscripcionales que en los literarios. Así, algunos autores 61 consideran que la base de la poesía epigramática es la lengua épica. Una de las principales causas es el empleo del mismo tipo de metro, el hexámetro dactílico y el dístico elegíaco, con el que se introducen también fórmulas y expresiones homéricas estrechamente ligadas al metro dactílico 62 .
Para estos autores, el empleo de la lengua épica en los epigramas sepulcrales se produce sobre todo a partir del siglo IV a. C.; los epigramas más antiguos, en cambio, tienden a utilizar la lengua local propia de la ciudad del difunto, pues los poetas tenían que adaptarse al dialecto de la persona o ciudad que encargaba el epigrama. Esta tendencia a conservar el dialecto local hace que con frecuencia las fórmulas y formas homéricas sean adaptadas a la fonética local y los epigramas presenten una mezcla de elementos homéricos y elementos dialectales.
Sin embargo, este predominio del dialecto local sobre la lengua homérica en los epigramas de época arcaica y clásica no es tan evidente, pues en la mayoría de ellos la presencia del dialecto se limita a un barniz dialectal superficial sobre la lengua épica que afecta casi exclusivamente a la fonética 63 , y son numerosos los que emplean una lengua completamente homerizante, sin ningún elemento local. Esto ocurre ante todo en los epigramas de muertos en combate que, por su tema, se prestan más al uso de fórmulas homéricas y de la elegía de tipo guerrero de Tirteo y Calino. Lo que sí es cierto, es que a partir del siglo IV a. C. la presencia de la lengua local cada vez es más esporádica y artificial. Este hecho responde también al retroceso que van a experimentar todos los dialectos griegos en general desde época helenística 64 .
Otra cuestión importante es la posible existencia de repertorios de fórmulas sepulcrales, utilizados por los poetas al componer los epigramas, y que aplicaban según las necesidades concretas: se elegían las fórmulas adecuadas para cada situación y se adaptaban a las circunstancias 65 . Así, para referirse a la muerte son típicas las expresiones «abandonar la luz del sol», «marchar a la morada de Perséfone», «el envidioso Hades lo raptó», «al marchar dejó a los suyos dolor y lágrimas». También abundan las alusiones y dedicaciones a los dioses subterráneos, fórmulas de maldición contra los posibles profanadores de la tumba, etc. Una vez fijada la fórmula, ésta se mantiene a lo largo de siglos y en un mismo epigrama pueden coexistir elementos antiguos junto a elementos nuevos. Es lo que ocurre en muchos epigramas cristianos, que adoptan antiguos elementos paganos, aunque en algún caso no sean muy acordes con las ideas cristianas.
A partir de época imperial el gusto por lo artificial y oscuro se refleja en el empleo de acrósticos en los epigramas sepulcrales, principalmente entre los siglos II y IV d. C. Como la misma palabra indica, el acróstico consiste en la formación de una palabra, un nombre o una frase mediante la letra o la sílaba inicial de cada verso o línea de escritura. La mayoría de las veces se trata del nombre del difunto, debido a la importancia que éste tenía. Hay acrósticos tanto en inscripciones en prosa como en verso —más en estas últimas—, y con una frecuencia mucho mayor en los epitafios cristianos (cf. Guarducci, Ep. Gr . III, pág. 83). Encontramos acrósticos en núms. 108, 120, 351, y en GV 967 y 1610.
A este gusto por lo artificioso responde el empleo de isopsefias, es decir, la coincidencia de las sumas de los valores numéricos de las letras de dos o más palabras o frases, o de otros juegos aritméticos (cf. núms. 581 y 594). Este es un recurso muy usado por judíos y cristianos.
IX. NUESTRA TRADUCCIÓN
1)Criterios seguidos en la selección y ordenación de los epigramas
Algunas ediciones de epigramas inscripcionales, como la de Peek (GV) , incluyen también epigramas procedentes de la Antología Palatina o transmitidos por citas de autores antiguos, por considerar que en su día estuvieron realmente escritos en un sepulcro. En cualquier caso la decisión depende del criterio subjetivo de cada editor, pudiendo variar de una edición a otra los epigramas literarios considerados como reales. En esta traducción, sin embargo, sólo se incluyen epigramas que con toda seguridad son reales, pues nos han llegado escritos en un monumento sepulcral (aunque en algún caso se hayan conservado también por vía literaria como, por ejemplo, núm. 339 = AP VII 553). En ocasiones la piedra se halla en paradero desconocido, pero conocemos su inscripción por alguna copia hecha antes de que se perdiera.
Aunque es casi imposible cuantificarlos con exactitud, se calcula en varios miles los epigramas funerarios epigráficos conservados. W. Peek en GV recoge 2138, y dice haber dejado fuera al menos otros tantos, y eso sin contar los de época medieval y bizantina. También aquí nosotros hemos tenido que hacer una selección de todo este ingente material.
En primer lugar, hemos excluido los fragmentos e inscripciones muy mutiladas que, como señala L. Robert en su reseña a GV (Gnomom 31 (1959), 2) sólo sirven para hacer reconstrucciones largas e inútiles. No recogemos tampoco aquellos epigramas sin ninguna originalidad, consistentes en la repetición de las mismas fórmulas en las que sólo cambia el nombre del difunto y algún dato más. Como muestra basta con un epigrama.
Esta selección se basa ante todo en un criterio tipológico y temático: hemos procurado que hubiera epigramas representativos de todos los temas y motivos, eligiendo naturalmente entre éstos los más bellos e interesantes desde el punto de vista literario. También en algunos casos la originalidad ha sido un factor decisivo. Por lo general no hemos incluido epigramas judíos y cristianos, excepto aquellos cuyo contenido respondía más bien a ideas griegas paganas.
En cuanto a los epigramas concurrentes bilingües en griego y latín, hemos traducido también la parte latina, pues de lo contrario la verdadera forma originaria del epigrama hubiera quedado incompleta.
Cuestión difícil es establecer el criterio para la ordenación de los epigramas. Las ediciones y colecciones siguen diversos criterios, generalmente más de uno, con un orden de preferencia: cronológico, geográfico, temático o, incluso, métrico. Todos tienen inconvenientes. Kaibel (EG) , por ejemplo, sigue un orden geográfico dentro de cada categoría (sepulcrales, votivos y honoríficos). Pero a menudo los epigramas procedentes de un mismo lugar no guardan entre ellos una relación estrecha, de modo que sólo se pueden hacer agrupaciones geográficas en determinados casos, por ejemplo, cuando se trata de grupos homogéneos de ciertas regiones, cuyos epigramas tienen características comunes, como en el interior de Asia Menor o en Siria (cf. L. Robert, Gnomon 31 [1959], 2). Por otra parte, un criterio cronológico presenta el inconveniente de que en la mayor parte de los epigramas es muy difícil establecer una cronología precisa. Según L. Robert (loc. cit.) , en primer lugar deberían establecerse grandes períodos (como hacen Friedaländer-Hoffleit en Epigrammata…: época arcaica, clásica, helenística, romana, antigüedad tardía), y posteriormente dentro de cada período agrupar los epigramas por temas. En su opinión, este procedimiento permite seguir la fortuna de los diversos temas en cada época 66 .
En nuestra traducción hemos clasificado los epigramas temáticamente, y luego, dentro de cada grupo temático, cronológicamente. Este procedimiento presenta las mismas ventajas que el que propone Robert, pues permite igualmente seguir la evolución de los diferentes motivos a lo largo de la historia, a la vez que evita el problema que presentan los epigramas de cronología desconocida o dudosa 67 .
Un inconveniente es que la mayor parte de los epigramas no presentan un único motivo, por lo que podrían ser incluidos en más de un grupo o apartado. En esos casos hemos elegido el motivo que nos parece el principal o más destacado; si de entre los diversos motivos no sobresale ninguno en especial, incluimos el epigrama en un grupo menos saturado, procurando que todos los grupos temáticos estén suficientemente representados.
2)Ediciones utilizadas y traducciones anteriores
Por lo general hemos utilizado la edición de W. Peek, Griechische Vers-Inschriften (—GV) . Esta edición ha sido objeto de duras críticas, como la ya mencionada de L. Robert (Gnomon 31 (1959), págs. 1-30). Los principales defectos que se le atribuyen son sus aventuradas lecturas (Peek ve letras y palabras donde, según otros editores, no hay nada), y sus extensas y arbitrarias reconstrucciones: a partir de pequeños fragmentos se inventa versos y hasta epigramas enteros (cosa que, por otra parte, también hace Kaibel en su edición). L. Robert le critica asimismo que la información sobre cada epigrama aparezca a pie de página (a veces incluso en la página siguiente), y no antes de cada texto. Por otra parte, las fórmulas en prosa con el nombre del difunto, su edad, la invocación a los dioses subterráneos, el saludo al caminante, etc., unas veces aparecen a pie de página y otras en el texto del epigrama, sin indicar que están en prosa y no forman parte del poema. Sus lemas contienen algunas incorrecciones y lagunas, como errores en la procedencia de los epigramas y en la localización de los lugares y ausencia de información sobre los relieves o sobre cuestiones de realia . Otro inconveniente práctico de GV que dificulta su uso es que Peek clasifica los epigramas según la fórmula inicial, con lo que incluye en un mismo grupo epigramas que comienzan de modo semejante pero presentan luego temas completamente diferentes.
A pesar de todo ello, y como el mismo Robert reconoce (op. cit ., pág. 28), la edición de Peek es de gran utilidad, sobre todo como obra de referencia (el mismo Robert en sus trabajos posteriores cita por GV) . Su mérito principal es haber reunido en una sola obra un gran número de epigramas para cuya lectura era preciso acudir a numerosas, y en muchos casos inasequibles, publicaciones. En suma, el Kaibel ha sido sustituido por el Peek .
En la mayoría de los casos, sin embargo, hemos consultado también otras ediciones, anteriores y posteriores a GV , como Corpus Inscriptionum Graecarum (=CIG) , la de Kaibel (Epigrammata Graeca… = EG), Inscriptiones Graecae (= IG), Monumenta Asiae Minoris Antiquae (MAMA), Tituli Asiae Minoris (TAM) , Friedländer-Hoffleit (Epigrammata. Greek Inscriptions…) , Geffcken (Griechische Epigramme…) , la bilingüe de Peek (Griechische Grabgedichte… — GG) , la de Bernand para los epigramas de Egipto (Inscriptions…) , Clairmont (Gravestone and Epigram…) , las dos de Hansen (Carmina Epigraphica… = CEG 1 y 2), y otras publicaciones como el Supplementum Epigraphicum Graecum , el Bulletin Épigraphique de la Revue des études grecques; las obras de L. Robert (Les Gladiateurs.., Études Anatoliennes…) , y sus comentarios y precisiones a GV en la reseña ya mencionada en Gnomon 31 (1959), 1-30.
Respecto a las traducciones anteriores de epigramas funerarios epigráficos, la presente es la primera en nuestra lengua (si exceptuamos los cinco epigramas incluidos por M. Fernández Galiano en su Antología Palatina , Madrid, 1978). La mayor parte de los epigramas incluidos en el presente volumen no han sido traducidos —por lo menos íntegramente— a ninguna lengua. En algunos estudios, como el de Lattimore, Themes in Greek …, se traducen algunos versos sueltos (los que ejemplifican el motivo o tema objeto de estudio). Selecciones bilingües —más o menos extensas— son la de Friedländer-Hoffleit (Epigrammata…; griego-inglés); Peek (GG; griego-alemán) 68 ; Bernand (Inscriptions…; griego-francés, con comentarios muy completos), y Clairmont (Gravestone and Epigram…; griego-inglés, también con buenos comentarios).
A las dificultades que normalmente presenta la traducción de un texto poético, en el caso de los epigramas funerarios epigráficos se añade la circunstancia de que cada uno de ellos tiene una historia textual propia y hace referencia a un contexto particular diferente. Cada epigrama es una unidad cerrada en sí misma que, por su brevedad y por la ausencia de un contexto más amplio, muchas veces es de sentido oscuro y de difícil interpretación.
Los múltiples aspectos del pensamiento y cultura helénicos a los que hacen referencia los epigramas funerarios epigráficos, hacen que su edición, traducción y comentario sean una tarea más propia de un grupo de estudiosos, especialistas de diversos campos, que de uno solo, que difícilmente podrá estudiar con la misma competencia todas las categorías de epigramas con las diversas cuestiones que presentan en su forma y contenido (epigráficas, arqueológicas, históricas, literarias, métricas, filosóficas, religiosas, onomásticas, etc.).
3)Presentación de los epigramas
Cada epigrama está precedido de un lema. En él se indica en primer lugar el tipo de monumento sepulcral en que se encuentra el epigrama, a no ser que éste se haya perdido y la copia por la que conocemos la inscripción no indique si se trata de una estela, altar, etc. Sigue el lugar de procedencia de la piedra 69 , y su fecha aproximada. En principio admitimos la datación propuesta por el editor, aunque a veces no indica ninguna fecha, como ocurre con frecuencia en la edición de Kaibel. Después se indica el número de versos del epigrama y el tipo de metro.
Como ya hemos dicho, a menudo los epitafios están adornados con relieves. Unas veces el tema de éstos no guarda ninguna relación con el contenido del epigrama —puede ocurrir que el sepulcro no haya sido encargado expresamente para esa ocasión concreta, sino elegido y comprado entre otros hechos de antemano—, pero con frecuencia la representación figurada está estrechamente relacionada con el texto del epigrama y puede contribuir a su comprensión (o viceversa). Por ello, siempre que conozcamos el relieve, bien por fotografía, bien a través de la descripción del editor, lo describimos brevemente.
Encima o debajo del epigrama —a veces en uno de los lados— suele haber fórmulas en prosa con el nombre del difunto, filiación, edad, nombre del que ha erigido el sepulcro, invocación a los dioses subterráneos, prohibición de profanar la tumba o enterrar a alguien más en ella, etc. Muchas veces están en latín, aunque el epigrama esté en griego. Estas indicaciones en prosa las presentamos en versalitas para diferenciarlas del texto del epigrama.
Los epigramas «concurrentes», es decir, varios epigramas escritos para un mismo difunto, los presentamos juntos bajo el mismo lema. Si contienen diferentes temas se procede del mismo modo que cuando se trata de un solo epigrama: se incluyen en el apartado correspondiente al motivo principal. En el caso de aquellos epigramas escritos en el mismo sepulcro, pero para difuntos diferentes, les asignamos a cada uno un número propio, y los incluimos en su apartado correspondiente.
Seguimos una numeración propia en el orden de los epigramas, aunque entre paréntesis añadimos su correspondencia en GV o, en su defecto, en la edición pertinente.
Solamente numeramos los versos cuando el epigrama tiene más de cinco, indicando los versos múltiplos de 4 ó de 5, según lo permita la correspondencia del texto castellano con el griego.
En cuanto a las reconstrucciones, sólo admitimos las que son prácticamente seguras, prescindiendo de aquellas completamente gratuitas y sin ninguna base, como suele ocurrir con las de Peek. Respecto a las abreviaturas, las completamos solamente cuando no hay duda de la palabra que corresponde.
4)Signos y abreviaturas empleados
Empleamos los signos diacríticos recomendados por la Convención de Leyden y empleados en SEG . En nuestra traducción se han utilizado sólo los siguientes:
[…], para indicar las lagunas en el texto debidas al deterioro material de la piedra. En el caso de reconstrucción por el editor, ésta, en el caso de ser aceptada, se incluye dentro de los corchetes.
(…), los corchetes de este tipo se usan para completar una palabra abreviada en el texto original.
<…>, corrección del texto original.
{…}, error del lapicida, suprimido por el editor.
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1 O incluso en un disco de piedra colocado encima del lugar en que, bajo tierra, yacía la cabeza del difunto. Esta costumbre está documentada en la isla de Casos hasta los siglos IV y III a. C. En ocasiones, en cambio, los griegos colocaban el nombre del difunto dentro de la tumba, en contacto más estrecho con sus restos mortales, aunque en estos casos podía escribirse también fuera del sepulcro. A este tipo pertenecen una serie de tablillas procedentes de la Megáride (siglos v-II a. C.), casi todas de mármol, y de Mirina, en la Eólide (vid. M. GUARDUCCI , Rend. Lincei , 1970, págs. 389-93). Estas últimas, de bronce y datables entre los siglos III y II a. C., probablemente estaban sujetas al pecho o a un brazo del difunto, como lo demuestran unos agujeros hechos en el bronce por donde pasaría el cordel que unía la tablilla al difunto. ¿Cuál era el objetivo de estas tablillas colocadas dentro de la tumba?: el deseo de que «estuviera unido el mayor tiempo posible a los restos mortales de la persona querida el elemento que —junto con el rostro— caracteriza a un hombre, es decir, su nombre» (GUARDUCCI , Epigrafia Greca III , pág. 142).
2 Muchas veces la estela estaba adornada con coronas; éstas podían ser una imitación en piedra de las coronas reales de hojas o flores depositadas en las tumbas. En ocasiones, en época imperial, servían para conmemorar las victorias conseguidas por el difunto en juegos y competiciones.
3 En el Ática, desde comienzos del siglo VI a. C., hay tablillas de cerámica pintadas con figuras negras que representan escenas funerarias, como la exposición del muerto y el cortejo fúnebre. Se colgaban en las tumbas.
4 Los tipos de vaso más frecuentes eran el luterio (ancho recipiente para abluciones), el lécito (vaso alargado con asa que contenía el aceite o ungüentos) y el lutróforo (vaso alto con dos asas que contenía el agua del baño nupcial; por ello —en ocasiones junto con la estatua de un o una joven derramando el agua nupcial— solía adornar las tumbas de los jóvenes muertos antes de su boda. Cf. DEMÓSTENES , Contra Leócares 18 y 30; PÓLUX , Onom. 8, 66).
5 Ya antes, Solón había intentado lo mismo sin éxito y, al parecer, también Temístocles.
6 Sobre la variación en el epigrama helenístico, ver W. LUDWING , «Die Kunst der Variation im hellenistischen Liebesepigramm», en L’epigramme grecque (Entretiens… XIV. Fondation Hardt), Vandoeuvres-Ginebra, 1967, y J. S. L. TARAN , The Art of Variation on the Hellenistic Epigram , Leiden, 1979.
7 Por ejemplo, AP VII 553 = núm. 339, o GV 7 = PLUTARCO , Mor. 870e = DIÓN DE PRUSA , XXXVII 18.
8 Cf. H. MÖBIUS , «Stele», RE III A, 2, cols. 2307 y ss.
9 Sobre este punto, véase G. PFOHL , «Die ältesten Inschriften der Griechen», QUCC 7 (1969), 11 y ss.
10 Véase FRIEDLÄNDER -HOFFLEIT , Epigrammata. Greek Inscriptions… , pág. 7; PFOHL , discusión a RAUBITSCHEK , «Das Denkmal-Epigramm…», pág. 27, y H. HÄUSLE , Einfache und frühe Formen…. pág. 132 y ss.
11 Cf. AP VII 153: «Doncella de bronce soy y yazco sobre el sepulcro de Midas. Mientras el agua corra y florezcan los altos árboles, permaneceré aquí, sobre su tumba bañada de lágrimas, y anunciaré a los caminantes que en este lugar está enterrado Midas». Este famoso epigrama nos ha sido transmitido por numerosas fuentes (cf. PREGER , Inscriptiones Graecae… , núm. 233). Véase el núm. 29 de nuestra selección.
12 M. GUARDUCCI , Epigrafía greca… III, págs. 143-6, recoge los términos que en las inscripciones en prosa y verso sirven para designar el sepulcro.
13 Sobre la importancia del nombre en la Antigüedad y su papel en los ritos funerarios, véase ROHDE , Psiqué , pág. 548; HÄUSLE , Einfache und frühe… , págs. 111-113.
14 Sobre los criterios seguidos en la ordenación de los epigramas, véase infra , § IXa.
15 También este motivo es objeto de burla en algunos epigramas de la Antología Palatina dedicados a cínicos famosos: en el lugar reservado a los buenos deseos para el caminante, el difunto se despide con maldiciones; cf. AP VII 313, 314, 316, 318, 320.
16 J. S. L. TARAN , The Art of Variation… , pág. 132 y ss., trata con más amplitud el motivo de la transmisión del mensaje, sus elementos y fórmulas.
17 Véase el estudio de H. NORTH , Sophrosýne. Self-knowledge and selfrestraint in Greek Literature , Nueva York, 1966.
18 Cf., por ejemplo, el epitafio, ya mencionado, de Leónidas y los espartanos caídos en las Termópilas, AP VII 249, o el de los corintios caídos en Salamina, GV 7 = PLUTARCO , Mor. 870e. Cf. también AP VII 242-9.
19 Sobre este grupo temático, véase R. HEINZE , «Von altgriechischen Kriegergräbern», Neue Jahrbüche f. das klass. Altertum 8 (1915), 1 y ss. (id. en Das Epigramm. Darmstadt, 1969. editado por G. Pfhol, págs. 47-55); A. STECHER , Inschriftliche Grabgedichte auf Krieger und Athleten: eine Studie zu griechischen Wertprädikationem (Commentationes Aenipontanae XXV11), Innsbruck, 1981.
20 Véanse los apartados correspondientes.
21 Es evidente su relación con la llamada «literatura de consolación» y con los discursos fúnebres. Véase R. KASSEL , Untersuchungen zur griechischen und römischen Konsolationsliteratur (Zetemata, 18), Munich, 1958; M. DURRY , «Laudatio funebris et rhétorique», RPh 16 (1942), págs. 105-114. Es frecuente la literatura de consolación en forma de carta a una persona con motivo de una muerte concreta, donde se exponen ideas filosóficas sobre el hombre y la muerte (cf. PLUTARCO , Consolación a Apolonio; SÉNECA , A Marcia y A Polibio).
22 Cf. TEOGNIS , 425-428; SÓFOCLES , Electra 1270; PLUTARCO , Cons. a Apolonio 106c, y AP VII 308, 383 y 662.
23 Cf. núms. 106, 108, 113, 510; AP VII 452, 472b; ESTOBEO , Floril. CXX II, y PLUTARCO , Consolación a Apolonio 106d. Véase también SÉNECA , Ep. 70, 3: Scopulum esse illum putamus dementissimi: portus est.
24 Fragm. 125 Kock (transmitido por ESTOBEO , IV 52, 27, y citado también por PLUTARCO , Consolación a Apolonio 119e). Cf. AP VII 574.
25 Cf. AP VII 180, en que un esclavo cae a la fosa mientras cava la sepultura de su dueño, que ahora sera la suya; ibid. 336, en que un anciano es enterrado vivo; ibid. 274 y 276: el cadáver de un náufrago aparece semidevorado por los peces, etc.
26 En ocasiones, sobre las estelas de muertos violentamente (biaiothánatoi). o antes de tiempo (áōroi) , están grabadas dos manos extendidas y alzadas, que simbolizan la invocación al sol, vengador de los asesinatos: piden venganza para el homicida, en caso de muertos por asesinato, o para los posibles profanadores de la tumba. Cf. F. CUMONT , «11 sole vindice…», Memorie della accademia pont, di archeologia , 1923, pág. 67; ibid. , «Nuovi epitafi…», Rendiconti pontificia accad. di archeologia , 1927, págs. 71 y ss.
27 Cf. núms. 55, 117, 191, 219, 220 II, 471; PLUTARCO , Cons. a Apol. 105b; AP VII 387, 712, etc. Sobre esta cuestión, véase DODDS , Los griegos…. pág. 41 y ss.
28 Véanse los estudios monográficos de J. TER VRUGHT -LENTZ , Mors immatura , Groningen, 1960; E. GRIESSMAIR , Das Motiv der “mors immatura” in den griechischen metrischen Grabinschriften (Commentationes Aenipontanae XVII), Innsbruck, 1966, y A. M. VERILHAC , Πα
δες ἂωροι. Poésie funéraire I , Atenas, 1978.
29 DEMÓSTENES , XXIV 107; ESQUINES , I 13 y 28; LISIAS , XIII 91; ISEO , II 45; PAUSANIAS , II 25, 2; DIÓGENES LAERCIO , Solón I 55; QUINTILIANO , VII 6; etc. (ver ROHDE , Psiqué… , págs. 219 y 244, nota 115).
30 Sobre esta cuestión, véase el artículo de L. LERAT , «Une loi de Delphes sur les devoirs des enfants envers leurs parents», Revue de Philologie 69 (1943), 62-86; según el decreto objeto de este estudio, de fines del siglo IV a. C. o comienzos del siguiente, si alguien no asegura la subsistencia de sus padres, deberá ser denunciado ante el Consejo y condenado a prisión. También en época romana había una ley que obligaba a los hijos a cuidar de sus padres ancianos.
31 Un estudio de la sociedad griega a través de los epigramas funerarios hace G. FOHLEN en «Quelques aspects…».
32 Sobre los epitafios de gladiadores, que constituyen un grupo de gran interés, véase el excelente estudio de L. ROBERT , Les Gladiateurs dans l’orient grec , Amsterdam, 1971; sobre los de atletas, véase STECHER , Inschrifiliche Grabgedichte…
33 La situación de la esclavitud reflejada en los epigramas funerarios ha sido estudiada por H. RAFFEINER , Sklaven und Freigelassene. Eine soziologische Studie auf der Grundlage des griechischen Grabepigramms , Innsbruck, 1977.
34 Sobre las costumbres funerarias de los griegos, véase LUCIANO , Sobre el duelo, y ROHDE , Psiqué…. pág. 33 y sigs.
35 Algunos consideran que la costumbre de cortarse el cabello y depositarlo sobre la tumba era un sustituto de los antiguos sacrificios humanos de toda la persona (cf. ROHDE , Psique… , pág. 36, nota 12). Según una creencia antigua, la fuerza de la persona estaba en su cabello (no olvidemos a Sansón y Dalila). Cf. CUMONT , LUX Perpetua , pág. 31.
36 Se han dado diversas explicaciones al empleo de estos alimentos para las libaciones (el vino, como sucesor de la sangre de los antiguos sacrificios funerarios cruentos; el aceite, por ser el olivo un árbol funerario, ya que su hoja perenne simboliza la supervivencia del alma, etc.). En realidad, el empleo de la leche, aceite, vino y miel para las libaciones a los muertos se remonta a una época en que constituían un alimento fundamental para la población rústica: si lo era para los vivos, también lo era para los muertos (cf. CUMONT , LUX Perpetua , págs. 32-4). G. SACCO , «11 miele e la cera nelle iscrizioni funerarie», RFIC 106 (1978), 77-81, estudia brevemente el empleo de la miel para cubrir el cuerpo del difunto a modo de un rudimentario embalsamamiento, práctica, por otra parte, de origen oriental (en págs. 77-8, nota 7, la autora cita las numerosas fuentes antiguas griegas y latinas, al respecto).
37 Cf. ESQUILO , Coéforos 894-5 (Orestes a Clitemnestra): «¿Amas a este hombre? Entonces yacerás en el mismo sepulcro. No le abandones ni en la muerte.»; ibid. 906-7. Ver también SÓFOCLES , Antígona 1240-1; EURÍPIDES , Alcestis 363-8, y AP VII 378.
38 Cf. SÓFOCLES , Electra 1165, y AP VII 323. No eran raras en Grecia las tumbas familiares (cf. la fórmula «estoy llena», o «completa está mi carga» de muchos epitafios, sobre todo en prosa).
39 Para los epigramas de este apartado, véase FOHLEN , «Quelques aspects…», y PFOHL , Elementa… , pág. 12.
40 Véase J. LABARBE , «Les aspects gnomiques…», que distingue, además, entre motivos «funcionales» y «no funcionales».
41 Para ver las creencias de los griegos sobre el mundo de ultratumba es interesante la obra de LUCIANO Sobre el duelo , en la que el autor critica las ingenuas creencias de sus contemporáneos.
42 «Dejad que los muertos sean cubiertos por la tierra. Que al lugar de donde cada uno vino a la luz, allí regrese: el espíritu al éter y el cuerpo a la tierra. Pues en modo alguno lo tenemos en propiedad como algo nuestro, antes bien, tan sólo para habitar en él mientras vivimos: después es forzoso que lo reciba aquella que lo engendró.»
43 Cf. el epigrama atribuido a EPICARMO , Fragm. 296 Kaibel: «Soy cadáver. Un cadáver es estiércol, y el estiércol tierra. Si, por tanto, un cadáver es tierra, ya no soy cadáver sino una divinidad».
44 PAUSANIAS , X 4, 10, cuenta cómo la losa sepulcral tenía una cavidad llena de agujeros, para que el líquido de las libaciones derramadas allí atravesara la placa perforada, y por un tubo fuera conducido hasta el esqueleto o hasta la urna que guardaba las cenizas.
45 Cf. F. AURA JORRO , di-pi-si-jo, Diccionario Micénico I, Madrid, 1985, págs. 175-6.
46 Sobre la «sed de los muertos» y el agua ctónica, véanse NILSSON , Geschichte der gr. Rel. , pág. 227; ROHDE , Psyqué (trad, esp.), pág. 577; W. DÉONNA , «La soif des morts», Revue de l’histoire des Religions 109 (1939), 53 y ss.; BERNAND , Inscriptions… , pág. 218, notas 6-10; J. RUDHARDT , Le thème de l’eau primordiale dans la mythologie grecque , Berna, 1971; VERMEULE , La muerte en la poesía… , págs. 111-5 (estos dos últimos con bibliografía sobre la cuestión). La metáfora se introdujo también en la liturgia de la Iglesia (cf. BERNAND , op. cit. , pág. 218, nota 10).
47 Véanse núms. 155, 188, 382, 594. Cf. AP VII 308, 383, 481, 662.
48 Cf. C. GARCÍA GUAL , Epicuro , 3.a reimpr., Madrid, 1988, pág. 145 y ss.
49 Este motivo aparece en el famoso epigrama del rey Sardanápalo, transmitido por numerosas fuentes, entre ellas AP VII 325, y ATENEO , VIII 336 A. Cf. M. L. DEL BARRIO , «Dum vixi bibi libenter», X Simposio de Estudios Clásicos , Tarragona, 29-30 de noviembre de 1990.
50 Salmo 102, 15-16: «Los días del hombre son como la hierba; como flor del campo florece. Sobre ella pasa un soplo y ya no existe, no se conoce ya su lugar»; Job 14, 2: «(el hombre) como flor brota y se marchita»; ibid. 15, 32: «Su ramaje se marchitará antes de tiempo y sus ramas no reverdecerán».
51 La flor predilecta es la rosa. El jacinto y el narciso son significativos, porque representan a personas que han muerto jóvenes y bellas, como aquellos que dieron nombre a estas flores (ver núm. 381, nota 1), y se han convertido en ellas.
52 Cf. PLUTARCO , Consol, a Apolonio 116a; EPICTETO , Diatr. I, I, 32; id., Encheir. XI, XIV. Ver LIER , «Topica carminum…», págs. 578-82; LATTIMORE , Themes in Greek… , págs. 170-71.
53 Cf. CATULO , V 4: Nox est perpetua una dormienda; o el famoso soliloquio sobre la vida y la muerte de Hamlet de SHAKESPEARE (Acto III, escena primera): «To die, to sleep. No more…».
54 Cf. AP VII 451, de CALIMACO : «En este lugar Saón, hijo de Dicón, de Acanto, duerme un sueño sagrado. No digas que los buenos mueren». Ver también núms. 375 II y 483 II; AP VII 29, 30, 91, 170, 173, 219, 260, 290, 305, 338, 390, 419, 459 y 536.
55 Cf. HESÍODO, Teog. 212 y ss., y 758; SÓFOCLES , Edipo en Colono 621. Véase J. L. EGER , Le Sommeil et la Mort dans la Grèce antique , Paris, 1966, y VERMEULE , La muerte en la poesía… , pág. 245 y ss.
56 Véase A. PARROT , Malédictions et violations de tombes , París, 1939.
57 Cf. CIG 3915, ibid 2826, y IG III 1417, 1418, 1419, 1420, 1421, 1423, 1424, etc., todos ellos epitafios en prosa; en éstos las fórmulas de maldición pueden ser muy extensas (cf. IG XII 9, 1179; ibid. 955).
58 Hay que destacar, en cambio, el monumento a una serpiente sagrada en Egipto (núm. 553); no sabemos si había más de este tipo.
59 Véase G. HERRLINGER , Totenklage um Tiere in der antiken Dichtung , Tubinga, 1930; C. VERMEULE , «Greek Funerary Animals 450/300 B. C.», AJA 76 (1972), 49-59.
60 Un estudio más detallado se puede encontrar en W. RASCHE , De Anthologiae graecae epigrammatis, quae colloquii forman habent , Münster, 1910, y M. L. DEL BARRIO , «Epigramas dialogados: orígenes y estructura», CFC 23 (1989), 189-201.
61 D. HOFFMANN , A. DEBRUNNER , A. SCHERER , Geschichte der griechischen Sprache = Historia de la lengua griega [trad. A. MORALEJO ], Madrid, 1973, págs. 109-113; PREGER , en los Prolegomena a sus Inscriptiones Graecae… , págs. XVII y ss.; A. THUMB , E. KIECKERS , Handbuch der griechischen Dialekten , Heidelberg, 1932, págs. 221 y ss.
62 También hay que pensar en la influencia de antiguas tradiciones épicas de algunas regiones de la Grecia continental, como Beocia y la Argólide. Para un estudio más detallado de las correspondencias entre las fórmulas de la épica arcaica, de la elegía y de las inscripciones en hexámetros y dísticos elegíacos, remitimos al trabajo de GENTILI , «Epigramma ed elegia…», y Z. DI TILLLO , «Confronti formulari e lessicali tra le iscrizioni esametriche ed elegiache dal VII al v sec. a. C. e l’epos arcaico: I. Iscrizioni sepolcrali», QUCC 7 (1969), 45-73.
63 Cf. V. PISANI , Manuale storico de la lingua greca , 2.a ed., Brescia, 1973, págs. 162 y ss.
64 Sobre la lengua y el metro de los epigramas véase, además de los estudios citados, C. D. BUCK , «A Question of Dialect Mixture in the Greek epigram», Antidoron. Festschrift Jacob Wackernagel zur Vollendung des 70 , 1923, págs. 132-6; B. KOCK , De epigrammatum Graecorum dialectis , Gotinga, 1910; M. MORANTI , «Formule metriche nelle iscrizioni greche archaiche», QUCC 13 (1972), 7-23, y C. GALLAVOTTI , Metri e ritmi nelle iscrizioni greche (suppl. núm. 2 al Bolletino dei Classici. Academia Nazionale dei Lincei), Roma, 1979.
65 Cf. W. LUDWIG , «Die Kunst der Variation…», pág. 299.
66 Sobre esta cuestión véase G. PFOHL , «Die epigrammatische Poesie…».
67 Un criterio temático sigue también, por lo menos en la primera parte, el recopilador de la Antología Palatina en los epigramas funerarios del libro VII, aunque a partir del núm. 364 la ordenación por temas es abandonada, sin que se pueda distinguir cuál es el criterio seguido.
68 Libro útil solamente por sus comentarios e información sobre los aspectos externos del monumento sepulcral. Desaconsejamos su uso para el original griego. La razón: no se distinguen formalmente con ningún signo ni indicación las reconstrucciones y «creaciones» del editor, del texto que realmente pertenece al epigrama griego.
69 Siempre que nos es posible indicamos el lugar exacto de procedencia y la región a la que pertenece el monumento, datos que con frecuencia faltan en GV.
I
EL SEPULCRO, PERVIVENCIA DEL DIFUNTO
1 (GV 156)
Basa de mármol. Sunion, siglo VI a. C. Dos hexámetros dactílicos.
El sepulcro de Epicles, hijo de Damasístrato, en este lugar lo ha erigido Pisiánax. Pues es un honor que corresponde a los muertos 1 .
2 (GV 1223)
Basa de mármol. Procedencia desconocida, ahora en Atenas, mediados del siglo VI a. C. Un dístico elegíaco.
Contempla el sepulcro que guarda muerto a Cleeto, el hijo de Menesecmo, y compadécete: con todo lo bueno que era, murió.
3 (GV 1210)
Estela. Eretria, mediados del siglo V a. C. Siete hexámetros dactílicos, menos el tercer verso, un pentámetro.
Que os vaya bien, vosotros que pasáis a mi lado. Yo, en cambio, yazco aquí tras mi muerte. Acércate y sabrás quién es el hombre aquí enterrado. Extranjero es, de Egina. Mnesíteo es su nombre. Mi madre Timárete me erigió un sepulcro [5] y, en lo alto del túmulo, una estela que sin descanso cada día dirá a los que a su lado pasen: «Me erigió Timárete sobre su hijo muerto».
4 (GV 83)
Estela. Ática, comienzos del siglo IV a. C. Tres versos de ritmo dactílico de diversa longitud.
CALÍMACO
Este sepulcro será el recuerdo de Calímaco entre los hombres. Salud a vosotros, los que pasáis delante de él. Yo he abandonado mi patria y en este lugar yazco, desdichado, sin haber visto antes a mis queridos padres.
5 (GV 287)
Estela. Pireo, primera mitad del siglo IV a. C. Dos hexámetros dactílicos. En el relieve, una mujer sentada vuelta hacia la derecha sostiene un espejo en su mano izquierda.
BELTISTE , HIJA DE NUMENIO DE HERACLEA
A mi piadosa madre con piedad he enterrado, para que todos puedan verla. Por ello soy digno de elogio y alabanzas.
6 (GV 1654)
Templete con relieve. Ática, primer cuarto del siglo IV a. C. Cinco versos (dos hexámetros dactílicos separados por dos pentámetros, más un adonio). En el relieve una muchacha, la difunta, se mira en el espejo que sostiene con su mano izquierda.
Morir es el destino de cuantos viven. Tú, Pausímaca, has dejado lastimero dolor a tus padres, a tu madre Fenipe y a tu padre Pausanias. Este sepulcro es recuerdo de tu virtud y sensatez para todos los que pasen a su lado y lo contemplen.
7 (GV 175)
Basa con estela. Lócride occidental, ¿siglos IV -III a. C.? Un dístico elegíaco.
DE HARMÓXENO
Esta estatua de Harmóxeno la erigieron su padre y su madre, memoria de su hijo para las generaciones venideras.
8 (GV 1342)
Estela. Tesalia, siglo III a. C. Un dístico elegíaco.
PROTÓMACO , HIJO DE HEBDOMEO
Cuando pases ante este sepulcro, caminante, salúdame y piadosamente lee la inscripción de Protómaco.
9 (GV 553)
Estela. Siros, siglos III -II a. C. Cuatro versos: dos hexámetros dactílicos (1 y 3), y dos trímetros yámbicos (2 y 4).
A Clitofonte, el hijo de Erasístenes, sacerdote bueno y piadoso, aquí oculta la tierra. Sobre el sepulcro su hija ha erigido esta estela, para que la inscripción acreciente la gloriosa fama de su padre.
10 (GV 1620)
Estela. Alejandría, Egipto, siglos III -II a. C. Nueve trímetros yámbicos.
Esta tumba no está muda: la losa te indicará al difunto, proclamando quién e hijo de quién era el que al Hades ha descendido. Deja caer en tierra tu rodilla, amigo, para que [5] te acerque al muerto 2 , y con tus ojos contempla la inscripción grabada. Ireneo era su padre, Menfis su patria. El nombre que desde niño llevaba era el de […], y en él no había nada malo. [Pero no pudo escapar] al Destino cuando se le echó encima.
11 (GV 1832)
Basa. Astipalea, siglo II a. C. Seis trímetros yámbicos.
«Esta estela no está muda: aún respira en ella el vigor de un hombre que amaba surcar el mar. Deténte, caminante.» — «Detengamos nuestro paso y veamos a quién oculta esta tumba, porque lo anuncia esta inscripción. Al buen [5] hijo de Leptón, a Epígono, cubre este leve montón de tierra, al valedor de su patria.»
12 (GV 534)
Bloque de mármol. Heraclea, Caria, siglos I -II d. C. Dos hexámetros y un pentámetro dactílicos.
A Crispino, ilustre comerciante de ochenta años, esta tumba guarda, junto con su hijo y su mujer. A través de esta estela saluda a los caminantes.
13 (GV 1425)
Estela. Halicarnaso, siglos I -II d. C. Dos dísticos elegíacos seguidos de un pentámetro dactílico.
Con sus propias manos construyó tu padre este sepulcro, para que todos lo vean, a causa de tu virtud. Y yo, aquí encima, a los que pasan a mi lado comunico que guardo al hijo de Mosco, Hermócrates, de la tierra de los [5] calcidios, que aquí yace muerto.
14 (GV 1628)
Estela. Ponto, siglos I -II d. C. Tres dísticos elegíacos.
Al muy prudente Severo esta tierra guarda tras su muerte, y deja que sea su estela la que hable por él: «En [4] vida recibía grandes alabanzas de los vivos. Ahora, tras mi muerte, testigo mío es esta piedra que ha de guardar mi voz, la voz de un muerto, y eternamente entre los vivos hará que resuene en mi lugar».
15 (GV 2021)
Cámara sepulcral. Ponto, siglos I -II d. C. Un dístico elegíaco. En la misma piedra está escrito otro epigrama para otro difunto enterrado en el mismo lugar (núm. 304).
Esta piedra la esculpió Rufo en vida, como antepasado de su linaje, para que sirva de recuerdo.
16 (GV 1852)
Basa. Lapa, Creta, época romana. Un dístico elegíaco con la medida irregular. Los caminantes saludan al difunto, y éste devuelve el saludo.
«Salud, Diomedes, Si{m}bricio.» — «Salud a todos.»
17 (GV 227)
Sarcófago. Termeso, Pisidia, siglo II d. C. Dos dísticos elegíacos.
Para Codrato erigí yo, su padre Codrato, este sepulcro. Rogué que mi hijo viviera ocupando el puesto de su padre, pero murió y nos fue arrebatado antes de lo debido. Este sepulcro, recuerdo del hijo, es consuelo para su padre.
18 (GV 668)
Altar. Tomis, Tracia, siglo II d. C. Cuatro dísticos elegíacos.
Este hermoso sepulcro circular lo construyó Andris para su difunta esposa, en memoria de la preclara honestidad que mantuvo en su lecho nupcial 3 y en toda su vida. [4] Ésta es la única y piadosa obra que sabe hacer este sepulcro: gracias a él florece el recuerdo de los hombres de antaño entre las generaciones futuras. — El Tiempo hace que todo perezca, mas una sola cosa respeta: la gloria entre [8] los vivos y la virtud de los muertos.
19 (GV 1331)
Estela con relieve. Esmirna, siglo II d. C. Cuatro hexámetros dactílicos separados por un pentámetro. En el relieve, un joven con túnica y un perro junto a él.
Saber quieres, caminante, de quién es esta estela, la tumba, y la imagen hace poco esculpida en la estela. Se trata del hijo de Trifón, que su mismo nombre llevaba. Tras recorrer durante catorce años la larga carrera de la [4] vida, esto es lo que he llegado a ser, yo que en otro tiempo fui: una estela, un sepulcro, una piedra, una imagen.
20 (GV 1973)
Altar. Trajano Augusta, Tracia, ¿siglo II d. C.? Dos epigramas paralelos que comienzan con el mismo tema. El primero consta de dos hexámetros dactílicos, el segundo de un dístico elegíaco.
I
En honor de Atiliano su esposa Secunda mandó construir este altar, en memoria de su lecho nupcial 4 y del hijo que lleva en su vientre.
II
Para el héroe Atiliano mandó hacer este altar Secunda, recuerdo para la posteridad, sepultura para el muerto.
21 (GV 251)
Pilar. Bitinia, siglos II -III d. C. Dos hexámetros dactílicos.
Me construyó Longino y me colocó sobre este común sepulcro, en memoria suya y de su esposa, para que sirva de recuerdo, si es que queda alguno.
22 (GV 568)
¿Estela? Nueva Isaura, Isauria, siglos II -III d. C. Dos dísticos elegíacos.
La generosa tierra ha acogido a Papas, y en este lugar lo guarda en su regazo. Vivió entre los hombres con justicia y ahora, tras su muerte, con esta estela y este bello poema lo ha honrado su amante hija Vánalis.
23 (GV 1134)
Roma, siglos II -III d. C. Un trímetro yámbico.
De todo lo que era mío ya sólo <me queda> esto.
24 (GV 1184)
Sebastópolis, Galacia, siglos II —III d. C. Seis hexámetros dactílicos. Quien habla es la estela (o quizá un relieve o una estatua de mujer), piedra sin voz e inmóvil antes de ser esculpida, y luego heraldo del difunto.
La tierra me engendró entre las montañas, pura, virginal, sin voz, inmóvil en mi quietud antaño. Pero ahora, por el arte que esculpe y que cincela, para todos soy heraldo y el destino del que aquí reposa proclamo. Conocedor del [4] arte de las letras y varón venerable, a Máximo en este lugar la madre tierra cubre tras su muerte. [Adiós, caminantes], una vez que habéis conocido el final de la vida.
25 (GV 1306)
Roma, siglos II -III d. C. Dos hexámetros dactílicos seguidos de un pentámetro. Nótese la coincidencia de los nombres de los difuntos, Afrodita y su hijo Eneas, con los de la diosa Afrodita y su hijo, el héroe troyano Eneas.
A LOS D (IOSES ) S (UBTERRÁNEOS )
No desprecies la tumba de Afrodita, caminante. Para mí y para nuestro hijo Eneas la hizo mi buen esposo Hermágoras, para que sirva de recuerdo.
ADIÓS . ELLA VIVIÓ TREINTA Y CINCO AÑOS . ÉL CUATRO AÑOS Y DOCE DÍAS .
26 (GV 1399)
Estela. Queronea, siglos II -III d. C. Un hexámetro dactílico.
Salud, Sotero, amado aun entre los muertos.
27 (GV 1899)
Sarcófago. Termeso, Pisidia, siglos II -III d. C. Dos epigramas paralelos. El primero consta de siete versos en dísticos elegíacos, con un hexámetro dactílico en el verso 5. El segundo está compuesto de dos dísticos.
I
Beoto era mi padre, y a mí todos me llamaban Au(relio) Pánfilo, porque para todos era muy querido 5 . Ahora yazco aquí plácidamente con la única compañía de mi mujer Amía, gozoso junto a mi querida esposa y compañera. Mi hijo Hermógenes quiero que sea el tercero que aquí venga. Y que ningún otro perturbe esta tumba o deberá pagar a (Zeus) Solumeo diez minas.
II
Si vienes a traer un sacrificio como banquete para el dios o para ofrecer incienso y de nuevo te alejas, al pasar por delante dedícame un recuerdo amistoso. Con tu voz quiero que digas esto: «Adiós, excelente Pánfilo».
28 (GV 1629)
Estela. Frigia, ¿siglos II -III d. C.? Seis hexámetros dactílicos, algunos de ellos catalécticos, con numerosas irregularidades métricas.
Este sepulcro y esta estela anunciarán a la posteridad que aquí reposa Asclepiades, desdichado de mí, a quien una malvada divinidad separó del lado de mi padre Orontes, hijo de Asclepiodoro, que en mí tenía puestas sus vanas esperanzas, y de su querida esposa Jerónide, a la que he [5] dejado un lamento como única compañía […].
29 (GV 1945)
Altar. Frigia, ¿siglos II -III d. C.? Dos epigramas paralelos, en hexámetros dactílicos, cinco en el primero y seis en el segundo. Los cuatro últimos versos del primer epigrama reproducen casi exactamente AP VII 153, dedicado a Midas y atribuido a Homero o a Cleobulo de Lindos, y que nos ha llegado por numerosas fuentes, con ligeras variantes, entre ellas Platón, Fedro 264c; Diógenes Laercio, 1 6, 89; Ps. Heródoto, Vida de Homero 135-140, etc. El segundo verso del segundo epigrama falta casi por completo.
AUR(ELIO) MENANDRO , HIJO DE PROCLO , Y APE (LO HICIERON ) PARA SU MUY QUERIDO HIJO PROCLO , Y PARA ELLOS MISMOS , CUANDO AÚN VIVÍAN . TAMBIÉN PARA SUS HIJOS TRÓFIMO , MENANDRO , CIRILA Y DOMNA , SU NUERA , HIJA DE TATIANA , PARA QUE SIRVA DE RECUERDO .
I
En este lugar me han erigido un altar, brillante mensajero de esta tumba. Mientras el agua fluya y florezcan los altos árboles, corran los ríos y resuene el mar, permaneceré [4] sobre este sepulcro, motivo de muchas lágrimas, y anunciaré a los caminantes que aquí está enterrado Proclo.
II
Por todos añorado, el mejor en vida […]. Dejé la luz del sol <a los veintidós años>. Pronto me derribó la Moira y rápidamente se echó sobre mí el funesto Destino. Enosígeo 6 [5] mismo con el tridente entre sus manos me mató, desdichado, junto a la corriente del Tembrogio 7 .
30 (GV 1112a)
Losa de mármol. Roma, siglos II -III d. C. No se sabe cuántos versos se han perdido al comienzo del epigrama. Conservamos cinco hexámetros dactílicos seguidos de un pentámetro. Seguramente se trata del epitafio de una cortesana.
[…] sino mortal. Porque todos me deseaban y para todos era agradable y me ofrecían coronas. Con abundantes perfumes me ungía y dormía en [hermosas camas] y [5] lechos. Cubría mi cuerpo con [muy variados] colores, dignos de los dioses, y tenía una hermosa figura. Después de esto he llegado a la tumba, mas con semejante sepulcro estoy viva y no he muerto.
31 (GV 484)
Placa de mármol. Corinto, siglo III d. C. o posterior. Dos dísticos elegíacos.
[…] yo, Coco, junto con Pancario habito este sepulcro, que recibí como un triste presente. Es motivo de pena para los vivos, de gozo para los muertos, si es que en el Hades es posible alguna alegría a los mortales.
32 (GV 109)
Sarcófago. Roma, ¿siglo IV d. C.? Cuatro hexámetros dactílicos.
Estas son las imágenes de todos los parientes y familiares que han muerto antes, esposas, hijos, nietos. En este lugar las puso Dionisio, para que de todos ellos quedara memoria entre los vivos.
33 (GV 1635)
Estela. Egipto, siglos IV -V d. C. Tres dísticos elegíacos. Seguramente la difunta era cristiana, pues el epigrama presenta mezcla de fórmulas paganas y del Nuevo Testamento.
Antes de que tú digas «oh tumba, ¿quién es el que aquí yace?, ¿de quién es hijo?», la estela se lo anuncia a cuantos pasan a su lado. «Aquí reposa el cuerpo de Macaria, que siempre será recordada, tras haber probado la muerte como suelen hacer los piadosos. Ahora es la sierva [5] de la ciudad celeste de los santos, porque en premio a sus sufrimientos ha recibido la corona celestial.»
34 (GV 2037a)
Losa de mármol. Besara, Palestina, ¿siglos IV -V d. C.? Dos epigramas para dos mujeres, de cuatro y cinco versos de medida irregular.
I
Este sepulcro guarda los restos mortales de Carteria, y preserva el recuerdo imperecedero y preclaro de su linaje. En este lugar la enterró Zenobia, respetando los deseos de su madre.
II
Esta tumba, bienaventurada, te la ha construido Eusebia, tu retoño, a quien diste a luz como fruto de tus entrañas. Porque vuestras ilustres obras harán que ambas, incluso [5] después de la muerte, otra vez y para siempre poseáis una nueva riqueza en el reino de los muertos de la que no os podrán despojar.
II
LLAMADA AL CAMINANTE
35 (GV 1225)
Basa de mármol, procedente del muro de Temístocles en el Dípilon, Atenas. Mediados del siglo VI a. C. Un dístico elegíaco.
Hombre que vas por el camino y en tu mente albergas otros pensamientos: deténte y duélete al ver el sepulcro de Trasón.
36 (GV 1228)
Estela o pilar. Tasos, ca . 500 a. C. Un dístico elegíaco.
Quien no estuviera presente cuando el cortejo fúnebre condujo mi entierro, que entone ahora sus lamentos: esta es la tumba de Teléfanes.
37 (GV 1312)
Estela adquirida en Alejandría, de procedencia desconocida, siglo II a. C. Tres dísticos elegíacos. El poeta contrapone a los pastores, que no saben leer, con el caminante culto que sí puede leer el epigrama y a quien se dirige la llamada. Cf. AP VII 657, que contiene también una invocación a los pastores, aunque con otro carácter.
Pasad, vaqueros, de largo por este camino. Y vosotros, pastores, apacentad vuestros rebaños de ovejas. Pero tú, caminante instruido en las artes de las Musas, detén tu paso y di: «este es el sepulcro de Aline». Luego sigue tu [5] camino. Si me das tu saludo, recíbelo tú también dos veces. Tres hijos dejo en casa y un marido que sufre por mi ausencia.
38 (GV 1239)
Templete. Leontópolis, Egipto, época de Augusto. Cinco versos de medida incierta. El comienzo del epigrama consta de un dístico elegíaco y un hexámetro dactílico. Del resto no se puede reconocer la medida (ya los primeros editores admitían que el final del epigrama se aproxima más a la prosa). La inscripción parece la unión de frases tomadas de diferentes epigramas, lo que da lugar a un esquema métrico irreconocible. Estamos ante el sepulcro de una judía y de su marido Agatocles, de nombre griego. La contradicción entre las fórmulas empleadas («Llorad» — «No lloréis») induce a pensar en un cambio de interlocutor y que el segundo epigrama es pronunciado por la difunta.
Ciudadanos y extranjeros, llorad todos por la casta Raquel, de treinta años, de todos querida. — «No derraméis por mí vanos lamentos. Aunque era breve el tiempo que mi vida tenía destinado, guardo una esperanza de [5] misericordia, así como Agatocles, de treinta y ocho años.»
39 (GV 1236)
Relieve. Cio, Bitinia, siglo I d. C. Dos dísticos elegíacos.
Como una libación derrama por mí algunas lágrimas, extranjero, y compadécete de esta infeliz niña que la tierra oculta. Era éste mi cuarto año de vida, mas la que me había criado tuvo que enterrarme, a mí, a quien Epictesis llamaban.
40 (GV 1240)
Estela. Leontópolis, Egipto, siglo I d. C. Seis versos, dáctilos y coriambos, precedidos de un itifálico.
Detén tu paso y llora por el joven Papión. También mi madre derramaba llanto por mí cuando a los veintisiete años me incineró 8 . Llorad todos.
41 (GV 1220)
Sarcófago. Termeso, Pisidia, siglos II -III d. C. Un hexámetro dactílico. Sobre el epigrama estaba escrita la dedicación, casi destruida, a Aurelio Polinice.
Adiós, caminante. Ya conoces quién soy: sigue tu camino.
42 (GV 1221)
¿Estela? Escitópolis, Palestina, siglos II -III d. C. Un dístico elegíaco.
Adiós, vosotros que vais por el camino. Aquí yazco yo, Sosibio. «Adiós, Sosibio», repetid.
43 (GV 2057)
Losa de mármol. Moesia, siglos II -III d. C. Conservamos tres dísticos elegíacos (falta el comienzo del epigrama). El epitafio lo dedica un compañero del difunto.
[…] de Teo el muy ilustre linaje. Y yo, su muy prudente compañero Timoteo, nacido de mi padre Timoteo, he [5] alzado esta estela delante de su tumba. Porque me acuerdo de su gloriosa patria y de mi añorado compañero, y de nuestra dulce amistad que ha deshecho la muerte. Yo os saludo, a vosotros que pasáis ante el cadáver de Meropeo, y os pido que de vuestros labios salgan las mismas palabras de saludo.
44 (GV 1338)
Bloque de mármol. Filípolis, Tracia, siglo III d. C. Ocho hexámetros dactílicos.
Saber quieres, caminante, cuál es mi nombre y quién me engendró. Lo sabrás, como es justo. Mi padre era Mitrídates, mi madre Creste, y yo soy Cenis, de amargo destino. A los veinte años he muerto —fue un parto la causa de mi muerte—, poco tiempo después de haber comenzado [5] a vivir. ¿Qué más te puedo decir, extranjero? Así es la vida, caminante. Mas tú, como es justo que se haga con los mortales, compadécete de mi desdicha y que tus ojos me honren con sus lágrimas, pues soy digna de lástima. Luego aléjate del sepulcro y sigue tu camino.
III
ELOGIO DEL DIFUNTO
45 (GV 46)
Basa de una estela. Atenas, Cerámico, ca . 433/2 a. C. Dos dísticos elegíacos. Por otras inscripciones (IG I2 51 = IG I3 1178, 1. 3), sabemos que Sileno llegó a Atenas como enviado de Regio.
La espaciosa Atenas aquí ha enterrado a este hombre, que de su patria llegó como aliado. Es Sileno, hijo de Foco, el hombre más justo que otrora criara la bienaventurada Regio.
46 (GV 1386)
Estela. Pireo, mediados del siglo IV a. C. Dos dísticos elegíacos. Los versos iniciales están puestos en boca de la madre de Telémaco, a la que responde su hijo. La última inscripción en prosa con el nombre de Jeroclea es de fecha posterior, por lo que debe tratarse de la mujer de Telémaco, que murió después, y no de su madre.
TELÉMACO , HIJO DE ESPUDÓCRATES , FLIASIO
Por tu inolvidable valor entre todos tus conciudadanos gozas de ilustre fama. Mucho te añoran tu mujer y tus hijos. — «Yazco a la derecha de tu sepultura, madre, y así no me falta de tu amor.»
JEROCLEA , HIJA DE OPSIADES , DE EO
47 (GV 1492)
Estela. Atenas, ca . 390/65 a. C. Dos dísticos elegíacos.
NICÓBOLO , HIJO DE MÍNICO (DEL DEMO ) DE ITEA
Numerosos trofeos de tu valor se alzan en la Hélade, y en los corazones de los hombres el recuerdo de cómo eras, Nicóbolo, cuando abandonaste la resplandeciente luz del sol. A la morada de Perséfone has descendido y eres añorado por los tuyos.
48 (GV 1778)
Estela con relieve. Ática, primera mitad del siglo IV a. C. Un dístico elegíaco. En el relieve, un hombre con barba, sentado, estrecha con su mano derecha la de una mujer, Crisante, de pie frente a él.
Tu cuerpo lo guarda la tierra en su interior. Tu honradez, Crisante, no la pudo ocultar un sepulcro.
49 (GV 1686)
Estela. Atenas, ca . 350 a. C. Un dístico elegíaco.
ÉUFANES , HIJO DE MÍRMEX
Si bajo tierra existe algún premio para la justicia, no es difícil que tú, Éufanes, recibas el primero.
50 (GV 1782)
Estela. Pireo, mediados del siglo IV a. C. Un dístico elegíaco.
CALISTO
Tu cuerpo, Calisto, lo oculta la tierra en su regazo, a los tuyos has dejado el recuerdo de tu virtud.
EUCOLINE
51 (GV 1688a)
Estela con relieve. Samos, segunda mitad del siglo IV a. C. Un dístico elegíaco más dos hexámetros dactílicos. En el relieve aparece sentada la difunta, Tropo, que tiene cogida la mano derecha de un hombre que está de pie frente a ella.
Si ser justo con todos es lo mejor, este fue el regalo que te concedió tu buen [corazón], Tropo. Habiendo dicho siempre la verdad a todos toda tu vida, has abandonado la amada luz, siendo querida por tus hijos y por los hijos de tus hijos.
52 (GV 99)
Estela. Feras, Tesalia, comienzos del siglo III a. C. Dos dísticos elegíacos.
Este sepulcro ha sido erigido para Pirro, el difunto hijo de Agasicles, en memoria de su hombría y su virtud. Si fuera posible resucitar a los buenos, tú vendrías de nuevo a la luz, abandonando el inaccesible 9 tálamo de Perséfone.
53 (GV 1843)
Placa de piedra caliza. Egipto, siglos I -II d. C. Ocho dísticos elegíacos. Diálogo entre el caminante y un león de piedra que adorna la tumba del difunto. Diálogos de este tipo, entre un supuesto caminante y la figura de un animal, no son raros en los epigramas funerarios: con un águila en AP VII 62 y 161, con un perro en AP VII 64, un león en AP VII 426, etc. Al final el caminante se dirige al difunto.
—«Deténte, caminante, junto a mi tumba.» —«¿Quién me lo pide?» —«Yo, el león que la guarda.» —«¿Tú, que eres de piedra?» —«El mismo.» —«¿Cómo es que tienes voz?» —«Es la voz del genio del que aquí está enterrado.» [4] —«¿Y quién es este hombre tan estimado por los dioses inmortales que de este modo puede prestar su voz humana a una piedra?» —«Es Heras de Menfis, amigo, héroe glorioso, fuerte, excelente en muchas cosas, poderoso, ilustre [8] entre sus conciudadanos y entre los hombres de lejanos países por su carácter alegre y brillante. Pero murió prematuramente. La ciudad lo lloró y sus compañeros lo han enterrado. Porque era la flor de su patria coronada de [12] hermosas murallas». —«Lágrimas derramo en honor tuyo, genio, tras haber escuchado lo que este animal anuncia». —«Ojalá nunca tengas que derramarlas por los tuyos, extranjero.» —«Que tu nombre sea célebre eternamente». —«Y que a ti te guarde la divinidad, y vele por ti [16] la Fortuna toda tu vida.»
54 (GV 2048)
Dorileo, Frigia, ¿siglos d. C.? Un hexámetro dactílico y dos trímetros yámbicos.
A Zeus 10 en primer lugar, y a Ático (lo han dedicado) sus ilustres hijos, Apfe, Menandro, Asclepas y Ático, porque vivió irreprochablemente la penosa vida.
55 (GV 1809)
Relieve con busto. Sínope, Paflagonia, siglos II -III d. C. Tres dísticos elegíacos.
No hay aquí una tumba, sino una losa, una estela sólo. Es el sepulcro de Narciso, al que en otro tiempo ornaban numerosas virtudes. Era bueno y hermoso en todo, y en verdad su mente gozaba de la misma elocuencia que Néstor [5] de Pilo 11 . ¡Oh, Envidia divina que todo lo sometes! A ti quiero recriminarte: ¿no te da vergüenza que tales hombres perezcan?
56 (GV 588)
Estela. Atenas, siglo III d. C. Cuatro tetrámetros trocaicos catalécticos.
Aunque soy un sepulcro pequeño, no lo es el hombre a quien guardo: inmensos son los dones de las sabias Musas. De éstos participó excepcionalmente Harpocratión, a quien sus conciudadanos llamaban tres veces dichoso: era orador a la hora de hablar y filósofo a la hora de pensar lo que es debido.
57 (GV 1651)
Losa de mármol. Sidón, siglo III d. C. Ocho hexámetros dactílicos. El «relato» al que se refiere el epigrama es el mito hesiódico de la edades.
Verdadero es el relato que habla de una edad de oro. Porque yo, esta piedra, guardo a un hombre mucho más valioso que el oro. Llevaba el mismo nombre que el señor Hermes bienhechor, era benevolente y destacaba en toda clase de sabiduría. Por ello, no es la lluvia lo que baña a [5] esta piedra que soy yo, sino lágrimas. Llorad al servidor de las musas y de Atenea, al compañero del soberano Apolo y de Hermaón, y de la misma hija de Astreo 12 , la que es mejor que cualquiera.
58 (GV 1841)
Columna. Atenas, siglo III d. C. o posterior. Dos trímetros yámbicos.
—«¿Quién habita aquí?» —«Heraclio, bebedor de agua 13 . Cuando vivía era el mejor entre sus amigos, el cabecilla. Ahora que ha muerto, no es nadie».
59 (GV 2061)
Altar. Roma, ¿siglos III -IV d. C.? Quince hexámetros dactílicos. Eneas ha erigido un altar en memoria de su hermana y de su cuñado honrándolos como a héroes, hasta el punto de identificar su sepulcro con las Islas de los Bienaventurados. Es frecuente el elogio de la difunta al compararla con Alcestis, la heroína que ofreció su vida a cambio de la de su marido Admeto (cf. números 381 y 385). Extraña, en cambio, la comparación con Leda, esposa de Tíndaro y amada por Zeus en forma de cisne, de cuya unión nacieron Helena y uno de los Dioscuros.
Sagrado es este sepulcro que ha erigido el buen Eneas como lugar de veneración de su compañero Eiteo, en todo semejante a los héroes de antaño: belleza, valor, buenos [5] sentimientos e inteligencia. Aquí habita también Olimpíade, la amada esposa de Eiteo y hermana de Eneas, que a todas las heroínas amantes de sus esposos ha superado: a Alcestis en prudencia, a la deseable Leda en belleza. En verdad [10] aquí están las Islas de los Bienaventurados, donde habitan los hombres piadosos, justos y de buenos sentimientos, los que llevaron una vida en común con orden, sabiduría, justicia y pudor. Yo, el altar erigido por Eneas, lo proclamo para que éstos sean honrados con honores dignos de los [15] dioses durante todos los siglos, gracias a la piedad de sus compañeros.
60 (GV 1840)
Tabla de mármol. Berito (Beirut), Fenicia, época imperial tardía. Cinco hexámetros dactílicos más un dístico elegíaco. Un supuesto caminante interroga al sepulcro y éste le informa sobre la identidad del difunto.
—«¿Quién yace aquí?» —«Espera, caminante, y lo sabrás. Era un hombre bueno, ilustre, recto, afable, amigo de sus amigos. Ante todos mostró su oficio y su buena fe. A nadie causó daño, ni recibió daño contra sus hijos. Su nombre es [5] Parato y así lo llamaban todos. No fue castigado con ninguna penosa enfermedad: como recompensa a su piedad le llegó su destino con una muerte tranquila.»
LUCIO JULIO PARATO . VIVIÓ CUARENTA Y DOS AÑOS , OCHO MESES Y QUINCE DÍAS
IV
CAÍDOS EN COMBATE
61 (GV 165)
Pilar. Trecén, Argólide, siglo VI a. C. Tres hexámetros dactílicos.
Para Praxíteles este sepulcro construyó Isón tras su muerte. Entre roncos gemidos sus compañeros alzaron este túmulo en memoria de sus hazañas y lo acabaron en un solo día.
62 (GV 1226)
Basa de mármol. Ática, mediados del siglo VI a. C. Dos dísticos elegíacos.
[Ya sea ciudadano] o extranjero que llega de otra tierra, que siga su camino tras sentir compasión por Tético, un valiente que en combate murió y perdió la vigorosa juventud. Lamentaos por ello y volved en buena hora a vuestros asuntos.
63 (GV 1224)
Basa de mármol sobre la que se halla la estatua del muerto. Ática, segunda mitad del siglo VI a. C. Un dístico elegíaco. Se trata del famoso koûros de Creso. Se piensa que Creso pertenecía a la familia de los Alcmeónidas y que pudo haber muerto en la batalla de Palene (546 a. C.). Pero la estatua tuvo que ser erigida después de 528/7 a. C., cuando los Alcmeónidas volvieron del exilio.
Detén tu paso y compadécete ante el sepulcro del difunto Creso, a quien en otro tiempo hizo perecer el violento Ares, cuando combatía entre los soldados de primera fila.
64 (GV69)
Basa. Cierio, Tesalia, siglos VI -V a. C. Dos versos dactílicos de medida irregular.
Soy el sepulcro de Puriadas, que no conocía la palabra «morir». Tras vencer a muchos, perdió la vida en defensa de esta tierra.
65 (GV 1637)
Templete. Ática, comienzos del siglo IV a. C. Dos dísticos elegíacos.
Ares ama a los valientes 14 . También gusta de su compañía la gloriosa Alabanza, y la Juventud no permite que en su vejez sean ultrajados. Uno de ellos es Glaucíades, que alejó de su patria a los enemigos y llegó a la morada de Perséfone que a todos acoge.
66 (GG 81)
Estela. Feras, Tesalia, siglo IV a. C. Dos dísticos elegíacos.
En este lugar la tierra oculta a Menón, hijo de Potón. La Hélade esperaba que un día ornara Tesalia con coronas de victoria. Orestes ha sido quien ha dispuesto los honores de su tumba, y a causa de su hombría la ciudad entera está de duelo por su muerte.
67 (GV 25)
Basa de una tumba colectiva. Telfusa, Arcadia, ¿352 a. C.? Tres dísticos elegíacos. Es posible que el epigrama se refiera a la batalla entre los espartanos y los arcadios del año 352 a. C.
Hazañas dignas de ti, Telfusa, y de la Hélade, son las que éstos han llevado a cabo combatiendo en defensa de su patria. Desde lo más alto arrojaron fuera la furia de los enemigos, cuando en lo más cerrado de la noche habían penetrado más allá del cerco de la muralla. Y tras matar a [4] muchos en cruento combate, murieron ellos también, pero consiguieron salvar el buen orden que establecieron sus padres.
68 (GV 40)
Estela. Cerámico, Atenas, ¿287/6 a. C.? Tres dísticos elegíacos. Posiblemente el epigrama se refiere al combate que tuvo lugar a finales del año 287 a. C., cuando un grupo de atenienses intentaron recuperar el Pireo, ocupado por Antígono de Macedonia. El tono recuerda a Tirteo y Calino.
Resistid, jóvenes, plantando el pie frente a los enemigos, dispuestos a morir venerando a vuestra patria y a vuestros antepasados. También en tu honor, Queripo, la ciudad erigió a expensas públicas una estatua y un sepulcro, gran [5] gloria por tu muerte, cuando al pie de los muros de Muniquia perdiste la vida en defensa de tu patria por salvarla del día de la esclavitud.
69 (GV 1965)
Estela con relieve. Bitinia, 281 a. C. Dos epigramas paralelos, de tono tirteico, con cuatro dísticos elegíacos cada uno. Menas cayó en la batalla que tuvo lugar en la llanura de Curo, junto al río Frigio, afluente del Hermo, entre el rey macedónico Lisímaco, y el de Asia, Seleuco, a favor de este último. Sus restos fueron trasladados a su patria, donde fue enterrado. Los dos epigramas terminan con una fórmula parecida, donde se pide el elogio del difunto por su valor.
I
Aunque esta larga tumba guarde mis huesos, extranjero, yo no retrocedí ante el ataque de los enemigos. Era soldado de infantería, pero entre la caballería resistí en primera fila cuando luchábamos en la llanura de Curo. [5] Alcancé con mis armas a un tracio y a un misio y luego recibí la muerte, cuando me afanaba por conseguir la gloria. Por ello, que todos alaben al impetuoso hijo de Bioeris, al bitinio Menas, destacado caudillo.
II
OTRO
Derramen lágrimas sobre la tumba de los cobardes que murieron de muerte oscura y sin gloria por alguna enfermedad. A mí me acogió gloriosamente la tierra, cuando luchaba junto a la corriente del Frigio en defensa de mi patria y de mis ilustres antepasados, y sucumbí entre los [5] que combatían en primera fila, tras haber dado muerte antes a numerosos enemigos. Por ello, que todos me alaben a mí, el bitinio Menas, el hijo de Bioeris, que abandonó la luz del sol a cambio de la gloria.
70 (GV 749)
Basa. Tirreo, Acarnania, siglo III a. C. Cuatro dísticos elegíacos. Timócrito murió seguramente en la guerra contra los etolios en el año 220 a. C. Por su tono, el epigrama recuerda a la elegía guerrera de tipo parenético de Tirteo, mencionado en el poema, que exhortaba a los espartanos a la lucha.
En este lugar, extranjero, a Timócrito, honrado por las Musas, la tierra orgullosa oculta en su regazo. Contra los etolios y en defensa de su patria entró en combate el [4] valiente, decidido a vencer o morir. Cayó entre los soldados que combatían en primera fila, e inmenso dolor dejó a su padre. Pero no traicionó la buena enseñanza que había recibido: albergando en su pecho las palabras del laconio Tirteo, prefirió mostrar su valor antes que conservar la [8] vida.
71 (GV 1640)
Estela. Fócide, finales del siglo III a. C. Dos dísticos elegíacos.
Aquellos que durante toda su vida se preocupan de mostrar su valor, mueren pronto en los peligros del odioso combate. Uno de ellos fue Aristarco, que murió mientras sostenía su escudo en defensa de su patria y luchaba contra una turba de enemigos.
72 (GV 1710)
Estela con relieve. ¿Esmirna?, siglo II a. C. Un dístico elegíaco.
EL PUEBLO A LENEO , HIJO DE ARTEMIDORO
Del mismo modo que antes, en la guerra, vigilaba las murallas, caminante, también ahora que soy un cadáver las guardaré como pueda.
73 (GV 1260)
¿Basa? Perea Ródica, comienzos del siglo I a. C. Cinco dísticos elegíacos seguidos de dos hexámetros dactílicos.
Mira, extranjero, y si pasas por delante verás este dragón que está sobre la tumba de un hombre valeroso. En otro tiempo en las veloces naves mostró el valor de su [4] corazón en defensa de su patria y mató a numerosos enemigos. También en tierra firme ensangrentó muchas lanzas al clavarlas en el cuerpo de sus rivales. Ahora, tras morir [8] anciano, sobre sí mismo ha puesto este dragón como fiero guardián de este sepulcro, el mismo que tenía en su escudo cuando se esforzaba en las fatigas de Ares, ansioso por causar incontables bajas entre los enemigos. Si quieres [12] conocer su nombre y el nombre de su padre lo sabrás sin engaño si lees lo que está escrito al pie.
APOLONIO , HIJO DE ATENIÓN
74 (GV 767)
Estela. Quersoneso, fines del siglo I a. C. Cuatro dísticos elegíacos.
JANTO , HIJO DE LAGORINO , ADIÓS
A Janto guardo yo, esta estela, extranjero. En otro tiempo era obediente a su padre, modelo para todos los jóvenes de su patria, diestro en el arte de las Musas, irreprochable [4] a los ojos de todos los ciudadanos, honrado por los jóvenes, hermoso como una estrella. Lo mató el envidioso Ares cuando combatía por su patria, y como única recompensa lamentos ha dejado a sus padres. Si Plutón [8] goza de ellos más que sus padres, ¿para qué sufrís con los dolores de parto, mujeres? 15
V
DOLOR POR EL MUERTO
75 (GV 1985)
Estela. Pireo, ca . 360 a. C. Dos epigramas paralelos, cada uno con dos dísticos elegíacos.
A JENOCLEA , UNA BUENA MUJER
I
Dos hijas jóvenes ha dejado Jenoclea, hija de Nicarco, que en este lugar reposa: murió de dolor por el triste fin de su hijo Fénix, quien a los ocho años encontró la muerte entre las olas del mar.
II
¿Quién hay tan insensible a los lamentos fúnebres, Jenoclea, que no compadezca tu suerte? Tú que, dejando dos hijas aún jóvenes, has muerto de dolor y añoranza por tu hijo. Él ocupa una tumba implacable, pues yace en el sombrío mar.
76 (GV 80)
Bloque de mármol. Amorgos, primera mitad del siglo IV a. C. Un dístico elegíaco.
Este es el sepulcro de Cleomandro, a quien el Destino alcanzó en el mar. Su muerte fue para su ciudad motivo de lágrimas y duelo.
77 (GV 1986)
Estela. Pireo, mediados del siglo IV a. C. Tres epigramas paralelos. El primero lo forman dos hexámetros dactílicos y un distíco elegíaco; el segundo, un dístico elegíaco; y el tercero, dos hexámetros dactílicos separados por un dístico elegíaco. En los dos últimos epigramas habla la difunta.
I
En vida, Arquéstrate, hija de Lisandro, del demo de Pito, recibías los mayores elogios por tu carácter. Ahora, al abandonar la luz por la muerte que te había señalado el Destino, gran dolor y añoranza dejas a los tuyos y, más que a nadie, a tu esposo.
II
Tras una vida de piedad y honradez, he muerto cuando llegó el final que mi vida tenía señalado.
III
He muerto, y ello es motivo de dolor para mi madre, mi hermano, mi esposo y mi hijo. En este lugar me cubre la tierra, común para todos los muertos. La que aquí está enterrada soy yo, Arquéstrate, hija de Lisandro, del demo de Pito.
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