Kitabı oxu: «Poesía epigráfica latina I»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 259

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JOSÉ ANTONIO CORREA RODRÍGUEZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1998.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO348
ISBN 9788424932770.
NOTA EDITORIAL
El lector podrá advertir que una parte de los textos traducidos en este volumen y en el siguiente ya lo fueron en el capítulo Grafitos amatorios pompeyanos del volumen 41 de la B. C. G., a cargo de E. Montero Cartelle. Tal duplicación se debe a la interferencia entre criterios editoriales diversos que suelen plantear los corpora de textos cuya unidad no viene dada, según el supuesto más normal, por su común origen en un mismo autor o en un mismo ambiente, sino en factores, aunque relevantes, externos, como pueden ser su temática o el medio en que nos han sido transmitidos. Incluso en semejantes casos es criterio de la B. C. G. el de evitar en cuanto sea posible las reiteraciones; pero también lo es el de admitirlas cuando, como en el caso presente, aquél no podría aplicarse sin medidas complementarias, por complejas, poco prácticas, como sería la de prescindir de los textos ya publicados y remitir al lector al correspondiente volumen de la colección. Además, los responsables de la B. C. G., teniendo bien presente el afán de exhaustividad que la inspira desde su nacimiento, no ven en ocasionales reiteraciones, como la que en este caso se produce, mayor inconveniente que el que supondría el riesgo de omitir, por evitarlas, algún texto de la latinidad antigua.
Los textos incluidos en estos dos volúmenes de Poesía Epigráfica Latina que ya aparecieron, en versión de otro traductor, en el vol. 41 de la B. C. G. son los números: 45, 47, 230, 354, 931, 936, 937, 941, 942, 944, 946, 947, 948, 949, 953, 955, 956, 1048, 1862, 1865, 2057, 2062.
Scribimus indocti doctique poemata passim .
(Hor., Epíst . II 1, 117)
(Ignorantes o instruidos, todos escribimos poemas.)
INTRODUCCIÓN
Un oportuno azar me ha llevado a emprender la redacción de estas páginas introductorias en los primeros días del año 1997, justo cuando se cumple el primer centenario de la muy meritoria edición de Bücheler de los poemas epigráficos en lengua latina (Carmina Latina Epigraphica) conocidos hasta entonces, cuya traducción completa —sin ningún otro precedente en lengua moderna alguna— ofrecemos hoy a los lectores de nuestra Biblioteca Clásica Gredos, a modo de conmemoración.
Bücheler, uir egregius, uel ideo optime meritus est, quod titulos metricos, ad quos imprimis quaestio nostra spectabit, collectos in duobus tomis (tom. I 1895, tom. II 1897 sumptibus Teubnerianis) edidit; qua re effectum est, ut titulorum materies in plurimum manus uenire possit 1 .
Con estas palabras había descrito Bruno Lier, a comienzos de siglo, el alcance del trabajo emprendido por Bücheler, que algunos lustros más tarde, en 1926, Lommatzsch continuó en un Supplementum que pronto llegó a formar cuerpo con los dos tomos iniciales y cuya traducción ofrecemos también en este mismo volumen.
Por primera vez, pues, en 1926, el investigador tenía cómodo acceso a una colección de epígrafes latinos versificados que había alcanzado la considerable cifra de los 2.299 —en distinto estado de conservación—, en principio más que suficiente para comenzar a trabajar.
Desde 1926 hasta nuestros días, a punto de clausurarse el siglo que corre, han ido surgiendo, naturalmente, nuevos y sucesivos hallazgos, algunos de los cuales han dado lugar a ediciones similares a las de Bücheler-Lommatzsch 2 , mientras que la mayor parte continúa teniendo un difícil acceso. Por ello, pese a que ya en 1981 el número de poemas epigráficos era de 4200, según pudo calcular el recientemente fallecido Gabriel Sanders 3 y que hoy se habrá sin duda incrementado, la ausencia de un corpus homogéneo y unitario que permita el tratamiento metódico y riguroso de los textos, hace que la edición cuya traducción presentamos siga resultando fundamental y de obligada consulta para los investigadores de muy diversas áreas de conocimiento (la epigrafía, la historia, la lingüística, la literatura, etc.).
Aun reconociendo el valor —cualitativo y cuantitativo— y la relativa «actualidad» de una edición que acaba de cumplir un siglo, la mirada de los investigadores ha de detenerse, necesariamente, en trabajos como el ya mencionado de Engström, o el de Cholodniak 4 (más fragmentario y organizado, esta vez según el criterio del contenido); o el de Zarker, que había reunido y editado los epígrafes métricos aparecidos desde 1926 hasta la fecha de su tesis doctoral (1958), un total de 182 inscripciones, ordenadas, como en el caso de Engström, según el patrón de Bücheler-Lommatzsch.
Pero Bücheler y sus continuadores habían adoptado en sus ediciones un punto de vista deliberadamente literario, de modo que les pareció lo más razonable organizar el material de acuerdo a los esquemas métricos utilizados 5 . En 1964 Hans Krummrey se mostraba insatisfecho con los criterios de las ediciones que le habían precedido —poco útiles, por ejemplo, para quienes quisieran estudiar la extensión y difusión de un determinado tipo de epígrafes en verso, y siempre demasiado parciales 6 — y proponía, por el contrario, una nueva clasificación de los Carmina Latina Epigraphica en un volumen independiente del CIL (Corpus Inscriptionum Latinarum) , el XVIII, según el orden estricto de la geografía administrativa del Imperio Romano 7 , a la que se suele prestar poca atención pese a ofrecernos una base mucho más amplia.
Con ello, los CLE recuperarían su lugar en la documentación histórica, sin perder nada de su interés filológicoliterario 8 , del que nos ocuparemos más adelante. Con respecto a los límites cronológicos de esta nueva colección, parece que no se descarta el ejemplo dado por Bücheler, que logró desplazar los límites de la Antigüedad hasta los siglos IX y X 9 .
Este deseado volumen XVIII del CIL en el que trabajan en la actualidad Bengt Thomasson (coordinando los trabajos de la ciudad de Roma), Manfred Schmidt (quien organiza el material de África Proconsular) y Joan Gómez Pallarès 10 (que coordina el fascículo 4 sobre Hispania), acabará por ofrecernos rigurosas ediciones críticas de toda la poesía epigráfica latina, que podrán servir de base para un comentario integral desde el más puro punto de vista filológico 11 .
¿QUÉ SON LOS CARMINA LATINA EPIGRAPHICA ?
1. Naturaleza epigráfica
Naturalmente, son «Poemas escritos en latín sobre un soporte epigráfico», es decir, sobre un soporte duro, resistente 12 : tablillas de cera, piedra, bronce, tejas, broches, vasijas o incluso paredes; en definitiva, un soporte material de carácter no perecedero, de naturaleza difícilmente destructible, que ha logrado hacer de cada uno de estos poemas un monumentum aere perennius , con mayor fortuna, pues, que la obra de un gran número de poetas de quienes el azar apenas sí nos ha conservado el nombre 13 .
En efecto, una de las características de la civilización romana es la importancia de las inscripciones en la vida pública y privada. La Nouvelle histoire de la littérature latine 14 nos recuerda que en el área cultural latina se han conservado alrededor de 280.000 inscripciones, de las cuales, unas 4.135 son en verso; paganas o cristianas, monumentales o funerarias, honoríficas o parietales, pero con una distribución geográfica bastante equilibrada y extendida. Los romanos vivían, pues, en una «civilización epigráfica» 15 ; cada uno podía componer su epitafio y construir su tumba donde quisiese, y, durante mucho tiempo, los romanos escogieron para su sepulcro un lugar a lo largo de las carreteras de acceso a la ciudad 16 . La inscripción, que emana de un gran abanico de estratos sociales, resulta así omnipresente en el tiempo y en el espacio.
Pero también la civilización griega, desde muchos siglos atrás, había vivido bajo el peso cultural de la epigrafía, desarrollando hasta sus últimas consecuencias el género literario del epigrama, esas composiciones métricas de no más de ocho versos, que en un principio se grababan sobre objetos, estatuas o tumbas y que acabaron cultivándose no ya con intenciones prácticas, sino con fines meramente literarios 17 .
De ellos heredaron los romanos el uso generalizado de los epígrafes, la forma de sus esquemas métricos, los temas, la concepción de la vida y de la muerte... y tantos otros aspectos que detalló y ejemplificó con gran acierto Lier en su triple trabajo de comienzos de siglo 18 y sobre los que volveremos en páginas sucesivas.
2. Dimensión literaria
Junto a su naturaleza epigráfica, asegurada por el soporte material, el metro le confiere a esta poesía de circunstancia un carácter literario que podremos matizar, sopesar o evaluar, pero que difícilmente podríamos negar.
Y sin embargo, la dimensión literaria de los Poemas Epigráficos Latinos suele ser el último aspecto en suscitar el interés de la mayoría de los investigadores 19 , que se ocupan más bien de sus soportes materiales, de la significación socio-cultural e histórica de las inscripciones, de sus autores... Se hace, pues, cada vez más deseable y necesario un análisis filológico —y no sólo epigráfico, arqueológico o histórico— de las inscripciones 20 .
La métrica —decíamos— es el vehículo que convierte estos textos en literarios, pero no el único; los poemas epigráficos —como trataremos de demostrar a lo largo de estas páginas introductorias y como comprobará el propio lector a través de nuestra traducción— están compuestos a base de elementos rítmicos, estéticos y estilísticos (aliteraciones, repeticiones, rima, acrósticos y telésticos...); emparentados con géneros literarios como la elegía o la laudatio funebris; y en una relación de interdependencia formal y de contenido con los autores más considerados (Virgilio, Horacio, Tibulo, Propercio...).
Pero, pese a su forma métrica y a su expresión deliberadamente artística, la poesía epigráfica latina ha sido subestimada como fenómeno literario 21 , hasta el punto de no mencionarse siquiera —ni, mucho menos, analizarse— en las historias de la literatura; salvo, en todo caso, en la editada por Herzog 22 y bajo el discutible título de «Poesía menor, didáctica y escolar».
Por ello, frente a la mayor parte de los estudiosos de la filología clásica, que siempre encuentran razones para considerar imperfectos los poemas epigráficos 23 , expresiones como «literatura popular», «literatura perenne» o «literatura de calle», acuñadas respectivamente por Rodríguez-Pantoja, Susini y Sanders 24 , junto a la reivindicación de Massaro sobre la inclusión, de pleno derecho, de estas composiciones en el marco de la cultura y expresiones poéticas de su época 25 , resultan, cuando menos, reconfortantes.
CONTENIDO DE LAS EDICIONES DE BÜCHELER -LOMMATZSCH
1. Organización según esquemas métricos
El material reunido por Bücheler y Lommatzsch —en concreto 2.299 poemas, más o menos fragmentarios en no pocos casos— se ha organizado de acuerdo con los esquemas métricos utilizados por sus anónimos autores; lo cual, frente a las desventajas que denunciábamos páginas atrás, nos facilita sobremanera el camino para estudiar determinados aspectos de innegable interés lingüístico y literario: Entre ellos, la evolución desde los rígidos esquemas métricos cuantitativos hacia la nueva métrica que basa su ritmo en un acento intensivo y no ya en la cantidad vocálica 26 ; los tipos de composiciones que suelen asociarse a determinados esquemas métricos; el grado de autonomía formal con respecto a la tradición epigramática griega; la mayor o menor asimilación, por parte de los hablantes, de la artificiosidad de los esquemas métricos heredados, etc.
El volumen se abre con el saturnio (del 1 al 17) y nos muestra las más antiguas composiciones poéticas latinas, entre las que podríamos destacar el epitafio de Lucio Cornelio Escipión Barbado (cónsul en el 298 a. C.) y el de su hijo Lucio Cornelio Escipión (cónsul en el 259 a. C.) 27 .
El saturnio, verso ligado en su origen a la actividad oracular 28 , que adoptaron autores como Livio Andronico, Nevio o Accio, plantea desde la Antigüedad serias dudas acerca de su naturaleza y origen. La historia de la literatura latina editada por Kenney y Clausen 29 concluye que «no se puede alcanzar una certeza» acerca de su posible origen griego ni decidir para él una estructura definitivamente cuantitativa, silábica o acentuativa; mientras que Boldrini 30 , sin discutir sobre su procedencia autóctona, nacional o de influencia griega, aboga en favor de su naturaleza cuantitativa, pese a la imposibilidad de ofrecer un esquema capaz de recoger la variedad de agrupaciones métricas que engloba.
En todo caso, el uso de esta conflictiva estructura métrica confiere a la epigrafía latina una cierta autonomía formal con respecto a los tradicionales epigramas griegos en dísticos elegíacos. Sirva de ejemplo el último documento de la producción epigráfica en saturnios: el epitafio de Marco Cecilio, magníficamente conservado al borde de la Vía Apia:
11
Hoc est factum monumentum Maarco Caicilio .
Hospes, gratum est quom apud meas restitistei seedes:
bene rem geras et ualeas, dormias sine qura .
Se hizo esta tumba en honor de Marco Cecilio. Viajero, es un placer que te hayas detenido a mis pies. ¡Que te vaya bien y tengas salud! ¡Duerme tranquilo!
Pero el verso saturnio, experimentado sobre todo para composiciones breves como la que acabamos de leer, no fue el único metro innovador con respecto a la tradición epigramática griega; muy pronto empiezan a difundirse las composiciones epigráficas de ritmo yámbico (sobre todo en senarios). Desde el poema 18 en adelante, hasta alcanzar el 226, se inicia una larga serie de epígrafes basados formalmente en esquemas yámbicos (hasta el 211 en senarios, desde el 212 en coliambos y desde el 217 al 226 en dímetros 31 ).
El senario , verso que nace con la poesía escénica romana y que más adelante reaparecerá en géneros como la sátira o la fábula, se va a difundir sobre todo en el género sepulcral 32 , llegando a ser el metro favorito de los versificadores populares, porque era capaz de introducir el tono dramático de la tragedia y el afectivo de la comedia. El gran cuidado formal, la capacidad técnica y el alto nivel artístico que muestran en no pocos casos, los sitúan a la altura —si no por encima— de los mucho más literarios metros dactílicos. Entre ellos, el epitafio de Gayo Turpidio Severo, muerto a los dieciséis años:
69
Parentibus praesidium, amiceis gaudium
pollicita pueri uirtus indigne occidit .
Quoius fatum acerbum populus indigne tulit
magnoque fletu funus prosecutus est .
Punto de apoyo para sus padres, motivo de alegría para sus amigos, las cualidades que prometía de muchacho, todo ello murió injustamente. Su cruel destino todos lo soportaron muy mal y acompañaron su funeral con mucho llanto.
El septenario trocaico 33 , que se había vulgarizado demasiado a través de canciones populares de cierto tono chistoso, mordaz o irreverente, que entonaban los soldados de César, no resultaría del todo apropiado a la sobriedad del uso epigráfico. De hecho, en la colección de Bücheler sólo ocupan desde el poema 227 hasta el 247, en su mayor parte breves y sentenciosos como el que sigue:
232
Pupa que bela is, tibi me misit qui tuus e(st): ual(e) .
Tú, niña bonita, a ti me ha enviado uno que te pertenece: adiós.
Desde el 248 hasta el 859 y desde el 1788 al 1840, varios centenares de hexámetros dactílicos 34 , que conforman la mayor parte de la colección. Cuando el hexámetro, que había sido introducido en la literatura latina por Ennio, bajo la influencia de Homero, fue ennoblecido por Virgilio y popularizado por Ovidio, se introduce decididamente en la epigrafía 35 . Tal introducción se llevó a cabo con prioridad cronológica con respecto al dístico elegíaco 36 , alcanzando una difusión espacio-temporal debida en gran parte a Virgilio, modelo artístico por excelencia y de quien los escritores antiguos imitaron —con mayor o menor fortuna— hasta la propia estructura de los versos 37 .
Con una cláusula de Virgilio en el primer verso 38 y claras reminiscencias de Ovidio en el segundo 39 compuso un meritorio y anónimo autor este hermoso epitafio en hexámetros para el joven Apro:
441
Innocuus Aper ecce iaces non uirginis ira ,
nec Meleager atrox perfodit uiscera ferro:
mors tacita obrepsit subito fecitque ruinam
quae tibi crescenti rapuit iuuenile figuram .
Apro, inofensivo, aquí yaces. Y ni la ira de la diosa virgen ni el atroz Meleagro han atravesado tus entrañas con su espada: la muerte, silenciosa, te ha arrebatado de repente y ha causado tu perdición al apoderarse de tu juvenil figura, cuando todavía no habías llegado a la edad adulta.
Dentro de una tradición epigráfica que acoge toda clase de influencias griegas, es natural que el dístico elegíaco , una estrofa hecha a base de hexámetros y pentámetros alternados 40 , de indudable tradición helénica, fuese sustituyendo gradualmente a metros como el saturnio o el senario hasta llegar a ocupar un importante puesto no sólo entre las composiciones indiscutiblemente literarias (como la elegía o los epigramas), sino sobre todo en el campo mucho más heterogéneo de la epigrafía métrica (y más concretamente en la funeraria). En el volumen de Bücheler ocupan desde el poema 860 hasta el 1530 y desde el 1841 al 1850, y destacamos entre todos el muy bien elaborado epitafio de Helvia Prima 41 , probablemente de época cesariana, que merecería ser incluido en cualquier antología de textos literarios del mundo latino antiguo:
Tu qui secura spatiarus mente uiator
et nostri uoltus derigis inferieis ,
si quaeris quae sim, cinis en et tosta fauilla ,
ante obitus tristeis Heluia Prima fui .
Coniuge sum Cadmo fructa Scrateio
concordesque pari uiximus ingenio .
Nunc data sum Diti longum mansura per aeum
deducta et fatali igne et aqua Stygia .
Tú que paseas tranquilo, caminante, y vuelves tu rostro a mi sepultura, si quieres saber quién soy: cenizas, ya me ves, y consumido rescoldo; Helvia Prima fui antes de mi desdichado fin. Disfruté de mi esposo Cadmo Escrateyo y en paz vivimos los dos con el mismo parecer. Ahora, entregada a Plutón, habré de permanecer con él durante largo tiempo, traída hasta aquí por la pira fatal y atravesando la laguna Estigia.
Entre el 1504 y el 1518 agrupa Bücheler los poemas compuestos según el esquema del endecasílabo falecio 42 , un verso de origen eólico que remonta, casi con toda seguridad, a la métrica indoeuropea y que, exceptuando alguna que otra composición arcaica en la poesía escénica, no aparecerá con fuerza en la literatura latina hasta Catulo, siendo usado también por Marcial y Estacio.
No vamos a teorizar ahora sobre el endecasílabo, como no lo hemos hecho con ningún otro metro, pero sí señalaremos una diferencia radical —salvo poquísimas excepciones y éstas muy arcaicas— con respecto a los demás: constan de un número fijo de sílabas. Y ofrecemos como muestra el excepcional epitafio de la pobre perrita Mía, con innegables resonancias del poema 3 de Catulo, también en endecasílabos falecios, ese metro difícil y elegante que había ejercido una especial atracción sobre el poeta de Verona: