Kitabı oxu: «Guerra del pueblo. Ejército del pueblo»

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Guerra del pueblo, Ejército del pueblo

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Vo Nguyen Giap



Giap, Vo Nguyen Guerra del pueblo, Ejército del pueblo / Vo Nguyen Giap ; prólogo de Ernesto Che Guevara. - 2a ed . - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Verde olivo / 2) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-23-1 1. Ensayo Político. 2. Historia Contemporánea. 3. Filosofía Marxista. I. Ernesto Che Guevara, prolog. II. Título. CDD 320.01

“Guerra del pueblo, Ejército del pueblo” by General Vo Nguyen Giap Spanish version Copyright © Thế Giới Publishers 2017.

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Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabación o cualquier otro sistema de archivo y recuperación de información, sin el previo permiso por escrito de los editores.

Índice

Agradecimientos

Un siglo del invencible general Giap

Vo Nguyen Giap. Centenario de un héroe excepcional

Nota a la edición en francés

Prólogo

La guerra de liberación del pueblo vietnamita contra los imperialistas franceses y los intervencionistas norteamericanos (1945-1954)

Guerra del pueblo, ejército del pueblo

Las grandes experiencias de nuestro Partido como dirigente de la lucha armada y de la organización de las fuerzas armadas revolucionarias

Dien Bien Phu

Anexo

Túneles de Cu Chi: la ingeniosidad de un pueblo para sobrevivir y ganar la guerra

Agradecimientos

Queremos agradecer la colaboración y el apoyo para que este libro fuera posible:

A la Editorial The Gioi Publishers por apoyar la publicación de esta obra en nuestro país y a la Embajada de Vietnam en Argentina por las gestiones realizadas.

A Aleida March de la Torre, quien a nombre del Centro de Estudios Che Guevara y como presidenta del mismo, nos otorgó el permiso de publicación del prologo que hiciera el Cdte. Ernesto Che Guevara para este libro. A María del Carmen Ariet García, Coordinadora científica del Centro, por tan amable atención y disposición a colaborar para la realización de esta obra.

A Martin Hacthoun, corresponsal jefe de Prensa Latina en Argentina, quien además de transmitirnos sus conocimientos en primera persona sobre Vietnam, nos dio un apoyo inestimable con sus relatos, fotografías y puso a nuestra disposición los artículos preliminares.

Al Instituto de Cultura Argentina-Vietnam, a cargo de Poldi Sosa Smichdt, por apuntalar nuestro trabajo.

A Vanesa Rossi, por su vital colaboración en tierra cubana.

Al compañero y experimentado librero marxista Humberto Cipolletta, por sus consejos y su aliento.

La Editorial

Un siglo del invencible general Giap1

Por Charly Morales Valido2

Vo Nguyen Giap parece desconocer el significado de rendirse o retroceder: ni siquiera el tiempo ha podido vencer a este mítico general vietnamita, que recién celebró su cumpleaños 100.

Llegar al siglo de existencia es asombroso, más aún si se trata de un protagonista de la historia, sagrada reliquia de las luchas vietnamitas contra japoneses, franceses y estadounidenses.

Genio logístico, convincente político y firme pastor de masas, la leyenda rodea la vida de este hijo de campesinos que acabó siendo un gran amigo y aprendiz del legendario presidente Ho Chi Minh.

Casi tan venerado como el Tío Ho, Giap redefinió varios conceptos de la lucha armada, en particular la guerra de guerrillas, y explotó como pocos esos detalles que hacen al vietnamita tan peculiar.

De hecho, así se lo dijo personalmente a Robert MacNamara, el ex-secretario estadounidense de Defensa durante la guerra: “Ustedes perdieron en Vietnam, porque ustedes no conocen al vietnamita”.

Fuerte crítico de los proyectos de extracción de bauxita, este menudo hombre aún es una voz respetada en Vietnam, aunque hace años salió de las altas esferas del poder para retirarse a su villa.

Con sagacidad autóctona, el también llamado Napoleón Rojo suplió sus lagunas como táctico con un tesón a prueba de balas, al punto que sus aportes estratégicos se estudian en academias militares.

Pero sobre todo, legó un ejemplo de voluntad inquebrantable de avanzar a cualquier precio en pos de la victoria, enseñando que nada importa más que la Patria, ni siquiera la propia vida.

Las siempre engrasadas guillotinas galas decapitaron a su cuñada, y su primera esposa, la tailandesa Dang Thi Quang, murió mientras cumplía cadena perpetua, pero Francia no rindió al incómodo Giap.

Él mismo experimentó la prisión por su militancia política y su activa participación en las conspiraciones contra la metrópoli gala, que incluso mató a su padre cuando era apenas un niño de ocho años.

Poco después moría una hermana, víctima de vejaciones y torturas sufridas en prisión, así como una cuñada que recién había regresado de estudiar en la antigua Unión Soviética.

Hombre extremadamente inteligente, que habla francés con fluidez, Giap fue un autodidacta que llevó durante casi cuatro décadas las riendas del ejército vietnamita, y por ende del pueblo.

Se forjó en la doctrina guerrera de Mao y la adaptó a la insondable idiosincrasia del vietnamita, fortaleza que explotó casi tan magistralmente como las debilidades enemigas.

Además, a veces un revés militar redundó en contundente victoria política, que a la postre inclinaban la balanza a su favor, como ocurrió durante la Ofensiva del Tet, en 1968.

Quizás toda la ebullición interna que ocultaba su rostro sereno le valió el apodo “Ge Luo” o “Volcán bajo la nieve”, como llamaban al héroe de Dien Bien Phu y de la huída yanqui de Saigón.

Licenciado en Derecho y profesor de Historia, admiró las gestas nacionalistas de su país, vencedor ante las recurrentes invasiones chinas gracias a la guía de generales como Tran Hung Dao.

En junio de 1940 conoce en China a Ho Chi Minh, quien le confió el brazo armado del movimiento Viet Minh, impresionado por sus vastos conocimientos de historia militar y su carácter.

En 1945, el Viet Minh luchaba simultáneamente contra la ocupación japonesa y el colonialismo francés, con unos cinco mil combatientes que fueron el núcleo del Ejército de Liberación Nacional.

Ya promovido a general, Giap es ministro del interior del primer gobierno democrático de Vietnam, el 2 de septiembre de 1945.

El fracaso de las negociaciones de Fontainebleu reactiva la guerra con Francia y Giap vuelve al campo de batalla, donde derrota a generales de elite, como Le Clerc, Revair y De Lattre de Tassigny, el único que pudo vencerlo en varios combates.

Los franceses perdieron más de 300 mil hombres en esa guerra, y Paris apuesta por el general Navarre para guiar la legión en Indochina, aunque su mayor debacle estaba por llegar.

El 13 de marzo de 1954, los vietnamitas abrieron fuego contra el bastión galo de Dien Bien Phu, lanzando varias oleadas cuya última, el primero de mayo, aniquiló a un enemigo ya desmoralizado.

El 7 de mayo, el general Giap aceptó la capitulación del general Christian de Castries, tomando prisioneros a 16 mil hombres, y tras derribar 62 aviones enemigos.

La movida genial de Giap fue dispersar a 70 de los 84 batallones móviles que tenía Francia en Indochina, impidiéndoles apoyar a los cercados en Dien Bien Phu, en una paciente guerra de desgaste.

Después vendría la guerra contra el gobierno títere de Saigón, y de nuevo Giap, como comandante en jefe del Ejército Popular, tuvo que enfrentarse ante tropas mejor equipadas, de nuevo las derrotó.

La realidad le demostró que el enfrentamiento directo no era la solución, y retomó la guerra de guerrillas, poniendo la naturaleza al servicio de la lucha contra un invasor incapaz de adaptarse.

Tras la victoria del 30 de abril de 1975, Giap admitía que “el armamento norteamericano era el más moderno del mundo, pero el factor determinante en la guerra, es el hombre”.

El héroe de Dien Bien Phu organizó la defensa del Norte y dirigía las operaciones en el Sur, amplió la ruta de suministros Ho Chi Minh y preparó minuciosamente la gran ofensiva del Año Nuevo Lunar.

Aunque las graves pérdidas humanas sugieren una derrotar militar, la Ofensiva del Tet advirtió a Estados Unidos y al mundo que el “Viet cong” jamás sería derrotado y la guerra se eternizaría.

En 1972, Giap organizó la Ofensiva de Pascua y después comenzó a cederle protagonismo a su compañero y sucesor, el general Van Tien Dung, quien comandó la Ofensiva de Primavera y la toma de Saigón en 1975.

En 1980, tras derrotar la invasión china a las provincias de Cao Bang, Loa Cai y Lang, Giap sale del Ministerio de Defensa y un año después del Buró Político del Partido Comunista, dedicándose de lleno a escribir.

En julio de 1992, recibe la orden de Estrella de Oro, el honor más alto de Vietnam, como reconocimiento a sus aportes históricos a la independencia, reunificación y defensa de la soberanía nacional.

Ahora lo consideran el “hermano mayor” del Ejército Popular, al que dotó de tal movilidad que llegó a decirse que intentar frenarlo era como “intentar sacar sangre de una piedra”.

A sus 100 años, el mítico general aún se niega a rendirse, aunque la muerte solamente podrá lograr una victoria aparente llevándose su cuerpo, pues hace rato Giap conquistó la inmortalidad histórica.

1 Esta nota fue escrita desde Hanói en Agosto de 2011, cuando se conmemoraba el centenario del natalicio del general Giap (25 de Agosto). La primera edición de Cienflores se publicó pocos días antes de su fallecimiento a los 102 años. Una multitud, en todo el territorio vietnamita, asistió a su ultima despedida. En todo el mundo también se rindieron homenajes póstumos.

2 Charly Morales Valido es periodista de Prensa Latina. Al momento de escribir este artículo era Corresponsal en Vietnam y para la cobertura en todo el sudeste asiático. Actualmente es miembro de la Redacción de Cultura de PL. (N. del Ed.)

Vo Nguyen Giap. Centenario de un héroe excepcional3

Por Luis Manuel Arce4

Hace unos días el general vietnamita Vo Nguyen Giap cumplió cien años de edad. Es muy probable que sea el último con vida de los héroes de Dien Bien Phu y de los patriotas que siguieron a Ho Chi Minh en aquella guerra de liberación contra los colonialistas franceses.

Giap, todo el mundo lo sabe, fue el creador de la teoría de la guerra de todo el pueblo que sirvió de base a las guerras que su pueblo tuvo que librar casi consecutivamente hasta el 30 de abril de 1975, incluida, por supuesto, la realizada contra Estados Unidos.

Quiero recordar esta anécdota en su cumpleaños, como un homenaje a su pensamiento político y su genio militar.

Corría el año 1968 y estaba bien avanzada la primavera boreal de mucho trabajo para los corresponsales por la Ofensiva del Tet que había estremecido hasta sus cimientos la estructura militar de Estados Unidos en el sur de Vietnam.

Llamaba tremendamente la atención la increíble capacidad de recuperación de las tropas norteamericanas a los golpes recibidos por las Fuerzas Armadas Populares de Liberación (FAPL), y que le impedía a éstas consolidar las posiciones atacadas.

En una conversación con Hoang Tung, entonces director del diario Nhan Dan y miembro del Comité Central del Partido de los Trabajadores, le hice el comentario y le pedí gestionara una entrevista con Giap. Aunque muy breve, pude lograrla a pesar de sus ocupaciones.

Después de algunas explicaciones de la actualidad en el terreno militar que para entonces eran noticias, y viendo la casi imposibilidad de que las FAPL tomaran la base de Kontum a pesar del acoso tan fuerte y sostenido a la que la tenían sometida, le hice un comentario al general.

Kontum evidencia, como otras bases atacadas por las FAPL, le dije, el descomunal poderío del ejército estadounidense.

Él asintió sin mencionar palabras. Le hice la pregunta:

—“¿Cómo ustedes podrán enfrentar y vencer, además, ese poder de acero (aviones, barcos, tanques, cañones), armas y dinero de la potencia más grande del mundo?”

Su respuesta fue inmediata, diría que casi ni pensada, lo que me llamó mucho la atención.

—“Con nuestra cultura milenaria, la historia, el patriotismo y las tradiciones del pueblo, que son imbatibles”.

En ese momento no me di cuenta de que, en una extraordinaria síntesis, me estaba transmitiendo los fundamentos esenciales de la guerra de todo el pueblo, y los pilares de su convicción, como militar y político, de que el triunfo sería del pueblo.

Siete años después, en las playas de Nha Trang, cuando estaba alcanzando a las tropas de liberación que ya ocupaban Saigón en la última etapa de la Operación Ho Chi Minh, me encontré al general, pantalones arremangados, metido en el mar y echando agua con sus dos manos sobre la cabeza, refrescándose del intenso calor.

Nos saludamos. El fotógrafo Walfrido Ojeda nos tomó una foto para la historia. Le dije: “General, triunfó la cultura”.

Él se sonrío, me puso una mano en el hombro y me invitó a tomarnos un agua de coco sentados ambos en la arena a la sombra de un cocotero. Fue sensacional.

3 Artículo publicado, al igual que el anterior, con motivo del centenario del general Vo Nguyen Giap

4 Luis Manuel Arce es periodista, con gran experiencia internacional. Fue Corresponsal de Prensa Latina en Uruguay, Perú, Venezuela y España. Cubrió para el periódico Granma toda la guerra en Vietnam, incluidos los bombardeos de los B-52 a Hanói y Haiphong y el minado de los puertos. Participó en el desfile de la victoria en Saigón en mayo de 1975. Primer periodista extranjero en penetrar en la abandonada embajada de Estados Unidos en Saigón. Es autor de Vietnam: tres batallas decisivas, entre otros libros. Actualmente es vicepresidente de la Asociación de amistad Cuba-Vietnam y corresponsal de PL en Panamá. (N. del Ed.)


Comandante en jefe del Ejército Popular de Vietnam, general Vo Nguyen Giap.

Nota a la edición en francés

Sentimos profunda satisfacción al publicar la traducción francesa de una serie de artículos escritos por el general Vo Nguyen Giap, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido de los Trabajadores de Vietnam, viceprimer ministro y ministro de la Defensa Nacional de la República Democrática de Vietnam, comandante en jefe del Ejército Popular de Vietnam.

En esos artículos el autor ha descrito la guerra de liberación del pueblo vietnamita con sus particularidades propias y destacado los secretos de su triunfo: movilización de toda la nación, organización de un ejército del pueblo, unión de todas las organizaciones y patriotas en un Frente Nacional Unido, dirección certera del Partido de la clase obrera. Ha dedicado especial atención al problema de la construcción y la dirección de las fuerzas armadas revolucionarias en Vietnam.

En suma, es la síntesis de las experiencias adquiridas por el pueblo vietnamita en el curso de una larga lucha contra el colonialismo por la independencia nacional, lucha coronada en 1954 por la extraordinaria victoria de Dien Bien Phu y la firma de los acuerdos de Ginebra.

Consideramos que la publicación de esta colección de artículos es oportuna.

Es verdad que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial el mapa de Asia, África y América latina ha sufrido profundas alteraciones, que otros pueblos conseguirán rápidamente su independencia, que el colonialismo va irremediablemente a su ruina. La guerra de Argelia ha entrado en su séptimo año. La sedicente “acción de la ONU” en el Congo se ha desenmascarado como un complot contra la patria de Lumumba. Cuba está diariamente expuesta a las provocaciones norteamericanas. En la mitad de su suelo el mismo Vietnam está todavía bajo el azote de un neocolonialismo made in USA.

Ojalá que todos nuestros amigos que, como nosotros, sufren todavía los ataques y las amenazas del imperialismo, puedan encontrar en “Guerra del pueblo, Ejército del pueblo”, lo que hemos hallado nosotros mismos: nuevos motivos de fe y esperanzas.

Ediciones en Lenguas Extranjeras

Hanói

Prólogo

Consideramos un alto honor prologar este libro basado en los escritos del general Vo Nguyen Giap, actualmente viceprimer ministro, ministro de la Defensa Nacional y comandante en jefe del Ejército Popular de la República Democrática de Vietnam. El general Giap habla con la autoridad que le confiere su larga experiencia personal y la del Partido en la lucha de liberación. La obra, que tiene de por sí una actualidad permanente, reviste más interés, si cabe, debido a la tumultuosa serie de acontecimientos ocurridos en los últimos tiempos en esta región de Asia y a las controversias surgidas sobre el uso adecuado de la lucha armada como medio de resolver las contradicciones insalvables entre explotadores y explotados, en determi­nadas condiciones históricas.

Los combates que, exitosamente, llevaran durante lar­gos años los heroicos ejércitos y el pueblo entero de Vietnam, se repiten ahora; Vietnam del Sur está en pie de guerra; la parte del país arrebatada a su legítimo dueño, el pueblo vietnamita, está cada vez más cerca de la victoria. Aun cuando los enemigos imperialistas amenacen con enviar miles de hombres, los desaforados hablen del uso de la bomba atómica táctica y el general Taylor sea nombrado embajador en la llamada “República de Viet­nam del Sur” y, tácitamente, comandante en jefe de los ejércitos que tratarán de liquidar la guerra del pueblo, nada impedirá su derrota. Muy cerca, en Laos, se ha encendido la guerra civil, provocada también por las maniobras de los norteamericanos, apoyados de una mane­ra u otra por sus aliados de siempre, y el reino neutral de Camboya, parte, como sus hermanos Laos y Vietnam, de la antiguamente llamada Indochina Francesa, está sujeto a violaciones de sus fronteras y a ataques permanentes, por su posición enhiesta en defensa de la neutralidad y de su derecho a vivir como nación soberana.

Por todo esto, la obra que prologamos rebasa los límites de un episodio histórico determinado y adquiere vigencia para toda la zona; pero, además, los problemas que plantea tienen particular importancia para la mayor parte de los pueblos de América Latina sometidos al dominio del imperialismo norteamericano, sin contar con que sería de extraordinario interés el conocimiento de ella para todos los pueblos del África que día a día sostienen luchas cada vez más duras, pero también repetidamente victoriosas, contra los colonialistas de diversa índole.

Vietnam tiene características especiales; una civilización muy vieja y una larga tradición como reino independiente con particularidades propias y cultura autóctona. Dentro de su milenaria historia, el episodio del colonialismo francés apenas es una gota de agua. Sin embargo, sus cualidades fundamentales y las opuestas del agresor, igua­lan, en términos generales, las contradicciones insalvables que se presentan en todo el mundo dependiente, así como la forma de resolverlas. Cuba, sin conocer estos escritos, así como tampoco otros que sobre el tema se habían hecho narrando las experiencias de la Revolución China, inició el camino de su liberación por métodos parecidos, con el éxito que está hoy a la vista de todos.

Por tanto, esta obra plantea cuestiones de interés general para el mundo en lucha por su liberación. Pueden resumirse así: la factibilidad de la lucha armada, en condiciones especiales en que hayan fracasado los méto­dos pacíficos de lucha de liberación; el tipo que debe tener ésta, en lugares con grandes extensiones de terreno favorable a la guerra de guerrillas y con población campe­sina mayoritaria o importante.

A pesar de que el libro está basado en una recopilación de artículos, tiene buena hilación y ciertas repeticiones no hacen más que darle mayor vigor al conjunto.

Se trata en él de la guerra de liberación del pueblo vietnamita; de la definición de esta lucha como guerra del pueblo y de su brazo ejecutor como ejército del pueblo; de la exposición de las grandes experiencias del Partido en la dirección de la lucha armada y la organización de las fuerzas armadas revolucionarias. El capítulo final versa sobre el episodio definitivo de la contienda, Dien Bien Phu, en el que ya las fuerzas de liberación ganan en calidad y pasan a la guerra de posiciones, derrotando también en este terreno al enemigo imperialista.

Se empieza narrando cómo, después de acabada la guerra mundial con el triunfo de la Unión Soviética y de las potencias aliadas del Occidente, Francia burló todos los acuerdos y llevó a una situación de extrema tensión a todo el país. Los métodos pacíficos y racionales de resolver las controversias fueron demostrando su inutilidad, hasta que el pueblo tomó la vía de la lucha armada; en ésta, por las características del país, el peso fundamen­tal recaía en el campesinado. Era una guerra de caracterís­ticas campesinas, por los lugares fundamentales de acción y por la composición fundamental del ejército, pero estaba dirigida por la ideología del proletariado, haciendo válida una vez más la alianza obrero-campesina como factor fundamental de la victoria. Aunque en los primeros momentos, por la característica de la lucha anticolonialis­ta y antiimperialista, era una guerra de todo el pueblo y una gran cantidad de gentes cuya extracción no respondía exactamente a las definiciones clásicas de campesino po­bre o de obrero, se incorporaba también a la lucha de liberación, poco a poco se definían los campos y comen­zaba la lucha antifeudal, logrando entonces su verdadero carácter de antiimperialista, anticolonialista, antifeudal, dando como resultado el establecimiento de una revolu­ción socialista.

La lucha de masas fue utilizada durante todo el transcurso de la guerra por el Partido vietnamita. Fue utilizada, en primer lugar, porque la guerra de guerrilla no es sino una expresión de la lucha de masas y no se puede pensar en ella cuando ésta está aislada de su medio natural, que es el pueblo; la guerrilla significa, en este caso, la avanzada numéricamente inferior de la gran mayoría del pueblo que no tiene armas pero que expresa en su vanguardia la voluntad de triunfo. Además, la lucha de masas fue utilizada en las ciudades en todo momento como arma imprescindible para el desarrollo de la lucha; es bien importante significar que nunca en el transcurso de la acción por la liberación del pueblo vietnamita, la lucha de masas nada entregó de sus derechos para acoger­se a determinadas concesiones del régimen; no parlamentó sobre concesiones mutuas, planteó la necesidad de obtener determinadas libertades y garantías sin contrapartida algu­na, evitando así que, en muchos sectores, la guerra se hiciera más cruel aún de lo que la hacían los colonialistas franceses. Este significado de la lucha de masas en su carácter dinámico, sin compromisos, le da una importan­cia fundamental a la compresión del problema de la lucha por la liberación en Latinoamérica.

El marxismo fue aplicado consecuentemente a la situa­ción histórica concreta de Vietnam y por ello, guiados por un Partido de vanguardia, fiel a su pueblo y consecuente en su doctrina, lograron tan sonada victoria sobre los imperialistas.

Las características de la lucha, en donde hubo que ceder terreno y esperar muchos años para ver el resultado final de la victoria, con vaivenes, flujos y reflujos, le dan el carácter de guerra prolongada.

Durante todo el tiempo de la lucha se pudo decir que el frente estaba donde estaba el enemigo; en un momento dado, éste ocupaba casi todo el país y el frente estaba diseminado por donde el enemigo estuviera; después hubo una delimitación de líneas de combate y allí había un frente principal, pero la retaguardia enemiga constituía constantemente otro escenario para los bandos en lucha, de manera que la guerra fue total y que nunca los colonialistas pudieron movilizar cómodamente, en un te­rreno de base sólida, sus tropas de agresión contra las zonas liberadas.

La consigna “dinamismo, iniciativa, movilidad, deci­sión rápida ante situaciones nuevas”, es la síntesis suma de la táctica guerrillera, y en esas pocas palabras está expresado todo el dificilísimo arte de la guerra popular.

En ciertos momentos, las nuevas guerrillas, alzadas bajo la dirección del Partido, estaban todavía en lugares en los cuales la penetración francesa era muy fuerte y la pobla­ción estaba aterrorizada; en esos casos, practicaban cons­tantemente lo que los vietnamitas llaman la “propaganda armada”. La propaganda armada es simplemente la presen­cia de fuerzas de liberación en determinados lugares, que van mostrando su poderío y su embatibilidad, sumidas en el gran mar del pueblo como el pez en el agua. La propaganda armada, al perpetuarse en la zona, catalizaba las masas con su presencia y revolucionaba inmediatamen­te la región, agregando nuevos territorios a los ya obteni­dos por el ejército del pueblo. Es así como proliferaron las bases y las zonas guerrilleras en todo el territorio vietnamita; la táctica, en este caso, estaba resumida en una consigna que se expresa así: Si el enemigo se concentra, pierde terreno, si se diluye, pierde fuerza; en el momento en que el enemigo se concentra para atacar duramente, hay que contraatacar en todos los lugares donde renunció al empleo disperso de sus fuerzas; si el enemigo vuelve o ocupar determinados lugares con peque­ños grupos, el contraataque se hará de acuerdo con la correlación existente en cada lugar, pero la fuerza funda­mental de choque del enemigo se habrá diluido una vez más. Esta es otra de las enseñanzas fundamentales de la guerra de liberación del pueblo vietnamita.

En la lucha se ha pasado por tres etapas que caracteri­zan, en general, el desarrollo de la guerra del pueblo: se inicia con guerrillas de pequeño tamaño, de extraordinaria movilidad, diluibles completamente en la geografía física y humana de la región; con el correr del tiempo se producen procesos cuantitativos que, en un momento dado, dan paso al gran salto cualitativo que es la guerra de movimientos. Aquí son grupos más compactos los que actúan, dominando zonas enteras, aunque sus medios son mayores y su capacidad de golpear al enemigo mucho más fuerte; la movilidad es su característica fundamental. Después de otro periodo, cuando maduran las condicio­nes, se llega a la etapa final de la lucha en que el ejército se consolida e, incluso, a la guerra de posiciones, como sucedió en Dien Bien Phu, puntillazo a la dictadura colonial.

En el transcurso de la contienda que, dialécticamente, se va desarrollando hasta culminar, en el ataque de Dien Bien Phu, en guerra de posiciones, se crean zonas liberadas, o semiliberadas del enemigo que constituyen territorios de autodefensa. La autodefensa es concebida por los vietnami­tas también en un sentido activo como parte de una lucha única contra el enemigo; las zonas de autodefensa pueden defenderse ellas mismas de ataques limitados, suministran hombres al ejército del pueblo, mantienen la seguridad interna de la región, mantienen la producción y aseguran el abastecimiento del frente. La autodefensa no es nada más que una parte mínima de un todo, con características especiales; nunca puede concebirse una zona de autode­fensa como un todo en sí, es decir, una región donde las fuerzas populares traten de defenderse del ataque del enemigo mientras todo el territorio exterior a dicha zona permanece sin convulsiones. Si así sucediera, el foco sería localizado, atenazado y batido, a menos que pasara inme­diatamente a la fase primera de la guerra del pueblo, es decir, a la lucha de guerrillas.

Como ya hemos dicho, todo el proceso de la lucha vietnamita debió basarse fundamentalmente en el campesi­nado. En un primer momento, sin una definición clara de los contornos de la lucha, ésta se hacía solamente por el interés de la liberación nacional, pero poco a poco se delimitaban los campos, se transformaba en una típica guerra campesina y la reforma agraria se establecía en el curso de la lucha, cuando se profundizaban las contradic­ciones y, a la vez, la fuerza del ejército del pueblo; es la manifestación de la lucha de clases dentro de la sociedad en guerra. Esta era dirigida por el Partido con el fin de anular a la mayor cantidad posible de enemigos y de utilizar al máximo las contradicciones con el colonialismo de los amigos poco firmes. Así, conjugando acertadamente las contradicciones, pudo el Partido aprovechar todas las fuerzas emanadas de estos choques y alcanzar el triunfo en el menor tiempo posible.

Nos narra también el compañero Vo Nguyen Giap la estrecha ligazón que existe entre el Partido y el ejército; cómo, en esta lucha, el ejército no es sino una parte del Partido dirigente de la lucha; de la estrecha ligazón que existe a su vez entre el ejército y el pueblo; cómo ejército y pueblo no son sino la misma cosa, lo que una vez más se ve corroborado en la síntesis magnífica que hiciera Camilo: “el ejército es el pueblo uniformado”. El cuerpo armado, durante la lucha y después de ella, ha debido adquirir una técnica nueva, técnica que le permita superar las nuevas armas del enemigo y rechazar cualquier tipo de ofensiva.

El soldado revolucionario tiene una disciplina conscien­te. Durante todo el proceso se caracteriza fundamentalmente por su autodisciplina. A su vez, en el ejército del pueblo, respetando todas las reglas de los códigos milita­res, debe haber una gran democracia interna y una gran igualdad en la obtención de los bienes necesarios a los hombres en lucha.

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9789874039231
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