Kitabı oxu: «Tiempos Divinos»
Índice
Créditos
Agradecimientos
Diálogo con el ser supremo
Tiempos divinos
Prólogo
Mi historia personal
Introducción
CAPÍTULO 1 Los primeros pasos
CAPÍTULO 2 «Realmente, somos lo que comemos»
Un breve comentario sobre la dieta
CAPÍTULO 3 Observando nuestra realidad
Algunas consideraciones acerca del servicio
El proyecto narayana
De víctimas y victimarios
La eterna ley del karma
Mínimo esfuerzo
CAPÍTULO 4 La dicotomía divina
La huerta
La verdad acerca de la semilla no adulterada.
«Panem et circenses»
La verdad
El olvidado arte de observar
Patrones de comportamiento
No intentes comprender
La introducción de los sistemas codificados a nuestro trabajo
Ecuaciones geométricas
Un epigrama breve de dos realidades aparentemente diferentes
Algunas reflexiones sobre la vida
Algunas consideraciones sobre el sublime acto de morir
Breves notas acerca de la felicidad
Breves comentarios acerca de la resonancia
Breves observaciones acerca del universo
La gran metamorfosis universal
La fragmentación de la realidad
Realidades diferentes
Una breve reflexión acerca de lo desconocido
Las inadecuadas declaraciones contenidas en nuestras plegarias
Algunas respuestas
«Los otros»
Reflexiones sobre la creación
Algunas reflexiones con respecto a “nuestro trabajo”
Un breve análisis del proyecto narayana
Asimetría divina
La influencia del observador en la realidad que nos rodea en esta tercera dimesión
El establecimiento de la intención primigenia
Reflexiones
Acerca del sonido
La memoria de las cosas
La reestructuración de la materia
Sobre la expansión cerebral, sus aplicaciones y algunas de sus posibles consecuencias
Sobre la expansión de los universos y la felicidad
Los misterios de la observación
Reflexionando sobre la realidad
Reconociendo nuestros miedos
Perspectivas
Pensamientos breves sobre la realidad del mundo
Observaciones breves acerca del bienaventurado sentimiento de gratitud y sus efectos en nuestro cuerpo físico
Acerca de la fe inquebrantable
Sobre la impermanencia del cosmos como el origen de todo el sufrimiento humano
El perdón como herramienta indispensable de cambio en esta era
Comentarios breves sobre nuestra insistencia en vivir en otro tiempo que no es el actual
Acerca del ser supremo y los hombres
Sobre los privilegios
Los trucos que la gente usa para engañar a las masas
El motivador
La industria del fracaso
Atributos asignados
Algunos pensamientos desordenados sobre la devoción
Acerca de lo que creemos que sabemos y sus consecuencias
Sobre las prácticas espirituales que llevamos a cabo como una forma de encontrar el camino de regreso a nuestro verdadero ser
Nuestra conclusión final
Aclaración
Citas finales
Sobre el autor
Créditos
Tiempos divinos
© de los textos: Vïdâ González, 2021
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
Ilustración de tapa: VïDâ González
1ª edición: noviembre de 2021
Producción editorial: Tequisté
hola@tequiste.com
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-89-2
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
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Vida González
Tiempos divinos 1 : descansando plácidamente a la sombra del Kalpataru / Vida González.- 1a ed.- Pilar : Tequisté. TXT, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
Traducción de: Vida González.
ISBN 978-987-4935-89-2
1. Espiritualidad. 2. Devoción. 3. Misticismo. I. Título.
CDD 204.22
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Agradecimientos
Esta humilde tarea no podría haberse completado sin la ayuda inestimable de mi amada esposa, Cristina, quien pasó tantas horas corrigiendo mis errores y cuidando de mí.
Nuestros hijos, Annie y Nicolás González, lo hicieron posible con su generosidad.
Tulsi Chandiramani y Patricia Wohlgemuth, con su permanente apoyo y su amor incondicional.
Myriam Aguilar y Juan María Piedra Díaz, con su paciente compañía y su caridad.
Theresa y Julian Fitzgerald merecen y tienen un lugar muy especial en nuestros corazones, ya que todo este trabajo no podría haberse hecho sin su maravillosa ayuda, y sin la de muchas otras personas que me alentaron a seguir trabajando.
Cristina y yo quisiéramos además hacer una mención personal a Nanina.
VïDâ González.
Diálogo con el ser supremo
“Olvida el pasado”
“CADA NOCHE, ANTES DE DORMIR, OFRÉCEME TUS ACCIONES Y TUS PALABRAS, Y OFRÉCEME TAMBIÉN LAS CONSECUENCIAS DE TODAS TUS ACCIONES.
CUANDO ME DAS TODO, SIN EXCEPCIÓN, INDISPUTABLEMENTE TE DESPOJAS DE LA SUPUESTA RESPONSABILIDAD QUE LA SOCIEDAD TE ATRIBUYE PARA PODER ASÍ CONSIDERARTE MORAL Y LEGALMENTE RESPONSABLE POR TUS ACCIONES.
SI HAS SIDO HONESTO AL OFRECERME TUS ACCIONES E INACCIONES, TUS PALABRAS Y TUS SILENCIOS, EN TEORÍA NO TE HAS QUEDADO CON NADA.
CONSECUENTEMENTE, SI LO HAS HECHO DE BUENA FE, YA NO PUEDES RESPONSABILIZARTE POR LO QUE NO TE PERTENECE. LO QUE YA NO ES TUYO YA NO TE SOMETE. EL HOMBRE SE PREOCUPA ÚNICAMENTE POR SU FAMILIA, SU CASA, SUS BIENES Y COSAS POR EL ESTILO.
PERO SI YA NO TIENES POSESIONES, YA NO TIENES PREOCUPACIONES.
LO QUE ME DISTE ANOCHE ES MÍO. SERÉ YO QUIEN SE ENCARGUE DE LAS CONSECUENCIAS DE TUS ACTOS; TÚ TE HAS LIBERADO DE ESA RESPONSABILIDAD.
¿ME COMPRENDES?”
Sí, Padre, te comprendo. Aun así, la sociedad en la que vivo me hace responsable por mis actos.
“ENTONCES, ASEGÚRATE DE SOLO REALIZAR ACCIONES BUENAS Y LOABLES. DE ESE MODO, NO HABRÁ QUIEN TE ACUSE DE NADA.
LO QUE TE OFREZCO ES LA LIBERTAD MISMA. CADA MAÑANA PUEDES LEVANTARTE TRANQUILO Y RELAJADO PARA COMENZAR UN NUEVO DÍA.
AL NO TENER QUE CARGAR CON EL PESO DE TUS ACTOS, TE SENTIRÁS LIVIANO Y LLENO DE VIDA, LISTO PARA APROVECHAR CADA OPORTUNIDAD QUE TU SEÑOR QUIERA DARTE.
¿NO CREES QUE ES MARAVILLOSO SABER QUE LO SUCEDIDO AYER YA NO TE ESCLAVIZA?”
Tu Baba
Tiempos divinos
Descansando plácidamente a la sombra del Kalpataru
“LOS HOMBRES DEL PRESENTE SON INFINITAMENTE MÁS PRIVILEGIADOS QUE AQUELLOS DE LAS GENERACIONES ANTERIORES.
AUNQUE ES VERDAD QUE EN LOS AÑOS SESENTA HABÍA MUCHA MENOS GENTE EN EL ASHRAM, LA MAYORÍA DE LOS DEVOTOS JAMÁS FUE CAPAZ DE QUITAR DE SUS OJOS EL VELO DE LA ILUSIÓN QUE ES EL QUE CREA EL CONCEPTO ERRÓNEO DE LA SEPARACIÓN.
LA COMPRENSIÓN ABSOLUTA HA COMENZADO A OCURRIR Y SE DESARROLLARÁ DENTRO DE UN HOMBRE, UN HOMBRE SIMPLE, Y UN DÍA ESTE HOMBRE PODRÁ APRECIAR POR COMPLETO MI GLORIA Y AYUDAR A ALGUNOS DE SUS HERMANOS A HACER LO MISMO.
EL GRAN HOLOGRAMA HARÁ EL RESTO.
MÁS TARDE, MUCHOS SERÁN CAPACES DE VER CON CIERTO NIVEL DE CLARIDAD MÁS ALLÁ DE LA ILUSIÓN.
ES QUE MI MAYA (1) ES MUY PODEROSA, Y LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS NUNCA LOGRA VER A TRAVÉS DE ELLA.
COMO HE ADOPTADO UN CUERPO FÍSICO PARA CAMINAR ENTRE USTEDES, MUCHOS DEVOTOS CREEN QUE SOY UN SER HUMANO.
COMO SÉ LO QUE ESTÁN PENSANDO, INMEDIATAMENTE IMAGINAN QUE PUEDO LEER MENTES.
NO OBSTANTE, NADA PODRÍA ESTAR MÁS ALEJADO DE LA VERDAD.
EL CEREBRO HUMANO FUNCIONA COMO UN RECEPTOR DE RADIO, LO CUAL SIGNIFICA QUE ES CAPAZ DE CAPTAR ONDAS DE RADIO Y DE TRANSFORMARLAS EN PENSAMIENTOS, PERO NO PUEDE CREARLAS.
DIOS ES EL CREADOR DE TODO LO QUE EXISTE, Y CADA PENSAMIENTO QUE LA HUMANIDAD HAYA TENIDO ALGUNA VEZ EMANÓ DE AQUEL SER INFINITO.
PERO YO NO SOY UN HOMBRE, TAMPOCO SOY UNA MUJER.
NO SOY EL ALIMENTO QUE COMES, O QUIEN LO COME, O EL ACTO DE COMER.
YO SOY EL MOTIVADOR. SOY LA INSPIRACIÓN DETRÁS DEL DRAMA CÓSMICO QUE EL HOMBRE VIVE Y HA VIVIDO A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS.
NO POSEO UN NOMBRE POR EL CUAL PUEDAN LLAMARME, O UN LOTE DE TIERRA DONDE DETENERME Y DESCANSAR, PORQUE SI YO DEJARA DE PALPITAR SOLO POR UN MOMENTO, TODA LA CREACIÓN COLAPSARÍA.
YO SOY TODO LO QUE EXISTE.
YO SOY LA SUMA TOTAL DE TODO LO CREADO, ESE SOY YO”.
Tu Baba
1 Maya: palabra sanscrita que significa ilusión
Prólogo
Al comienzo de mi relato, ingenuamente pensé que contar la historia de cómo vivimos en la forma que lo hacemos sería suficiente.
Después de escribir decenas de miles de palabras, llegué a la conclusión de que describir lo que hacemos no iba a serle útil a los lectores, ya que estos no pueden ponerse en nuestro lugar simplemente porque no saben cómo llegamos a este punto.
Bueno, medité por mucho tiempo mientras le preguntaba a mi Divino Preceptor cómo podría resolver el acertijo que tenía enfrente de mí y, como siempre, mi Compasiva Madre Cósmica vino en mi rescate.
«CUÉNTALES TODA LA HISTORIA», dijo Ella.
Pero eso significaría incluir miles de palabras más en este libro, y honestamente no creo que a alguien le interese adentrarse en tantas historias, sueños y visitaciones de Seres Celestiales, así que describiré algunos hechos sobre nosotros y sobre cómo llegamos a hacer lo que hacemos, con la esperanza de que eso sea suficiente.
Si algún día se me guía a escribir otro libro que cuente en detalle cómo acabamos viviendo de esta manera, lo haré, pero por ahora narraré algunos episodios de nuestra vida.
Mi historia personal
Yo soy un hombre muy simple, sin casi ningún tipo de educación formal y no cuento con una herencia que me permita solventar mis gastos, así que me defino como un trabajador, lisa y llanamente.
No obstante, soy muy afortunado. Realmente sé que soy increíblemente afortunado.
Era un niño pequeño cuando fui acogido por mi querida abuela paterna, doña Dominga, inmediatamente después de que mis padres atravesasen por un muy amargo divorcio tras la muerte, en trágicas circunstancias, de mi hermano Ricardo que solo tenía dos años de edad.
El corto tiempo durante el cual tuve la bendición de vivir con mi abuela resultaría esencial para la formación de mi carácter.
El haber estado cerca de ella me permitió aprender las bases de la disciplina y la determinación ante las dificultades de la vida, aprendiéndolas de alguien que, aunque tenía muchas razones para quejarse, nunca lo hacía.
Pero ese periodo idílico de mi vida solo duró unos tres o cuatro años.
En cuanto mi padre volvió a casarse, me llevó a vivir con él y me alejó de mi tibio refugio y, no mucho después, la situación se tornó difícil, ya que mi relación con su nueva esposa estaba lejos de ser ideal y acabé por irme a vivir a la calle por bastante tiempo, robando para conseguir comida y durmiendo a la intemperie.
Aunque mi estadía en la calle fue dura y fui abusado sexualmente a la edad de nueve años, estuve expuesto al crimen, a las drogas y a otras cosas por el estilo, tuve la suerte de poder alejarme de todo eso. Y las profundas cicatrices de mi difícil infancia están de a poco siendo curadas por el amor incondicional de mi familia.
A veces, recordando esos años dolorosos me doy cuenta de que siempre tuve la sensación de estar buscando a alguien, aunque en ese momento no sabía quién era ese alguien.
El sentimiento de que iba a conocer a un ser que cambiaría las reglas del juego para bien estuvo siempre conmigo, pero la esquiva persona con la que estaba destinado a encontrarme todavía no aparecía en mi horizonte.
Luego del período duro durante el cual estuve viviendo en las calles de Montevideo, mi papá me envió a Buenos Aires, la capital de Argentina, donde mi mamá vivía con su nuevo esposo e hijos.
Al principio, como todo era nuevo y me sentía muy afortunado de tener un hogar por primera vez en mucho tiempo, disfruté de una cama tibia donde poder dormir seguro, pero la novedad de haber cambiado de país no alivió el dolor que experimenté con la separación de mi abuela, la muerte de mi hermano pequeño y el desprendimiento del ambiente al que estaba habituado desde que nací.
Pero finalmente, tras una larga búsqueda, un bendito día encontré a Cristina, cuando yo tenía quince años y ella trece, y sentí que mi buena fortuna se había sellado para siempre.
«Envejece a mi lado», me propuso Cristina una vez. Y aquí estamos, envejeciendo y apoyándonos el uno en el otro cuando todo se ensombrece y parece no tener sentido.
Cuando lo miramos desde la distancia, nos damos cuenta de que todo esto estaba destinado a ocurrir y, aunque nuestra vida ha estado llena de dificultades, ha sido un maravilloso camino que hemos transitado juntos.
A pesar de las complicaciones que hemos encontrado, nuestro amor jamás disminuyó, ni siquiera cuando pasamos por situaciones realmente difíciles, en especial cuando nuestra hijita Mercedes enfermó de gravedad y luego falleció cuando solo tenía cuatro años de edad.
Mucho tiempo después, fuimos capaces de entender que todo el dolor por el que atravesamos fue un “mal necesario” que tuvimos que enfrentar para poder hacer hoy lo que hacemos. Mientras tanto, ese sentimiento peculiar de aún no ser capaz de hallar ese ser especial que sentía que debía encontrar jamás me abandonó.
Mis encuentros con Seres Celestiales comenzaron a ocurrir a una edad temprana y, por fortuna, siguen ocurriendo.
Siempre tuve una tendencia natural hacia la vida serena, lo cual me ayudó a evitar el uso de drogas y otros tipos de tentaciones, y un oportuno encuentro con el Señor Krishna, cuando yo tenía unos diecisiete años, me mostró el camino que debería seguir por el resto de mi vida e introdujo la meditación y el yoga a mi existencia.
Ese fue un nuevo comienzo para mí porque me dio a conocer el mundo mágico de los Ángeles y de otras Presencias Celestiales.
Pero, aun así, yo continuaba buscando a alguien que no podía encontrar, aunque sentía claramente su presencia.
Cristina y yo nos íbamos conociendo de a poco y a la vez comenzamos a explorar la existencia de un mundo oculto al que la mayoría de las personas consideraba como una fantasía, pero para nosotros era muy real.
Diez años después de habernos conocido, nos casamos y vinimos a vivir a Australia, que era, al menos eso creíamos nosotros en ese momento, el lugar desde donde podríamos hacer planes para nuestro futuro, algún día, en algún lugar de Europa.
Nuestro hermoso hijito Nicolás nació en 1991, y su llegada, poco después del fallecimiento del papá de Cristina, nos dio la fortaleza que necesitábamos para seguir, ya que en ese tiempo encontramos muchas dificultades en nuestra vida diaria.
A lo que me refiero es a que tratamos de encajar en un mundo que no tenía sentido para nosotros, pero seguimos intentándolo hasta el punto en el que fue claro que el mundo y nosotros no estábamos en armonía.
Nuestra hijita Mercedes nació en 1994 y en ese momento sentimos que un círculo cósmico se había cerrado, y que todo estaría bien.
Cristina y yo no recibimos una educación religiosa como tal. No obstante, sabíamos, en lo más profundo de nuestros corazones, que Dios era real, aunque para nosotros Él era un hombre muy viejo de larga barba blanca que está sentado en su trono en el Cielo, mientras observa y juzga muy severamente cada uno de nuestros movimientos.
Y entonces, un día, la sociedad nos mostró uno de sus lados oscuros y Mercedes, a la temprana edad de tres meses, recibió una vacuna que la enfermó, y me refiero a algo que culminaría costándole la vida.
Nosotros no estábamos a favor de la vacunación ni de ningún otro tipo de tratamiento médico, pero vivíamos en una cultura que establecía que si no te vacunabas cuando los expertos en salud te decían que lo hicieras, eras una amenaza para la sociedad y tu vida podía complicarse.
Por lo tanto, aceptamos vacunarla.
El orden social establece que hagas lo que debes hacer sin cuestionarlo, pagues tus impuestos y te mantengas en silencio. Con el tiempo, esa misma sociedad, conducida por las clases dirigentes y respaldada por un grupo de políticos sin integridad moral y por otros servidores obedientes, se ocupará de tu bienestar.
Pero a veces las cosas no son así.
Ocurre que la civilización moderna basa su sabiduría en algo que alguien ha concluido tras haber leído muchos libros, libros que fueron escritos por alguien que cree saber, sea lo que sea, porque también lo leyó en un libro.
Pero la vida no es así.
En Australia, cuando llevas a tu hijo al hospital, los doctores te dirán que eres tú quien lo conoce mejor que nadie porque eres su padre o su madre y eso te hace sentir seguro, fuera de peligro, porque ahora estás en buenas manos. Esa sería, esencialmente, la promesa que te hace la sociedad.
No obstante, si las cosas se complican y tu hijo se enferma porque uno de los doctores ha cometido un «pequeño error», automáticamente, y como por arte de magia, todo cambia, y de la nada dejas de ser el papá de la criatura y te conviertes en un carpintero ignorante, y tu hijo habrá enfermado porque no respondió al tratamiento médico, lisa y llanamente.
Así que, cualquiera que sea la «dolencia» a la que nos estemos refiriendo, esta pasa a ser culpa del niño por no haber hecho lo que se le dijo que debía hacer.
Bien, eso fue lo que nos ocurrió, y yo soy el carpintero ignorante de la historia.
Los hospitales y la medicina en general son muy importantes y Australia, a lo largo de los años, se ha convertido en una parte significativa de esa realidad.
Los médicos a los que me estoy refiriendo son, sin duda alguna, buenos profesionales, y logran ayudar a mucha gente, pero son humanos y no deberíamos tildarlos de sobrehumanos solo porque asistieron a la facultad de medicina, porque son capaces de pronunciar palabras difíciles y porque tienen la extraña habilidad de escribir recetas ilegibles. Ellos pueden cometer errores como cualquier otro, y eso es lo que hacen, aunque sea de vez en cuando.
En nuestro caso, el error que cometieron fue uno grande, y los facultativos envueltos no supieron manejar su error garrafal con la dignidad que este merecía.
Cristina y yo pasamos por momentos muy difíciles al ver a nuestra hijita entrar en coma más de una vez, pero al mismo tiempo, incluso cuando no pudimos verlo con claridad en ese entonces, estábamos recibiendo la gran oportunidad de aprender unas importantes lecciones de vida, y ahora podemos ver que los médicos y sus errores nos llevaron directamente a los Pies de Loto del Gran Avatar.
Aunque fue un período confuso y muy doloroso, viéndolo desde la distancia, nos sentimos agradecidos. Al mismo tiempo, nunca perdimos la sensación de que alguien, en alguna parte, estaba haciendo todo esto, y lo estaba haciendo para nuestro beneficio. Porque, a través de todo este dolor y esta confusión, yo aún buscaba a ese ser especial y, aunque no lograba hallarlo, sentía su presencia a cada paso.
Mercedes, con su breve y complicada vida, fue quien nos llevó a la India para finalmente conocer en persona a ese Ser excepcional que habíamos esperado encontrar, quién sabe por cuánto tiempo.
Tan pronto como la desesperación nos llenó de miedo porque las respuestas que obteníamos del sistema en el que aún confiábamos no satisfacían nuestras necesidades, fuimos capaces de darnos cuenta de que las verdaderas respuestas estaban dentro nuestro, escondidas tras el sutil velo de nuestros egos. Sin embargo, adentrarse en uno mismo puede ser comparado con caminar hacia lo desconocido, hacia un abismo, y eso es algo que siempre nos han dicho que nunca deberíamos hacer.
Al mismo tiempo, mis meditaciones me daban la seguridad de que, si dejábamos ir nuestros temores, seríamos capaces de encontrar las respuestas que buscábamos.
Comencé a tener sueños maravillosos en los que recibía profundas enseñanzas que, poco a poco, comenzaron a ayudarme a deshacerme de algunos miedos que estaban muy arraigados en mí. Lentamente, empecé a comprender que, si no dejaba de lado esos miedos, no iba a conseguir ver la Luz. Todo este proceso tardó varios años en establecerse, pero al menos yo empezaba a quitar de mis ojos el velo de la ilusión.
En cuanto me liberara de tanta angustia inconsciente, la nueva información podría encontrar su lugar dentro de mi mente consciente y, junto con Cristina, podríamos empezar a investigar una verdad aparentemente nueva.
Años después supe que aquello que pensé que era una nueva realidad no era nueva para nada. Las antiguas enseñanzas de los Grandes Maestros aún siguen vigentes.
El hecho de que nuestras mentes hubiesen estado llenas de tanta impureza por mucho tiempo era lo que causaba la confusión y nuestro estado no nos permitía ver la Luz que era nuestra verdadera naturaleza.
Sé que esto que describo les ha ocurrido a muchas personas, y esa es una de las razones por las que escribo sobre ello.
Nuestro principal objetivo al vivir de esta forma es ir al rescate de aquellas almas que puedan estar sintiendo algo similar a lo que sentimos en ese entonces, quienes quizá no sepan qué hacer, como nosotros no supimos.
Al principio, tratar de abrir nuestros corazones a algo que parecía traspasar los límites que la sociedad le había impuesto a gente sencilla como nosotros, fue una tarea difícil. Pero tan pronto como decidimos dar un salto hacia lo desconocido, empezamos a recibir ayuda de muchas fuentes diferentes, comenzando con el propio Sri Sathya Sai Baba.
Y es así cómo iniciamos nuestro recorrido.
En un comienzo, el camino a seguir puede ser aterrador, pero una vez que comprendamos que nunca vamos a estar solos, todo será mucho más fácil.
Para demostrar un poco a lo que me refiero, a continuación, narraré algunas historias “reales” y sueños que he tenido a lo largo de los años. Lo que revelaré primero es un sueño que mi Amado Gurú me regaló hace poco tiempo. Yo he sido bendecido con docenas de sueños, pero este es uno de los más importantes que he tenido. En él, mi Swami, Sri Sathya Sai Baba, apareció como siempre lo hace durante nuestros encuentros, joven, lleno de vida y tan hermoso que es imposible describirlo. Él dijo lo siguiente:
«HOY HABLAREMOS SOBRE LA FE.
»¿SABES? LA VERDADERA FE NO ES ALGO QUE DEBERÍA USARSE PARA ENGAÑAR A LOS DEMÁS.
»NO ES UN MANTO QUE EL HOMBRE PUEDE LUCIR PARA OCULTAR SUS PROPIOS DEFECTOS.
»LA FE ES EL COMIENZO Y EL FINAL DE LA SAGRADA RELACIÓN ENTRE EL HOMBRE, EN SU PAPEL DE PEREGRINO, Y SU CREADOR.
»A LO LARGO DE TODAS TUS ENCARNACIONES ME HAS DEMOSTRADO UNA FE MUY FIRME, PERO HOY, SIENDO UN DÍA MUY ESPECIAL, QUIERO QUE ME REVELES TU VERDADERA FE, LA FE INQUEBRANTABLE. LA CLASE DE FE QUE OBLIGARÍA A DIOS A CAMBIAR SU DIVINA RESOLUCIÓN.
»SI ERES CAPAZ DE DEMOSTRAR ESA CLASE DE FE, TE DARÉ LA LLAVE QUE ABRE TODAS LAS PUERTAS DE TODOS LOS COFRES QUE CONTIENEN TODOS LOS TESOROS DEL UNIVERSO.
»CON ESTA LLAVE, TÚ TENDRÁS ACCESO ILIMITADO A MI GRACIA, Y ESO TE PERMITIRÁ COMPLETAR TU MISIÓN ANTES DE DESENCARNAR POR ÚLTIMA VEZ».
En ese instante, detrás de mi amado Maestro, aparecieron unas montañas enormes y magníficas. Eran de una inmensidad que ningún hombre podría concebir.
«QUIERO QUE ME ENCUENTRES AL OTRO LADO DE ESTA MONTAÑA, Y ENTONCES TE DARÉ LA LLAVE», dijo Él.
«Pero, Divino Gurú, la montaña es inmensa. Me llevará meses escalar algo tan grande», respondí.
«NO QUIERO QUE LA ESCALES, SINO QUE VUELES SOBRE ELLA. TÚ SABES CÓMO VOLAR; HACERLO SOLO TE TOMARÁ UNOS MINUTOS. ESPERARÉ POR TI AL OTRO LADO».
Y al decir eso, desapareció.
Como Él me dijo que yo era capaz de volar, y que yo sabía cómo hacerlo, supe que podría hacerlo, y lo hice. Pero, tan pronto como estuve al otro lado de la montaña, pude ver que Él no me daría la llave. La mirada traviesa en Su Divino Rostro lo decía claramente.
«Entrégame mi llave, por favor, mi Señor», le imploré.
«NO, HE CAMBIADO DE PARECER. ESPERARÉ POR TI EN EL OTRO LADO DE LA MONTAÑA, Y ALLÍ TE LA DARÉ».
«Venerado Maestro, no quiero volar otra vez, el esfuerzo fue extenuante, y la decepción muy dolorosa. Por favor, entrégame mi llave».
«ES VERDAD. ESTOS SON LOS IMPONENTES HIMALAYAS Y SÉ QUE ESTÁS CANSADO, PERO AHORA QUIERO QUE DESINTEGRES MOLECULARMENTE TU CUERPO FÍSICO Y PASES A TRAVÉS DE LA MONTAÑA. EN ALGUNAS DE TUS VIDAS PASADAS, FUISTE UN GRAN ALQUIMISTA, POR LO TANTO, ESTO NO DEBERÍA DARTE MUCHO TRABAJO. ESPERARÉ POR TI AL OTRO LADO Y TE DARÉ TU LLAVE».
Eso fue lo que hice. Desde el momento en que Él dijo que podía hacerlo, esa fue mi realidad y fui capaz de seguir Su Comando Divino sin problema. Pero entonces, cuando llegué al otro lado y vi Su pícara sonrisa, supe que no me daría la llave.
«Entregamela, por favor, Venerado».
«ESTÁ BIEN, TE LA DARÉ, PERO ANTES QUIERO QUE ME DEMUESTRES TU FE».
«Pero es que ya lo he hecho. Me estás engañando».
«NO. LO QUE ACABAS DE HACER FUE DEMOSTRAR TU MAESTRÍA. FELICITACIONES, ERES UN MAESTRO. PERO CUALQUIER HOMBRE PUEDE APRENDER A VOLAR O A CONTROLAR LOS ELEMENTOS. NO HAY VERDADERO MÉRITO EN NADA DE ESO.
»LO QUE QUIERO ES QUE TÚ ME MUESTRES LA CLASE DE FE QUE MUEVE MONTAÑAS Y ESO, BUENO, ESO NO ES FÁCIL DE HACER.
»PERO SI ERES CAPAZ DE HACERLO, RECIBIRÁS TU LLAVE CÓSMICA, ALGO POR LO QUE MILLONES DE GENERACIONES DE HOMBRES Y MUJERES HAN ENCARNADO INCONTABLES VECES PARA CONSEGUIR.
»ESTÁS A PUNTO DE ALCANZAR LA GLORIA QUE LLENARÍA DE ENVIDIA A LOS DIOSES DEL MÁS ALTO CIELO, PERO ANTES DEBES MOSTRARME TU FE.
»PÍDELE A LA MONTAÑA QUE SE MUEVA PARA QUE PUEDAS CRUZAR EL TERRENO HACIA EL OTRO LADO EN DONDE ESTARÉ ESPERÁNDOTE. Y ESTA VEZ, TE ENTREGARÉ TU LLAVE».
Cinco veces intenté convencer a la montaña de que se moviera para que me permitiese alcanzar la Gloria Divina. Y cinco veces fallé.
Ocurre que las grandes montañas no comprenden razones egoístas. Son obstinadas y muy robustas y poderosas. No sienten temor y ningún pretexto tonto las haría moverse.
Así pues, con desesperación, decidí hablar de nuevo con mi Padre Celestial, pero esta vez me dirigí al aspecto de la Madre Cósmica, La Encarnación Misma de la Compasión.
Le dije: «Divina Madre, he fallado en mi intento por mover la montaña con mi fe. No tengo la confianza suficiente y eso me hiere muy profundamente. Con toda humildad, apelo a tu Amor y a Tu Compasión Infinitos. Por favor, dime en qué he fallado».
«AMADO HIJO MIO, HAS FALLADO PORQUE QUISISTE MOVER LA MONTAÑA TÚ MISMO, Y ESO NINGÚN HOMBRE PUEDE HACERLO.
»PÍDELE AMABLEMENTE QUE SE MUEVA Y ELLA LO HARÁ POR TI.
»HAS ATRAVESADO POR MILLONES DE ENCARNACIONES; MILLONES DE NACIMIENTOS, VIDAS, MUERTES Y RENACIMIENTOS. Y TODO ESE INMENSO ESFUERZO HA SIDO TU PREPARACIÓN PARA ESTE SAGRADO MOMENTO.
»TÚ SABES QUÉ HACER. PIENSA, MEDITA, RECUERDA, Y SABRÁS QUÉ HACER».
Una vez más, había recibido la Orden Divina de hacer algo y sabía que la Madre Cósmica no desperdicia palabra alguna. Entonces supe, en lo más profundo de mi corazón, que esta era mi gran oportunidad. En ese momento entendí qué debía hacer.
Regresé al pie de la montaña y le dije:
«Gracias, hermana, por haberte corrido para que yo pudiera llegar al otro lado del terreno donde mi Divino Creador esperaba para darme aquello por lo que he encarnado miles de veces».
Y la colosal montaña se movió.
Introducción
Om Sri Sai Ram
Al nacer, mis padres me llamaron Víctor Daniel González Díaz y tengo algo para confesar; en el año 2006 comencé a escuchar voces. Sé que uno jamás debería contar estas cosas raras a nadie, porque podría darse que uno termine encerrado en una celda acolchada, sin acceso a visitas y que nunca más vea la luz del sol. Pero tengo que decir que solo era una voz la que yo escuchaba. Era muy dulce al hablarme y solamente me hablaba de Amor y de Compasión, por lo que, naturalmente, me dispuse a escucharla.
La adorable y melodiosa voz que yo podía oír claramente en mi cabeza me decía que debía amar todo y a todos, tal como me amo a mí mismo. Obviamente, para poder hacer lo que la voz me sugería, en primer lugar, debería amarme y, luego, y solo entonces, podría yo poco a poco extender ese maravilloso sentimiento de paz interior al resto de la Creación.
Pero al principio, mi corazón y mi cabeza estaban tan embrutecidos por el miedo, que yo no podía comprender ese concepto absolutamente básico. Era evidente que yo no estaba todavía listo para amarme como se me estaba indicando.
Ocurre que amarse a sí mismo es lo más difícil que uno podría considerar hacer, porque por muchísimo tiempo se nos ha dicho que somos hijos del pecado y que jamás podríamos siquiera contemplar la idea de ser como Jesús de Galilea u otro Gran Maestro.
Pero la voz insistía en decirme que yo tenía algo para hacer, algo que sería de ayuda no solo para mí, sino para muchos otros, por lo que empecé a concentrarme un poco más seriamente en el mensaje que al parecer provenía de lo más profundo de mi ser.
Escuchando las escasas comunicaciones que llegaban al principio, pude entender que la idea principal era la de escribir un libro que hablase sobre la forma peculiar en la que vivimos nosotros, es decir, esta familia que reside en una pequeña aldea rural ubicada en las colinas del oeste de Victoria, Australia.
Nosotros, mi familia y yo, nos habíamos mudado desde una gran ciudad algunos años antes siguiendo una de mis meditaciones, así que la idea de escuchar voces dentro de mi cabeza no era nueva para mí. Pero resulta que yo soy carpintero de oficio y que mi única educación formal fue haber completado la escuela primaria en mi ciudad natal, Montevideo, la capital de Uruguay, hace muchos años. Por lo tanto, sé leer y escribir, pero ¿me animaría a escribir un libro?
En ese entonces, la idea misma de escribir algo me resultaba tan foránea que jamás hubiera considerado tener esa clase de ambición, así que, al principio, simplemente ignoré el llamado. Sin embargo, la voz persistía, y era claro que no iba a desaparecer con tan solo mirar hacia otro lado.
Pues, un buen día decidí considerar la posibilidad de escribir algo para ver si podía hacerla callar, aunque la pregunta que rondaba por mi cabeza era: ¿escribir sobre qué?
Mis meditaciones siempre habían sido muy personales e indiscutiblemente demasiado extrañas para compartirlas con alguien, a excepción de mi esposa Cristina, por lo que seguí haciendo otras cosas y por un tiempo olvidé todo el asunto acerca de escribir un libro.
A su debido tiempo, la perseverancia amorosa pero definitivamente firme de la petición volvió a llamar mi atención, y entonces comencé a registrar en cuadernos algunas de las experiencias de nuestra familia. Pero, en ese momento, ponerlo todo en forma de libro no era algo que yo pudiese considerar seriamente.
Unos dos o tres años más tarde, una serie de circunstancias peculiares me llevaron de nuevo a la India para ver a Sri Sathya Sai Baba. Una vez allí, algunos devotos que había conocido en viajes anteriores me sugirieron que aquello que yo había escrito podría convertirse en un «libro interesante». Fue así que decidí arriesgarme y, aunque llevó años metérmelo en la cabeza, me propuse empezar a escribir un breve relato de cómo terminamos viviendo aquí, haciendo lo que hacemos.
Finalmente, con profunda devoción, le presenté el manuscrito de la primera edición de Tiempos Divinos a mi Divino Maestro, y el libro fue publicado por el Sri Sathya Sai Trust, a finales del año 2009, y nosotros, Cristina y yo, decidimos ofrecerlo como una donación para esa institución.
Entonces, todos estos años más tarde, luego de recibir mis nuevas órdenes, estoy listo para escribir un nuevo y mejorado recuento de mis experiencias personales con el Ser que yo considero es El Gran Avatar de esta Era, Bhagavan Sri Sathya Sai Baba.
Nosotros, Cristina, Nicolás, Mercedes y yo, como grupo familiar hemos tenido la maravillosa oportunidad de haber vivido algunas magníficas experiencias con Baba, tanto personalmente como a través de sueños y visitaciones en estos más de veinte años de devoción, y más de una vez se nos ha indicado que deberíamos hacer el esfuerzo de compartir nuestras vivencias con cualquier persona interesada en asuntos de este tipo.
Una de las intenciones detrás de la publicación del presente texto fue la de alentar a gente común como nosotros a hablar acerca de sus encuentros con Baba, ya que sabemos por experiencia propia que cualquier persona que haya tenido la gran oportunidad de conocerlo, aun brevemente, tendrá algo maravilloso para contar.
Cristina y yo creemos firmemente que escuchar estas historias personales podría darnos un mejor entendimiento sobre lo que realmente significa haber tenido la dicha de nacer durante la Era del Advenimiento del Gran Avatar.
Sri Sathya Sai Baba nos dice que practicar Satsang (2) nos enriquece, tanto a nosotros como a quien escuche las narraciones. Entonces, esos millones de historias personales serán contadas algún día, y lo narrado se considerará como un reporte objetivo del momento más sagrado que la humanidad haya tenido la oportunidad de presenciar, pero esta es nuestra contribución, la humilde historia de la familia González y el Gran Purna Avatar.
Algunas partes de lo que aquí describiremos podrían ser usadas como una guía básica sobre cómo vivir una vida orgánica, aunque es esencial entender que las personas interesadas deberán realizar algunos ajustes a nuestros métodos de trabajo, teniendo en cuanta su propio estilo de vida y su ubicación geográfica, para así asegurar el correcto funcionamiento de las diferentes técnicas.
Ahora puedo ver que mi primer intento de plasmar algunas de las experiencias que tuvimos la dicha de vivir fue demasiado pobre, pero fue, después de todo, solo un ensayo.
Lo que me dispongo a hacer ahora no pretende ser una obra maestra de la literatura, y sé que no integrará la lista de bestsellers, pero al menos será un poco más generoso que el primero, o eso espero.
Dedico humildemente este modesto trabajo a los Pies de Loto del Gran Purna Avatar de la presente Era, Bhagavan Sri Sathya Sai Baba.
VïDâ González, Casterton, siete de mayo del año 2019
2 Satsang / Satsanga es una palabra sanscrita que significa asociación con personas santas, o estar en compañía de gente piadosa. También simboliza reunirse en grupo para escuchar relatos sagrados en busca de conocimiento.
CAPÍTULO 1
Los primeros pasos
“UNA FUERTE VOLUNTAD ES EL MEJOR TÓNICO.
LA VOLUNTAD SE FORTALECE CUANDO SABES QUE ERES HIJO DE LA INMORTALIDAD,
O ALGUIEN QUE SE HA GANADO LA GRACIA DEL SEÑOR.
LA MEDICINA Y EL USO DE LOS HOSPITALES SON PARA AQUELLOS QUE DUDAN, VACILAN, Y DISCUTEN SI ESTE MÉDICO ES MEJOR QUE EL OTRO, Y SI ESTA DROGA ES MÁS PODEROSA QUE LAS DEMÁS.
PARA AQUELLOS QUE CONFÍAN EN EL MÉDICO SUPREMO, SU NOMBRE ES LA MEDICINA QUE CURA”.
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
Alrededor del año 2010, fuimos llevados desde la aldea, en la que habíamos vivido durante doce años, a una pequeña propiedad bastante escondida, no tan grande como para ser una granja que se pudiese explotar comercialmente como tal pero que, debido a su razonable tamaño y a su aislamiento, sin duda se adaptaría perfectamente a nuestras necesidades.
De acuerdo con las meditaciones que tenía en esa época, había llegado el momento de llevar a cabo nuestros «experimentos» a una escala mucho más grande. Consecuentemente, no solo necesitábamos un lugar más amplio, sino que también deberíamos obtener fácil acceso a agua para abastecer a los pocos animales que vivían con nosotros y para también cuidar del futuro huerto en el que cultivaríamos nuestros alimentos.
«Nuestra pequeña granja» tenía acceso a una fuente subterránea de agua no tratada, que no podía ser consumida por nosotros pero sí por los animales, y que también podía ser utilizada para cuidar de nuestros cultivos en este duro ambiente semidesértico, aun si tuviésemos que pasar por una larga sequía, un suceso bastante frecuente en esta región.
Nosotros, los humanos de la familia, beberíamos agua de lluvia que recolectaríamos en dos grandes tanques durante la temporada lluviosa y esta agua, una vez filtrada, sería potenciada por la maravillosa energía de los dos Lingams que habíamos recibido en uno de nuestros viajes a la India, allá por 1997.
Mientras tanto, como la propiedad había alguna vez formado parte de una extensa granja comercial en pleno funcionamiento, la utilización de fertilizantes químicos y otras formas de polución habían arruinado el suelo al punto de haberlo transformado en algo casi completamente infértil.
Además, muchos de los insectos y casi toda la fauna local habían sido ahuyentados por los químicos agregados al suelo, por lo que se nos encomendó la importante tarea de hacerlos regresar.
Otro trabajo sagrado que se nos confirió fue el de restaurar la relación perdida entre los humanos y las Fuerzas Fundamentales de la Naturaleza, representadas por los Devas que vivían en el bosque, algo absolutamente esencial si realmente queríamos tener la más mínima posibilidad de éxito.
Como los dueños anteriores solían criar ovejas para la producción de lana, a cierta distancia de la casa había un galpón de esquila bien construido, que contaba con conexión eléctrica, en el que yo podría establecer mi taller de carpintería.
Y de esta manera dimos inicio a nuestro «experimento» a gran escala, comenzando por la limpieza profunda de los terrenos alrededor de la casa que había en la propiedad y arreglando la vivienda, la cual estaba en mal estado, para poder hacerla habitable.
Todo lo que hicimos con el fin de reconectarnos con la naturaleza fue sobre la base de las meditaciones diarias que yo hacía bien temprano cada mañana, durante las que recibía orientación sobre lo que se esperaba de nosotros.
Con el tiempo, los Devas, que sabíamos que vivían en el bosque aledaño, vendrían y se comunicarían con nosotros, pero eso llevó bastante tiempo, puesto que el daño causado al lugar, tras muchas décadas de abuso y abandono, era enorme.
Afortunadamente, y al mismo tiempo, nuestra relación con el Gran Avatar crecía rápidamente a medida que dejábamos ir nuestras últimas conexiones con la sociedad y nos volvíamos totalmente dependientes de nuestra conexión con Dios.
Con bastante frecuencia, recibíamos visitaciones y mensajes, y de vez en cuando se nos ordenaba regresar a la India en un «viaje para recargar nuestras baterías», pero aparte de eso, nuestra existencia era muy tranquila y aislada.
Fue en ese entonces que, durante mis largas sesiones de meditación, los guías comenzaron a llevarme a lugares extraordinarios. Supongo que puedo llamarlos realidades alternativas, donde me encontraría con Seres Angelicales, algunos completamente desconocidos para mí y otros que conocía bien, pues ya me habían visitado en otras ocasiones.
Nuestra vida estaba dando un giro positivo hacia lo misterioso y, por consiguiente, empezamos a ver verdaderos progresos en los resultados que obteníamos en «nuestro trabajo».
Lo primero que debimos hacer fue introducir plantas que atrajeran, mediante sus flores, la vida Dévica que sabíamos que el lugar necesitaba.
«CUANDO UN TRABAJO SE TE ES DADO, DEBERÍAS PONER EN ÉL TODO TU CORAZÓN Y TODA TU ALMA, Y REALIZAR ESE TRABAJO CON LA MAYOR SINCERIDAD Y DEDICACIÓN HASTA EL LÍMITE DE TU CAPACIDAD».
Sri Sathya Sai Baba
Finalmente, nuestros genuinos esfuerzos por hacer contacto con los Devas empezaron a ser apreciados por ellos, y las abejas y las ranas regresaron al árido suelo de esta región tan inhóspita, seguramente como una respuesta directa a nuestro amoroso cuidado del medioambiente y de todo lo que en él vive. De esa manera, nuestro trabajo comenzó a dar frutos y, en consecuencia, nos sentimos mucho mejor.
A los pocos meses de iniciado el proyecto, nuestros guías empezaron a llamar a nuestro trabajo el «Proyecto Narayana», en referencia a mi devoción personal hacia el Creador en la magnífica y Sagrada Forma de El Señor Vishnu. Yo siempre había solicitado la ayuda de El Señor Narayana, el de los Ojos de Loto, durante tiempos difíciles, y Él respondía a mi humilde llamado una vez más.
En cuanto tuvimos un nombre, fue como si las cosas se aceleraran, y las visitas de los Seres Angelicales se hicieron más largas y frecuentes. Estábamos aprendiendo a establecer una comunicación muy fluida con los Fundamentales de la Naturaleza y ellos, como si su confianza en nosotros aumentase, se volvieron más amistosos, y los mensajes se multiplicaron y diversificaron a su vez.
Unos meses más tarde, en cuanto nos sentimos más cómodos con lo que estábamos haciendo, se inició una relación mucho más clara entre los Devas y nosotros, y las lecciones se volvieron más complejas.
Sabíamos que, si deseábamos obtener un éxito significativo, tendríamos que aprender a establecer adecuadamente nuestra intención primigenia, pues un «comienzo desordenado» solo nos llevaría a un resultado final confuso.
Una declaración clara y concisa de nuestros verdaderos propósitos sería la base firme sobre la que podríamos construir una estructura sólida que nos permitiera conseguir el éxito de nuestro trabajo, y nuestros guías le asignaban mucha importancia a este punto en particular.
Teníamos que aprender a dejar de lado cualquier razón egoísta que motivara nuestras acciones, si es que queríamos ser capaces de llegar hasta el final y conseguir los resultados que buscábamos. También debíamos ser incondicionalmente disciplinados para poder así desarrollar nuevas habilidades.
Estábamos siendo expuestos a los misteriosos senderos de la Alta Alquimia y se nos decía que cualquier paso inconsciente dado en la dirección equivocada resultaría crítico al momento de asegurar algunos resultados positivos en nuestra labor. Las conclusiones que fuéramos a obtener estarían en relación directa con nuestras razones para lograr lo que desde un principio habíamos intentado conseguir.
Nuestro objetivo final, según nos dijeron nuestros guías, sería el de sumar nuestra humilde contribución al esfuerzo común del restablecimiento de la «mente consciente» en toda la humanidad, porque sin esta nada podría cambiar y la instauración de la Edad de Oro estaría seriamente comprometida.
Existían «formas correctas» y «formas incorrectas» de realizar lo que nos empeñábamos en conseguir y, para asegurarnos de hacerlo bien, tendríamos que abandonar los «Viejos Métodos» mediante un completo desaprendizaje de lo que nosotros creíamos saber. Esa fue la parte más difícil para nosotros, al menos al principio, pues debíamos ir en contra de todo lo que la sociedad nos había dicho que era apropiado.
Nuestros Guías nos explicaron que, en caso de necesitar alguna herramienta, ya fuese para el jardín o para el taller, pedir el dinero para comprarla sería un gasto total de energía, debido a que eso mostraría una falta completa de confianza de nuestra parte. Por lo tanto, esa era la forma incorrecta de hacerlo.
«SI NECESITAS UN MARTILLO, PIDE UN MARTILLO», fue el mensaje que recibimos un día en particular. Esta era la forma correcta, y debimos incorporarla a nuestro comportamiento normal. La “nueva” forma debería volverse parte natural de nuestro modo de hacer las cosas de ahí en adelante.
Antes de que pudiéramos obtener resultados visibles, tuvimos que aprender muchas lecciones, pero nosotros estábamos absolutamente resueltos a terminar lo que habíamos iniciado, ya que entendíamos que eso que estábamos haciendo era primordial.
Tuvieron que transcurrir muchos meses, pero al fin nuestras cabezas y corazones, endurecidos por la inactividad, comenzaron a ablandarse gracias al amor incondicional proveniente de los Devas, y en su debido momento las cosas se hicieron más fáciles.
«USAR LOS MÉTODOS QUE USASTE AYER PRODUCIRÁ LOS MISMOS RESULTADOS QUE OBTUVISTE AYER».
Eso dijo nuestro amado Maestro en una ocasión.
Bueno, sabíamos que cambiar el modo de ver las cosas haría que las cosas cambiaran de forma, literalmente, y esa era la meta principal en un comienzo. No teníamos más opción que desarrollar una nueva manera de pensar que, con el tiempo, cambiaría el mundo físico a nuestro alrededor.
Y luego estaba el asunto crucial que al principio no pudimos comprender: «USTEDES NO SON LOS HACEDORES».
«NI SIQUIERA UNA BRIZNA DE HIERBA SE MOVERÍA SIN LA VOLUNTAD TODOPODEROSA DE DIOS».
Una y otra vez, nuestros guías nos dijeron que los seres humanos no éramos más que humildes instrumentos que necesitaban ser guiados por La Mano Todopoderosa que Todo lo Hace, pero no podíamos verlo de esa manera. Aun cuando invertíamos mucho tiempo y esfuerzo en prepararnos para el trabajo, este no podría llevarse a cabo si no éramos capaces de liberarnos de los errores del pasado.
Ocurre que tantas veces la sociedad nos dijo que éramos nosotros los que hacíamos las cosas, que terminamos por creerlo. Debíamos abandonar la costumbre de creernos los hacedores.
Si la guía era correcta, y sabíamos que lo era, si nosotros no éramos los hacedores de nuestra realidad, ¿cómo podíamos deshacer algo que no habíamos hecho en primer lugar?
Teníamos dudas lógicas y entendibles, pero, a menos que pudiésemos deshacer el nudo conceptual, no tendríamos forma de salir del hoyo ético en el que estábamos metidos. Por lo tanto, estaba claro que deberíamos iniciar la expansión de nuestros propios cerebros para poder así resolver el acertijo que nos presentaba nuestro Divino Maestro.
En ese momento, era evidente que debíamos resolver el misterio antes de poder continuar nuestro camino hacia la verdadera libertad.
¿Qué vino primero: el huevo o la gallina?
Había un punto muy reñido que deberíamos entender bien con el fin de realizar nuestra tarea. Para poder introducir nuestra nueva forma de trabajo, debíamos deshacer el daño que décadas de desinformación y mentiras habían causado en nuestras cabezas. Era indispensable olvidar todo lo que creíamos saber para así poder reemplazarlo con el nuevo material que recibíamos.
«NO IMPORTA QUÉ TANTO HAYAS CAMINADO. SI HAS TOMADO EL CAMINO EQUIVOCADO AL COMIENZO DE TU VIAJE, INEVITABLEMENTE TENDRÁS QUE REGRESAR AL PRINCIPIO Y VOLVER A EMPEZAR».
Tu Baba
Los Devas estaban más que dispuestos a ayudarnos, pero muchas veces nuestros hábitos se nos cruzaban en el camino y no podíamos entender la guía, pues tratábamos de comparar lo que creíamos saber con la información que estábamos recibiendo y estas dos no se correspondían.
Habiendo atravesado por más de doscientos años de revolución industrial, los «nuevos inventos» con los que se nos ha estado bombardeando han provocado un daño irreparable en el conocimiento ancestral y, si nosotros realmente queríamos iniciar un cambio para mejor, tendríamos que deshacer el daño hecho y empezar de nuevo.
Al principio, y en relación con la cuestión fundamental de poder cultivar nuestros alimentos, se nos presentó el asunto de arar el suelo para permitir la entrada de oxígeno y a la vez quitar la maleza, como hacen los granjeros.
Bueno, la verdad es que la maleza no existe. La verdadera definición de maleza es la siguiente: una mala hierba es una buena planta que crece en un lugar donde no queremos que crezca. Nuestra generosa e increíblemente inteligente Madre Naturaleza no comete errores.
Obviamente, esta forma de pensamiento se opone a todo lo que los grandes monstruos —como Monsanto y otros— quieren que creas, ya que, de no existir las malas hierbas, la necesidad de utilizar herbicidas desaparecería de la noche a la mañana, y la humanidad presenciaría el colapso de una de las mayores maquinarias de generar enormes cantidades de dinero —aparte de la del cáncer— que el lado oscuro de la humanidad haya creado alguna vez.
Y la única forma de deshacer una maquinaria tan bien aceitada y establecida es desmantelar las rígidas estructuras de nuestro cerebro para poder así recibir la nueva información y utilizarla para el bien común.
Nuestra Madre Naturaleza no ara la tierra, de la misma manera que no hay desechos inservibles durante el proceso natural de nacimiento, desarrollo de la vida y muerte de seres, tanto animales como plantas. En la naturaleza todo sucede por una razón. Y es siempre una buena razón.
Nos llevó tiempo darnos cuenta, pero finalmente comprobamos que las verduras comunes también pueden crecer bien en un campo donde habitan otras plantas. La verdad es que no existe la competencia, sino una contribución natural y gentil entre las distintas especies de plantas.
De hecho, la idea misma de la colaboración entre los diferentes cultivos se basa en el concepto fundamental de una planta protegiendo a otra y ambas compartiendo generosamente el espacio físico y los nutrientes del suelo.
«UNA MANO LAVA A LA OTRA Y LAS DOS, JUNTAS, LAVAN LA CARA»,
Nos dijo Swami una vez.
Necesitábamos aprender una «nueva forma» de hacer las cosas si realmente deseábamos volver a los viejos tiempos, aquellos cuando no existían el cáncer, el sida ni ninguna de las otras enfermedades creadas por el hombre.
Por lo tanto, formulamos muchas preguntas y, como resultado, obtuvimos muchas respuestas de diferentes fuentes que nos ayudaron a desentrañar tantos mitos que hoy en día las mentes oscuras utilizan libremente con el fin de controlar a la sociedad moderna.
Debíamos devolver al sagrado suelo que se nos dio para trabajar todos los nutrientes que se habían perdido a través del uso de los venenos químicos. Fue así como comenzamos a recolectar abono de varias fuentes, y con él empezamos a producir fertilizante orgánico que ayudara a retornar sus recursos naturales al suelo.
Comenzamos a plantar algunos tipos de plantas, como las habas, no tanto para comerlas, sino porque nos ayudarían a establecer el nitrógeno que mejoraría el suelo, y así prepararlo para plantar lo que queríamos consumir.
Cuando el ciclo de vida de las plantas llegara a su fin, dejaríamos el arbusto exánime en el lugar donde había crecido para que se descompusiese y, de esta manera, la materia orgánica resultante, tan llena de microorganismos, alimentase el suelo sagrado, al igual que lo haría la Madre Naturaleza.
Viajamos a un lugar de playas y de la orilla del mar obtuvimos algas marinas, y las usamos para elaborar fertilizante líquido. Una vez que termináramos la preparación de los diferentes nitratos, añadiríamos los desperdicios de la operación a la pila de abono, y así sucesivamente continuaría nuestra amorosa labor de reconstitución del suelo.
En cuanto empezamos a comprender las razones por las que realizábamos nuestro trabajo, en unos pocos meses logramos que la tierra respirara nuevamente. Asimismo, la materia orgánica hizo que lombrices e insectos de muchas clases diferentes regresaran y, como estos atrajeron tantas variedades de aves, pudimos completar sin esfuerzo la maravillosa sinfonía de la naturaleza.
Una vez que logramos reactivar la actividad orgánica del suelo nos sentimos mucho más cómodos. Sabíamos que encontraríamos desafíos a lo largo del camino, pero nunca nos sentimos mejor en nuestras vidas, y los posibles retos que aparecieran no lograrían hacernos regresar a una sociedad que considerábamos decadente.
Nunca fuimos grandes admiradores de los médicos ni de la medicina en general, pero al no haber doctores cerca, la «tentación» de enfermarse no era una posibilidad que pudiésemos considerar, e incluso aquellos accidentes «fortuitos» que podrían ocurrir de vez en cuando no formaban parte de la complicada ecuación de nuestra vida.
«NO ES UN SIGNO DE BUENA SALUD EL ESTAR BIEN ADAPTADO A UNA SOCIEDAD PROFUNDAMENTE ENFERMA».
Jiddu Krishnamurti
«EL ALIMENTO ES TU ÚNICA MEDICINA».
Los trabajos de la granja eran muchos y muy variados, lo cual nos mantenía en buena forma física y, como consecuencia, nos conservábamos sanos y energéticos.
Un día, Swami dijo: «NINGUNA ENFERMEDAD PUEDE ATACAR A UN CUERPO SANO», por lo que sabíamos que estábamos protegidos de las varias enfermedades comunes que la mayoría de las personas sufren.
Pero esa es una historia para contar en otro capítulo.
«UNA DIETA SÁTVICA (PURA, FOMENTADORA DE LA SALUD) NO ES SOLAMENTE EL ALIMENTO QUE INGERIMOS A TRAVÉS DE LA BOCA, SINO QUE TAMBIÉN ES EL AIRE PURO QUE INHALAMOS POR NUESTRA NARIZ, LA VISIÓN PURA QUE PERCIBIMOS POR LOS OJOS, LOS SONIDOS PUROS QUE OÍMOS A TRAVÉS DE LOS OÍDOS Y LOS OBJETOS PUROS QUE TOCAMOS CON LOS PIES Y LAS MANOS. TODO LO QUE PASA A TRAVÉS DE LAS PUERTAS DE LOS ÓRGANOS SENSORIALES ES LO QUE PODEMOS DESCRIBIR COMO DIETA. ESCUCHAR SONIDOS MALOS, MIRAR COSAS MALAS, TOCAR COSAS MALAS NO CONSTITUYEN UNA DIETA SÁTVICA».
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
CAPÍTULO 2
«Realmente, somos lo que comemos»
«MIENTRAS EL HOMBRE CONTINÚE SIENDO EL DESTRUCTOR DESPIADADO DE SERES VIVIENTES A LOS QUE CONSIDERA INFERIORES, NUNCA CONOCERÁ LA SALUD O LA PAZ, MIENTRAS LOS HOMBRES MASACREN A LOS ANIMALES,SE MATARÁN LOS UNOS A LOS OTROS.
»INDISPUTABLEMENTE, AQUEL QUE SIEMBRA LA SEMILLA DEL ASESINATO Y EL DOLOR NO PUEDE COSECHAR GOZO Y AMOR».
Pitágoras De Samos
(Filósofo De La Antigua Grecia).
Mucho antes de que nosotros, como familia, tuviéramos la buena fortuna de encontrarnos con Sri Sathya Sai Baba por primera vez, ya habíamos adoptado la dieta vegetariana, pues estábamos convencidos de que el único camino para enseñar adecuadamente a nuestros hijos a amar todo lo que existe era inculcarles los maravillosos misterios de la compasión, desde una edad temprana.
Por supuesto que sabíamos que un cambio tan radical en nuestro comportamiento social, como lo sería el abandonar el consumo de proteína de origen animal, traería a nuestras vidas el aislamiento, pero no estábamos preparados para lo que en verdad sucedió cuando eliminamos la carne de nuestro menú.
Al principio, fue un poco doloroso observar que muchos de nuestros amigos y familiares huyeron despavoridos al recibir la noticia de nuestra decisión. Y por supuesto que podíamos olvidarnos de ser invitados a comer en otra casa, ya que nos convertimos en unos malvivientes de la noche a la mañana.
La mayoría de la sociedad moderna acepta la matanza de animales como una parte esencial de la vida y, por lo general, prepara a nuestros niños para tomar parte en esta experiencia sin preocuparse por el bienestar de los que llamamos «los grados inferiores de la existencia».
Es más, en el idioma inglés existen palabras específicas que identifican a los animales que han sido sacrificados para el consumo humano como, por ejemplo, a la carne de un cerdo muerto se la denomina pork y lo mismo ocurre con las gallinas, las vacas y otros animales de granja.
La dieta humana se basa en la crueldad y la ignorancia, y no es sorprendente que suframos de tantas enfermedades mentales al haber estado consumiendo el terror y la agonía contenida en la carne muerta de las pobres criaturas que masacramos por millones, en el nombre de nuestra glotonería insaciable.
La raza humana demuestra una total indiferencia hacia algunos hechos bien conocidos en relación con lo que comemos y la sociedad toda es la que paga el alto precio ocasionado por nuestra ceguera.
No nos importa que nuestros dientes y órganos internos no hayan sido diseñados para comer carne, como sí lo fueron los de otros animales que son naturalmente carnívoros. Pero, ya que el presente texto no pretende ser una tesis sobre asuntos médicos, me apegaré al lado espiritual de la realidad y veremos cómo seguimos.
Los humanos somos responsables por la muerte despiadada e innecesaria de millones de animales inocentes, lo cual nos obliga a pagar una enorme deuda kármica como grupo humano. Pero además tenemos una tendencia natural a que nos desagrade el olor, la apariencia y el gusto de la carne cruda, lo cual explica la necesidad de cocinarla para poder comerla.
Si alguien se atreviera a decirme «yo como carne porque me gusta su sabor», yo lo desafiaría a matar una vaca con los dientes y a luego comerla mientras su cuerpo todavía esta tibio y el corazón aún late, porque eso es lo que un animal carnívoro tiene que hacer en la naturaleza. Lo que realmente les gusta a estas personas es el sabor de las especias agregadas a la carne cocida, pero no la carne en sí.
Nuestro sistema digestivo ha sido perfectamente diseñado para deshacer y procesar diferentes tipos de proteína vegetal, como frutas o semillas, hojas verdes y nueces, pero cualquier otro elemento de origen animal sería indigerible para nosotros, y por lo tanto es dañino para nuestro organismo.
Nuestros Guías nos habían dicho que, si deseábamos trabajar en estrecha relación con las Fuerzas Fundamentales de la Naturaleza, deberíamos estar física y mentalmente puros, para poder así acceder a la información que los Devas nos ofrecían.
Los Devas, los Ángeles, los Gnomos y otros Seres de Luz o Semidioses que aparecen en el folklore de gran parte de las diferentes culturas del mundo son absolutamente reales y pueden ser contactados por los seres humanos en cualquier momento. Por supuesto nuestras intenciones deberán ser puras para que ellos respondan a nuestro llamado, pero una persona que practique una dieta carnívora no puede siquiera aspirar a tal cosa.
Por lo tanto, si teníamos buenas intenciones, los Devas se comunicarían con nosotros y nos guiarían en todos los asuntos relacionados con el cultivo de diferentes plantas, ya sea que nos refiramos a las verduras para consumo humano o a la forma correcta de hacer que dos plantas totalmente distintas se ayuden la una a la otra.
Una vez establecidos en nuestro nuevo entorno, debíamos ser capaces de alimentar a la familia y de asegurarnos que los suelos regresaran a su condición ideal, antes de que nos encontráramos con otros temas más complicados que también eran parte de nuestro trabajo. Todo este proceso nos llevó un largo tiempo, pero seguíamos avanzando.
Fue por esa época en que las comunicaciones con Sri Sathya Sai Baba se tornaron más ricas y complejas, cuando Él comenzó a transmitirme algunos aspectos de Su Avatara que incluso hoy en día no son bien conocidos o, quizá deba decir, no son entendidos totalmente por Sus seguidores.
Empecé a recibir fórmulas alquímicas en la forma de ecuaciones geométricas visuales y mi tarea, según me lo dio a entender, era la de preparar una serie de presentaciones audiovisuales que Swami llamó las «Parábolas Holográficas».
Estas presentaciones, combinadas con un profundo cambio en nuestra dieta, iniciarían la expansión cerebral necesaria que originaría el despertar y nos ayudarían a ponernos en sintonía con la nueva realidad que enfrentábamos al acercarnos al final de la Kali Yuga y a la víspera de La Edad de Oro, la Satya Yuga.
La forma en la que me llegaban las imágenes que componían estas presentaciones es un tanto difícil de explicar, pero intentaré hacerlo de la mejor forma posible para el beneficio del lector. Todo comenzaba con la meditación matinal y, una vez que yo podía alcanzar ese estado de serenidad absoluta, se me invitaba a visitar realidades alternativas donde pude presenciar situaciones que no se correspondían en absoluto con lo que los humanos vemos diariamente.
«Nuestra civilización humana» se desarrolla en la tercera dimensión, la cual es la más baja de las dimensiones en las que puede ocurrir la vida orgánica. Sri Sathya Sai Baba, o un Ser de Luz designado por Él, me llevaba a visitar dimensiones más altas que la tercera, y yo debería recordar las imágenes vistas en nuestros viajes.
Mas tarde, cuando la meditación llegaba a su fin, se me instruiría sobre cómo fusionar las imágenes y mezclarlas con música, para poder así transmitir mensajes crípticos a la sociedad. De esa forma comenzaría el desmantelamiento de las viejas y rígidas estructuras de pensamiento, creando así un espacio para poder acomodar la nueva información sin que hubiese ningún tipo de interferencia.
Debo mencionar que gran parte de lo que me fue mostrado en meditación era demasiado complejo para que yo pudiese entenderlo, dado que mi cerebro todavía estaba lejos de haber alcanzado su estado óptimo, pero se me dijo que no me preocupara por hacer una elaboración intelectual que no me conduciría a ninguna conclusión que yo pudiese entender en ese momento.
En cuanto finalizó la primera serie de once Parábolas Holográficas, y los seres que estaban en estado receptivo tuvieron acceso a ella, se me ordenó comenzar a trabajar en la segunda serie de once presentaciones que ayudaría a establecer la información en el cerebro de estas personas.
La nueva forma de hacer las cosas requeriría «ajustes» para que nuestro cerebro pudiera trabajar correctamente dentro del marco de una nueva realidad, pero eso se fue haciendo a medida que íbamos avanzando en nuestra labor.
La forma en la que se me explicó, para facilitar mi entendimiento, fue que reemplazaríamos el antiguo cableado de cobre del cerebro con la más avanzada fibra óptica, lo cual nos permitiría tener acceso a la información idónea, y esta a su vez desbloquearía nuestro ingreso a la Era Dorada.
Algo un tanto desagradable que debo incluir en este punto es que, una vez que la meditación diaria acababa, yo sentía la necesidad de ir al baño para poder así evacuar todo lo acumulado a través de los años.
Con el tiempo, mi cuerpo físico, haciendo uso de una combinación de ejercicios de Yoga, la Meditación diaria, las Parábolas Holográficas y una buena dieta, pudo transitar entre las diferentes dimensiones con facilidad.
Cuando pedí detalles acerca de por qué debía pasar por una disciplina tan estricta, la respuesta de Swami fue que, una vez que mi cuerpo pudiese hacer algo, dada la naturaleza holográfica del Universo, todos los demás podrían también hacerlo. De esa manera entendí que estaba siendo utilizado como una clase de prototipo que más adelante se reproduciría en el resto de la humanidad.
Realmente, somos lo que comemos, pero, como dijo Swami muchas veces, nuestra dieta es todo lo que ingresa a nuestro cuerpo a través de los órganos sensoriales, ya sea que hablemos de sonidos, de imágenes o de pensamientos, por lo tanto, era lógico que tuviésemos que mantenernos alejados de las tentaciones a las que la mayoría de las personas están expuestas día a día.
Los que integramos este humilde proyecto hablamos sobre el amor incondicional porque este nos ofrece la única oportunidad que tendrá la humanidad de reencontrarse consigo misma, con su verdadera esencia, en mucho tiempo. Esa es, a grandes rasgos, la propuesta de este programa.
Nuestra intención al presentar el trabajo que hacemos cada día es simplemente la de mostrar que es posible vivir de otra manera, para poder así existir en armonía con el mundo que nos rodea.
Cuando hablamos sobre la necesidad que tiene la humanidad de regresar a la huerta, nos referimos al hecho de que con solo presenciar el maravilloso proceso de creación que ocurre cuando cultivas tu alimento, los seres humanos serían capaces de entender que la sociedad ha sido engañada por un grupo de compañías multinacionales que no poseen una identidad reconocible ni decencia y que, gracias al uso de astutos trucos de marketing, nos controlan tan fácilmente.
Los gobiernos de muchos países son regidos por reglas dictadas por estos monstruos. Pero, debido a que somos nosotros los que elegimos a esos gobiernos, todos somos en parte responsables por lo que sucede en nuestra sociedad. Deberíamos poder controlar nuestras propias vidas y dejar de culpar a esas aberraciones que nosotros ayudamos a crear.
Al establecer huertas comunitarias, podemos enriquecer nuestras vidas de tantas formas que de momento nos están vedadas.
Por otra parte, hay algo positivo con respecto a las grandes ciudades que a menudo pasamos por alto, el gran número de gente que las habita y la variedad de culturas que, cuando se les da buen uso, benefician a todos sus ciudadanos.
Al ser parte de una comunidad bien organizada, nuestros hijos adquirirán habilidades y conocimientos que quizá podrían no tener valor comercial, al menos en un principio, pero que los prepararán para la vida.
Una vez más, Sri Sathya Sai Baba ha dicho: «NINGUNA ENFERMEDAD PUEDE ATACAR A UN CUERPO SANO», y es esa nuestra fuente de inspiración.
Las enfermedades son el producto de una sociedad profundamente inmersa en su propia ignorancia. Nadie necesita estar enfermo. Todos vamos a morir algún día, porque todo lo que alguna vez nació debe morir, pero, aunque el dolor es inevitable, el sufrimiento no es necesario.
«...ES IMPORTANTE NOTAR QUE AQUELLOS QUE SE ALIMENTAN CON COMIDA VEGETARIANA SON MUCHO MENOS PROPENSOS A ENFERMEDADES, MIENTRAS QUE LOS NO-VEGETARIANOS SON PROPENSOS A TENER MUCHAS ENFERMEDADES. ¿POR QUÉ? PORQUE EL ALIMENTO ANIMAL NO ES COMPATIBLE CON LAS NECESIDADES DEL CUERPO HUMANO».
Sri Sathya Sai Baba, Lluvias De Verano 1990, P. 34
Un breve comentario sobre la dieta
Nuestra propia insensatez nos ha mantenido atrapados en una dimensión en la que la aparente solidez de lo material no nos permite ver la Luz. En otras palabras, la Luz es bloqueada por la densidad y la oscuridad reinante nos mantiene asustados. Pero todo esto puede cambiar en un instante si considerásemos adoptar algunas de las técnicas sugeridas en el presente texto.
La rigidez de nuestros pensamientos se debe en gran parte a nuestra dieta. Si pudiéramos aunque sea considerar introducir unos cambios básicos en nuestra forma de alimentarnos, podríamos tener acceso a todas las dimensiones que se nos han negado hasta ahora. El miedo a intentar algo nuevo es lo que nos impide dar el gran salto hacia la grandeza, lisa y llanamente.
Cuando hablo sobre dieta, me refiero por supuesto a todo lo que consumimos, ya sea comestible, líquido, sonoro o visual. Participar de rumores mal intencionados es elegir una mala dieta. Los groseros sonidos provenientes de máquinas, de automóviles, de guerras, etc. nos atacan en todo momento y llevan nuestros niveles de estrés a alturas inimaginables. La violencia sin sentido, la que podemos ver en programas de televisión y en muchas películas ofrecidas a la humanidad a diario, nos acostumbra a la idea de que el maltrato a otros seres es algo aceptable, siempre y cuando nos asegurásemos de evitar pagar el precio estipulado por la sociedad para tales crímenes. Pero, aunque pudiéramos escapar de la ley de los hombres, nada nos liberará de la ley del Karma.
La lista podría continuar, pero cualquiera puede encontrar ejemplos claros de las consecuencias que acarrea el darles a nuestros hijos la oportunidad de participar de toda esta agresión. Los ruidos fuertes nos hacen perder el equilibrio y nos impiden pensar. Los resultados de todo esto están a la vista de quien quiera verlos.
Mi conclusión es simple: mientras continuemos maltratándonos de esta forma, las cosas seguirán igual de complicadas y será más difícil encontrar el correcto camino a seguir.
Cada día, leemos o escuchamos comentarios de gente que se queja de su sufrimiento o que expresa su disconformidad o que siente pena por aquellos que son víctimas de la angustia que les causan sus enfermedades totalmente evitables. De así quererlo, podemos lograr que esa realidad desaparezca en un instante. Depende de nosotros. Solo tenemos que abrir nuestras mentes a las alternativas que el Universo nos ofrece, aquellas simples elecciones que sustituirán al dolor y a la injusticia.
CAPÍTULO 3
Observando nuestra realidad
Los secretos de la fragmentación, la impermanencia del cosmos y el papel que nosotros jugamos en la creación.
«TUS PENSAMIENTOS CREAN LA PERSONA QUE ERES, O SEA QUE VIGILAR TUS PENSAMIENTOS ES ALGO QUE DEBERÍAS HACER CONSTANTEMENTE PARA TU PROPIA CONVENIENCIA...»
Tu Baba
El aparentemente simple acto de observar genera una serie de consecuencias inevitables en nuestra realidad, y esto tiende a complicar la forma en la que vivimos. Nosotros, los seres humanos existimos en la tercera dimensión, es decir que no podemos observar nada sin juzgarlo. De hecho, el acto mismo de observar algo o a alguien es una función inevitablemente evaluativa de nuestro cerebro que nosotros, los seres humanos, implementamos en todo momento durante el transcurso de nuestra vida cotidiana.
Como cachorros que mordisquean todas las cosas que se cruzan en su camino con el fin de familiarizarse con ellas, los humanos tendemos a sopesar todo aquello que capte nuestra atención, y ubicaremos cada cosa en las diferentes columnas del “libro imaginario” que hemos conservado desde el momento de haber tenido el primer pensamiento, durante nuestra infancia. Este «libro» será usado para comparar los nuevos eventos con los viejos y poder así entender nuestro entorno.
Pero ese es quizás el mayor error que cometemos y sus consecuencias nos resultarán muy costosas, dado que no es posible que una situación se repita ya que cada evento en la vida es un acontecimiento original e irrepetible.
Nosotros, los seres humanos, tendemos a ser pobres observadores de la realidad. Para las personas, el observar algo para así poder entenderlo requiere de su total aislamiento e inercia, debido a que nuestros ojos físicos, tan poco sofisticados, solo pueden percibir una muy pequeña parte del objeto observado, lo que sería más o menos cuatro centímetros cuadrados, en el mejor de los casos.
En otras palabras, podríamos decir que, si el objeto o la acción detectados están en movimiento, nos perderemos sus detalles por completo, de manera que, para observar detenidamente algo, el objeto examinado debe permanecer momentáneamente inmóvil frente a nuestros ojos para que así lleguemos a comprenderlo.
Suponiendo que el lector acepte la anterior descripción, deberíamos también considerar que observar es, en sí mismo, el primer paso en el extenuante ejercicio de la FRAGMENTACIÓN. Nosotros fragmentamos todo para poder comprenderlo, de la misma forma en que masticamos los alimentos con el fin de digerirlos. Al llevar a cabo esta segmentación, inevitablemente debilitamos nuestra realidad.
Es como cuando uno intenta romper una guía telefónica por la mitad. La fuerza del libro reside en la gran acumulación de páginas, pero si separáramos cada página, entonces romperla sería, literalmente, un juego de niños.
Entre tanto, si hubiésemos de ubicar al acto de fragmentar en el contexto de la sociedad misma, se podría considerar al ejercicio de fraccionamiento como la base de todos los conflictos humanos. Cuando tomamos una decisión de cualquier naturaleza, separamos nuestras afinidades de todo lo demás.
Elegir una cosa por sobre otra origina un tipo de conflicto que interfiere con la composición molecular de lo que estemos eligiendo, pues el acto de selección requiere una evaluación que debemos hacer para designar nuestra elección. Una vez realizada la selección, todas las otras posibilidades vuelven a ser potencial puro y desaparecen del ámbito del espacio-tiempo de la tercera dimensión.
Se me ocurre que mi intento de explicación podría ser un poco difícil de comprender, pero trataré de esclarecer este concepto a medida que entremos en más detalle, un poco más adelante en este relato.
Una vez que los distintos componentes de este texto sean ubicados en un contexto definido, será más fácil de entender. En los siguientes capítulos, hablaré sobre el desarrollo del acto de creación y de su inserción en una realidad alternativa, yendo desde la idea original hasta el resultado final.
Los Grandes Maestros hablan sobre la intervención de dos glándulas esenciales durante la tarea fundamental de la creación: Timo y Pineal. Nosotros, en nuestro papel de observadores, podemos cambiar la realidad de muchas maneras con solo evaluar las circunstancias y decidir nuestra actitud antes de llevar a cabo el acto de elegir.
En otras palabras, antes de optar por una cosa en lugar de otra, produciremos una selección basada en nuestro ego que afectará la composición molecular de nuestra elección, tanto para bien como para mal, y así alteraremos el objeto observado y el resultado final de la observación.
En este proceso, la intervención de nuestro sistema glandular es fundamental. Es aquí donde el establecimiento de la intención primigenia cumple un papel esencial en nuestras vidas, sea grande o pequeña la parte que elijamos jugar en el Drama Cósmico, una intención concreta cambiará el resultado final.
Supongamos, solo para dar un ejemplo, que fuéramos a decidir nuestra futura carrera profesional. A la hora de tomar una decisión tan importante, deberíamos considerar nuestras inclinaciones naturales, nuestros talentos y circunstancias personales, además del lugar en el que vivimos o en el que viviremos y las distintas escuelas y universidades a las que tendríamos acceso. Pero nunca deberíamos basar nuestra elección en función de lo que pensará la gente con respecto a nuestra decisión, pues eso significaría que hemos elegido algo por miedo al qué dirán y de esa forma nos aseguraríamos un fracaso total.
La opinión personal de los demás debería guardarse en una caja especial a la que podríamos etiquetar como «Fuerzas Externas», las cuales pertenecen al Espectro del Miedo, el cual merece un capítulo entero para que podamos hacer un análisis profundo que nos ayude a comprender las posibles consecuencias de vivir sumidos en el temor.
El proceso creativo requiere que primero establezcamos un universo paralelo al que entonces podamos añadirle los ingredientes necesarios para lograr que su realidad funcione en la tercera dimensión. Pero, en caso de agregar miedo a esta ecuación que estamos elaborando, el producto final podría no ser lo que hemos soñado y, de hecho, quizás se convertiría en nuestra peor pesadilla.
Tal vez, la mejor forma de decidir nuestra futura carrera sea considerar si aquello que estamos eligiendo será útil para los demás, lo que dejaría cualquier pensamiento egotista fuera de la ecuación.
«UN DEVOTO COMPROMETIDO DEBERÍA CONCENTRARSE EN SERVIR A LOS SERES QUE NECESITAN DE NUESTRA AYUDA, PUES SERVIR A UN HOMBRE ES SERVIR A DIOS».
Sri Sathya Sai Baba
Sería esencial que comprendamos que Dios nos da la oportunidad única de servirlo mediante el servicio a Sus hijos y eso es un verdadero privilegio que recibimos porque Él, el Señor de los once Universos, no requiere ayuda alguna de nosotros.
«EL SEÑOR DEL UNIVERSO, EL DIOS TODOPODEROSO, SIN NOMBRE NI FORMA, NO NECESITA NADA».
Sri Sathya Sai Baba
Pulsuz fraqment bitdi.