Kitabı oxu: «Vibrar en positivo, vivir en positivo»

Şrift:

La información contenida en este libro se basa en las investigaciones y experiencias personales y profesionales del autor y no debe utilizarse como sustituto de una consulta médica. Cualquier intento de diagnóstico o tratamiento deberá realizarse bajo la dirección de un profesional de la salud.

La editorial no aboga por el uso de ningún protocolo de salud en particular, pero cree que la información contenida en este libro debe estar a disposición del público. La editorial y el autor no se hacen responsables de cualquier reacción adversa o consecuencia producidas como resultado de la puesta en práctica de las sugerencias, fórmulas o procedimientos expuestos en este libro. En caso de que el lector tenga alguna pregunta relacionada con la idoneidad de alguno de los procedimientos o tratamientos mencionados, tanto el autor como la editorial recomiendan encarecidamente consultar con un profesional de la salud.

Título original:GOOD VIBES, GOOD LIFE

Traducido del inglés por Antonio Gómez Molero

Maquetación de interior: Toñi F. Castellón

© de la edición original

20218, Vex King

Publicado inicialmente en 2018 por Hay House UK Ltd

Puedes sintonizar la emisora de Hay House en hayhouseradio.com

© de las ilustraciones

2018, Camissao

© de la portada

HappyLetters, happyletters.es

© de la presente edición

EDITORIAL SIRIO, S.A.

www.editorialsirio.com

sirio@editorialsirio.com

I.S.B.N.: 978-84-18531-11-8

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Contenido

Cubierta

Créditos

Dedicatoria

Introducción

¿En qué consiste el amor propio?

Cuestión de vibraciones

Introducción

A la ley de la atracción le falta algo

La ley de la vibración

Entonces, ¿qué es la ley de la vibración?

Solo buenas vibraciones

Hábitos de vida positivos

Introducción

Rodéate de gente positiva

Cambia tu lenguaje corporal

Desconéctate

Motívate

Mantente alejado de problemas y chismes

Cuida tu alimentación y mantente hidratado

Sé agradecido

Estudia tus emociones

Cómo transformar las emociones negativas

Aprecia el momento

Medita

Medita ahora mismo: instrucciones paso a paso

Tú eres lo más importante

Introducción

Examina tu comportamiento

La importancia de una buena pareja

Escoge bien tus amistades

Enfrentarse a la familia

Ayuda a los demás

Cómo lidiar con personas negativas

Mal de muchos, consuelo de tontos

Hay gente que no quiere que progreses

Quienes se sienten heridos hieren a los demás

Detestar lo diferente

Uno recibe lo que da

La gente que se encuentra sola y aburrida necesita que le presten atención

Lo que la gente dice de ti dice más de ellos que de ti

Tratar de complacer a todo el mundo

Deja que tus buenas vibraciones te protejan

Atrévete a dejar un trabajo tóxico

Acéptate a ti mismo

Introducción

Aprecia tu belleza física

Compárate solo contigo mismo

Valora tu belleza interior

Celebra tus logros

Respeta tu singularidad

Sé bueno contigo y perdónate

Alcanzar metas: el trabajo mental

Introducción

La importancia del pensamiento positivo

Tu mentalidad es tu realidad

Comprender la mente subconsciente

Trasciende tus pensamientos

Solo necesitas un pensamiento

Cambiar tus creencias

Repetir afirmaciones

El poder de las palabras

Establece tu intención

Escribe tus metas

Escribe tus metas a lápiz o bolígrafo

Sé sincero

Escríbelas en tiempo presente

Formúlalas en positivo

Escríbelas en tus propios términos

Sé concreto

Imagínate como si lo estuvieras viviendo

Utiliza los sentidos

El universo te apoya

Cómo alcanzar tus metas: la acción

Introducción

El cambio requiere acción

El camino fácil

La constancia produce resultados

¿Corriente o extraordinario?

La postergación demora tus sueños

La sociedad de las soluciones inmediatas

Renuncia a un placer a corto plazo por un beneficio a largo plazo

Fe en lugar de miedo

Fluir con el universo

Dolor y propósito

Introducción

El dolor cambia a las personas

Las lecciones se repetirán

Fíjate en las señales de advertencia

Tu propósito superior

Dinero y codicia

Encontrar la verdadera felicidad

Palabras finales

La misión del autor

Agradecimientos

Acerca del autor

Notas

Mamá, te dedico este libro. Hemos tenido una vida dura, pero con tu fuerza, fe y perseverancia, lograste que consiguiéramos cosas extraordinarias.


A pesar de todos los obstáculos con los que has tropezado y de las muchas veces que te defraudé, solo me has mostrado amor incondicional. Ese amor te llevó a sacrificarte, y gracias a él jamás he perdido la sonrisa. Me perdonaste, me abrazaste, reíste, me inspiraste y animaste, me curaste e hiciste todo lo que podías para demostrar que con amor todo era posible. Por eso hoy estoy aquí, transmitiendo mi amor a los demás por medio de mis palabras.

También te lo dedico a ti, papá; naturalmente, sin ti mi existencia no sería posible. Aunque nunca llegué a conocerte bien, siempre he sentido cómo tu energía me guía cuando más lo necesito. Sé lo mucho que signifiqué para ti cuando nací. Espero que estés orgulloso de mí.

Por último, me gustaría dedicar este libro a todo el que tenga un sueño, aunque solo sea el sueño de sobrevivir o salir de una mala racha. Mi sueño era escribir un libro que cambiara para bien vidas en todo el mundo. Si yo puedo lograrlo, tú también puedes. Creo en ti. Espero que tú también.

Introducción

Durante mi infancia estuve tres años sin un hogar fijo. En esa época, mi familia y yo vivíamos con parientes y pasábamos breves períodos en un centro de acogida. Me sentía agradecido de tener un techo, pero recuerdo lo aterradora que fue la experiencia de estar en ese centro.

Alrededor de la entrada había siempre personajes de aspecto desagradable que nos lanzaban miradas penetrantes cuando entrábamos en el edificio. Yo apenas tenía cuatro años y aquello me daba miedo. Pero mi madre me aseguraba que todo iría bien, que solo teníamos que mirar al suelo e ir directamente a nuestra habitación.

Una noche salimos, y al volver había sangre por toda la escalera y en las paredes del pasillo. El suelo estaba cubierto de fragmentos de vidrio. Mis hermanas y yo nunca habíamos visto nada tan horrible. Al mirar a mi madre me di cuenta de que estaba asustada. Pero una vez más, hizo de tripas corazón, y nos dijo que anduviéramos con cuidado, para no pisar el vidrio, y fuéramos a nuestra habitación.

Todavía conmocionados por lo que acabábamos de ver, mis hermanas y yo tratamos de averiguar qué podría haber pasado abajo en el pasillo. Luego oímos voces y gritos, seguidos de ruidos caóticos. Fue terrible. Una vez más, miramos a mamá en busca de consuelo. Ella tiró de nosotros arrimándonos a su cuerpo y nos dijo que no nos preocupáramos. Pero podía oír los latidos de su corazón. Estaba tan aterrada como nosotros.

Apenas dormimos. Los gritos no cesaron en toda la noche. No entendía cómo la policía no pasaba por el centro de acogida ni había nadie que intentara poner orden. Parecía como si la seguridad de quienes estábamos allí no le importara a nadie. Mi impresión era que nadie se preocupaba por nosotros, que tendríamos que defendernos solos, en un mundo frío y hostil.

Cuando les cuento recuerdos de la infancia como este a mis amigos y familiares, se sorprenden de lo mucho que puedo recordar. Suelen preguntarme: «¿Cómo puedes acordarte de eso? Eras muy pequeño». No me acuerdo de todo, ni tampoco recuerdo con precisión los detalles. Lo que no he olvidado nunca es lo que sentía durante esas vivencias, buenas y malas. Lo que viví tenía una enorme carga emocional, y su recuerdo me persiguió durante mucho tiempo.

A lo largo de mi adolescencia deseaba que muchos de estos recuerdos desaparecieran. Me hubiera gustado borrarlos para que no me recordaran las dificultades que atravesé cuando niño. Algunos de ellos incluso me avergonzaban. No me sentía a gusto conmigo mismo. Hubo momentos en los que dije e hice cosas que no se correspondían con el niño que seguía siendo en el fondo. A menudo sentía que el mundo me había herido, y quería devolverle el daño.

Las cosas han cambiado. Ahora vuelvo la mirada atrás y acepto todo lo que sucedió; en cada vivencia hay una lección que aprender.

Comprendo que mis experiencias, tanto las buenas y las malas como las directamente horribles, forman parte de quien he llegado a ser.

Aunque algunas dolieran, me alegro de haber pasado por ellas porque me enseñaron mucho. Mis experiencias me empujaron a salir de la miseria y esforzarme por lograr una vida mejor.

Escribí este libro para compartir las lecciones que he aprendido, con la esperanza de que te proporcionen algo de claridad y orientación para vivir lo que yo llamo una vida extraordinaria. De ti depende el provecho que extraigas de esta lectura. Entiendo que algunas ideas te resonarán, mientras que otras te producirán rechazo. No obstante, creo que si aplicas los conceptos que expongo en esta obra, experimentarás cambios extraordinarios en tu vida.

No soy filósofo, ni psicólogo, tampoco soy científico ni líder religioso. Únicamente soy alguien a quien le gusta aprender y compartir la sabiduría con los demás, esperando que esto les ayude a sentirse mejor y desprenderse de los sentimientos negativos.

Creo que todos hemos venido aquí para aportar nuestro grano de arena. Mi misión es ayudarte a encontrar tu propósito, para que puedas enriquecer a este mundo que anda sumido en una profunda crisis. Si, como sociedad, logramos convertirnos en ciudadanos conscientes del valor del planeta, reduciremos la carga que le imponemos. Cuando vivas con todo tu potencial, no solo cambiarás tu vida, sino que además transformarás el mundo que te rodea.

Hay quienes se sienten cómodos con la mediocridad. Evitan vivir una vida extraordinaria, una existencia que vaya más allá de lo que la mayoría considera la norma. Para vivir una vida extraordinaria has de descubrir tu grandeza. En términos sencillos, ser grande consiste en dar lo mejor de ti; en escapar de las limitaciones imaginarias que te atan a una vida a la que te has resignado, y adentrarte en el terreno de lo desconocido. Tener una mentalidad de grandeza significa vivir una vida sin límites, con infinitas posibilidades. Por esta razón, no podemos definir dónde comienza o termina la grandeza. Solo podemos esforzarnos por ser mejores.

Deja de intentar impresionar a la gente.

Impresiónate a ti mismo. Supérate. Ponte a prueba.

Sé la mejor versión que puedas ser.

Este libro te exige que, desde ahora mismo, te comprometas a superarte. Mi objetivo es ayudarte a ser mejor que el día anterior en todos los sentidos, cada día, y durante el resto de tu vida. Si te despiertas con este deseo en tu mente y lo sigues de manera consciente, te sorprenderá cuánta inspiración encuentras. Tu vida comenzará a reflejar ese compromiso con el progreso.

La grandeza no es un término unidimensional. Aunque es subjetivo, la mayoría asociará la palabra con tener un talento especial, mucho dinero o posesiones materiales, autoridad o estatus, y haber conseguido grandes logros. Sin embargo, la verdadera grandeza va más allá de eso. No puede existir sin propósito, amor, altruismo, humildad, aprecio, amabilidad y, por supuesto, tampoco puede existir sin nuestra mayor prioridad como seres humanos: la felicidad. Cuando pienso en la grandeza, pienso en alcanzar un nivel de maestría en todos los aspectos de la vida y en tener un impacto positivo en el mundo. Cuando hablamos de ser grande no nos referimos únicamente a los peces gordos, sino también a aquellos que nos sorprenden con su tremenda personalidad.

Te mereces una vida extraordinaria y este libro te ayudará a crearla.


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¿En qué consiste
el amor propio?

Para sentirnos en paz, necesitamos equilibrio: equilibrio entre el trabajo y el ocio, entre la acción y la paciencia, entre el gasto y el ahorro, entre la risa y la seriedad, entre irnos y quedarnos. No lograr ese equilibrio en cada área de tu vida puede dejarte exhausto, y hacerte sentir muchas emociones desagradables, como la culpa.

He aquí un ejemplo de cómo equilibrar la acción y la paciencia. Si eres responsable de dirigir el proyecto de último año de la universidad y sorprendes a un miembro de tu equipo con el que te llevas bien perdiendo el tiempo en las redes sociales en lugar de ayudar al equipo, puedes hacer la vista gorda. Si esa actitud se repite a menudo y notas que su productividad disminuye, puedes advertirle que, de seguir así, tendrás que informar al representante de tu curso. Si, tras esto, decide ignorarte y continuar con su comportamiento, ¿te sentirías culpable de tomar otras medidas?

Puede que, si eres una persona amable y comprensiva, temas hacerle daño y causarle problemas. Informar al encargado del curso podría implicar que tu amigo tenga que enfrentarse a graves consecuencias que afecten a su calificación final y perjudiquen su futuro. Pero la cuestión es que te está faltando al respeto y no hace caso a tus advertencias. Puede que sientas que se está aprovechando de tu bondad, y te preocupe que otros miembros del proyecto se disgusten si interpretan tu indulgencia como favoritismo.

En este caso, si eres amable y honesto, y te comportas con integridad, no tienes que sentirte culpable por tomar más medidas.

Es importante que entiendas que prescindir de alguien a quien no le importas no es una injusticia.

Como responsable del proyecto, puedes recordar que lo hiciste lo mejor que pudiste, y tu amigo, lamentablemente, no quiso cooperar. Si no tomas medidas, te arriesgas a perder no solo tu paz interior, sino también el respeto de tu equipo, además de perjudicar tu calificación final.

Al adoptar un enfoque equilibrado, te sentirás más a gusto y evitarás los sentimientos negativos, como la culpa. Utilizas tanto la acción como la paciencia. Puedes demostrar que eres comprensivo y que perdonas, y al mismo tiempo ser firme y serio. Lo más probable es que aun en el caso de que este estudiante se moleste por tu decisión, te respete por haberle dado una oportunidad.

Entonces, ¿qué tiene esto que ver con el amor propio? Bueno, la expresión amor propio a menudo se malinterpreta. El amor propio fomenta la aceptación, pero mucha gente usa esto como excusa para no dejar que nadie le discuta nada. De hecho, el amor propio consiste en dos elementos esenciales que deben estar equilibrados para vivir en armonía.

El amor propio consiste en el equilibrio entre el aceptarte a ti mismo tal como eres, reconociendo que te mereces algo mejor, y el esforzarte para lograrlo.


El primer elemento fomenta el amor incondicional hacia ti mismo. Aquí nos centramos en la actitud. La verdad es que no te vas a querer más por el hecho de, por ejemplo, adelgazar, engordar o someterte a una operación de cirugía estética. Puede que te sientas más seguro, eso sí. Pero el verdadero amor propio consiste en apreciarte seas como seas y estés como estés, independientemente de cualquier transformación a la que aspires.

El segundo elemento te anima a crecer y se centra en la adopción de medidas. Superarte a ti mismo y mejorar tu vida también es amor propio porque significa que reconoces que te mereces algo más que conformarte con la mediocridad.

Al hablar de amor propio, piensa en lo que significa amar incondicionalmente a los demás. Tu pareja, por ejemplo, puede tener hábitos molestos, pero eso no significa que la quieras menos.

La aceptas tal como es, y a veces incluso aprendes de sus defectos. También quieres lo mejor para ella. Por lo tanto, si un hábito en particular estuviera afectando a su salud, la ayudarías a realizar cambios positivos. Esto demuestra que la amas incondicionalmente. No la juzgas con dureza, pero sí quieres que dé de sí todo lo que puede, por su propio bien. El amor propio consiste en que te apliques esto a ti mismo: buscar siempre lo mejor para ti.

El verdadero amor propio puede estar presente en cualquier aspecto que enriquezca tu vida, desde tu dieta hasta tus rituales espirituales o tu manera de relacionarte con los demás. Y, por supuesto, un valor significativo del amor propio es la aceptación: estar contento con lo que eres, como eres. Por consiguiente, el amor propio te libera y te da autonomía.

Entender el amor propio nos permite encontrar el equilibrio entre la mentalidad y la acción. Sin equilibrio tropezaremos, caeremos y nos sentiremos desvalidos. Cuando te ames a ti mismo, la vida comenzará a amarte.

El equilibrio entre la actitud y la acción te permitirá vibrar a una frecuencia superior. Estudiaremos esto más a fondo en los próximos capítulos.

PRIMERA PARTE

Cuestión de vibraciones

Introducción

Mi época en la universidad estuvo marcada por las dificultades económicas. Aunque me habían concedido una beca, destinaba la mayor parte a pagar mi alojamiento. Me quedaba muy poco para vivir. No podía permitirme comprar ningún libro de texto. No le pedía dinero a mi madre, porque sabía que lo estaba pasando mal. Sabía que si se lo pedía, me conseguiría el dinero como fuera, lo mismo que había hecho toda su vida, aunque tuviera que quedarse sin comer.

Por lo general, me administraba bien. Podía salir de fiesta con mis amigos con regularidad, nunca pasaba hambre, y tampoco tenía que usar siempre la misma ropa. Ganaba algo de dinero con encargos que hacía por Internet, como diseños de página personalizados en MySpace.

Durante un trimestre de verano volví a casa para tomarme un descanso. No me quedaba dinero y todo me parecía muy difícil. No quería volver a la universidad porque estaba desilusionado con los estudios y me faltaba motivación para completar la tarea que me habían encargado para el verano. Tras haber pasado gran parte del año estudiando, me vi obligado a encontrar un trabajo estival para poder mantenerme cuando volviera a la universidad. Todos mis amigos estaban planeando pasar juntos esas vacaciones que tanta falta nos hacían, y no podía permitirme ir con ellos. Además, tenía problemas con una chica. Las dificultades que experimentaba en mis relaciones sentimentales y platónicas me enfurecían constantemente, y no estaba contento con mi vida.

Una noche, descubrí un libro llamado El secreto. 1 La gente decía que le cambiaba la vida, y que podía ayudar a todo el mundo. Se basaba en un principio simple: la ley de la atracción.

La premisa de la ley de la atracción es que creamos aquello que pensamos. En otras palabras, podemos atraer las cosas que queremos a nuestras vidas si nos dedicamos a pensar en ellas. Esto se aplica tanto a lo que quieres como a lo que no quieres; sencillamente, aquello en lo que te centres llegará a ti. Por lo tanto, la ley de la atracción enfatiza la importancia de pensar en lo que quieres, en lugar de enfocarte en aquello que te preocupa o temes.

La ley de la atracción hace mucho hincapié en el pensamiento positivo.

Me parecía demasiado bueno para ser verdad, así que empecé a investigar y leí sobre gente que afirmaba que la ley de la atracción le estaba trayendo cambios asombrosos. ¿Podría aplicarlo a mi vida también?

Sabía exactamente lo que quería: irme de vacaciones con mis amigos. Necesitaba unas quinientas libras esterlinas para conseguirlo. Así que seguí las pautas generales y traté de ser lo más positivo posible.

A la semana siguiente, recibí una carta de la oficina tributaria en la que me decían que podría haber pagado demasiados impuestos. ¿Era esto una señal de que la ley de la atracción estaba funcionando? Rellené el formulario para proporcionarles más detalles y lo envié por correo tan pronto como pude. Pasó una semana y no tuve noticias. Mis amigos se estaban preparando para reservar sus vacaciones, y yo me sentía fatal por no poder acompañarlos. Aún mantenía la esperanza de una posible devolución de impuestos.

Cada vez más frustrado, llamé a la oficina tributaria y les pregunté si habían recibido mi carta. Me confirmaron que lo habían hecho, y que recibiría noticias pronto. En aquel momento me sentía entusiasmado, pero se me estaba acabando el tiempo. El trimestre de verano estaba terminando y mis amigos se marcharían pronto.

Pasó otra semana sin noticias. Estaba empezando a renunciar a la idea y les dije a mis amigos que reservaran las vacaciones sin mí. Decidí centrarme en otras cosas y mejorar mi estado de ánimo leyendo material motivacional. Al menos eso me haría sentir un poco mejor.

Pasaron unos días más y luego llegó un sobre de la oficina de impuestos. Lo abrí nerviosamente. Dentro había un cheque por valor de ochocientas libras. Estaba asombrado, abrumado y encantado. Fui al banco tan rápido como pude para depositar el cheque. Por lo general, los cheques tardan hasta cinco días en liquidarse, pero este estuvo en mi cuenta a los tres días.

El lunes siguiente, mis amigos y yo reservamos unas vacaciones de última hora y salimos en avión cuatro días más tarde. Lo pasé de maravilla. Pero, lo que es más importante, me convertí en un creyente en la ley de la atracción.

Decidí que la usaría para cambiar por completo mi vida.

A la ley de la atracción
le falta algo

Para que la ley de la atracción funcione, hay que pensar positivamente. Sin embargo, es difícil mantenerse positivo en todo momento. Cuando las cosas van mal, o no salen como esperamos, es difícil conservar el optimismo.

Aunque la mayoría de la gente me veía como una persona positiva, cuando había problemas, perdía por completo la perspectiva. La ira terminaba siempre dominándome. A veces, los acontecimientos externos me provocaban tanta rabia que quería destrozar todo lo que veía. A consecuencia de esto entraba en una espiral descendente. Mi estado de ánimo fluctuaba constantemente entre subidas y bajadas extremas. Como si fuera dos personas diferentes. Esta discordancia se reflejaba en mi vida. Pasaba por algunos períodos realmente buenos y luego por otros bastante malos. En las épocas malas me resultaba imposible ver nada positivo. Tendía a hundirme y a descargar mis frustraciones contra el mundo destrozando muebles, hablando groseramente a los demás y quejándome de lo terrible que era la vida.

Durante mi último año de universidad, sufrí un enorme revés en un proyecto grupal cuya puntuación constituía un elevado ­porcentaje de mi calificación final. Esto sucedió cuando los miembros de mi grupo se enfrentaron entre sí por desacuerdos en la contribución que cada uno hacía al proyecto. Intenté mantener el optimismo y esperaba que todo se arreglaría al final. Pero no fue así, al contrario, las cosas se complicaron mucho.

De repente tuve claro que la ley de la atracción no siempre funcionaba. Faltaban apenas unos meses para la graduación y mi grupo estaba completamente dividido, discutiendo constantemente sobre el papel y el esfuerzo de cada uno. La situación se nos había ido de las manos y se intercambiaban acusaciones duras; por desgracia, no había manera de arreglar el problema. Mi amigo Darryl y yo pensábamos que los demás estaban siendo muy injustos con nosotros, pero no podíamos hacer nada, solo trabajar diez veces más, con unos plazos de entrega inminentes aparentemente imposibles de cumplir, sobre todo teniendo en cuenta la carga de trabajo que teníamos. Estábamos convencidos de que íbamos a fracasar en las tareas asignadas y en los exámenes, por lo que no podríamos graduarnos. Era como si hubiéramos desperdiciado todo el tiempo que habíamos pasado en la universidad.

Fui a la universidad porque creía que debía hacerlo. Era lo que se suponía que tenías que hacer si querías un buen trabajo y una vida cómoda, algo que yo no había vivido durante mi infancia. Pero en el fondo no quería estar allí. No lo disfrutaba. Siempre supe que no terminaría en un trabajo tradicional. Lo estaba haciendo por mi madre más que nada. La había visto esforzarse toda su vida y quería demostrarle que no había sido en vano.

Ahora que estaba tan cerca de la meta, me lo iban a quitar todo. Solo pensaba en que iba a defraudar a mi madre y a mí mismo, y en que malgastaría todo el dinero en una licenciatura que no iba a conseguir. No había servido para nada. Me invadían los pensamientos negativos.

Le anuncié a mi madre que iba a dejar de estudiar, que no tenía ninguna razón para seguir. No me gustaba nada la universidad y lo que me estaba pasando era una injusticia. Como necesitaba un chivo expiatorio para mi rabia, le eché a mi madre la culpa de todo. Con buenas palabras trató de convencerme para que no tirara la toalla y lo hiciera lo mejor que pudiera, pero eso solo sirvió para que, dejándome arrastrar por la rabia, discutiera aún más con ella.

Estaba harto de problemas que no se acababan nunca y quería dejarlo todo atrás. No encontraba ninguna razón ni ningún propósito para vivir. Mi bajo estado de ánimo me trajo a la mente algunos de mis peores recuerdos, que solo añadieron más leña al fuego, convenciéndome de que mi vida no valía nada. ¿Qué sentido tenía soñar si nunca iba a poder hacer realidad mis sueños? Me convencí a mí mismo de que estaba viviendo una mentira y de que me había engañado creyéndome el cuento de que podía lograr grandes cosas.

En aquel momento me parecía evidente: esas grandes cosas no eran para mí. Así que busqué por Internet agencias de empleo y solicité varios trabajos que parecían bastante interesantes y bien remunerados, aunque no estaba cualificado para ellos. Pensé que si podía conseguir uno, no parecería un completo fracasado y al menos tendría algo de dinero para ayudar a mi familia con sus deudas, cuentas y gastos, como los de las bodas de mis hermanas. En mis cartas de presentación, les expliqué que, pese a que no estaba cualificado, sería el empleado perfecto. Nadie me respondió.

En el fondo, sabía que no podía dejar la universidad después de haber llegado tan lejos. Había gastado mucha energía tratando de encontrar una salida al problema, pero ahora era el momento de enfrentarme a lo que había que hacer y esperar lo mejor.

Pero antes tenía que asistir a la boda de mi hermana mayor. Esto añadía más presión aún: significaba que tendría que entregar la tarea antes que nadie y tomarme un descanso de la universidad solo dos meses antes de mis plazos finales, lo que me retrasaría aún más. Le insistí a mi familia en que me era imposible asistir a la boda, aun sabiendo que me arrepentiría siempre de haberme ­perdido un acontecimiento tan importante. Terminé yendo, aunque a regañadientes.

Y en cuanto llegué allí, sucedió algo inesperado. Me sentí tranquilo y relajado. La boda se celebró en Goa (India) y fue maravillosa. Todos resplandecían de felicidad y amor por mi hermana y su nuevo esposo. La verdad es que en aquel momento no me estaba esforzando por ser positivo. Me sentía cómodo estando deprimido y compadeciéndome de mí mismo, y quería que los demás también sintieran pena por mí. Pero ese nuevo ambiente provocó un cambio muy oportuno en mí. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía agradecido.

Siempre recordaré la boda de mi hermana. Y lo mucho que me enseñó sobre cómo funciona el universo.

Cuando regresé, ese sentimiento positivo permanecía conmigo. Me sentía bien, y me tomaba con mucha calma el caos que había a mi alrededor. Y fue esa firmeza recién recuperada lo que me motivó a hacer lo que tenía que hacer.

Me creé una tabla de calificaciones que mostraba la nota final que iba a recibir cuando me entregaran el título. Cada día me quedaba contemplándola durante unos minutos y fingía que aquellas impresionantes notas eran auténticas. No creía del todo que fuera a lograrlo; era solo un deseo. Sin embargo, sí creía que lo iba a hacer bien.

Decidí ir a la biblioteca todos los días, y pasarme horas allí. Le dediqué a la tarea del grupo la enorme cantidad de trabajo extra que hacía falta para completarla, y algunas horas más. Durante los descansos charlaba con personas positivas que me hacían sentir bien conmigo mismo.

Una de ellas era la mujer de la que me enamoraría de por vida.

Cuando llegó el momento de los exámenes, entregar las tareas y hacer las presentaciones del último año, estaba seguro de que había hecho lo suficiente. Al final no saqué las notas que tenía en esa tabla de calificaciones que me había creado, pero aprobé ­cómodamente. Y, para mi sorpresa, superé uno de los exámenes más difíciles del curso.

Seguí teniendo éxitos similares con la ley de la atracción. Pero, en líneas generales, unas veces funcionaba y otras no. Sabía que faltaba algo. Cuando supe lo que era, empecé a tener éxito de manera más constante. Lo probé con otros para ver si también se beneficiaban de mi descubrimiento, y así fue. De hecho, muchos consiguieron hacer cosas que antes les parecían imposibles.

No todo lo que he querido se ha manifestado. Normalmente, por suerte. En muchas ocasiones he creído que quería y necesitaba algo, pero por motivos totalmente absurdos. Con el paso de los años he ido ganando claridad y he suspirado con alivio por no haber conseguido lo que creía que me correspondía. A menudo, no consigo lo que quiero y más tarde descubro que lo que he obtenido es todavía mejor.

La ley de la vibración

El universo responde a tu vibración.

Te devolverá cualquier energía que le envíes.

La ley de la vibración está por encima de la ley de la atracción. Es el componente clave para una vida mejor. Cuando aprendas esta ley y apliques sus conceptos, tu vida se transformará. Esto no quiere decir que vayas a evitar todas las dificultades. Sin embargo, lo que sí harás, es tomar las riendas y crear una vida que no solo parezca extraordinaria, sino que lo sea.

Uno de los primeros autores de la literatura de superación personal es Napoleon Hill. Su libro de 1937 Piense y hágase rico 2 sigue siendo una de las obras más vendidas de todos los tiempos, y muchos de los gurús empresariales del mundo elogian sus consejos para lograr el éxito. Para escribir este libro Hill realizó un proceso de investigación que incluía entrevistas con quinientos hombres y mujeres de prestigio a quienes preguntaba cómo habían alcanzado su éxito, y a continuación, compartía la sabiduría de sus entrevistados. Una de sus conclusiones fue: «Somos lo que somos, por las vibraciones del pensamiento que recogemos y registramos a través de los estímulos de nuestro entorno cotidiano». En su obra, Hill se refiere en muchas ocasiones al concepto de «vibración». También verás la palabra vibración (que hoy día suele abreviarse a veces como vibra) varias veces en este libro.

Sin embargo, muchas ediciones posteriores del libro de Hill eliminaron cualquier mención de la palabra vibración. Quizás los editores no creían que el mundo estuviera listo para ese concepto. Incluso hoy en día, las leyes metafísicas relacionadas con la vibración reciben críticas debido a la falta de evidencias científicas. A pesar de esto, ha habido una serie de intentos de explicar la ley de la vibración. El científico Bruce Lipton y el autor Gregg Braden están a la vanguardia de los escritores que aspiran a reducir la brecha entre la ciencia y la espiritualidad. 3 Sus ideas sobre la influencia de los pensamientos en nuestra vida apoyan el concepto sugerido por la ley de la vibración, aunque algunos crean que esto es solo pseudociencia moderna.

No obstante, yo por mi parte he descubierto que la ley de la vibración me afecta profundamente y me ayuda a darle sentido a la vida, y sé que muchos otros lo han descubierto también. He visto cambios milagrosos al usar la ley de la vibración, y tanto si crees en ella como si sigues siendo escéptico, a lo largo del libro verás que esta ley no puede perjudicarte. A veces, la experiencia personal es más valiosa que cualquier dato medible en números y gráficos.

Entonces, ¿qué es la ley de la vibración?

Para empezar, recuerda que todo está hecho de átomos, y cada átomo es una pequeña vibración. Por lo tanto, toda la materia y la energía es vibracional por naturaleza.

Si piensas en la escuela, recordarás que te enseñaron que los sólidos, los líquidos y los gases son diferentes estados de la materia. La frecuencia de las vibraciones a nivel molecular define en qué estado se encuentran y cómo se nos presentan.

La realidad tal como la percibimos ocurre a través de vibraciones compatibles. En otras palabras, para que podamos percibir la realidad, tenemos que ser compatibles con ella a nivel vibracional. El oído humano, por ejemplo, solo oye ondas sonoras de entre veinte y veinte mil vibraciones por segundo. Esto no significa que no existan otras ondas sonoras; solo que no podemos percibirlas. Cuando suena un silbato para perros, la frecuencia está por encima del rango de vibración del oído humano y por lo tanto para nosotros no existe.

En su libro The Vibrational Universe [El universo vibracional], 4 el autor espiritual Kenneth James Michael MacLean afirma que nuestros cinco sentidos, nuestros pensamientos, así como la materia y la energía, son vibracionales. Defiende que la realidad es la percepción definida por la interpretación vibratoria. Nuestro universo es claramente un mar profundo de frecuencias vibratorias, lo que significa que la realidad es un éter vibratorio que responde a los cambios de la vibración.

Si el universo responde a nuestros pensamientos, palabras, sentimientos y acciones –porque, según MacLean, todos estos elementos son vibracionales–, entonces la ley de la vibración da por hecho que podemos controlar nuestra realidad.

Cambia la manera en que piensas, sientes, hablas y actúas, y empezarás a cambiar tu mundo.

Para traer una idea a la existencia, o mejor dicho, a tu percepción, debes igualar su frecuencia vibratoria. Cuanto más «real» o sólido sea algo para ti, más cerca estarás de él vibracionalmente. Es por eso por lo que cuando de verdad crees en algo y actúas como si ya fuera cierto, incrementas sus posibilidades de que aparezca en tu realidad física.

Para recibir o percibir la realidad que deseas tener, debes estar en armonía energética con ella. Esto significa que nuestros ­pensamientos, emociones, palabras y acciones deben estar en sintonía con lo que queremos.

Puedes hacerte una idea de esto tomando dos diapasones calibrados a la misma frecuencia. Si golpeas uno de ellos para que empiece a vibrar, la segunda horquilla también vibrará sin que la toques. La vibración del diapasón golpeado se transfiere al diapasón que no has tocado porque ambos están en sintonía con la misma frecuencia: se encuentran en armonía vibratoria. Si no están en armonía vibratoria, entonces la vibración del diapasón golpeado no pasará al otro.

Del mismo modo, para escuchar una determinada emisora de radio, hay que sintonizar el receptor a la frecuencia de esa emisora. Esta es la única forma en que puedes oírla. Si sintonizas una frecuencia diferente, escucharás una emisora completamente ­distinta.

Una vez que estás en resonancia vibratoria con algo, empiezas a atraerlo a tu realidad. La mejor manera de identificar la frecuencia con la que estás es a través de tus emociones: tus emociones son un verdadero reflejo de tu energía. A veces podemos creer que estamos en un estado mental positivo o realizando buenas acciones, pero en el fondo sabemos que no es así; solo estamos fingiendo. Si prestamos atención a nuestras emociones, podemos ver la verdadera naturaleza de nuestra vibración y por lo tanto lo que estamos atrayendo a nuestra vida. Si nos sentimos bien, tendremos buenos pensamientos, y como resultado realizaremos acciones positivas.

Solo buenas vibraciones

Las buenas vibraciones simplemente son estados de vibración más elevados.

Los términos bueno y positivo se usan indistintamente para describir algo deseable. Por ejemplo, cada vez que calificas un acontecimiento pasado como una experiencia buena o positiva, te refieres a él de esta manera porque salió como esperabas, o al menos no tan mal como podría haber salido.

Básicamente, cuando quieres algo es porque te hace sentir bien. Siempre que tratamos de hacer realidad un deseo es para alcanzar un estado emocional placentero y evitar uno desagradable. La mayoría creemos que conseguir nuestros deseos nos hará ­felices.

Teniendo en cuenta que la emoción es una de las vibraciones más poderosas que puedes manejar, y, en esencia, lo que buscamos son emociones positivas, podemos llegar a la conclusión de que nuestra misión en la vida es experimentar buenas vibraciones. Piénsalo: cuando te sientes bien, tu vida también te parece buena. Si pudieras experimentar continuamente buenas vibraciones, verías siempre tu vida de forma positiva.

El médico Hans Jenny es conocido por acuñar el término cimática, que es el estudio del sonido y la vibración visibles. Uno de sus experimentos más conocidos muestra el efecto del sonido en la arena rociada sobre una placa metálica plana que se hace vibrar a diferentes frecuencias frotando un arco de violín contra su borde. Dependiendo de las diferentes frecuencias se forman varios patrones. En las vibraciones más altas, se forman patrones bellamente intrincados; las vibraciones más bajas producen formas menos atractivas. Por lo tanto, una vibración más alta crea efectos más agradables.

Lo ideal es que en la vida nos sintamos todo lo alegres y llenos de amor que podamos. Estos son los sentimientos con una vibración más elevada, y nos ayudarán a manifestar más de lo que queremos, y, por consiguiente, mejores vibraciones. En contraste, los sentimientos de odio, ira y desesperación tienen una vibración muy baja. Atraerán más de lo que no queremos.

Para recibir buenas vibraciones debemos, según el principio de la ley de la vibración, proyectar buenas vibraciones. Como transmisores y receptores de frecuencias vibratorias, las vibraciones que emitimos siempre están atrayendo lo que vibra a una frecuencia similar a la nuestra. Esto significa que los sentimientos que transmitimos al universo volverán a nosotros a través de las vibraciones correspondientes. Así que, si transmites sentimientos de alegría, recibirás más motivos por los que sentirte alegre. El error que solemos cometer es creer que nos sentiremos bien solo cuando tengamos lo que queremos. La verdad es que podemos sentirnos bien ahora mismo.

En última instancia, el amor propio y la elevación del nivel de tu vibración van de la mano. Cuando haces un esfuerzo por elevar tu vibración, te muestras a ti mismo el amor y el cuidado que mereces. Al sentirte bien atraerás el bien. Al tomar acciones positivas y cambiar tu forma de pensar, manifiestas cosas más grandes. Al amarte a ti mismo, vivirás la vida que amas.

Los sentimientos que proyectamos regresan a nosotros por medio de experiencias equivalentes.


SEGUNDA PARTE

Hábitos de vida positivos

Introducción

Los estados más elevados de vibración te ayudarán a sentirte bien, lo que significa que podrás manifestar más cosas buenas en tu vida.

Tu objetivo es sentirte mejor vibrando a una frecuencia más elevada. Hay muchos hábitos de estilo de vida que te ayudarán a hacerlo y te acercarán a un estado más amoroso y alegre.

Puedes cambiar tu estado emocional a través de todo tipo de actividades que elevarán tu vibración, algunas de las cuales tendrán un efecto duradero mientras que otras te harán sentir bien solo en el momento.

Por ejemplo, si estás disgustado porque discutiste con un amigo, podrías cambiar tu estado emocional saliendo con otros a divertirte. Otras formas de elevar tu vibración son el contacto físico con un ser querido, la risa, escuchar música relajante, ser bondadoso, dormir profundamente, mover el cuerpo o cualquier otra actividad que disfrutes. Pero es posible que después tengas que enfrentarte de nuevo a tu malestar. Nada ha mejorado en tu mente; solo has evitado temporalmente el problema.

En cambio, la práctica de la meditación podría, con el tiempo, cambiar por completo la forma en que funciona tu cerebro. La meditación y el acto introspectivo de estudiar tus emociones de baja vibración te ayudarán a transformarlas en emociones de alta vibración. Por lo tanto, la meditación puede ayudarte a ver las consecuencias de la pelea con tu amigo de una manera más positiva. (Más adelante veremos en detalle la meditación).

Como todo es energía, podrías decir que cualquier cosa que hagas afectará de una manera u otra a tu vibración. Pero las nuevas acciones y el cambio positivo de actitud también son elementos del amor propio que te convertirán en la mejor persona –y la más feliz– que puedes ser.

Además, hay otras acciones que podemos realizar para sentirnos mejor que, al principio, quizá parezca que funcionan solo brevemente, pero cuando se llevan a cabo de manera constante durante un largo período de tiempo se convierten en hábitos que cosechan resultados duraderos.

Rodéate de gente positiva

Rodéate de gente que tenga una vibración más elevada que la tuya. Ten cerca a personas que se sientan mejor que tú. La energía es contagiosa.

Cuando no te sientas muy bien, trata de estar cerca de gente que lo esté. Están vibrando a una vibración superior a la tuya y es muy posible que puedas absorber parte de su energía. Del mismo modo en que los investigadores han descubierto que el alga verde Chlamydomonas reinhardtii extrae energía de otras plantas, 5 mi experiencia sugiere que hay muchas probabilidades de que los seres humanos hagan algo muy parecido.

¿Alguna vez has conocido a alguien y has sentido que había algo que te provocaba rechazo? No puedes explicarlo, pero percibes una mala vibración y, por lo general, más tarde se descubre que había una buena razón para esta sensación. La energía no miente.

Probablemente también hayas experimentado lo contrario. Hay ciertas personas que identificamos como llenas de energía positiva. Siempre parecen contagiar sus buenas vibraciones a los que las rodean. Muchas veces mi estado emocional ha cambiado solo por estar rodeado de gente alegre.

Las personas positivas también pueden inspirarnos a adoptar una postura de superación de nuestras dificultades. Al encontrarse en un estado positivo, es más probable que tengan una perspectiva optimista acerca de lo que estamos pasando. Tratarán de buscar lo positivo de la situación y nos ayudarán a cambiar nuestro enfoque y centrarlo en algo que eleve nuestra vibración.

Por lo tanto, proponte establecer relaciones profundas y duraderas con personas positivas. Al pasar más tiempo con quienes aportan valor a tu vida y elevan tu estado de ánimo, empezarás a adoptar sus patrones de pensamiento positivo y a reflejar en ellos estas vibraciones.

La ley de la vibración sugiere que atraemos a personas que vibran en nuestra misma frecuencia. Así que, si podemos empezar a experimentar emociones más positivas de manera habitual gracias a los demás, atraeremos a más personas positivas a nuestra vida, reforzando así las buenas vibraciones que nos rodean.

Cambia tu lenguaje corporal

Es difícil sonreír cuando las cosas van mal. Pero un estudio realizado en 2003 por Simone Schnall y David Laird demostró que fingir una sonrisa puede engañar al cerebro y hacerle creer que está contento, con lo cual liberará las hormonas del bienestar llamadas endorfinas. 6

Esto puede parecer un poco absurdo al principio. Si sonreír sin razón te resulta excesivamente raro, busca una razón para hacerlo. Podrías pensar que tu sonrisa hará que otros se sientan mejor. Puede que te devuelvan la sonrisa, y eso te dará un buen motivo para seguir sonriendo.

De hecho, todo nuestro cuerpo y nuestra fisiología pueden influir en nuestros pensamientos y sentimientos. Al cambiar nuestro estado exterior, podemos cambiar nuestro estado interior. Quizá te sorprenda saber que la gran mayoría de los mensajes que transmitimos a otras personas son no verbales, como las expresiones faciales, los gestos o incluso la postura que adoptamos mientras hablamos. Por esta razón, es importante que tratemos de pensar en los mensajes que estamos transmitiendo con nuestro lenguaje corporal.

Si te dijera que me mostraras qué aspecto tiene alguien que está deprimido, probablemente sabrías exactamente cómo representarlo: te desplomarías, agachando la cabeza, y adoptarías una expresión sombría. Si te pidiera que me mostraras qué aspecto tendría alguien si estuviera enojado, también podrías mostrármelo con facilidad.

Ahora piensa en qué aspecto tendría una persona que es feliz y se siente a gusto en su piel. ¿Cómo sería su expresión facial? ¿Qué postura adoptaría? ¿Se movería de alguna forma determinada? ¿Qué haría con las manos? ¿Es probable que haga algún gesto? ¿Qué tono de voz tendría? ¿Hablaría rápida o lentamente?

Si puedes actuar como si te sintieras bien, tu estado interno cambiará y tu vibración se elevará.

Quizá te preocupe que esta sea una forma poco natural de elevar tu vibración. Pero la idea de que puedes «fingir algo hasta que lo consigas» ha sido demostrada en muchas ocasiones. Por ejemplo, Muhammad Ali decía: «Para ser un gran campeón, debes creer que eres el mejor. Si no lo eres, finge que lo eres». Un ejemplo de esto es la pelea de Ali con Sonny Liston. Antes de la pelea, Ali era un don nadie, pero decidió actuar como si fuera a darle una paliza a Liston –jactándose y vanagloriándose de ello con los fans– y, en el combate, eso fue lo que hizo.

La psicóloga social Amy Cuddy es conocida por su trabajo sobre cómo el lenguaje corporal influye no solo en cómo nos ven los demás, sino también en cómo nos vemos nosotros mismos. Un informe del que Cuddy es coautora afirma que simplemente adoptando una de las tres posturas relacionadas con el poder durante solo dos minutos al día, se puede crear un aumento del veinte por ciento en la hormona de la confianza, la testosterona, y una disminución del veinticinco por ciento en la hormona del estrés, el ­cortisol. 7 Según dicho informe, las llamadas «posturas de poder» son una forma rápida y fácil de sentirse más fuerte.

Algunas personas malinterpretan este concepto y fingen que poseen un valor o talento determinados para que los demás les presten atención y de esta forma puedan sentirse mejor consigo mismas. Pero si simplemente actúas de una determinada manera para mejorar tu confianza y sentirte mejor sobre tus objetivos en la vida, es una técnica útil. Gradualmente, esta confianza imaginada empezará a convertirse en verdadera confianza. Cuanto más te acerques a esta confianza sintonizando con su vibración, más real se volverá.

Desconéctate

No subestimes la importancia de dedicarle tiempo a relajarse. A veces, estamos tan absortos en nuestras vidas y en lo que sucede a nuestro alrededor que vivimos abrumados y tensos.

La solución sencilla es relajarse y tomar cierta distancia respecto a aquello que nos estresa. No tengas miedo de pasar tiempo a solas. He notado que a veces estar con gente puede agotarte. Si eres introvertido, esa sensación puede ser bastante habitual. Sientes que todo el mundo quiere un trocito de ti y eso es demasiado.

Puede parecer un poco cruel pensar así si vives con tu cónyuge, amigos o familiares. Sin embargo, no es que no te gusten, ni que estés harto de ellos. Es solo que necesitas un descanso: la oportunidad de respirar y recargarte. Únicamente necesitas estar solo durante un tiempo. Eso es perfectamente aceptable y no por eso los quieres menos.

Asimismo, es fácil sentirse sobreestimulado por los medios de comunicación y las redes sociales, y también te hace falta descansar algún tiempo de todo esto.

¿Cómo puedes saber si necesitas un descanso?

Mira, aquí tienes un ejemplo: si alguien trata de hacer algo bueno por ti, pero sientes que se esfuerza demasiado o que no respeta tu espacio, puede ser una señal de que estás cansado de estar con gente. Sí, quizá te sientas mal, porque sabes que lo hace con buena intención. Pero ahora mismo lo único que quieres es que te dejen tranquilo.

En el español mexicano hay una palabra, engentado, que describe este sentimiento. Se refiere a la sensación de querer alejarte de las personas tras pasar tiempo con ellas.

Aunque no deberías dejar que tu estado de ánimo controle tus modales, tampoco deberías sentirte mal por querer desconectarte por un tiempo. No solo es bueno para ti, sino también para los demás. Cuanto más tiempo permanezcas sin recargarte de energía, mayores serán las probabilidades de que afectes negativamente a la vibración de los demás.

Pasar algún tiempo en la naturaleza también tiene un efecto muy potente. Actualmente, es cada vez más difícil manejarse sin tecnología. Sin embargo, salir a la naturaleza te ayuda a regenerar y rejuvenecer todo tu ser. Según un estudio de investigación publicado en 1991, los entornos naturales tienen efectos revitalizadores, ya que producen estados emocionales positivos y fomentan el bienestar psicológico. 8

Para estar en contacto con la naturaleza no hace falta complicarse la vida. Puedes salir a dar un paseo, trabajar en el jardín, sentarte bajo un árbol o mirar las estrellas. Si hace sol, absorber algunos rayos de luz podría ayudarte a aumentar la vitamina D y los niveles de serotonina, una de las «hormonas de la felicidad», que actúa como estabilizador natural del estado de ánimo.

A veces tienes que desconectarte del mundo por un momento, para poder restablecerte.


Motívate

La motivación me inspira y me mantiene optimista. Hoy en día, podemos motivarnos de muchas maneras. Los libros de autoayuda, las publicaciones o las novelas edificantes, como El alquimista, de Paulo Coelho, son geniales, igual que infinidad de productos digitales de autosuperación, como los podcasts. No subestimes el poder de una gran película. Personalmente, me parece excelente En busca de la felicidad, protagonizada por Will Smith.

Recuerdo un período determinado de mi vida durante el cual me sentía completamente perdido. Acababa de dejar un trabajo para dedicarme a mi propio negocio, vendiendo camisetas con mensajes motivacionales. Había invertido todo lo que tenía, y para mi consternación no se estaban vendiendo tan bien como me esperaba. Pensaba que se iban a agotar en unos días. Había leído un montón de libros sobre negocios, me pasé horas investigando en blogs de moda y creía que tenía todos los conocimientos necesarios para dirigir una empresa de éxito y aportar algo innovador al mundo de la moda. Sin embargo, la realidad me demostraba lo contrario.

Estaba empezando a perder la fe en mí mismo y en mis habilidades. Me cuestioné el rumbo de mi vida y, además, mi madre vio que tenía dificultades y me dijo que debía conseguirme otro trabajo ya que necesitaba ganar dinero para vivir y ayudar en casa. La presión era inmensa.

Cuando empiezas a dudar de tus habilidades, puedes hundirte rápidamente en la miseria. Comienzas a experimentar los estados vibratorios más bajos y esto te afecta.

Sabía que tenía que hacer algo. Escuché varios audiolibros de desarrollo personal, adquirí más libros de autoayuda, vi vídeos en línea y leí artículos, citas y entradas en blogs. También empecé a hablar con amigos emprendedores que había conocido a través de las redes sociales.

Conocí las dificultades de otros y cómo las superaron, incluso con todas las probabilidades en su contra. Empecé a sentirme alentado y creció mi confianza en mí mismo. Esos casos me demostraban que no había fracasado definitivamente. Cualquiera que haya logrado algo grande se ha enfrentado a grandes desafíos o fracasos. Pero estos solo son definitivos si te rindes.

He de admitir que mi negocio de camisetas no funcionó. Sin embargo, ocasionó cambios, y fueron cambios que me beneficiaron enormemente. Cuando hay motivación, tienes empuje y te sientes estimulado por lo que quieres conseguir y por lo que es posible en tu vida.

Mantente alejado de
problemas y chismes

Los dramas son para la televisión, no para la vida real. No participes en la película de otra persona en la que ella es la única protagonista.

Todos hemos contado chismes alguna vez. A veces, ni siquiera nos damos cuenta de lo que estamos haciendo. Lo peor es que, de hecho, la mayoría de la gente disfruta contándolos; no cree que esté siendo crítica y chismorrear le parece algo inofensivo. Le encanta la emoción de escuchar habladurías escabrosas sobre alguien y contárselas a otros para ver su reacción. ¡Y esto convierte a los chismes en una manera estupenda de bajar tu vibración!

A pesar de eso, nuestro ego se engancha a contar habladurías: lo hacemos para tratar de sentirnos bien con nosotros mismos; para sentirnos por encima de los demás. Las habladurías suelen ser críticas, y en su mayor parte esa crítica proviene del odio, que es un estado de baja vibración que solo te llevará a atraer experiencias desagradables a tu vida.

Como ya hemos visto, cada pensamiento y palabra tiene una vibración poderosa. Cuando hablamos de otros con negatividad, enviamos energía negativa al universo. Esto hace que se reduzca nuestra propia vibración y atrae a nuestra vida situaciones tóxicas que provocan sensaciones negativas. El ayurveda, el antiguo sistema médico indio, dice que las habladurías afectan a algunos de nuestros centros de energía, conocidos como chakras. Esto nos impide ascender a estados vibratorios más elevados.

Los medios de comunicación sacan partido de este gusto por las habladurías publicando los infortunios de otras personas. Afortunadamente para ellos, siempre hay gente que los cree. Por consiguiente, se ha vuelto socialmente aceptable hablar de otros. Sin embargo, todos tenemos claro que no nos gustaría que hablaran sobre nosotros.

De manera que evita participar en las conversaciones sobre los demás, o trata de dirigir la conversación hacia algo más positivo. Notarás que, en la mayoría de las ocasiones, las personas que pasan el tiempo chismorreando son las que más se quejan y parecen regodearse en las desgracias. Si adoptas sus hábitos, poco a poco tú también perderás la esperanza.

Del mismo modo, el hecho de verse envuelto sin necesidad en problemas puede aumentar tanto el estrés como la ansiedad. Esto provoca un bajón emocional que, como ya sabes, se refleja en tu vida de forma negativa. ¿Por qué vas a renunciar a tu alegría?

He aprendido a evitar a toda costa los problemas, porque no me aportan nada. Una vez me encontré con una persona muy conflictiva que quería discutir conmigo sobre una idea que yo había planteado. Lo curioso es que esa idea era que debíamos alejarnos de las peleas porque destruyen nuestra paz, pero él creía que no teníamos que hacerlo. Cuando le expliqué amablemente que respetaba su opinión y que debíamos dar por zanjado el tema, se enojó. Si hubiera pensado que le interesaba mi perspectiva, me habría gustado exponérsela y escuchar la suya. Sin embargo, solo quería discutir, demostrarme que estaba equivocado y pisotearme.

Tenía los oídos cerrados y la boca abierta: no estaba listo para aprender sino únicamente para imponerse. Nuestras creencias eran diferentes y se puso muy exaltado. Según él, yo estaba divulgando una información falsa y creando más sufrimiento en el mundo con mi punto de vista. A este enojo le siguió un ataque personal que me dirigió, sobre todo porque yo no quería participar en su pelea. Tan solo me quedé callado y observando, hasta que pude distanciarme.

No parecía que a esta persona le importara de verdad el bienestar de los demás, o que quisiera evitar el sufrimiento en el mundo. Su comportamiento agresivo contradecía sus puntos de vista. Simplemente necesitaba justificar por qué tenía razón y que su camino era el único camino aceptable. Mis creencias ponían en peligro su creencia de que siempre debíamos devolver los golpes que recibimos, y sin esa creencia, su identidad se veía amenazada.

Este es el trabajo del ego. Tu ego es tu propia imagen creada por el pensamiento. Es tu máscara social, una máscara que constantemente requiere aprobación porque vive con miedo a perder su sentido de identidad. Cuando te sientes mal porque no le gustas a alguien, es tu ego el que está actuando: validas tu existencia basándote en la aprobación de los demás. Cuando te desaprueban, ya no te sientes bien siendo quien eres.

Nuestro ego siempre quiere sentirse importante y adorado. Busca la gratificación inmediata. Quiere sentirse más poderoso que los demás.

Es la razón por la que compramos cosas que no necesitamos: para impresionar a gente que ni siquiera nos importa. Es la razón por la que nos amargamos por el éxito de otros. Es la razón por la que existe la codicia y por la que nos esforzamos constantemente por superar a los demás. Nos impide actuar con amor y ­comprensión.

Por desgracia, muchos nos identificamos durante toda nuestra vida con una cierta imagen que ha sido creada por nuestro ego, y tenemos que seguir manteniéndola y protegiéndola. Si otros no aprueban esa imagen que hemos creado, nuestra identidad se ve amenazada y el ego tendrá miedo y tratará de protegerla, como en este caso. Mis creencias obligaron a esa persona a cuestionar las suyas y, por lo tanto, a cuestionarse su identidad, lo que supuso una amenaza. Por eso se puso inmediatamente a la defensiva y me atacó.

Esto ocurre con mucha frecuencia en la vida a causa del ego. La gente no dice ni pregunta nada por curiosidad; simplemente quiere probar que los demás están equivocados. Quieren que todo el mundo comparta las mismas creencias que ellos, no necesariamente porque les importen los demás, sino porque temen estar equivocados y no saber quiénes son. Hay mucha gente tremendamente conflictiva en el mundo a la que estas situaciones tóxicas parecen fortalecerla.

Trato de mantener una mente abierta y escuchar las perspectivas de los demás. Sin embargo, también he aprendido a no perder el tiempo con quienes no tienen interés en escuchar mi opinión ni mis motivos para expresarla. Asegúrate de no participar involuntariamente en las batallas internas de otros.

Hablar sobre problemas y compartir información está bien siempre que la intención no surja del deseo de sentirte superior a base de menospreciar a los demás. Esto te proporciona una imagen falsa de ti mismo y, por consiguiente, disminuye tu vibración. Hay mejores maneras de pasar el tiempo que chismorreando o metiéndose en líos. En lugar de eso trata de concentrarte en tu propia vida y en intentar mejorarla. El tiempo es precioso y debes invertirlo sabiamente haciendo algo constructivo que engrandezca tu vida.

Cuida tu alimentación
y mantente hidratado

Lo que consumes te consume;

lo que te consume controla tu vida.

Todo lo que comes y bebes es importante, ya que afecta a tu vibración y a tu realidad. Piénsalo: ¿cómo puedes sentirte bien si no ingieres buenos alimentos y líquidos?

Los alimentos que producen somnolencia y hacen que nos sintamos perezosos son los que vibran a una frecuencia más baja. Por lo tanto, cuando los comemos, nuestra vibración también cambia. Muchos de estos alimentos son comida basura y, desafortunadamente, los fabricantes han logrado que tengan muy buen sabor. Por esta razón, algunos tendemos a ser excesivamente indulgentes con los malos alimentos, y esto no solo afecta a nuestro estado de ánimo, sino que también nos engorda y nos vuelve más vulnerables a las enfermedades.

En 1949, un experto francés en electromagnetismo llamado André Simoneton publicó su investigación sobre las ondas electromagnéticas de determinados alimentos. Observó que cada ­alimento no solo tiene una cantidad particular de calorías (energía química), sino también una energía electromagnética que es vibracional. 9

Simoneton descubrió que para que se los considere sanos, los seres humanos han de mantener una vibración de 6.500 angstroms (un angstrom es una unidad que mide la cienmillonésima parte de un centímetro, y se utiliza para expresar el tamaño de las longitudes de onda electromagnéticas).

Dividió los alimentos en cuatro categorías, según una escala de cero a diez mil angstroms.

La primera categoría la componen alimentos de alta vibración, como frutas frescas y verduras crudas, cereales integrales, aceitunas, almendras, avellanas, semillas de girasol, soja y coco.

La segunda categoría corresponde a alimentos con una vibración algo más baja, como verduras hervidas, leche, mantequilla, huevos, miel, pescado cocido, aceite de cacahuete, caña de azúcar y vino.

La tercera categoría consiste en alimentos con muy bajas vibraciones, entre ellos carnes cocidas, embutidos, café y té, chocolate, mermeladas, quesos procesados y pan blanco.

La cuarta y última categoría prácticamente no presentaba angstroms e incluía margarina, conservas, bebidas alcohólicas, azúcar blanca refinada y harina blanqueada.

La investigación de Simoneton nos da una idea de qué alimentos son buenos para nuestra vibración y cuáles debemos evitar.

Además, como regla general, los productos orgánicos de buena calidad, por su propia naturaleza, te harán sentirte más lleno de energía que los alimentos no orgánicos. Su precio puede ser elevado, pero merece la pena hacer un sacrificio por tu salud, porque esta se deteriora si consumes alimentos poco saludables.

También deberíamos tener en cuenta la importancia del agua. Se estima que entre el sesenta y el setenta por ciento de tu cuerpo está compuesto de agua, y es esencial para su funcionamiento: lo mantiene hidratado y elimina las toxinas no deseadas, lo que lo mantiene en un estado vibratorio más elevado. Si el equilibrio de agua en tu cuerpo cae por debajo de la cantidad necesaria, tu organismo reaccionará negativamente. Puede que no seas capaz de concentrarte, que te marees e incluso que te quedes inconsciente.

La investigación de Simoneton demostró que las bebidas alcohólicas tienen una vibración muy baja, y su consumo habitual en cantidades excesivas puede ser muy dañino y llegar a causar la muerte por lesiones hepáticas. Un exceso de alcohol también crea una falsa percepción, que a veces ocasiona que te comportes como normalmente no te comportarías. Esto podía llevarte a tomar malas decisiones que te perjudicarían. El alcohol podría proporcionarte algunos momentos de placer, pero debes consumirlo con moderación.

Convierte el agua fresca y filtrada en tu bebida principal.

Sé agradecido

Antes de quejarte de la escuela, recuerda que algunos ni siquiera pueden recibir una educación.

Antes de quejarte de tu peso, recuerda que algunos ni siquiera tienen comida.

Antes de quejarte de tu trabajo, recuerda que algunos ni siquiera tienen un sustento.

Antes de quejarte de la limpieza de la casa, recuerda que algunos ni siquiera tienen un techo.

Antes de quejarte de lavar los platos, recuerda que algunos ni siquiera tienen agua.

Antes de quejarte de todas estas cosas en los medios sociales usando tu smartphone, sin darte cuenta de la suerte que tienes, simplemente tómate un minuto para sentirte agradecido.

Ser agradecido es uno de los hábitos más sencillos, y a la vez más poderosos, que puedes cultivar. Recordar diariamente todo lo que tienes hace que entrenes tu mente para que busque el lado bueno de todo lo que te rodea. Muy pronto, inconscientemente empezarás a ver el lado positivo de las cosas y te sentirás mejor respecto a tu vida.

No puedes sentirte mal mientras te sientes agradecido. Por muy simple que parezca ser agradecido, la mayoría se resiste a ello. Es mucho más fácil centrarse en las dificultades que en las ventajas; fijarte en lo que no tienes que prestar atención a todo lo que tienes.

Una vez, mientras estudiaba a algunos de los personajes que han alcanzado un mayor éxito en el mundo, leí una frase que se me quedó grabada: «La grandeza comienza por la gratitud». En ese momento no le di importancia, pero conforme pasaban los años empecé a entender su valor. Ahora sé que no se puede sentir alegría sin estar agradecido; estar agradecido es un componente vital de la felicidad.

Además, al expresar gratitud, no solo transformamos nuestro estado vibratorio para aumentar nuestro magnetismo para atraer lo bueno, sino que también somos capaces de poner las cosas en perspectiva. Pasamos cada día comparándonos constantemente con los demás, y la mayoría casi nunca reconocemos que poseemos lo que otros pueden desear. También tendemos a compararnos con quienes consideramos más afortunados que nosotros, en lugar de con quienes son menos afortunados. Piensa en la cantidad de gente que tiene que vivir día a día en medio de una guerra. Pero estamos completamente a salvo de tales problemas, y de muchos más de los que oímos hablar en las noticias.

Es fácil decir «gracias» sin sentirlo. La clave para mostrar gratitud es sentirse agradecido. Pondré a mi cliente Will como ejemplo para ilustrar cómo se puede alcanzar un verdadero estado de gratitud.

Después de que Will escribiera una lista con todos sus problemas, le pedí que me dijera unas cuantas cosas por las que estaba agradecido. ¡Me contestó que no se le ocurría nada!

Sabía que su coche era muy importante para él, así que le pregunté:

–¿Qué tal tu coche?

Respondió:

–Sí, estoy agradecido por mi coche, supongo.

Este nivel de gratitud es un buen comienzo, pero no llega a modificar nuestro estado.

Entonces le pregunté qué pasaría si no tuviera ese coche. Se sentó un momento y pensó en ello. A continuación, empezó a hacer una lista de consecuencias:

–No podría ir al trabajo, ni a hacer la compra, ni a ver a mis amigos... y tampoco podría recoger a mis hijos de la escuela.

Podía ver cómo cambiaba su estado en cuanto empezó a nombrar todo aquello y a imaginárselo. Luego fui un paso más allá y pregunté:

–¿Qué pasaría si no pudieras ir a recoger a tus hijos?

Me respondió:

–Bueno, tendrían que volver caminando a casa o tomar el ­autobús.

Presioné:

–Y, para ellos, ¿cómo sería ese regreso?

De repente, se los imaginó caminando de regreso en medio del frío. Will sabía que no estarían seguros; y se encontraba visiblemente perturbado.

Tras unos momentos, pensó en cuando era niño y en cómo lo acosaban en el autobús de regreso a casa. Entonces fue cuando se dio cuenta. Respiró profundamente. Pude ver su expresión de alivio mientras pensaba en su coche. Finalmente admitió lo agradecido que estaba no solo de tener un coche, sino también de cómo esto mejoraba la vida de sus seres queridos. Su estado se transformó completamente y observé el cambio en su lenguaje corporal.

Cuando practiques la gratitud, imagina lo diferente que sería tu vida sin eso en particular por lo que estás dando las gracias. Esto producirá sentimientos y emociones fuertes. Y así es como podrás entrar en un poderoso estado de gratitud.

Recuerda que en tu vida puede haber muchas cosas que vayan mal; pero también hay muchas que van bien.

Cuanto más agradezcas lo que tienes, más cosas tendrás por las que dar las gracias.

Te voy a contar una anécdota. En la época en la que trabajaba en una oficina, tenía un encargado con el que me llevaba mal, ambos nos entorpecíamos el trabajo el uno al otro. Sin embargo, como su puesto estaba por encima del mío, él siempre llevaba las de ganar.

Durante meses dejé que sus acciones afectaran a mi estado de ánimo y, por lo tanto, a mi forma de actuar. Reaccioné con resentimiento, lo critiqué, detestaba ir al trabajo y seguía lanzando todos esos pensamientos y sentimientos negativos al universo. Como resultado, las cosas empeoraron –¡y de qué manera!–.

Quería distanciarme de él, pero se sentaba a mi lado, así que no podía. Incluso cuando me las arreglaba para alejarme, encontraba la forma de provocarme. Yo, en aquel entonces, no tenía miedo a decir lo que sentía, por muy fuerte que sonara. No me costó nada decirle que carecía de cualidades de liderazgo, lo que obviamente no mejoró las cosas.

Tras ver en Internet algunos videos de la maestra espiritual Esther Hicks, comprendí que estaba utilizando mal mi energía. Era consciente de que el problema estaba ahí, pero en lugar de concentrarme en encontrar la solución no hacía más que alimentarlo. En cuanto empecé a centrarme en solucionarlo, la situación comenzó a mejorar.

Me esforcé conscientemente por expresar mi gratitud por tener un trabajo con un buen sueldo. Sabía lo difícil que era encontrar un trabajo, sobre todo con un salario tan generoso que me ­permitía disfrutar de muchas comodidades en la vida. Habitualmente me recordaba a mí mismo estas cosas para asegurarme de estar en un estado de apreciación: un estado de vibración elevada.

Unos meses más tarde, ascendieron al encargado y se marchó a otro equipo. Yo también recibí un aumento de sueldo y, al mismo tiempo, me concedieron mucha más libertad en el trabajo. Este período fue uno de mis favoritos en esa empresa. ¡Simplemente porque había decidido sentirme bien, me dieron recompensas que me hicieron sentir aún mejor!

Casi todos dirigimos nuestra energía hacia nuestros miedos. Con esto no quiero decir que tus problemas no existan, sino que trates de enfocar tu energía en soluciones a esos problemas. El universo es abundante en todas las áreas; el espejismo del miedo es la única limitación que tenemos.

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9788418531118
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