Kitabı oxu: «Tu familia como Dios la quiere»
TU FAMILIA,
COMO DIOS LA QUIERE
Desarrollando y Manteniendo
Buenas Relaciones en el Hogar
Dr. Wayne A. Mack
Publicaciones Faro de Gracia P.O. Box 1043Graham, NC 27253USA
Publicado por:
Publicaciones Faro de Gracia
P.O. Box 1043
Graham, NC 27253
www.farodegracia.org
ISBN 978-1-629462-28-8
Agradecemos el permiso y la ayuda brindada por el Dr. Wayne Mack y P & R Publishing, (P.O. Box 817, Phillipsburg, New Jersey, 08865) para traducir e imprimir este libro, Your Family, God’s Way, al español.
© 1991 Todos los Derechos Reservados, Wayne A. Mack
Traducido por Lisa Rentz y Raul Martinez Arredondo
Todas las historias personales en este libro, con la excepción de las de mi familia, han sido “despersonalizadas” cambiando los nombres y rasgos personales para proteger la identidad y confidencialidad de los individuos. Sin embargo, son basadas en la práctica personal de aconsejamiento a parejas y familias por muchos años.
Ninguna parte de esta publicación se podrá reproducida, procesada en algún sistema que la pueda reproducir, o transmitida en alguna forma o por algún medio–electrónico, mecánico, fotocopia, cinta magnetofónica u otro–excepto para breves citas en reseñas, sin el permiso previo de los editores.
© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Contenido
PARTE 1 El Cimiento de las Relaciones Familiares Que Honran a Dios
1 LO PRIMERO ES LO PRIMERO ¡ESPOSO Y PADRE AL MÁXIMO!
2 ALGO HA PASADO CON LUPITA LA ESPOSA Y MADRE SATISFECHA Y CUMPLIDORA
3 CÓMO CULTIVAR LAS RELACIONES ENTRE PADRES E HIJOS A LA MANERA DE OLIVO
PARTE 2 Desarrollando las Relaciones Familiares Que Honran a Dios
4 YO ESCUCHÉ LO QUE NO DIJISTE
5 COMO ESCUCHAR LO QUE NO ES DICHO
6 LA CHARLA, LA AMENAZA SILENCIOSA
7 BASTANTE ES BASTANTE Y DEMASIADO ES DEMASIADO
8 BLOQUEADORES DE CIRCUITO EN LA COMUNICACION
9 A DECIR LA VERDAD
10 AHORA SI, ESTAS HABLANDO
11 TENER LOS OIDOS ABIERTOS
PARTE TRES Manteniendo las Relaciones Familiares Que Honran a Dios
12 POR QUÉ PELEAN LAS FAMILIAS
13 EL OFICIAL DE LA PAZ QUE NECESITA CADA FAMILIA
14 CAMBIANDO LA DISCORDIA FAMILIAR EN CONCORDIA
PARTE 1 El Cimiento de las Relaciones Familiares Que Honran a Dios
1 LO PRIMERO ES LO PRIMERO¡ESPOSO Y PADRE AL MÁXIMO!
Cuando la mayoría de la gente observaba a Gregorio (un seudónimo), veían en él todos los signos del éxito. Era un hombre bien vestido, inteligente, tenía una esposa atractiva y culta y dos niños dotados. A la edad de cuarenta era muy rico; además, era un líder distinguido en su congregación. Gregorio parecía ser el modelo de un hombre de éxito.
Sin embargo, allí estaban sentados, él por un lado y su esposa por el otro lado, frente a mí, en mi oficina de consejería. Aparentemente habían venido a buscar consejo para tratar con un pariente problemático; pero era evidente que el problema verdadero eran ellos mismos. Gregorio tenía éxito en muchas áreas de la vida, pero en lo verdaderamente vital no estaba bien. Tanto él como su esposa concordaban en que él tenía serias deficiencias como esposo y padre.
Su esposa estaba bien lastimada y se sentía apartada de él. “Lo admiro mucho,” reconoció, “pero no siento que en realidad él me quiera o me respete. No deja acercarme. Yo quiero que convivamos más, especialmente en las cosas espirituales. Pero no hay manera.” Gregorio reconoció que estaba descomponiendo su relación por cosas que él había hecho o dejado de hacer. Confesó, “Mi esposa es muy piadosa, cariñosa, pero yo no pongo la parte que me corresponde de cooperación en el hogar”.
Gregorio y su esposa no se estaban animando mutuamente ni se estimulaban uno al otro al amor y las buenas obras (Prov. 27:17; Heb. 10:24, 25). En sus relaciones con sus hijos había casi nada de acercamiento emocional. Él no estaba muy interesado en compartirles la instrucción (consejo) y disciplina del Señor. Por descuido, eso había llegado a ser responsabilidad de su esposa, principalmente. Su influencia en la vida había sido mínima. De hecho, cuando sus hijos llegaron a la adolescencia, la distancia entre ellos se hizo más grande.
Gregorio representa cientos de hombres que conozco y miles que no he conocido. Tal vez tú seas uno de ellos. Tal vez no tengas tanto éxito en los negocios como él, y creas que eres un cristiano que quiere ser un mejor esposo y padre.
LA CLAVE
En este capítulo, quiero compartir contigo la perspectiva de Dios, que nos muestra el factor más importante para llegar a ser esposo y padre. Dios ve este factor como la clave para convertir a un hombre en una bendición poderosa para su familia. Este es el elemento que hacía falta en la vida de Gregorio.
¿Cuál es este factor clave? Salmo 128:1-4 lo describe así: “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa. Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová.”
Aquí tenemos un cuadro de los varios aspectos de la familia ideal de Dios: cómo son, cómo funcionan, cómo se relacionan uno con el otro, y lo que los esfuerza y motiva para lograrlo. En este capítulo vamos a considerar lo que el salmo enseña sobre el esposo y padre. En los siguientes dos capítulos vamos a enfocar nuestra atención en la descripción de la esposa y madre y los hijos.
LOS BENEFICIOS DE TEMER A DIOS
Este salmo indica que para ser el tipo de esposo y padre que Dios quiere que seas, debes ser un hombre que teme a Dios (v.1, 4). Un temor apropiado de Dios te va a convertir en una bendición extraordinaria para tu esposa y tus hijos. Serás apreciado por tu familia. Llegarás a ser un esposo y padre efectivo. El temor de Dios va a ser la tierra en donde crecerá tu influencia positiva y la razón básica que hará que tu familia se levante y te bendiga. Te animo a meditar en lo que la Biblia dice que te va a ocurrir, a un hombre que teme a Dios.
Dios dice que los que temen a Dios:
1. Recibirán instrucción divina en cuanto a las selecciones que deben hacer (Sal. 25:12).
2. Son prósperos en todo (Sal. 25:13; 112;3).
3. Experimentan la bondad de Dios (Sal. 31:19).
4. Son objeto especial de la protección de Dios (Sal. 31:20).
5. Tienen hijos a quienes Dios muestra gran compasión (Sal.103:11-18).
6. Tienen descendientes que van a ser grandes en la tierra (Sal.112:2).
7. Son motivados a ser amables y generosos (Sal.112:4, 5)
8. Van a demostrar más confianza y valentía (Sal.112:6-8; Prov.14:26)
9. Van a experimentar el contentamiento (Sal. 112:5, 6; Prov. 19:23)
10. Van a ser gente de oración, y sus oraciones serán escuchadas (Sal. 145:19)
11. Son bendecidos con sabiduría (Prov.1:7; 9:10)
12. Aceptan la enseñanza y apacibles (Prov. 8:13; 14:26; 15:33; Hech. 9:31).
13. Se caracterizan por su integridad y su lealtad (Job. 2:3).
14. Son considerados y amables (Sal. 112:4-5).
15. Son notables por su conversación constructiva (Mal. 3:16).
16. Son pacientes, esperanzados y genuinos (Sal. 147:11).
17. Perseveran en hacer lo bueno (Sal. 112:3, 5; 2 Cor. 7:1).
18. Trabajan duro, pero no tanto como para no dedicar un tiempo a la diversión (Sal.128;3).
19. Aceptan la responsabilidad de su propia familia pero sin exceso (Sal.128:3).
20. Están dedicados a su familia y la consideran una fuente de mucha satisfacción (Sal.128:1-4).
21. Se deleitan en adorar a Dios (Apoc.14:7).
22. Aman las Escrituras y ordenen su vida según los mandamientos de Dios (Sal. 112:1; Ecl.12:13).
¿Cómo aplica todo esto mi amigo Gregorio a sus problemas de familia? Ciertamente, él necesitaba instrucciones específicas para los temas que lo involucran como esposo y padre. En el curso de consejería, discutimos estos temas en detalle. Él necesitaba un temor de Dios sano y prudente en su vida.
LO QUE ES EL TEMOR DE DIOS
¿Qué quiere decir “ser un hombre que teme a Dios”? Respuestas confusas a esta pregunta te pueden impedir construir una familia como Dios quiere. Algunas personas tienen un temor a Dios que es pesado, hasta opresivo. Si piensan en Dios les provoca ansiedad, miedo o pavor. Su temor a Dios es debilitante; una maldición en vez de una bendición. Creen que Dios está para agarrarlos, que es malhumorado, vengativo e irritante.
Un ejemplo de esta clase de temor lo vemos en la historia que Jesús contó sobre los tres hombres que recibieron los talentos. Dos de los hombres invirtieron sus talentos y produjeron ganancias. El tercero no puso a trabajar su talento. Cuando los llamaron a dar cuentas, éste último explicó su inactividad diciendo, “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento” (Mat. 25:24-25, énfasis añadido).
El miedo de este hombre lo hizo inútil para actuar. El concepto que tenía de su maestro era de un déspota vengativo que se deleitaba en avergonzar a la gente, y dar rienda suelta a la venganza. Tal actitud derrotista refleja la visión de mucha gente hoy en día. Viven con miedo de otras personas, las circunstancias o lo que pueda pasar. Consideran a Dios de la misma manera que este hombre de la historia veía a su maestro.
Pero el temor de Mat. 25:25 no es el temor de Dios descrito en el Salmo 128. El primero te va a empobrecer y a tu familia; y el segundo va a enriquecer tu vida. El miedo de Mat. 25:25 causará que seas inseguro, descontento, no perdonador, odioso, autoritario o esclavo. Pero el temor del Salmo 128 produce efectos opuestos: es constructivo, no destructivo, te llevará hacia Dios, no te mandará lejos de Él; te va a estimular a la acción responsable, no a engendrar pereza; te motivará a que busques a los demás, no a esconderte; te ayudará a servir a otros y a disminuir tu egoísmo y a demoler otros temores que te han impedido vivir con confianza, gozo y fruto.
Las Escrituras aseveran que si estás en unión con Cristo Jesús, no tienes porqué estar cautivo a un miedo que involucra el pavor a Dios. Si no has experimentado el perdón de Dios por la redención de Cristo, tienes toda la razón para tener miedo de Dios porque nunca has hecho las paces con Él. Pero si has confiado en Cristo para la salvación y el perdón de tus pecados, confesándolo como Señor, la Biblia dice que, no tienes causa de estar bajo este tipo de miedo. Dios te ha dado el espíritu de ser Su hijo y el derecho de llamarle Padre (Rom. 8:15). Y como hijo del Padre celestial, amoroso y compasivo, eres un heredero de la gloria (Rom. 8:17), estás justificado, reconciliado con Dios y salvado de la ira de Dios por medio de Jesús (Rom. 5:9-10). Por tu relación con Jesús, no tienes que estar perturbado al pensaren Dios. De hecho, ahora tienes toda la razón para gozarte en Dios, temiéndolo en la manera positiva, descrita en el Salmo 128. Y eso nos lleva a preguntar exactamente que quiere decir temor de Dios.
De manera sencilla: el temor de Dios es la respuesta inevitable de un entendimiento creciente y bíblico de, y una relación con, el verdadero y viviente Dios quien ha sido revelado por Jesucristo.
La esencia del temor de Dios lo ilustra vívidamente la vida de Moisés en Éxodo 15:1-18. Antes de este pasaje, Moisés tuvo una experiencia que engrandeció bastante su concepto de Dios. El Señor había rescatado milagrosamente y con poder a Su pueblo de la destrucción segura a manos de los egipcios. Dios había partido las aguas del mar Rojo y permitido a los Israelitas.
EL PODER MOTIVADOR DEL TEMOR DE DIOS
Un temor de Dios sano y prudente hará lo mismo por ti y por mí. Un sentido más amplio 1) de la presencia de Dios, 2) de la majestad incomparable de Dios, 3) de la misericordia abundante y gracia de Dios, 4) de la lealtad de Dios, 5) de tu dependencia en Dios y tu responsabilidad hacia Él, 6) de tu relación con Dios y la prioridad de esa relación, 7) de la perfección suprema de Dios cambiará la dirección de tu vida, en todo aspecto, te llevará a una entrega amorosa y sin reservas a Dios; te impulsará a estructurar tu vida, ordenar tus asuntos y relaciones y a hacer decisiones según la voluntad de Dios. Vas a ser un hombre que camina con Dios en comunión íntima. Tu vida girará alrededor de Él para que puedas decir con Pablo, “para mí el vivir es Cristo”. Vas a estar estimulado y fortalecido para relacionarte con tu esposa y tu familia, a la manera de Dios. Llegarás a ser el hombre bendito (feliz) del Salmo 128, que se convierte en una bendición para su esposa y sus hijos. Construir una familia como Dios quiere no quedará como “el sueño imposible”, sino que será una realidad.
ADQUIRIENDO Y MANTENIENDO EL TEMOR DE DIOS
Este nos lleva muy naturalmente a la pregunta ¿cómo puede uno conseguir y mantener este sano temor de Dios? Esto es posible sólo si has nacido en Jesucristo. Solo, vas a temer a Dios en la manera sofocante y destructiva descrita previamente. No requieres una obra especial de Dios en tu vida para estar aterrorizado de Dios. Pero temer a Dios en la manera apropiada es otro asunto. Este requiere una obra de gracia Dios en tu vida. El Espíritu Santo te tiene que impulsar a nacer de nuevo espiritualmente y ser redimido del pecado por la obra de Jesucristo.
Sin salirse este asunto, Pedro nos reta a vivir nuestra vida en temor reverente, cuando conocemos que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Cristo (1 Ped. 1:17-19). Parece que Pedro está diciendo que nuestra redención en Cristo proporciona una doble razón para que tengamos temor de Dios: 1) Debe inspirar un gran concepto de Dios por la manera en que nos salvó. Hemos sido librados del castigo y del poder de nuestro pecado por, nada menos que, la muerte del propio Hijo de Dios, Jesucristo. 2) Pedro afirma que la redención de Cristo incluye la liberación de nuestro antiguo estilo de vida, en lo cual faltaba un temor reverente de Dios (Rom. 3:18).
Tal vez ahora estás pensando, “soy cristiano, pero el temor de Dios no es muy fuerte en mi vida.” Este era el problema de Gregorio: había confesado a Jesucristo como su Señor y Salvador; quería agradar a Dios pero su temor de Dios era pequeño, y su relación con Él, superficial. En tal caso, ¿qué más necesitas para desarrollar en tu vida una conciencia más amplia del Dios vivo y verdadero?
La Palabra de Dios que nos llega por medio de Jeremías nos da pistas importantes en este asunto: “y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.” (Jer. 32:38-40).
Toma nota cuidadosa de lo que este pasaje dice de los que temen de Dios. La gente de Dios, los que pertenecen a él temen a Dios. Le temen porque Dios los inspira a hacerlo y no como una inclinación natural. Él les da unidad de corazón y acción. Pablo reconoce eso y escribió, “Dios, que mandó que a las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”(2 Cor. 4:6). Pablo dijo que nunca comprenderíamos la majestad y gloria de Dios a menos que Dios encienda la luz en la oscuridad de nuestro corazón. Él tiene que proveer la iluminación de nuestro hombre interior si queremos entender Su esplendor.
EL FACTOR ORACIÓN
Por su convicción, Pablo frecuentemente pide a Dios que se revele. En Efesios, escribe, “Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al glorioso Padre, que les conceda el don espiritual de la sabiduría y se manifieste a ustedes, para que puedan conocerlo verdaderamente.” (Ef. 1:17, Dios Habla Hoy) Mas tarde, en la misma epístola, dice, “Pido.... que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender... cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, para que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios.” (Ef. 3:17-19)
Debemos observar varios factores importantes en estos pasajes. Estos son oraciones dirigidas a Dios, como si fuera algo dirigido a los lectores de la epístola. Pablo no está exhortando ni amonestando directamente a sus lectores. Está orando, pidiendo a Dios que haga algo en esas vidas. Ciertamente, esto implica que sin la ayuda de Dios, no podemos experimentar lo que está describiendo. Además, me impresiona el hecho de que esta petición particular era una que frecuente y continuamente llevó delante de Dios. Dice, “Pido” (tiempo presente), no pedí (tiempo pasado).
Cuando estudias las oraciones de Pablo por los efesios, reconoces que están enfocadas en una sola cosa. El enfoque de las oraciones de Pablo es que Dios nos dé sabiduría y revelación para que podamos conocerle mejor. Para Pablo, el cumplimiento de esta petición era la fuente que abre un mundo de bendición. Si eres un hombre temeroso de Dios, vas a orar porque temes a Dios. Y, mientras oras bien, tu sano temor de Dios va a ser alimentado e incrementado porque oras. Va a ser una dinámica que te habilitará para construir tu familia como Dios quiere.
¿Te acuerdas de Gregorio? Quería ser un buen esposo y padre. Trabajaba duro para dar lo mejor a su familia. Lo quería de veras. Pero reconocía que algo andaba mal en su relación con su familia y con Dios. Gregorio era tan dotado y exitoso en la mayoría de lo que hacía que había llegado a ser demasiado autosuficiente. Estaba tan ocupado que descuidó su vida de oración. Las señas evidentes de esto era una relación distante con Dios y un impacto limitado en su familia. No puedes desarrollar una conciencia de Dios sana y prudente o construir una familia como Dios quiere sin una vida de oración significativa. Sin embargo, la importancia que la oración tenga en esta conexión, es sólo una pieza del rompecabezas.
“ESTAD QUIETOS Y RECONOCED”
Según el Salmo 46, para fomentar una conciencia controlada y penetrante debes “estar quieto y reconocer” que Él es Dios. Esto quiere decir que tomes tiempo de tu marcha frenética de la vida para reflexionar en quién y qué es Dios. El salmo 46 describe a un hombre esperanzado, seguro y valiente en medio de circunstancias inusualmente difíciles. No es su temperamento natural; ha llegado a ser este tipo de hombre porque ha tomado el tiempo de “estar quieto y reconocer que (Él) es Dios.” Te insto a que tu prioridad regular sea el estar quieto y meditar en Dios como está revelado en Jesucristo. Las Escrituras declaran que la gloria de Dios está manifiesta en la faz de Jesús (2 Cor. 4:6). Cristo es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Heb. 1:3). Toma tiempo constantemente para reflexionar en la persona y la obra de Jesucristo; quién es y qué hizo, qué está haciendo y qué hará. Busca conocerlo personalmente, habla con Él de lo que tengas en mente.
Observa las escenas de Jesús que nos muestra en el Nuevo Testamento, y trata de hacer una visión de lo que está pasando. Considera cómo vivía y se relacionaba con la gente, igualmente lo que hizo y habló. Imagina lo que estaba pensando o sintiendo. Toma nota de cómo le respondía la gente.
Observa su majestad, su gracia, su sabiduría, su compasión, su justicia, su poder. Mira con frecuencia hacia la cruz donde Jesús murió por tus pecados. Considera el sepulcro vacío de donde resucitó, y los ángeles lo declaraban ser el Hijo de Dios. Imagínate en el monte de Olivos, de donde ascendió a la presencia de Dios el Padre. Contempla el lugar del trono de Dios, donde está sentado, poseyendo toda la autoridad sobre los cielos y la tierra, y desde allí está intercediendo por ti y gobernando todo por el bienestar de la Iglesia. Considera lo que quiere decir todo esto para tu relación con el mundo, con la gente, con la historia y contigo.
Busca junto con Pablo conocer a Cristo de una manera más completa (Fil. 3:10). Que tu conocimiento de Cristo sea de primera mano y no de segunda. He animado a algunas personas que quieren aumentar su relación personal con Jesús a que tengan un momento de compañerismo con Jesús cada hora. Un hombre arregló la alarma de su reloj para que sonara cada hora; esto le recordaba que era tiempo de ir a platicar con Cristo y reflexionar en la Palabra de Dios. Este receso en su rutina fue “la pausa que refresca”, y lo ayudó a desarrollar una vida más piadosa y centrada en Cristo.
LA BIBLIA, CARTA DE DIOS
Considera que, como la Biblia es básicamente una revelación de quién y qué es Dios, tu relación con Dios será alimentada cuando medites fielmente en Su Palabra. “ Las Escrituras... dan testimonio de mí,” dijo Jesús en Juan 5:39. David relata que “El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo...el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre” (Sal. 19:7-9). Fíjate que este pasaje tiene una relación muy íntima con “el temor del Señor”. David dice esto porque sabe que el resultado inevitable del estudio apropiado de la Palabra de Dios incrementará la veneración a Dios. Reconoce que los que van a la Biblia constante y sumisamente para encontrar a Dios no serán defraudados. Porque la Biblia es el libro de Dios (2 Tim. 3:16, 17). Dios ha revelado en ella sus atributos, sus obras, sus propósitos, su voluntad para su pueblo, sus intenciones, sus planes, sus deseos y sus castigos para el mundo que lo rechaza.
Acepta que Dios te está hablando cuando lees las Escrituras. Léelas como leerías una carta de tu amigo más allegado. Los dos están haciendo contacto. De esa manera estás conociendo mejor a tu amigo. Recibe los dichos de la Biblia como el consejo de tu Padre celestial, tu Señor y Salvador personal, el grande y temible Dios de la creación y la redención. No veas sus enseñanzas como reglas abstractas para la vida, o sólo obligaciones. Responde a la Palabra de Dios como uno que por gracia ha sido aceptado en la familia del ser más maravilloso del universo. Ve las Escrituras como una invitación a profundizarte en una relación con tu majestuoso, infinito Padre y Redentor.
Gregorio ha estado aprendiendo esta lección básica. ¿Has aprendido igual que él? Si sí, entonces estás en camino de construir tu familia como Dios quiere. Si no, te animo a arrepentirte, y con la gracia de Dios reorienta tu vida para poner lo primero en primer lugar. Va a ser un mundo de diferencia para ti y tu familia.
TAREAS PARA ESTUDIO Y APLICACIÓN
Haz las tareas individualmente, y luego comenta tus respuestas con tu cónyuge o tu grupo de estudio.
1. Reflexiona (o si es necesario, revisa) este capítulo y contesta las siguientes preguntas
a. Describe en tus propias palabras el problema en la vida de Gregorio y cómo estaba afectando a su familia.
b. ¿Cómo describe el Salmo 128 al esposo o padre de familia que quiere Dios? ¿Cuál es el aspecto más sobresaliente de la vida de este hombre descrito en este salmo?
c. Según la Biblia, ¿por qué es tan importante la relación de un hombre con Dios para sí mismo y para su familia? ¿Cuáles beneficios promete Dios a la persona (y su familia) que hace de su relación con Dios una prioridad?
d. ¿Cuáles dos tipos de “temor de Dios” fueron mencionados en este capítulo? Describe el tipo de temor de Dios que es destructivo. ¿Cuáles ejemplos de la Biblia ilustran este tipo de temor? ¿Puedes pensar en algunos ejemplos históricos o contemporáneos de gentes que tienen el temor de Dios destructivo? ¿Cómo ha afectado este tipo de temor a esas vidas y a las familias? ¿Por qué la gente ha temido a Dios de esta manera? ¿Es real este temor para ellos? ¿Es justificable?
e. Describe el tipo de temor de Dios que es saludable y constructivo. ¿Cómo se le explicarías a alguien que no tiene un concepto bíblico del temor de Dios? ¿Cuáles son sus aspectos? ¿Cuáles ejemplos bíblicos ilustran este temor de Dios? ¿Qué efecto tenía en su vida y su familia?
f. ¿Puedes pensar en unos ejemplos históricos o contemporáneos de gentes que tienen este temor de Dios constructivo? ¿Qué efecto ha tenido en esas vidas y en las familias?
g. ¿Cuáles instrucciones fueron dadas para desarrollar este sano temor de Dios? Tienes algunas sugerencias para poder mantener vivo este vital temor de Dios (o relación con Él)?
h. ¿Estás de acuerdo con la tesis primaria de este capítulo, de que una relación sana con Dios es el aspecto más importante para que seas el tipo de esposo y padre que Dios quiere? ¿Por qué sí? O ¿por qué no?
i. Evalúa tu relación actual con Dios. (Excelente____, Buena____, Regular_____, Pobre____, No existe_____) Explica por qué diste esa respuesta. (Si tienes dificultad en contestar estas tres preguntas, el inciso 2, de abajo, debe ser algo de ayuda)
j. En la práctica, y no sólo en teoría, ¿estás poniendo lo primero en primer lugar? (Con regularidad_____, Con frecuencia____, A veces_______, Rara vez________, Nunca________) Da razones de tu respuesta.
k. ¿Hay alguna manera en que puedes mejorar tu relación con Dios? (Sí_____, No_____, Tal vez_____). Si es sí, ¿cómo?
2. Medita la lista de los 22 beneficios mostrados en este capítulo, que son prometidos a la persona que teme a Dios. Considera lo que cada uno quiere decir en términos prácticos y de comportamiento. Lee cada declaración y pregúntate: ¿Es esto verdad en mi vida? Con regularidad (=4), Con frecuencia (=3), Algunas veces (=2), Rara vez (=1), Nunca (=0). Según estas declaraciones, el temor de Dios afectará la vida de un hombre en ciertas maneras. Así que, en cierta medida, puedes usar estos beneficios como un medio para evaluar, realmente, la profundidad y la condición de tu relación con Dios. Después de calificarte en cada una de las 22 declaraciones, haz una lista de los lugares donde te calificaste con 0, 1 ó 2. Medita sobre cómo puedes mejorar tu relación con Dios. Tal vez vas a querer escribir una declaración de compromiso, poner tu nombre y firmar, de lo que vas a hacer. Pide diariamente la ayuda de Dios para hacer las mejorías deseadas. Refiérete a tu lista con frecuencia como el medio para evaluarte y motivarte.
3. ¿Qué revelan los siguientes versículos bíblicos acerca de la relación de Abraham con Dios, especialmente de su temor de Dios? ¿Hay indicaciones de cómo Abraham desarrolló y mantuvo su temor de Dios? ¿Qué impacto tuvo en su vida y su familia? Trata de captar las ideas específicas de los que estás haciendo o debes hacer para desarrollar tu relación con Dios y construir tu familia como Dios quiere. En cada pasaje, pregúntate: ¿Que dice Dios de mi relación con Él? ¿Cómo debo aplicar esto a mi vida y a mi familia? ¿Cómo estoy aplicando la enseñanza de este pasaje?
a. 2 Crón. 20:7
b. Isa. 41:8
c. Sant. 2:23
d. Gén. 12:1-8
e. Gén. 13:8, 9
f. Gén. 14:14
g. Gén. 14:22, 23
h. Gén. 14:24
i. Gén. 21:10, 11
j. Gén. 21:11, 12
k. Rom. 4:19-21
4. Estudia los siguientes versículos, y nota lo que cada uno implica: 1) la excelencia de Dios; 2) el temor de Dios; 3) lo que debe ser nuestra relación con Dios; 4) el lugar que debe tener Dios en nuestra vida; 5) cómo desarrollar el temor de Dios y 6) lo que pasa con una persona que teme a Dios.
a. Gén. 5:22
b. Éxo. 15:11
c. Éxo. 34:6, 7
d. Deu. 6:13; 10:12
e. 2 Cró. 20:6-19
f. Sal. 19:7-11
g. Sal. 34:7, 11
h. Sal. 128:1
i. Sal. 130:4
j. Sal. 139:1-6
k. Sal. 139:7-10
l. Sal. 139:13-16
m. Sal. 139:23, 24
n. Sal. 147:11
o. Prov. 1:7
p. Prov. 8:13
q. Prov. 14: 26, 27
r. Prov. 19:23
s. Prov. 28:14
t. Isa. 40:10-31
u. Mat. 10:28
v. Rom. 8:26-39
w. Rom. 11;36
x. Apo. 4:8-11
y. Apo. 5:9-14
z. Apo. 15:3, 4
5. Reflexiona en lo que acabas de estudiar y responde a la siguiente pregunta: ¿Qué diferencia debería hacer todo esto en mi propia vida y en mis relaciones familiares?
Notas:
1. Para más estudio sobre los temas de oración efectiva, cómo aprovechar tu Biblia y desarrollar tu relación con Dios, recomiendo los siguientes recursos: Conociendo a Dios, por J. I Packer; Confiando en Dios, por Jerry Bridges; Entre Walden y el Torbellino, por Jean Fleming; Orar Con Tus Ojos Abiertos, por Richard Pratt; Cómo Orar con Efectividad, por Wayne Mack (cinta); El Uso Práctico y Provechoso de la Biblia, por Wayne Mack (cinta); Meditación Espiritual, por Wayne Mack (2 cintas). Puedes comprar los libros en una librería cristiana, o en Biblical Counseling and Living Supplies, 2299 Brodhead Road, Bethlehem, Pa. 18017.
2. Información adicional con consejo específico para esposos puede ser encontrada en tres libros de Wayne A. Mack; Fortaleciendo Tu Matrimonio, Un Manual de Tarea para Vida Bíblica, Vol 2 (Philipsburg, N:J.; Presbyterian and Reformed, 1977 y 1980) y Preparando Para el Matrimonio Como Dios Quiere (Tulsa, Okl.; Hensley, 1986). Cintas cassette por Wayne Mack sobre relaciones entre esposo y esposa, relaciones sexuales, y finanzas están disponibles. Estos materiales de estudio pueden ser conseguidos en Biblical Counseling and Living Supplies, 2299 Brodhead Road, Bethlehem, Pa. 18017.
2 ALGO HA PASADO CON LUPITALA ESPOSA Y MADRESATISFECHA Y CUMPLIDORA
Hasta donde recordaba, Lupita (un seudónimo) había anhelado ser esposa y madre. Su deseo más grande en la vida era casarse y tener hijos.
Cuando tenía cuatro años, sus padres se divorciaron. Lupita no volvió a ver a su padre biológico. Su relación con su madre y padrastro (porque su madre se había casado otra vez) era indiferente. Triste y sola, Lupita no se sentía cómoda con otra gente. Al ser considerada inferior, superflua, y no apreciada, deseaba casarse algún día y tener su propia familia. Entonces pertenecería a alguien; y amaría y sería amada.
Lupita se casó a la edad de 17 años. Al año tuvo su primer hijo. Después tuvo otros dos hijos. Ella y su esposo se habían convertido en cristianos y estaban involucrados en una buena iglesia. Su esposo era fiel, amoroso y cordial. Su negocio era retador, pero iba bien.
Ahora Lupita tenía el esposo y la familia que siempre había anhelado pero aún no estaba contenta. Aunque tenía lo que había pensado que la iba a satisfacer, todavía se consideraba fracasada. Se sentía presionada, culpable, temerosa, inadecuada, y agobiada. Estaba desorientada como persona, esposa y madre.
Para buscar una solución a su congoja, Lupita decidió realizar nuevas actividades. Como era muy trabajadora, con muchas habilidades, obtuvo una posición de responsabilidad en una empresa, y se convirtió en una mujer con carrera. También se hizo más activa en su iglesia y otra organización cristiana. La gente la veía como una mujer que podía cumplir estas cosas. Aún estaba descontenta; la depresión dominaba con más frecuencia su vida.
Lupita no quería continuar así. Necesitaba un cambio. Fue así que vino en busca de ayuda a fin de conseguir satisfacción y verse realizada.
SI BUSCAS AYUDA
Tal vez te identificas con Lupita; quizá no tan negativamente como ella, pero sientes que algo te hace falta. Quieres ayuda para ser la persona, esposa, y madre satisfecha y cumplidora que anhelas ser. En el fondo anhelas dirección y confirmación del plan que Dios tiene para ti, y para tener una perspectiva más clara de tu misión de formar tu familia como Dios quiere.
Eso quería Lupita, y lo consiguió. Han pasado varios años desde que buscó ayuda por primera vez. Desde entonces, ha estado en proceso de ser una persona diferente. Hoy en día, no se siente obligada a trabajar muy duro, o tan temerosa, ni tan inestable como antes. Aunque a veces se ve tentada en estas áreas, ha visto victoria significativa sobre sus problemas pasados.
Recientemente, Lupita me escribió una nota diciendo,“ Me da gusto decirle que mis viejas amigas (la congoja y la depresión que experimentaba) ya no me visitan como antes. Estoy mucho más contenta, segura y satisfecha.”
¿QUE PASÓ CON LUPITA?
¿Qué hizo la diferencia? Lupita está encontrando satisfacción y seguridad por medio de un entendimiento más profundo del propósito de Dios para ella como persona, esposa y madre. Ahora se analiza con más frecuencia desde la perspectiva de Dios, tratando de reestructurar su vida según la dirección de Dios. Reconoce que no tiene que ser una “súpermujer” tratando de alcanzar alguna meta ilusoria. Ahora tiene un cuadro más claro de lo que Dios quiere que sea y que haga, y cómo cumplirlo. Y en eso, está encontrando satisfacción.
Obviamente, no puedo compartir todo lo que Lupita ha aprendido en los cursos de consejería. Sin embargo, voy a compartir algunas verdades básicas que adquirió, las cuales le ayudaron a mejorar su vida.
En un capítulo previo vimos en el Salmo 128 lo que Dios dice del papel del esposo y padre en la familia. Ahora quiero enfocarme, usando el mismo salmo, en lo que Dios dice a la esposa y madre. Una satisfacción real personal (éxito) es la secuela de una vida centrada en Dios con la cual hace que la persona agrade a Dios.
LA PALABRA DE DIOS A LA ESPOSA Y MADRE
Dios podía haber usado cientos de símiles para describir a la madre de familia, pero escogió describirla como vid (Sal. 128:3). Para nosotros hoy en día, tal vez no es una descripción muy significativa pero para la gente de los tiempos bíblicos era muy diferente.
Una vid tenía significado grandioso, simbolizaba lujo, valor y prosperidad, algo muy deseado y que valía la pena tener una. Cuando Dios describió la buena tierra a donde llevaba a su pueblo, dijo que sería una tierra de vides (Deut. 8:7, 8). Cuando el rey de Asiria trató de persuadir al pueblo de Israel a someterse a su dominio, les prometió que cada uno tendría su propia viña (Is. 36:16). Dios dignificó el concepto de la vid al designar a su pueblo como su viña preferida, con la que tuvo una relación muy íntima y única (Jer. 2:21, Ose. 10:1). Jesús rindió el honor máximo a la vid al identificarse a sí mismo con ella y decir que Dios, Su Padre era el labrador (Juan 15:1, 5).
Del contexto de Juan 15, es evidente que Jesús usó la vid para describirse a sí mismo porque la vid simboliza vida, refrigerio y ministerio. Jesús es, por excelencia, todas estas cosas: “Separados de él, no podemos hacer nada” (Juan 15:5). Estamos absolutamente dependientes de Él como fuente de la vida. Él es nuestra vid.
¿Podría nuestro Señor haber rendido mejor honor a la esposa y madre? ¿Nos podía haber impresionado de mejor manera su importancia y responsabilidad en el hogar? Mujeres, Dios subraya su ministerio estratégico comparándolas con una vid.
LUPITA, LA VID
Lupita necesitaba entender y creer realmente esta verdad bíblica. Desde su niñez, había pensado de sí misma como despreciada, inmerecida e inaceptable ante Dios, su familia o la sociedad. Y en esta condición vino a consejería. Ella necesitaba aceptar el hecho de que Dios la había hecho una vid y le había dado un ministerio estratégico con su esposo y sus hijos. Sí, había pecado; había fallado; no era la esposa y madre perfecta; con todo, había lugar para una mejoría. Como pecadora redimida estaba unida a Cristo, compartiendo su vida y morada del Espíritu Santo, su vida tenía un significado y potencial. Dios la llama vid, y Lupita necesitaba comprender lo que esta palabra implicaba para su vida.
La palabra de Dios dice que ella es para su familia lo que Cristo para su gente; ciertamente no en el sentido máximo ni absoluto, pero su ministerio debiera ser una reflexión del ministerio de Cristo. Eso la hace importante, y así es con cada esposa y madre.
LA VID FRUCTIFERA
Toma nota que en el Salmo 128 Dios no sólo llama vid a la esposa y madre, sino una vid fructífera (Sal. 128:3). Algunas vides no benefician a nadie ni a nada; pueden verse muy bien pero nunca llevan fruto, sólo ocupan espacio y requieren mucha atención, y también absorben nutrientes de otras plantas y pueden pasarles enfermedades.
Mujeres, Dios las ha puesto en el mundo y en su familia para ser productivas, para hacer una contribución importante, para ser una vid fructífera. En el tiempo de la creación, Dios dijo al hombre y a la mujer: “Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Gen. 1:28). Observa que Dios dio este mandamiento al hombre y la mujer. La mujer iba a hacer pareja con el hombre para ser fructíferos y reinar sobre la tierra. En otro pasaje Dios dijo que la mujer era ayuda idónea para el hombre (Gen. 2:18). Sabemos que la palabra “ayuda” no sugiere la idea de inferioridad porque va junto a la palabra “idónea” que puede ser traducida “correspondiente a”, “adecuado” o “apropiado”. La mujer debe ser una ayudante que corresponde al hombre, que encaja con él, que es capaz. No se separa del hombre, y lo ayuda a cumplir lo que él nunca podría hacer por sí solo. Ella añade dimensiones que son igualmente importantes. Juntos hacen un equipo para lograr, con la fuerza de Dios, el propósito diseñado para ellos.
Es interesante notar que esta palabra aplicada a la mujer muchas veces las Escrituras la aplican a Dios ( Deut. 33:29; Sal. 25:9; 121:1, 2). Por ser Dios quienes, Él es el único “ayudador” que necesitamos, pues no podemos existir sin Él. Y por ser la mujer quienes por creación divina, ella es la verdadera ayudador a que el hombre necesita para cumplir sus responsabilidades que Dios le ha asignado en el mundo y en el hogar.
LA NATURALEZA DEL FRUTO
Si todo eso es verdad, ¿qué clase de fruto quiere Dios que des? Dios da muchos las detalles en numerosos pasajes bíblicos.
Ciertamente el fruto del Espíritu descrito en Gal. 5:22, 23 es parte de este “fructificad”. Dios quiere que tu vida sea llena de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Cuando Jesús dijo, “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8), estaba hablando principalmente del fruto del Espíritu. Cada vez que produces fruto espiritual, los que te rodean ven el poder y la gloria de Dios manifestados en tu vida.
En la clase de familia que Dios quiere, la esposa y madre debe preocuparse más en ser que en hacer; más en lo que es que en la forma que hace algo. La conducta cristiana tiene sus bases en el carácter cristiano. Por eso el impacto que tienes para Dios y la ayuda que prestas a otros depende de la obra del Espíritu en tu propia vida.
Pedro enfatiza este mismo pensamiento cuando dice a las esposas, “estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos (1 Ped. 3:1-5).
Pedro está enfatizando que la manera más efectiva de que seas fructífera en tu familia es por medio de tu vida. Todos los esfuerzos que hagas para ayudar a tu esposo serán en vano a menos que tu vida manifieste el carácter cristiano: la realidad de Cristo en ti.
LA MUJER COMO “VID FRUCTIFERA”
Creo que no hay otro pasaje que nos dé más luz de lo que significa ser esposa y madre a la manera “de vid fructífera” que Prov. 31:10-31.
Su esposo y sus hijos la respetan mucho y se levantan en público para alabarla (v. 28). Su vida impacta la de ellos, de tal manera que la aprecian. Y su influencia va mucho mas allá de su hogar y la sociedad. Es reconocida, respetada y apreciada en todos los aspectos. El mundo es un lugar mejor gracias a ella (vv. 16, 20, 24, 31).
Por lo menos hay dos razones por las que ciertos detalles de este cuadro no son aplicados directamente a las mujeres de hoy en día, en países desarrollados. Primero, algunos detalles no describen el mundo de hoy. En v. 16, por ejemplo, el comprar y plantar una parcela era una característica de una sociedad agraria. Igualmente, el huso y la rueca eran comunes en los hogares de aquel tiempo (v.19). Segundo, esta mujer evidentemente poseía algunos recursos que no estaban al alcance de todos en aquellos días, ni hoy. Tenía sirvientas (v. 15), dinero con el cual comprar una parcela y vestimenta lujosa (vv. 16, 21, 22).
Pero los principios generales encontrados en este recuento son aplicables universalmente. El carácter y la conducta de esta mujer quedan como ejemplo maravilloso de una esposa y madre de la clase de familia que Dios quiere. Ella es, en muchas maneras, un ejemplo de lo que cada cristiana debiera ser.
CACACTERISTICAS DE UNA ESPOSA Y MADRE, “VID FRUCTIFERA”
Vamos a ser más específicos en lo que quiere decir una esposa y madre a la manera de “Vid Fructífera”. Según el v. 30, la vid fructífera es una mujer que teme a Dios y tiene a Dios en el centro de su vida. Al igual que el esposo de Lupita. 128, tiene un concepto grande de Dios, una conciencia acertada, creciente y bien centrada en el Dios vivo y verdadero. Para ella, Dios es una poderosa realidad. Lo bueno que de ella mana es debido al concepto grande que tiene de Dios. Él es su todo, su fuerza motivadora, su poder, su esperanza, su consejero. El secreto de su fructífera vida no está en su personalidad dinámica, su fuerza de voluntad, su hermosura, su situación placentera, sus habilidades especiales, su buen entrenamiento, sus dones naturales, o su esposo o sus hijos excepcionales. Su vida admirable brota de su relación vital y profunda con Dios.
¿EL SUEÑO IMPOSIBLE?
Tal vez hayas leído el pasaje de Proverbios. 31 y lo has declarado irreal, imposible. Si es así, has dado por sentado que eres dependiente en ti misma para desarrollar este tipo de vida. Viendo tu pasado, tu presente, tus recursos y tu situación has dicho, “¡Eso no es posible!” Eso es porque no reconoces que tu suficiencia queda en manos de Dios, y llegar a ser este tipo de persona es producto de una relación íntima y personal con Dios. De otra manera todo lo que leas te va a abrumar.
Eso es lo que pasó con Lupita. Tenía una opinión alta de lo que eran sus responsabilidades, un excesivo sentido del deber. Se estaba impulsando hacia la perfección sin saber siquiera lo que eso era. Todo lo que sabía era que debía y sin embargo, nunca podría alcanzar su meta mítica. Su objetivo era hacer todo lo posible por “elevarse a la altura de”, para luego juzgarse fracasada, se derrumbaba en frustración y cansancio. Luego se reanimaba, se arremangaba la camisa, y a repetir el proceso una y otra vez. La repetición de estas escenas por varios años la había llevado al desaliento, la desilusión, la desesperanza y la depresión.
Lupita profesaba ser cristiana pero su relación con Dios no era muy dinámica. De hecho, consideraba las obras como parte de su actitud hacia Dios. Las dos palabras más grandes de su vocabulario eran “hacer” e “ir”. Se sentía deprimida al saber que estaba fallando a Dios y a su familia.
Por estar involucrada en una iglesia que predicaba la Biblia, sabía algo de enseñanza bíblica. Intelectualmente sabía que Dios justifica (nos declara justos y acredita a nuestra cuenta los méritos de Cristo) por gracia (favor inmerecido) por medio de la persona y la obra de Cristo solamente; pero en la práctica, no lo aplicaba ni en su vida ni en su forma de pensar. Lupita temía a Dios pero en el sentido negativo, pues lo veía como un capataz duro que exigía de ella cosas imposibles, y que estaba listo para caer sobre ella en cuanto errara. Sabía conceptualmente que para los cristianos Dios es el Padre celestial, glorioso y lleno de gracia y compasión. Pero en la parte más sustancial de su vida ella se enfocaba en su deber.
Como resultado, su relación con Dios era impersonal y lúgubre. Sabía poco de este concepto grande y sano de Dios que enriquece y refuerza. Al tratar de producir el fruto de la vida cristiana sin cultivar la raíz, estaba empezando donde debía terminar.
Al acumular nuevos discernimientos en la vida cristiana y su relación con Dios, empezó a experimentar un nuevo tipo de libertad. Dedicarse a conocer a Dios fue su primera prioridad, descubrió un nuevo sentido de significado, aceptación, poder y seguridad; ahora se sentía mucho más satisfecha.
LAS PRIORIDADES DE PROVERBIOS 31
Un estudio cuidadoso de Proverbios 31 nos lleva a una sola conclusión: Una esposa y madre que teme a Dios es una persona orientada hacia la familia. El Salmo 128 dice que es una vid fructífera dentro de la casa. Proverbios 31 enfatiza que esta mujer cuida excelentemente a su familia. Aunque no está restringida a la casa (vv. 13, 14, 16, 20), está totalmente dedicada a su familia como su ministerio número uno. No descuida a su familia mientras hace otras cosas importantes.
“Su esposo confía plenamente en ella” (v.11 Dios Habla Hoy) o, como dice la versión Reina-Valera 60, “El corazón de su marido está en ella confiado.” Él sabe que ella está comprometida con él, y le tiene confianza sin reserva. Esto quiere decir que depende de ella para sustento y ayuda, sabiendo que no buscará en vano. El verbo hebreo encontrado en esta frase literalmente quiere decir “apoyarse sobre”. Implica que esta mujer es confiable. Cuando su esposo necesita una oreja que le escucha, cuando está cansado y desanimado, sabe que ella será un refugio para él. Cuando comparte sus miedos, sus sueños, sus gozos, sus problemas, confía en que no va a ridiculizarlo ni rechazarlo por eso. Puede contar con ella será amorosamente honesta con él. Su esposo sabe que puede depender de su apoyo en oración mientras enfrenta los desafíos y responsabilidades de la vida. Ella es su fuente de refrigerio y enriquece y motiva su vida. No se deleita en herirlo, más bien siempre está presta para atenderlo (v. 11, 12, 23, 28). Sin duda es una persona dedicada a su esposo.
La alabanza del esposo en público es prueba de cómo ella se relaciona con él. La valora más que a todas las mujeres del mundo (v. 28, 29). Ella no ha descuidado ni a él ni a su familia por ocuparse de sus propios intereses. Es sensible, disponible y merecedora de confianza, ha sido una vid fructífera.
El pasaje también dice mucho de la relación de esta mujer con sus hijos. Leemos que sus hijos se levantan y la bendicen, y, junto con su esposo, dicen: “Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.”(v. 29). No dirían esto si ella fuera gruñona, quisquillosa, caprichosa, amargada o manipuladora. Están impresionados por su piedad, manifestada en carácter y conducta nobles, y aprecian la manera en que ella se ha dedicado a su familia.
LA CISTERNA DE LA SUPERMUJER
Lupita necesitaba aprender esta perspectiva de su familia. Amaba y cuidaba muy bien a su familia, pero estaba contaminada por un sistema de valores no bíblicos que le decía que para ser valiosa, tenía que ser una súpermujer. Esto implicaba tener una educación superior, una carrera y ser líder de—o por lo menos activa en—muchas organizaciones y actividades.
Inicialmente en su matrimonio, Lupita trataba de encontrar satisfacción y significado de ser una esposa y madre dedicada. Para su consternación, no le traía los resultados deseados. En su desaliento, empezó a añadir muchas actividades nuevas a su horario y finalmente se cargó con responsabilidades de líder. Tristemente, lo que se supone la iba a traer alivio sólo aumentaba su angustia. Se tornó bulímica, desanimada, ansiosa, y frustrada. Al fin Lupita se dio cuenta que estaba tratando de refrescarse en “cisternas rotas” que nunca pueden satisfacer. Había estado buscando significado en la gente y las cosas, menos en Dios. Había dejado dominar sus pensamientos sus propias opiniones y ideas de otras personas.
LA PERSPECTIVA DE DIOS
Al cambiar la actitud de Lupita hacia Dios, también alteró su actitud hacia su familia. Decidió dejar que Dios determinara lo que realmente tenía valor en su vida. Las Escrituras le hicieron ver que Dios tiene a la familia en un lugar muy importante. Decidió aceptar la opinión que tiene Dios del lugar que su familia debería ocupar en su vida.
Aunque Lupita siguió involucrada en algunas de sus actividades fuera del hogar, las abordó con una actitud y un propósito diferentes. Se estaba convirtiendo en una persona orientada hacía la familia, sirviendo en vez de exigir ser servida, y ministrando más de la plenitud de su relación con Dios que para verse realizada.
La esposas y madres cristianas fueron hechas con el propósito de ser vides fructíferas en sus casas (Sal.128:3). Si eres casada, tu familia debe ser tu ministerio sobresaliente en la vida. La contribución que puedes hacer allí para el reino de Dios y la sociedad no puede ser pasada por alto. No hagas caso al que quiere subestimar la importancia de la familia. Tu Dios declara otra cosa distinta. ¡Créele!
Como la mujer descrita en Proverbios 31, puedes involucrarte legítimamente en muchas cosas fuera del hogar. Se supone que usarás los dones que Dios te dio para servir a Cristo y su pueblo en la iglesia y en la sociedad; y hasta puedes ayudar a otras organizaciones cristianas. Puedes estar empleada legalmente en alguna ocupación fuera del hogar pero te animo a hacer todo para la gloria de Dios y por el bien de tu familia. No dejes que nada interfiera con estas relaciones tan importantes.
LA NECESIDAD DE UN CARACTER NOBLE
En vista de lo que ya vimos la base para la conducta cristiana, podemos enfatizar que la mujer a la manera de la “vid fructífera” es una mujer de “carácter noble” (Prov. 31:10). Lo que hacía era consecuencia de su entrega y su relación con Dios. Su reverencia profunda para Dios había producido dentro de ella una nobleza de carácter, el cual era expresado por las actitudes y acciones ejemplares descritas en ese pasaje: es altruista, generosa, y solícita; tiene cuidado de su familia, de sus servidores y de los pobres y necesitados; es disciplinada, y puede madrugar o trasnochar; cuida su dieta y hace suficiente ejercicio para mantenerse en forma y que sus brazos estén fuertes.
Está contenta y confiada, y disfruta lo que hace. Puede reflexionar sobre lo que ha hecho y percibir que su ventaja es buena. No está tan obsesionada en su trabajo que no tiene tiempo para sentarse y disfrutar de sus labores. Puede acariciar a sus hijos y escucharles. Sospecho que hasta juega con ellos.
Esta mujer sabe sonreír y alegrarse. Su perspectiva del futuro es optimista y positiva. Es divertido estar con ella. Puede relajarse, trabajar duro y confiar en Dios. Le gusta la gente y quiere comunicarse con otros en una manera animada. Abre su boca con sabiduría, y la ley de la bondad está en sus labios.
Algunas cosas en este pasaje sugieren que esta mujer no es necesariamente graciosa, radiante ni de naturaleza hermosa. “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura” (Prov. 31:30). Sin embargo era hermosa en el sentido más importante: su carácter y su conducta. Esto la hacía ser una influencia poderosa en su hogar, entre el pueblo de Dios y en su mundo. Era una vid fructífera.
LOS CUATRO FACTORES ESENCIALES
Esta mujer es el ejemplo para todas las casadas cristianas. Había establecido cuatro prioridades en su vida, las cuales siguen siendo relevantes para las mujeres de hoy: 1) su relación con Dios, (2) su ministerio con su familia, (3) su desarrollo de un carácter piadoso y (4) su expresión de conducta piadosa hacía los demás dentro y afuera de su hogar. Mantén vigentes estas cuatro prioridades en tu vida y también serás una persona a la manera de “vid fructífera”. Tu vida impactará a tu familia, a la iglesia y a la sociedad.
Lupita tenía que aprender esto, y por la gracia de Dios lo hizo. Que Dios en su gracia te ayude a hacer lo mismo.
Tareas Para Estudio y Aplicación
Haz estas tareas individualmente y luego discute las respuestas con tu cónyuge o tu grupo de estudio.
1. Reflexiona sobre (o si es necesario, repasa) este capítulo y contesta las preguntas siguientes:
a. Describe los problemas de Lupita y cómo afectaban a su persona y a su familia.
b. ¿Cómo trató de resolver estos problemas? ¿Cuánto éxito tuvo?
c. ¿Cómo describe el Sal. 128 a la esposa y madre en la familia que Dios quiere?
d. ¿Qué sugiere el símil de la vid respecto de la esposa y madre? ¿Qué sugiere la palabra “fructífero” en cuanto al papel y la responsabilidad de la mujer en la familia?
e. ¿Qué enseña Gén. 2:18 acerca del papel de la mujer en la familia?
f. ¿Qué clase de frutos hará que la mujer sea exitosa en su privilegio y responsabilidad de construir su familia como Dios quiere?
g. ¿Cuál es la primera prioridad de una esposa y madre a la manera de “Vid fructífera”? (Vea Prov. 31:30)
h. ¿Por qué es tan importante esta prioridad en la mujer de Prov. 31? ¿Cómo relaciona esta prioridad con su éxito evidente?
i. ¿Qué se sugiere el que la llamen “mujer de carácter noble”? (Vea Prov. 31:10) ¿Qué es carácter? ¿Está viviendo esta mujer de adentro para afuera o de afuera para adentro?
j. ¿Cómo manifiesta el carácter noble esta mujer?
k. ¿Cómo (Dónde) hace esta mujer su contribución más grande a Dios y a la sociedad?
l. ¿Qué tipo de relación tiene con su esposo y sus hijos? ¿con los que trabajan para ella? ¿con la gente fuera de su hogar?
m. ¿Qué indica Prov. 31 respecto de una actividad fuera del hogar para una mujer?
n. ¿De qué manera Prov. 31 indica que esta mujer estaba satisfecha y satisfacía a los demás?
o. Piensa en dos ejemplos contemporáneos de mujeres que están satisfechas y satisfacen como la mujer de Prov. 31. ¿Encuentras las mismas cualidades en ellas? ¿Cuáles son sus prioridades? ¿En qué forma son iguales y en qué forma son desiguales a esta mujer?
p. ¿Cuáles enseñanzas básicas fueron dadas en el cap. 2 para ser una mujer satisfecha y que satisface a los demás?
q. ¿Tienes algunas sugerencias bíblicas de cómo ser una mujer a la manera de la “vid fructífera”?
r. ¿Cómo describirías tu relación con Dios (respecto de tu temor de Dios)? (Excelente_____, Buena_____, Vacilante _____, Débil_____, Muy débil_____, No existe_____) Da razones para tu evaluación.
s. Evalúate según los parámetros de las enseñanzas de este capítulo. ¿Cómo podrás saber si tú eres una mujer a la manera de la “vid fructífera”—una mujer de carácter, una mujer que reconoce y cumple el papel importante que tiene en su familia, y una mujer cuya conducta refleja generalmente la conducta de la mujer de Prov. 31?
Acepta las diferencias de cultura y situación, y usa los principios básicos. No valores con base en los resultados; sino valora basada en tu propia vida comparada con las prioridades y características descritas. No puedes controlar los resultados en tu esposo, en tus hijos o en la sociedad.
Con la ayuda de Dios, puedes progresar ordenando tu vida según las prioridades mencionadas en este capítulo. Con el poder del Espíritu Santo, puedes crecer en las características descritas. “Al ver mi vida, veo mucha____, algo de____, poca____, nada de____ evidencia que me estoy convirtiendo en una mujer a la manera de la “vid fructífera”. Explica tu evaluación. (Si tienes dificultad en contestar esta pregunta, el inventario de “Vid Fructífera” que encontrarás más adelante, en esta tarea, te ayudará.)
2. Estudia los siguientes versículos acerca de mujeres, esposas, madres, fruto, y ser fructífera. Escribe lo que dicen y la aplicación a tu propia vida. Nota lo que sugieren acerca de los privilegios, las responsabilidades, el papel y el valor de las mujeres.
a. Gén. 1:26-28
b. Éx. 20:12
c. Josué 16:3-6
d. 2 Reyes 4:8-10
e. Prov. 1:8, 9; 6:20; 11:16; 12:4; 14:1; 18:22; 19:14; 20:20; 21:9, 19; 23:22-25; 31:10; 31:11, 12; 31:26; 31:28-31
f. Eze. 24:16
g. Mat. 26:13; 27:55, 56
h. Luc. 1:30-38; 2:36-38; 8:3; 10:42
i. Juan 15:1-16; 20:11-18
j. Hechos 1:14; 2:17, 18; 9:36-39; 16:14-15; 21:9
k. Rom. 16:1-2; 16:3; 16:6; 16:14-15
l. 1 Cor. 7:2-5
m. Efe. 5:22-24, 33
n. Fili. 4:3
o. 1 Tim. 5:1-2; 5:9-14
p. 2 Tim. 1:5; 3:15
q. Tit. 3:2-5
r. 1 Ped. 3:1-6
3. Reflexiona en todo lo que acabas de estudiar y trata de recordar las impresiones más importantes que has recibido para ser una mujer satisfecha y que satisface. ¿Cuáles principios amplios y generales encontraste? Haz una lista.
4. Completa el siguiente inventario. (Como este inventario fue diseñado tanto para esposas como para esposos, los esposos harán bien en usar el mismo inventario). Una evaluación honesta debe resultar en alabanza a Dios por el bien que ha producido en tu vida; confesión a Dios y a otros por pecados revelados; dedicación renovada de construir tu familia como Dios quiere, y buscar la ayuda de Dios en cambiar aquellas cosas que necesitan cambiar.
INVENTARIO DE VID FRUCTÍFERA O CONYUGE DIGNO
Basado en Gál. 5:22, 23; 1 Ped. 3:1-7; Prov. 31:10-31; y otros pasajes bíblicos.
Lee cada declaración con cuidado y luego pregúntate, ¿Es esto verdad de mí, siempre (=4), con frecuencia (=3), a veces (=2), poco (=1), nunca (=0)? Haz un círculo en el número que refleja honestamente lo que es verdad en tu vida. No sobreestimes ni subestimas (Rom. 12:3). Haz de esto una experiencia de aprendizaje.
1. Tengo una relación profunda y significativa con Dios.____
2. Soy amoroso(a). ____
3. Estoy gozoso(a). ____
4. Soy apacible. ____
5. Soy pacificador(a). ____
6. Soy benigno(a). ____
7. Soy paciente, sufrido(a). ____
8. Soy bondadoso(a). ____
9. Soy fiel, confiable, cumplidor(a). ____
10. Tengo dominio de mí mismo(a). ____
11. Tengo carácter noble. ____
12. Me respeta mi familia. ____
13. Estoy dedicado(a) mi familia. ____
14. Cumplo con la familia que Dios me dio. ____
15. Fortalezco a mi familia; soy animador. ____
16. Me dedico a ministrar a otros. ____
17. Soy consistente y constante en hacer lo correcto. ____
18. Soy industrioso(a), trabajador(a). ____
19. Me importan más el carácter, los motivos y actitudes correctos buenos que la hermosura externa. ____
20. Soy agradable. ____
21. No soy trabajador(a) empedernido(a). Puedo gozar de la vida, sonreír y relajarme. ____
22. Básicamente estoy contento(a) y satisfecho(a). ____
23. Soy flexible y aguantador(a). ____
24. Soy considerado(a) con los demás. ____
25. Hago que otros se sientan bien con mi presencia. ____
26. Honro y respeto a los demás. ____
27. Mi manera de hablar es constructiva y sana. ____
28. Practico la prudencia y planeo mis actividades. ____
29. Manejo con sabiduría el dinero; practico la buena mayordomía. ____
30. Estoy dispuesto a sacrificarme por los demás. ____
31. Soy ordenado(a) y organizado(a). ____
32. No soy impulsivo(a). ____
33. Soy accesible a la súplica. ____
34. Soy sincero(a) y honesto(a). ____
35. Soy agradecido(a). ____
36. Estoy comprometido profundamente con Jesucristo. ____
37. Reconozco que necesito constantemente la gracia y la misericordia de Dios. ____
38. Reconozco que cualquier cosa buena que hay en mí es el resultado de la labor de Dios en mí. 43210
5. ¿Qué aprendiste de ti mismo por medio de este estudio? ¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles? ¿Qué diferencia debe hacer todo esto en tu propia vida y en tus relaciones familiares?
Notas:
1 Puedes encontrar información adicional con lineamentos para mujeres en la familia en tres libros de Wayne Mack; Reforzando Tu Matrimonio, Un Manual de Tareas para Vivir Bíblicamente, vol. 2, y Preparando para Matrimonio Como Dios Quiere. Puedes obtener un cassette enfocado en cómo ser una esposa satisfecha y cumplidora. Puedes conseguir estos materiales para estudio en Biblical Counseling and Living Supplies, 2299 Brodhead Road, Bethlehem, Pa. 18017.
3
CÓMO CULTIVAR LAS RELACIONES
ENTRE PADRES E HIJOS
A LA MANERA DE OLIVO
Si te pidiera que describieras las relaciones entre padres e hijos en una familia como Dios la quiere, ¿cuáles palabras usarías? Mejor todavía, ¿cuáles palabras crees que Dios usaría?
No tenemos que especular sobre esto, el salmo 128, la canción de la familia, describe la opinión que Dios tiene de las relaciones entre padres e hijos en la clase de familia que Él quiere: “Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa” (Sal. 128:3). Si sigues los conceptos contenidos en estas palabras te ayudarán a hacer que tu familia funcione efectivamente. Por el contrario, serias dificultades entre padres e hijos emanarán si las verdades contenidas en esta oración son malentendidas o ignoradas.
UNA CASA DIVIDIDA
Enrique y María Brown y su hija Susan (seudónimos) son ejemplos vivos de lo que pasa cuando el concepto del olivo es ignorado. Cuando buscaron asesoria, estaban experimentando una gran disfunción familiar.
En algún tiempo todos profesaron su fe en Cristo pero Susan, de 14 años, ya no reconocía ser cristiana. “Si ser cristiana me va a convertir en alguien como mi mamá, es lo último que quiero,” me explicaba. Susan odiaba a su madre y no tenía ningún interés en el Cristo que pensaba que su madre representaba. Evitaba lo más que podía tener contacto y comunicación con su mamá.
La actitud de Susan hacia su padre, en cambio, era lo opuesto. Normalmente lo respetaba y amaba, y compartía con él libremente lo que pasaba en su vida. Estaba dispuesta a escucharlo, y tomaba en serio sus sugerencias. Susan parecía admirar a su padre por la manera en que aguantaba el abuso de su madre; y al mismo tiempo, lo despreciaba por no tener la voluntad o habilidad de enfrentar tal maltrato. “No sé porqué la aguanta,” solía decir.
Al progresar la consejería surgían más datos, fue evidente que padre e hija habían formado una coalición entre ellos cuando Susan estaba muy pequeña. Por años, María Brown fue considerada una enemiga común (o por lo menos una extraña) por ambos. Enrique buscaba aliento y simpatía en su hija, y Susan dependía de su padre para que la protegiera de su madre, y para justificar sus actitudes y reacciones hacía ella. Juntos hicieron muy buen equipo.
Como era de esperar, la coalición de padre e hija mostró ser una fuente mayor de frustración y hostilidad para María. Parecía que Enrique se preocupaba más en dar gusto a su hija que dar gusto a ella. María también estaba convencida de que Enrique trataba a Susan con demasiada rienda suelta. “La está echando a perder con su indulgencia,” se quejaba. “No sabe, en realidad, lo que ocurre en su vida.”
Todos los datos parecían indicar que Susan no era abiertamente “mala” en el sentido popular. No tomaba drogas ni practicaba la inmoralidad sexual. Cuando trataba a la gente, no era maliciosa, endurecida ni resentida. Con todos, menos con su mamá, era bien educada y respetuosa, y cooperaba en lo que le pidieran. Esta fue mi experiencia con ella, como consejero.
Pero Susan veía nada más dos maneras de resolver su problema de familia: o ella y su padre podían salir juntos, o ella podía salir sola. Tenía la certeza de que ella y su madre nunca podrían vivir en paz en la misma casa.
Varias veces, tratando de aliviar las tensiones, se había quedado varios días con una amiga sin el consentimiento o conocimiento de sus padres. Por lo menos dos ocasiones Enrique había arreglado para que se quedara con una familia cristiana hasta que las cosas en casa estuvieran mejores. A veces decía Enrique mismo, “Ya no aguanto. Tal vez la única solución es que mi hija y yo nos mudemos lejos de María.” De igual manera solía decir María, “Si no cambia Enrique, no puedo prometer que voy a hacer algo. Más le vale que empiece a ser el que dirige o se va a arrepentir.”
En medio de todo esto, los Brown eran gente amable en muchos aspectos. Individualmente, eran simpáticos, honestos, sinceros y generosos. Asistían a su congregación con regularidad y se involucraban en grupos de estudio de la Biblia. Hacían lo que los cristianos deben hacer.
Pero al llegar a las relaciones familiares, no hicieron mucho caso a lo que Dios dice. En muchos asuntos familiares hacían lo que consideraban natural en vez de aplicar lo que dice la Biblia. Enrique tenía sus ideas de lo que era bueno para Susan, y María tenía las suyas. Desdichadamente, chocaban sus ideas. Si llegaban a estudiar juntos las Escrituras, cada uno usaba esta oportunidad para comprobar su propio punto. En vez de buscar ser enseñados, reprendidos, corregidos e instruidos en justicia (2 Tim. 3:16), buscaban versículos para justificar las posiciones que ya tenían.
Como resultado, la casa de los Brown era una casa dividida, destruyéndose mutuamente con su egoísmo. No podrían recibir la bendición como la familia de lo cual habla el Sal.128 hasta que tuvieran voluntad de hacer hincapié en la Palabra de Dios como regla para su familia. Estaban fracasando como familia porque ni Enrique ni María habían entendido claramente o procurado una perspectiva bíblica de las relaciones entre padres e hijos, como lo representa el concepto del olivo. Asegurémonos de no cometer el mismo error.
LOS HIJOS COMO PARTE DEL DESEÑO DE DIOS
Creo que vale la pena notar que cuando Dios inspiró al salmista para escribir esta canción a la familia, intuyó que la familia incluía niños. Para mí, esto parece indicar que normalmente está dentro de la voluntad de Dios que familias tengan hijos. Esta implicación es enseñada específicamente o por lo menos implicado en otros pasajes de la Escritura. En Génesis, Dios da una enseñanza clara al respecto en sus instrucciones a Adán y Eva: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra.” (Gen. 1:28)
En el último libro del Antiguo Testamento, Malaquías desafió la percepción informal que la gente de su día tenía del matrimonio al recordarles que Dios había ordenado el matrimonio. Además dice que una de las razones que Dios tuvo para ordenar el matrimonio fue para criar una descendencia piadosa (Mal. 2:13-16).
La enseñanza del Nuevo Testamento concuerda con estas declaraciones del Antiguo Testamento. En cierto lugar, Pablo dice que quiere que las viudas jóvenes se casen y tengan hijos (1 Tim. 5:14). En otro lugar declara que las mujeres jóvenes sean animadas (o enseñadas) a amar a sus esposos y sus hijos (Tit. 2:4). Esta declaración supone que la mayoría de las mujeres jóvenes se casarán y tendrán hijos.
Por todas estas razones, cuando las parejas dicen que no quieren tener hijos, los alabo por su honestidad, pero también les urjo a que evalúen sus razones. Si la pareja cristiana está en la disyuntiva de si tener hijos o no, debe preguntar —Señor, ¿qué quieres tú que hagamos? Las Escrituras parecen indicar que, a menos que haya impedimentos físicos o espirituales para no tener hijos, Dios quiere que las parejas cristianas produzcan una descendencia piadosa.
Una vez dicho esto, quiero añadir que no creo que la gente deba ser obligada a concebir hijos. Los individuos que son obligados a tener hijos no serán buenos padres. El daño puede ser devastador
Así era en la familia Brown. Al casarse, María Brown estaba involucrada en una carrera motivadora. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Mas, el pensar en la maternidad con todas su responsabilidades la dejó sintiéndose insegura e inadecuada. La realidad era que María no quería tener hijos.
Enrique tenía ideas distintas. Pedía, rogaba y, al fin, hacía que María tuviera complejos de culpa. Usó todas las formas legales para persuadir a María a tener hijos. Después de mucho tiempo, María accedió. Pronto concibió a Susan. María estaba encinta pero no le agradaba. Estaba resentida contra Enrique y después contra su hija por haber cambiado su vida. Y para colmo, se declaró culpable porque sabía que su actitud hacía Susan y Enrique era pecado.
María estaba entre la espada y la pared. Sabía que debía luchar contra su resentimiento pecaminoso, pero no quería soltarlo, porque era su manera de castigar a Enrique por lo que la había hecho. Renuente a perdonar completamente a Enrique, escogió alimentar su resentimiento. María tuvo la niña, pero sólo porque la forzaron. Y esto preparó el terreno de los tremendos problemas de la familia.
RAZONES PARA SER PADRES
Ambos estaban equivocados en su planteamiento acerca de tener hijos. El enfoque principal de María no era lo que quería Dios, sino en lo que ella quería. El enfoque principal de Enrique no eran los deseos de Dios, sino sus propias aspiraciones. Y estaba determinado a hacer su voluntad aunque tuviera que manipular a María hasta lograr cuando menos su consentimiento superficial. Ella accedió por fuera pero se rebelaba por dentro. Su vida es una ilustración trágica del hecho de que la gente no debe ser obligada a la paternidad o maternidad.
Los que tienen razones que no son bíblicas para no tener hijos deben ver dónde está la raíz de su problema. Deben identificar y resolver, con honestidad, las razones no bíblicas de su aversión. Deben enfrentar y resolver los asuntos pecaminosos del corazón. Deben buscar el perdón de Cristo y su ayuda para cambiar por dentro. Debe entender y creer la perspectiva que Dios tiene de los hijos.
Al escribir estas palabras, estoy consciente de que algunos de ustedes pueden ser gentes muy piadosa que no tienen hijos, tal vez por razones buenas, espirituales que honran a Dios. Tal vez han sido llamados a cierto tipo de ministerio que imposibilita cumplir las responsabilidades de la paternidad/maternidad bíblica. Posiblemente, están en una situación temporal que sería muy difícil para los niños. Tal vez están posponiendo la paternidad/maternidad hasta que ciertos problemas personales o interpersonales sean resueltos. Lo que es mejor para los niños y para el reino de Dios son factores importantes en su decisión de tener o no tener hijos, o cuándo tener hijos.
Tal vez algunos de ustedes no pueden tener hijos físicamente. Quieres pero no puedes. Favor de no deprimirte tratando de enfocarte en lo que no puede ser. En vez de eso, busca la ayuda de Dios para aprovechar las oportunidades que tienes de formar niños piadosos en tu familia mas grande: la iglesia (Mar. 3:35; 1 Tim. 5:1, 2). Pide a Dios que te enseñe cómo y con quién puedes hacer tu parte para criar una descendencia piadosa para Él.
LA PATERNIDAD ES UN PRIVILEGIO
Hay un sentido en que toda pareja cristiana puede tener hijos. Todos los cristianos casados pueden y deben involucrarse en algún tipo de Paternidad. Y esto es emocionante, porque según la canción de la familia (Sal. 128) la paternidad es un privilegio. La declaración acerca de los hijos en la canción de la familia (Sal. 128:3) sigue con una exclamación sobre las bendiciones de la paternidad (Sal. 128:4). De manera similar, un salmo previo afirma que “herencia de Jehová son los hijos” y que la persona que tiene su aljaba llena de ellos es bendecida (Sal. 127:3-5).
Al darte hijos, el Dios todopoderoso te ha dado una de las oportunidades más importantes, emocionantes, gratificantes y desafiantes que jamás podrías tener. Te está llamando para que ayudes a criar a otro ser para Él; te ha comisionado para que trabajes con Él edificando esa vida por la cual Él va a ser glorificado, y proporcionará grandes beneficios a otras gentes.
Como padre o madre, tienes el reto de hacer que ese ser sea un discípulo fructífero de Jesucristo. En las palabras de Salmo 128, tu principal función es criar hijos que parezcan plantas de olivo, frondosos y prolíficos.
María y Enrique Brown necesitaban captar esta perspectiva de la paternidad. Su percepción estaba demasiada limitada, su actitud no era muy piadosa, que digamos. No alcanzaban a comprender que sus vida y relaciones mutuas estaban impactando negativamente en otro ser humano. A los dos les faltaba ver el cuadro completo de que la paternidad, según Dios, involucra privilegios, responsabilidades y métodos. Los dos eran demasiado egoístas, demasiado miopes, demasiado concentrados en el concepto humano de su papel de padres. Ninguno de ellos tenía un entendimiento claro de las implicaciones de la planta de olivo que Dios usa en el Salmo 128 para describir las relaciones entre padres e hijos.
HIJOS COMO PLANTAS DE OLIVO
¿Qué quiere decir, exactamente, este cuadro de la planta de olivo? ¿Qué sugiere en cuanto a las relaciones entre padres e hijos? ¿Cómo te va a ayudar este símil a entender y evitar los errores que hicieron Enrique y María Brown?
Para principiar, el símil del salmista implica que debes tener a tus hijos alta estima. Un autor nos dice que el árbol de olivo era el árbol más importante de Palestina. (1) En un pasaje de la Escritura, el olivo es representado como el rey de los árboles (Juec. 9:8, 9). Otra referencia lo honra al comparar al pueblo de Dios con un olivo plantado por Dios (Rom. 11:17 y siguiente). Otras porciones de la Escritura exaltan este árbol al prescribir específicamente que el aceite del olivo y sólo este aceite sería el usado para consagrar a los sacerdotes y llenar las lámparas en el tabernáculo (Exo. 17:20; 30:22-33). En otras palabras, el salmista estaba describiendo a los niños en una manera que resalta cuán valiosos y preciosos son ellos.
Jesús sentía igual. Él sabía todo acerca de los niños. Sabía que nacían como pecadores y por eso necesitaban ser regenerados y redimidos (Sal. 51:3-5; 58:3). Estaba totalmente consciente que necesitaban ser cambiados por la gracia de Dios (Efe. 2:1-8). No tenía ideas ficticias acerca de su perfección ni inocencia (Prov. 22:15); aun así los tenía en alta estima. A veces, los usó para ilustrar una verdad espiritual (Mat. 18:1-10). Enfatizaba lo serio de maltratarlos. Regañó duramente a sus discípulos por tratar de impedir que algunos padres trajeran sus hijos a Él (Marc. 10:13, 14). Con calma, pero con fuerza dijo, “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Habiendo dicho eso, “tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.” (Marc. 10:14-16)
Como Jesús, debes ser realista en tu actitud hacia los niños. Debes reconocer que tus hijos tienen gran potencial para la iniquidad (Sal. 51:5; 58:3). Nacen pecadores y tienen que ser regenerados por el espíritu de Dios y redimidos por la gracia de Dios. Tus hijos necesitan el perdón de Dios por sus pecados. Necesitan la ayuda de Él para llegar a ser verdaderamente personas valiosas, como plantas de olivo que honran a Dios. Sin Él, no pueden llevar fruto para Dios (Juan 15:1-6).
Sin embargo, el que consideres a tus hijos bíblicamente contiene otro aspecto. El realismo bíblico requiere que consideres a tus hijos personas de gran valor y honor, también, a pesar de sus necesidades y deficiencias. Esto quiere decir que tus hijos deben ser importantes no solamente porque son tuyos, sino porque son hechos a la imagen de Dios y un regalo de Él para ti.
Que se te quede fijo en tu mente que tus hijos están destinados a vivir para siempre. Recuerda que tu hijo o tu hija tiene el potencial tanto de hacer lo bueno como de hacer lo malo. Entiende que por la gracia de Dios tus hijos tienen el potencial de ser una planta viva de olivo según el Sal. 128.
UNA “PLANTA” DE MUCHO POTENCIAL
Al hacer investigaciones sobre el árbol de olivo, noté las varias maneras en que la planta de olivo y sus frutos eran usados. Las aceitunas y el aceite de oliva servían de alimento (Deut. 24:20), para iluminación (Lev. 24:2), para consagrar a los funcionarios religiosos (Exod. 30:22-33), para propósitos estéticos (Rut 3:3), para funciones medicinales e higiénicas (Luc. 10:34), para ceremonias religiosas (Gen. 28:18) y como objeto de trueque o comercio (1 Rey 5:11; Luc. 16:6)
Además, el árbol de olivo y su fruto son símbolos de gozo, prosperidad y paz (Isa. 61:3; Sal. 45:7). El árbol mismo era notable por su hermosura (Jer. 11:15; Oseas. 14:6). Su madera era valiosa como combustible y para la construcción (1 Rey. 6:23, 31-33). Cuando no había cosecha de aceitunas, era una tragedia nacional (Hab. 3:17).
¿Qué tiene que ver todo esto con la manera en que tratas a tus hijos? Sugiere que debes tener altas expectativas de ellos; pero cuida que tus expectativas estén de acuerdo con sus propios dones y la etapa de su desarrollo, y no subestimes las capacidades que Dios les ha dado. Anímalos a comprender que, según sus aptitudes y nivel de madurez, pueden hacer grandes aportaciones a esa edad.
Es muy seguro que los olivos necesitan atención y cuidados para producir frutos. La tierra alrededor necesita debe ser removida con frecuencia, además del agua y fertilizantes. Crecen mejor en ambientes soleados y calurosos. (2)
Aprende de esto la importancia de dar cuidado y atención diligentes a tus hijos. Haz lo mejor que puedas para criarlos en la instrucción y la disciplina del Señor (Efe. 6:4). Sé diligente en enseñarles la Palabra de Dios tanto en situaciones formales como espontáneas. Que tu manera espiritual de vivir sea genuina y atractiva para ellos. Conserva la Palabra de Dios bien fija en tu corazón. Haz que toda tu vida sea una carta viva de la verdad de Dios para tus hijos. Provee un ambiente propicio para desarrollar el carácter y la conducta piadosos. Sé agradable y haz que tu hogar sea un lugar ameno. Busca eliminar de ti y de tu hogar cualquier cosa que impida la cualidad fructífera.
Al mismo tiempo, no trates de producir el fruto que tus hijos deben producir. El olivo tiene que producir su propio fruto. Enséñalos a aceptar esta responsabilidad. No te culpes de empujar o impeler excesivamente. Muestra un optimismo realista. Crea una expectativa esperanzadora y adecuada de que ellos van a ser productivos.
PLANTAS, NO RAMAS
Estoy asombrado de que la canción a la familia declara que nuestros hijos son plantas de olivo, no ramas (Sal. 128:3). Una planta tiene una existencia independiente. La rama es solamente parte del árbol. Esto nos lleva al hecho de que debemos respetarla individualidad de nuestros hijos. Dios no tuvo la intención de que fueran copias exactas de nosotros. Permite y acepta que tus hijos tengan ideas distintas a las suyas. No te sientas amenazado(a) por las diferencias de opinión; al contrario, ayúdalos a que ellos mismos consideren esos asuntos. Claro que debes mantenerte firme, tratando con calma e inteligencia asuntos para los que tienes un “así ha dicho el Señor.” No obstante, ten cuidado de no involucrarte en luchas de poder innecesarias. No saques a relucir asuntos que no son necesarios. Dentro de los parámetros de la Escritura, deja que tus hijos sean ellos mismos.
En tu paternidad, crea cercas, no camisas de fuerza. Establece límites bíblicos y luego entrena a tus hijos a obedecerlos. En los años tempranos, las cercas serán más restrictivas y claramente delineadas. Te vas a ver muy involucrado(a) en hacer las decisiones, en determinar propuestas específicas, en ayudar a tus hijos a cumplir ciertas responsabilidades, en discernir lo que es bueno y lo que es malo. Sin embargo, durante estos años tempranos asegúrate de dar a tus hijos lugar y espacio para que ellos maniobren por sí mismos. Refrénate de hacer lo que ellos pueden y deben hacer. Provéeles las herramientas, el ánimo, el ejemplo y el medio para que ellos puedan producir su propio fruto.
Al ir ellos madurando puedes expandir las cercas para que asuman más y más responsabilidad por su propia vida. Al hacer esto tratas de desarrollar la motivación interna, el dominio de propio, la habilidad de pensar, escoger y vivir bíblicamente sin la necesidad de una motivación y un control externo excesivos.
Tu meta es ayudar a tu hijo a que sea interdependiente e independiente en Cristo y su Palabra. Tú quieres que sean plantas dentro de un huerto más grande de olivos. Esta es la parte interdependiente, pues necesitan relacionarse con otras gentes; son relaciones de dar y recibir. Lo contrario de los olivos aislados en el desierto, ellos deben ser como olivos alrededor de tu mesa, asociados contigo y en algunas maneras que estén dispuestos tanto a ayudarte como a recibir tu ayuda.
Después de haber dicho esto, todavía queda el asunto de que tus hijos deben ser plantas, no ramas. Y finalmente, debes dirigirlos hacia Cristo, y no hacia ti, porque es de Él que dependen en realidad. Querrás que experimenten la libertad a la cual Cristo los ha llamado. Desearás que tengan una relación madura contigo, y no de dependencia de ti. Creerás que por la gracia de Dios tus hijos podrán y deberán producir fruto propio.
LA PERSPECTIVA DESEQUILIBRADA
La familia Brown estaba muy lejos del ideal. Ninguno de los padres apreciaba o estimaba a Susan. María estaba desequilibrada en su apreciación, ya que se enfocaba mayormente en las habilidades negativas de Susan; y Enrique estaba aparentemente ciego al potencial de Susan para hacer la maldad. Aquél podía encontrar una excusa para casi todo lo que hacía ésta. Y esto obstruía su relación con María, ya que ella lo veía como un rechazo personal a su perspectiva y una renuencia a aplicar la disciplina que, en verdad, necesitaba Susan. Estos puntos débiles, en apariencia, de Enrique eran también perjudiciales para Susan. No puedes corregir un desequilibrio creando otro. Susan no estaba aprendiendo de ninguno de sus padres a evaluarse con precisión; ni la estaban enseñando a ser responsable de sus propias actitudes y respuestas. No la estaban motivando a manejar los problemas y los pecados de una manera bíblica.
Enrique respetaba aparentemente a Susan pero, al no animarla a pensar bíblicamente de ella misma o de otras personas, en realidad estaba mostrando que no esperaba grandes cosas de ella. La verdad era que si Enrique y María querían ayudar para que Susan creciera como Dios quiere, los dos necesitaban adoptar una perspectiva más bíblica, realista y balanceada de su hija.
ES ASUNTO TUYO
Una enseñanza clave del Salmo 128:3 es que tus hijos deben ser como olivos alrededor de tu mesa. Ante Dios tú, no el estado ni la escuela ni la iglesia, eres responsable de proveer para tus hijos (Sal. 23:4; 1 Tim. 5:8). Tú tienes que criarlos para Dios.
Nutrirlos o criarlos incluye sus necesidades físicas, mentales, sociales, emocionales y espirituales. Puedes emplear la ayuda de otros para cumplir con estas necesidades pero, al final, Dios dice que la responsabilidad es tuya. O provees personalmente para tus hijos o consigues ayuda para hacerlo. De cualquier manera, debes supervisar ese proceso y hacer tu máximo esfuerzo por asegurarte que las necesidades de tus hijos sean cubiertas adecuadamente.
Todo esto presupone que vas a invertir una cantidad considerable de tiempo con tus hijos. Después de todo, el hecho de que están alrededor de tu mesa implica que tú también vas a estar allí. No puedes conocer las necesidades de tus hijos a menos que les prestes la atención dedicada. Tienes que estudiarlos, escucharlos, hablar con ellos, jugar con ellos, pensar en ellos y orar por ellos si quieres saber lo que necesitan de tu mesa.
Este cuadro de tus hijos como olivos alrededor de tu mesa conlleva la idea de compañerismo y lealtad. Sugiere que el construir tu familia como Dios quiere involucra desarrollar cohesión y solidaridad.
Desdichadamente, este tipo de solidaridad o espíritu de familia no ocurre al azar. No puedes hacer que exista con sólo desearlo, tienes que cultivarlo. Pero, ¿cómo? Quiero ofrecerte unas sugerencias. Puedes promover un espíritu de lealtad y solidaridad en tu familia de la siguiente manera:
1. Haz de Cristo el punto central de tus relaciones familiares. La consagración a Cristo incluye tanto someter la familia a Cristo como someterse mutuamente (uno a otro).
2. Comunica un optimismo realista y espera lo mejor de cada persona. No expreses a ningún miembro de tu familia, ni oralmente ni por acción, que te das por vencido(a), o que los estás condenando al fracaso.
3. Evalúa la opinión de cada miembro de la familia, y da tiempo a todos para que se expresen por sí mismos y expongan sus ideas. Da paso a la libertad de intercambio de pensamientos sin condenación ni burla.
4. Proyecta el sentir positivo de que todos los miembros componen la familia, y que todos se complementan uno con el otro.
5. Construye un museo de memorias positivas de la familia. Juega con tus hijos; involúcralos en tus actividades. Disfruta a cada niño individualmente. Haz una caja que contenga memorias de cada hijo. Promueve las tradiciones familiares. Aprovecha el tiempo al máximo. Haz lo inusual con tus hijos. Haz en grande las ocasiones especiales; y convierte en especial cualquier ocasión. Deja que los miembros de la familia planeen las vacaciones y otros eventos.
6. Promueve el orgullo familiar. Habla de las virtudes y logros de algunos miembros de tus antecesores.
7. Sé auténtico (a) como Cristo, y muestra el fruto del Espíritu en tu vida diaria. Una persona así no es difícil de ser respetada y de ser tomada en cuenta.
8. Delinea una disciplina justa para tu familia.
9. No hagas chistes a costillas de otro miembro de la familia.
10. Discute adecuadamente cualquier cambio mayor de reglas, decisiones o actividades de la familia.
11. Evita el abuso físico o psicológico de los niños.
12. Interésate por los asuntos de cada miembro de la familia.
13. Evita ser demasiado laxo(a) o muy estricto(a) en tu disciplina.
14. Incluye a los miembros de la familia en la planeación familiar.
15. Permite, siempre y cuando consideres que es legal, que cada miembro de la familia tenga la libertad de hacer decisiones.
16. Sé bíblicamente realista en las expectativas que tienes de cada miembro de la familia.
17. Expresa libremente tu amor a cada miembro de la familia en palabras en hechos.
18. Concéntrate más en actitudes y carácter cristianos que en ejecución o otras cosas externas.
19. Administra disciplina con justicia y consistencia.
20. Ve a cada miembro de la familia como a alguien que está en proceso de “convertirse en ser humano”. Todos estamos en ese proceso. Ninguno de nosotros ha llegado a la perfección.
21. Sé sensible a las necesidades, los sentimientos y miedos de cada miembro de la familia.
22. Evita el uso de palabras ofensivas o contenciosas.
23. Muéstrate accesible para que cualquier miembro de la familia acuda a ti cuando tenga problemas o preocupaciones.
24. Haz que tu hogar sea un centro de hospitalidad cristiana donde tus hijos tengan contacto frecuente con cristianos fervientes.
25. Desarrolla proyectos de familia que involucren todos los miembros.
26. Aprende como enfrentar los problemas en la familia sin ignorarlos.
27. Perdona los pecados y faltas pasados y presentes de los miembros de la familia.
28. Respáldense mutuamente en los fracasos.
29. Correlaciona los horarios a fin de pasar un rato juntos. Programa tiempos para pasarlos en familia, y también para cada persona.
30. Pide perdón cuando ofendas a alguien.
31. Proporciona caricias y abrazos apropiados.
32. Deja bien claras las responsabilidades básicas de los miembros de la familia.
33. Rehúsa hacer uso del miedo o la culpabilidad como manera de lograr el consenso de todos.
34. Expresa tu confianza a los demás.
35. Que sea la Biblia, no tus propias opiniones, el patrón a seguir en tu vida familiar.
36. Mantén una relación profunda y personal con Jesucristo; y Él se encargará de juntar a todos los miembros.
37. Que tu familia se involucre en actividades cristianas.
38. Adora a Dios como familia tanto en tu hogar como en el centro de reunión de la Iglesia.
39. Ora regularmente por cada miembro de la familia, y por tu familia en conjunto.
Al seguir estos lineamientos crearás un ambiente que te ayudará a edificar tu familia como Dios la quiere. Ayudarás a que tus hijos sean como plantas de olivo alrededor de tu mesa. (3)
TAREAS DE ESTUDIO Y APLICACIÓN
Haz las tareas individualmente, y luego discute tus respuestas con tu cónyuge o tu grupo de estudio.
1. Reflexiona sobre (o si es necesario repasa) este capítulo y contesta las preguntas que siguen:
a. ¿Qué cuadro usa Dios en el Sal. 128:3 en cuanto a la relación entre padres e hijos?
b. ¿Qué enseña la Biblia en cuanto a si los casados deben o no tener hijos? Respalda tu respuesta con citas bíblicas.
c. ¿Cuáles son algunas razones que la gente da para no tener hijos?
d. ¿Hay razones legítimas para que una pareja no tenga hijos? Si las hay, ¿cuáles son?
e. ¿Qué pasó con la familia Brown cuando María Brown fue presionada (obligada) a tener hijos?
f. ¿Qué quiere decir la declaración de que hay una manera en lo cual “cada pareja cristiana puede tener hijos”? ¿Cómo puedes ayudar a otros para que críen a sus hijos? ¿Cómo pueden (y lo hacen) otros ayudarte a ti?
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